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jueves, 4 septiembre 2008
A. C. E.
... llamaron entonces a los de la barca del Zebedeo,
lo cuales vaciaron también un tanto las redes. Estaban asustados
por una pesca semejante, como no habían tenido jamás
en toda su vida de pescadores. Pedro estaba consternado, y
todos veían que aún no habían respetado lo bastante a Jesús;
y comprendió también que todo su propio trabajo e industria
no habían servido de nada... (III.130)
De las «Visiones y revelaciones» de
Ana Catalina Emmerick (o Emmerich).
Los fariseos decían con desprecio de Jesús, entre otras cosas «Este va a hacer la guerra con esas mujeres que lo siguen por todas partes; no alcanzará a fundar ningún reino con semejante ejército.» (III.230) Jesús respondió: «En verdad, en verdad os digo: Vosotros no me buscáis porque habéis visto milagros, sino porque os habéis saciado de pan. No os preocupéis del alimento perecedero, sino del alimento que llega hasta la vida eterna, que os dará el Hijo del Hombre, pues a Él lo ha hecho el padre acreedor de la fe». Dijo estas cosas más extensamente, en el Evangelio está sólo un resumen. Los hombres se decían unos a otros: «¿Qué nos dice ahora con esto del "hijo de hombre"? También nosotros somos hijos de hombre.» (III.242)
Cuando considero la vida de Jesús y su trato con los apóstoles
y los discípulos, acude a mi mente esta persuasión: si Jesús viniera ahora entre los hombres, le iría peor de lo que le fue entonces entre los judíos. A pesar de todo, Jesús y los suyos podían ir libremente, enseñar y sanar. Fuera de los obstinados y ciegos fariseos, en general, no encuentra mayores obstáculos en ir y venir, predicar, sanar, reunir gente y llevarla de un lado al otro. martes, 2 septiembre 2008
A slight feeling of chestiness
Ya que mentamos al gran P. G. Wodehouse...The Jeeves Omnibus es una compilación de cuentos de la saga de Jeeves y Bertie Wooster, que conseguí hace un tiempo. Una compilación temprana (la primera), de 1931, antes de haber escrito las novelas cumbre de la serie. Yo ya tenía todos los cuentos, en otros libros; pero los fans somos así... Y sólo por el prólogo, ya valía la pena. Va el primer párrafo:
This trackless desert of print which we see before us, winding
on and on into the purple distance, represents my first Omnibus Book;
and I must confess that, as I contemplate it, I cannot overcome
a slight feeling of chestiness, just the faint beginning of that
offensive conceit against we authors have to guard so carefully.
I mean, it isn't everyone... I mean to say, an Omnibus Book... Well, dash
it, you can't say it doesn't mark an epoch in fellow's career and put him just
a bit above the common herd.
Y copio un párrafo de uno de los cuentos, una muestra de la irresistible prosa Wooster. Situación: Bertie Wooster, en New York, asiste al ensayo de "Pregúntaselo a papá", una obrita teatral en la que tiene su primer pequeño papel Cyril Bassington-Bassington. Este joven, inglés, le ha sido confiado a Wooster por su temible tía Agatha, amiga del padre, con la misión de preservarlo del ambiente teatral (misión en la que Bertie ya ha fracasado, claro).
No recuerdo bien el argumento de "Pregúntaselo a papá",
pero sí sé que parecía desarrollarse muy bien sin mucha
ayuda por parte de Cyril. Me quedé sorprendido al principio.
Lo que quiero decir es que, a fuerza de haber rumiado sobre
Cyril y haberle oído su papel y escuchado sus opiniones
sobre lo que se debía y no se debía hacer, supongo que
se me había arraigado en la cabeza la idea de que él
era la espina dorsal del espectáculo, y que el resto de la compañía
no hacía mucho más que entrar y llenar el vacío en los momentos
en que no se hallara en escena. Lllevaba ya cerca de media hora
aguardando que hiciera su aparición, cuando súbitamente descubrí
que había estado actuando desde el principio. Era, en realidad,
el rufián de aspecto dudoso que estaba ahora apoyado contra
una palmera, situada a medio metro de la entrada izquierda,
intentando parecer inteligente mientras la protagonista
cantaba una canción acerca de que el Amor era algo que en
este momento escapa a mi memoria*.
Después del segundo estribillo, Cyrirl se puso a bailar en compañía de
una docena de otros pájaros igualmente extraños.
Un espectáculo penoso, especialmente para uno que imaginaba
la visión de tía Agata empuñando el hacha, y el Sr. Bassington-Bassington padre
calzando su más recio par de botines claveteados. ¡Palabra!
* ...trying to appear intelligent while the heroine sang a song about Love being like something which for the moment has slipped my memory. (original) Y otro "by the way": en Disputations pueden leer un nuevo episodio de "Monseñor Reeves" (1 - 2 ), en este caso un concurso para encontrar la iglesia más fea. lunes, 1 septiembre 2008
Aire para los críticos
Parece que Ponyo, la última de Miyazaki,
tuvo
muy
buena
respuesta
en
el
festival
de
Venecia.
La más aplaudida hasta ahora, dicen;
un poco sorprendente [*], en semejante lugar, y tratándose
de una obra sin la densidad de El viaje de Chihiro... esta parece ser mucho más infantil; y a juzgar por algunas críticas de los fans, no es de lo mejor de Miyazaki.Verdad es que el nivel del festival, dicen, viene muy flojito... Pero también sucede que «Hayao Miyazaki was a welcome counterpoint on Sunday to a pair of grim psychological dramas»... Y yo imagino que las alabanzas de los críticos tienen algo de alivio y gratitud... Pobres, no debe ser un trabajo fácil... Y esto lo pensaba yo haciendo un paralelo con otro de mis grandes ídolos: P. G. Wodehouse. Un escritor de comedias, una prosa muy pulida pero también de alcance muy modesto, argumentos triviales y nulas pretensiones de profundidad: literatura de segundo orden, se diría... y sin embargo, los críticos literarios lo amaban, no se cansaban de aplaudirlo -en su momento se dijo que «estaba agotando el repertorio de elogios de los críticos». Quizás influyera en esto, pensaba yo, el hecho de que los pobres críticos tienen un trabajo insalubre, de que en la literatura «seria» de cada época (y sobre todo de la nuestra) abunda la ganga, y que el recurso más frecuentado de los que quieren dar la ilusión de profundidad es el de impactar por lo sórdido, lo feo y lo deprimente. Ya mencionamos la burla del mismo PGW sobre esas novelas rusas en las que «no pasaba absolutamente hasta la página 315, cuando el mujik decidía suicidarse». En este aspecto, creo (me gusta creerlo, está bien) las obras de Wodehouse y de Miyazaki son comparables. En el lugar, significativo pero en cierta manera lateral o secundario, que ellas tienen al lado de las formas más elevadas de su arte (literatura y cine respectivamente). Y en la admiración agradecida (y algo paradojal por demasiado entusiasta) que despierta en muchos críticos, tal vez por esos motivos. Y también, claro, en la extrañeza —cuando no el desdén— de otros (críticos o no) que, conocedores en cuestiones artísticas, no tienen motivos para suponer que la obra esté por encima de su capacidad de apreciación, y sin embargo, no pueden comulgar con esa admiración.
* A la corresponsal de La Nación (la inefable Elisabetta Piqué, que nos suele desinformar en el rubro religioso) le parece directamente inentendible el entusiasmo de la crítica y el público. La historia le parece insípida; al protagonista lo encuentra «parecido al del dibujito Heidi» (sic), y otro le «recuerda a personajes de Astroboy». Un lujo, la perspicacia cinematográfica de nuestra Elisabetta. viernes, 29 agosto 2008
Palabras para el enemigo
Según cuenta Solyenitzin (Archipiélago Gulag - I.2) la palabra rusa kulak significaba originalmente (bueno... antes de 1917) el «traficante rural tacaño y deshonesto, que no medra con su trabajo sino con el ajeno, por medio de la usura y la intermediación». Después de la revolución los destinatarios originarios del mote ralearon, naturalmente; pero tampoco era cuestión de dejar morir palabras que pudieran servir para enfervorizar la militancia y el odio. Así «después de 1917, por extensión empezaron a llamar kulak (en la literatura oficial y propagandística, y de aquí pasó al lenguaje popular) al que se valía del trabajo ajeno, aun cuando fuera por falta temporal de manos en la familia.» (cf. también Lenin) . La palabra tuvo éxito, y su uso (siempre para fustigar) fue ampliándose: «en 1930 daban ese nombre a todos los campesinos fuertes, en general: fuertes por su economía, su trabajo y hasta sus convicciones. El mote de kulak fue utilizado para machacar en el campesino esa fuerza» (Solyenitzin comenta también los fines directos e inmediatos de esta puesta en uso, fines de dominio, apropiación y destierro; pero eso no nos concierne). Pocos años despúes, se comprobó que el término, aunque útil, era insuficiente:
Había que limpiar también la aldea de aquellos campesinos a quienes no les daba la gana ingresar en el koljos, los que se mostraban reacios a aquella vida colectiva que jamás habían
visto y que sospechaban (ahora sabemos con cuánto fundamento) que quedaría sometida a la admistración de los vagos, y en la que se debería trabajar mucho y comer poco. Y también había que deshacerse de los campesinos (algunos, de ricos no tenían nada) que por su audacia, su
fuerza física, su decisión, su franqueza de expresión en las asambleas
de vecinos, su amor a la justicia, eran queridos por el pueblo, y que por su independencia se hacían peligrosos a la admistración del koljos.
Y en una nota al pie (conmigo las notas al pie funcionan al revés de lo que se supone; se me aparecen destacadas, y suelen quedarme fijadas en la memoria... como en este caso) Solyenitzin —nacido en 1918— recuerda que en los tiempos de su adolescencia esa palabra les parecía totalmente lógica, cargada de significado: completamente clara.
Además, en cada aldea, había gente a la que tenían ojeriza personal los activistas locales; por celos, por envidia, por agravios, era la ocasión de ajustarles las cuentas. Para todas estas víctimas se requería una palabra nueva: esta nació. Ya sin ningún contenido socio-económico, pero con un sonido estupendo: podkulachnik (secuaz del kulak, «akukakado»). O sea, cómplice del enemigo. Con eso bastaba. Al bracero más harapiento de lo podía incluir entre los podkulachnik... jueves, 28 agosto 2008
Alma y vida
«¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?»
Mt. 16-26 «Perder el alma»... ¿qué vendría a ser eso? De entrada, a mí se me impone la acepción más ingenua (preconciliar, si quieren), la referida al desenlace: perder el alma es lo contrario a salvarla, o sea: a salvarse; perder el alma es irse al infierno. Sin negar (no hace falta ser muy sofisticado ni muy moderno para entreverlo) que esa pérdida ya arranca de algún modo en esta vida.
Por otro lado, pensaba yo el otro día, decir alma es decir ánima, principio vital. Vida. No estoy descubriendo la pólvora. De hecho, veo ahora, varias versiones lo traducen así nomás. Y buscando en la Catena de Santo Tomás, encuentro que Remigio (siglo V, según creo) lo dice derecho viejo:
Por el alma se ha de entender aquí la vida presente, no la sustancia misma del alma.
Ajá... ¿Significaría esto que «perder el alma» = «perder la vida» = «morir»?
¿Está diciendo Jesús lo mismo que en la parábola del rico necio?
Pero a mí me gusta pensar que acá «ganar la vida» no se restringe al éxito material, sino al éxito mundano en general —que puede incluir éxitos intelectuales, afectivos... incluso religiosos, incluso interiores.
lunes, 25 agosto 2008
Gente anti-ecológica
Caigo en un post de Casciari, festejado por algunos amigos; y su lectura no me
deja un buen regusto. A ver si puedo explicar(me) por qué.Se trata de pegarle a los ecologistas, en el sentido más sentimental de la palabra. Los que se exhiben —con más ardor que inteligencia— su indignación ante el sufrimiento y la muerte de los animales... o mejor dicho de ciertos animales. Porque (y en esto se concentra la ironía) hay animales más favorecidos que otros por los enternecimientos ecologistas...
... defienden al animal grandote (la ballena, el elefante, el gorila), defienden al amistoso (el perro, el gato siamés, el potrillo), al animal que es bello (el tigre de bengala, el oso polar) y sobre todo luchan por la defensa del animal blanco y negro (el pingüino, la orca, el oso panda). Los ecologistas están enamorados de los animales blancos y negros. Si los osos panda fueran verdes con pintitas amarillas les tendrían asco, los pisarían en la ruta. Pero en cambio viajan kilómetros para sacarle las manchas de petróleo a un pingüino, no sea cosa que les cambie el color.
Y así. El argumento no es nuevo (recuerdo haber leído hace muuuchos años otro texto por el estilo,
preguntando por qué tanta ternura ecologista hacia el delfín y tan poca hacia el tiburón).
Y seguramente está bien expresado, y probablemente el post en sí apunte más allá de estas constataciones.
Pero por ahora me interesa cuestionar eso, nomás: la satisfacción que estas ironías producen a muchos (entre otros, muchos católicos derechosos; y otros sedicentes políticamente incorrectos - si es vale todavía usar esta expresión). La gente anti-ecológica, digamos; los que aplauden y festejan estos dardos.
Hay otros animales a los que no les dan tanta importancia: su muerte no les preocupa. Su sufrimiento, muchísimo menos. No sienten sensibilidad por los animales sin huesos (la mosca, la medusa, el bicho bolita), tampoco por los que son ricos después del fuego (la ternera, el chancho, el pollo), y mucho menos por los que no gritan cuando se están muriendo o los están matando (el pez, la cucaracha, la culebra). Cuanto más culto el hombre, más sensible. Y cuanto más sensible, más estúpido y obcecado. En los últimos años, la población de hombres y mujeres preocupados por los derechos de los animales ha crecido bastante. Se conocen como gente ecológica. Son los que le tiran pintura roja a las señoras que van por la calle con abrigos de piel; y los que aplauden. Son los que protestan con su propia desnudez en los San Fermines, o en las corridas de toros; y los que lo festejan. Son los que viajan en avión a Oceanía para detener la caza del canguro, y quienes auspician estos viajes (el avión, durante el vuelo, pasa por encima de África, pero va tan alto que los negritos muertos de hambre no se ven)... Y no es que a mí me caigan muy simpáticos tales ecologistas. Pero, en esto como en otras cuestiones, me preocupan más los errores y pecados que tengo cerca (en mí y en los que tengo cerca). Para no hacer esto demasiado largo, sólo apunto por ahora: a desarrollar otro día. Constatar una contradicción es un arma de doble filo: puede tanto servir para alejar al adversario de su error como para arrebatarle la porción de verdad que contiene. - Feo, hacer de una causa una bandera (a atacar si es del enemigo, a defender si es propia); cf. calentamiento global, aborto. - Sentimentalismo vs. racionalismo (en el peor sentido de cada palabra), falsa disyuntiva. El "y" católico: no desdeñar nada (ni las festividades paganas, ni las laicas; ni la ecología). El racionalismo (y nominalismo) disolvente, a medida de cabezas modernas: negación del sentido provisional, del plano simbólico; suficiencia, impaciencia "liberal" ("gorila!") frente las imperfecciones, ambigüedades y antinomias aparentes. Pero muchas veces «son los imbéciles los que tienen razón» (S. Weil). Y peligro de no sentir el viento, que sopla donde quiere. Sueltos
jueves, 21 agosto 2008
De enfermos, en el peor sentido de la palabra
En la misa del domingo pasado se leyó uno de los episodios de curaciones de endemoniados: la hija
de la cananea, en este caso.
El cura (joven y en general estimable -«la paz está con uds» aparte) intentó en el sermón
conciliar el relato evangélico (hija endemoniada) y el pensamiento contemporáneo (hija enferma) haciendo una paráfrasis del ruego
de la cananea: «Mi hija está cautiva, mi hija no es libre»... Recetas de seminario, parecería ¿no? Y por ahí no está mal... qué se yo... cierto es que el modo habitual que tienen para encarar estas dificultades no termina de resultar convincente ni inspirado... como un regusto de mala conciencia (no menos presente en los que, del otro lado, no se hacen cargo de la dificultad). Pero bueno, es lo que hay ( y en todo caso, es mucho mejor que lo de un joven y engolado obispo de por acá: «endemoniados entre comillas»). Bien. Como sea, la relación entre enfermedad y pecado, sigue misteriosa. Sí, la analogía es elemental -y evangélica. Pero, se nos dice, importa no confundirlos, no reducir una cosa a la otra... porque si el pecado se piensa como una forma de enfermedad, se pierde el sentido de la culpa; ... etc, etc. El argumento es trillado, basta leer esos textos que se viven copy-pasteando los blogs católicos derechosos. Y en verdad la objeción, la exhortación a distinguir pecado y enfermedad, viene generalmente esgrimida por el lado tradicionalista contra el progresista; hablando en sentido amplio ahora, como para hacer lugar en el primer grupo a tipos como Chesterton o Dostoyevsky (y también a mí, si gustan). Un ejemplo entre mil: dice Chesterton, en Ortodoxia, que el recurso al libre albedrío es...
... la verdadera objeción contra
ese torrente de cháchara moderna sobre tratar al crimen como una enfermedad, sobre hacer de la prisión un mero lugar sanitario como un hospital, de curar el pecado por lentos métodos científicos. La falacia de todo esto reside en que el mal es una cuestión de elección activa, mientras que la enfermedad no. Si ud. me dice que va a curar a un disoluto como quien cura a un asmático, mi réplica elemental y obvia es: «Muéstreme hombres que quieran ser asmáticos, así como hay hombres que quieren ser disolutos.»
—¿Y? ¿No estás de acuerdo?Un hombre puede curarse de una enfermedad con solo quedarse quieto. Pero no debe quedarse quieto si quiere curarse de un pecado; al contrario, debe incorporarse, debe saltar con violencia. Y todo el punto viene expresado por la misma palabra que usamos para el hombre hospitalizado: «paciente» es un vocablo pasivo; «pecador» es activo. Para curarse de un gripe, habrá que ser paciente. Para curarse de adulterar, hay que ser no paciente sino impaciente: se debe tener un impaciencia personal contra la adulteración. Toda reforma moral debe comenzar con la voluntad activa, no con la pasiva. —Y... hasta cierto punto. Hasta el punto de la ortodoxia, diría: siempre que pelear contra un error no nos haga caer en otro contrario, o cegarnos ante la parte de verdad que tiene el hereje. Lo de Chesterton está lindo, pero así nomás (y así nomás les gusta a muchos tradis, parece) puede pecar por unilateral. Y creo que conviene recordar a su réplica puede oponerse una contraréplica no menos elemental (cheap, dice en el original) y obvia. O varias. Apuntemos, sin desarrollar mucho.
¿Me dice ud. que el malo quiere ser malo mientras que el enfermo no quiere estar enfermo? Bueno. Pero hasta por ahí nomás. Yo podría replicarle que un sentido más profundo el malo no quiere
de verdad ser malo. Y no me faltaría de dónde agarrarme; empezando por la tremenda frase de San Pablo: «hago el mal que no quiero», con todo su contexto, en el que el mal se presenta como una especie de enfermedad. No es cuestión de rejuntar autores o textos (bíblicos o no) a favor, cual abogado... ni de ignorar la distinción, el caracter simbólico que tienen las curaciones milagrosas y todo lo que cualquier cristiano sabe. Pero tampoco es cuestión de creer que los términos de ese simbolismo enfermedad-pecado no tienen más relación que los de una metáfora convencional.
La enfermedad se sufre, el pecado se hace; concedido.
Finalmente (y de hecho, esta es la aplicación práctica que me disparó todo esto) el evangelio recomienda rezar por la curación del enfermo (no recuerdo que haga lo propio con la oración por la conversión del pecador); y en particular, hay una afirmación del Nuevo Testamento que uno podría considerar demasiado comprometedora: «Cuando oren con fe, el enfermo sanará» *. Pues bien, juntemos esto con lo anterior, incluido el significado moral-popular de la palabra, combinemos con aquello de «orar por los enemigos»... y podremos leer aquí una afirmación aún más comprometedora que la de la lectura ingenua. Y por cierto, aún más inquietante. En el mejor sentido de la palabra.
* En realidad, recién ahora descubro que es de Santiago; y descubro que mi recuerdo proviene del dibujo del nuevo testamento que usaba en mi catecismo de niño; y yo que pensaba que aquella catequesis no me había dejado nada... nunca se sabe. Siempre la recuerdo, y en su interpretación más literal -o ingenua (cierto es que la traducción de la de Jerusalén es algo distinta; y vale la pena ver el contexto. Pero, para lo que venimos diciendo acá... más a mi favor, vamos. jueves, 7 agosto 2008
La vieja trinidad
... Dostoyevsky lanzó la enigmática observación: «La belleza salvará al mundo». ¿Qué significa eso? Por mucho tiempo me pareció tan sólo una frase. ¿Cómo sería eso posible? En la sangrienta Historia ¿cuándo la belleza salvó a alguien de algo? Ennoblecido, enaltecido, sí — pero ¿a quién ha salvado?
Yo justo estaba releyendo "El primer círculo"... Calculo
que el día de su muerte yo leía esta página,
donde el nuevo preso sin juicio, sin comunicación
y sin derechos (hasta ayer respetable funcionario soviético) recuerda las frases epicúreas que había estado
leyendo esos días...
Sin embargo, existe cierta peculiaridad en la esencia de la belleza, una peculiaridad en la sustancia del arte: es que el poder de convicción de una auténtica obra artística es completamente irrefutable y obliga a la rendición hasta a un corazón opositor. El discurso político, el publicismo pujante, el programa de vida social y el sistema filosófico, pueden aparentemente contruirse con suavidad y elegancia, tanto en el error como en la mentira. Lo que está oculto, lo tergiversado, no se volverá inmediatamente obvio.
Y vendrá luego un discurso, un artículo, un programa de signo opuesto; una filosofía diferentemente construida llama a la contradicción – todo exactamente igual de elegante y suave; y la cosa funciona igual. Que es la razón por la cual se confía y también se desconfía de todo aquello.
«La fe en la inmortalidad nació de la codicia de seres
insatisfechos... El hombre sabio sabe que la duración
de su vida es suficiente para completar el círculo de los
placeres alcanzables»...
Pero ¿se trata en verdad de placeres? Él había tenido dinero, buena ropa, estima, mujeres, vino, viajes... pero en este momento habría mandado al infierno a todos eso a cambio de justicia y verdad... nada más. miércoles, 6 agosto 2008
La fugitiva
.. si vemos que la sociedad está desequilibrada, tendremos
que hacer lo posible para aumentar el peso del platillo más liviano...
Pero hay que tener la concepción del equilibrio; y hay que estar
siempre dispuesto a cambiar de bando, como la justicia, esa
fugitiva del campo de los vencedores.
A propósito de... tantas cosas...Simone Weil - * A propósito del finado Solyenitzin, si quieren.
Grahan Greene, por su lado escribió que "el escritor siempre debería estar dispuesto a cambiar de bando sin pensarlo dos veces (at the drop of a hat). Puesto que él debe ser la voz de las víctimas, y las víctimas cambian". Quizás sea una cita libre de Simone. viernes, 1 agosto 2008
Lupin en Bs. As.
Aviso un poco sobre la hora:Mañana sábado a la tarde en un ciclo en el Jardín Japonés (Palermo, Buenos Aires) pasan Lupin III, El Castillo de Cagliostro. Es la primer película dirigida por Miyazaki, pre Ghibli, no enteramente suya (y no de mis preferidas) pero de culto de todas maneras.
PS/yapa: ¿Cómo serían las propagandas de TV si fueran hechas por Ghibli? Pues, así. miércoles, 30 julio 2008
El rubro menos pensado
Siempre me gustó repasar estanterías de libros, en bibliotecas o en librerías de usados. Y en mi época de converso presentí que tenía caminos nuevos que descrubir, también por ese lado; en autores y rubros. Por entonces, los sectores etiquetados "Religión", o "Cristianismo" llamaban con voces nuevas y prometedoras. Y sobre todo en las librerías de viejo: alimentando como venía yo por las lecturas de Teresa de Avila y Leon Bloy, podía mirar con suficiencia despreciativa al mundo moderno (y sobre todo al libresco) y hacerme la ilusión de que esa verdad recién descubierta era un torrente vivo y oculto, que del pasado venía y que, lejos de los falsos oropeles de la cultura dominante, se dejaría encontrar en los libros con olor a naftalina (y muchas veces muy baratos) al fondo de una librería de viejo en la avenida Corrientes, en el modesto sector religioso...Tarde me di cuenta, como dice el tango, de que al fin y al cabo en esas estanterías no había mucho que abrevar. Estaba lindo, aquello de maldecir a la modernidad (sea la anticristiana o la progresista sedicente cristiana) y posar de reaccionario; imaginarse en la resistencia, con la bandera de un pasado glorioso (intelecto, espiritualidad y arte), desde los Padres de la Iglesia hasta... bueno, hasta no sabemos muy bien cuándo. (Y uno ya venía de otras jactancias módicamente elitistas: encontrar Ummagumma de Pink Floyd o el primero de Invisible en una disquería "no comercial"... menospreciar los hits y los best-sellers...). Pero la verdad era que... de aquel pasado glorioso, el sector religioso de las librerías de usados no parecía una muestra muy seductora. Sí, bastante ingenuo lo mío. Pero, como decíamos el otro día, hay verdades incómodas para los partidos. Y acá dejo constancia de una, un hecho trivial que me llevó demasiado tiempo reconocer: los estantes con la etiqueta "religión" o "cristianismo" en las librerías de viejo de la ciudad de Buenos Aires son para llorar. Mientras es cómodo lamentar el ninguneo cultural y jugar a los sabios oprimidos, es incómodo preguntar por los quilates de aquella cultura, de la producción (intelectual, espiritual y artística) de los tiempos en que teníamos la sartén por el mango ( y de paso de la producida hoy, en las casi catacumbas; en calidad, si no en cantidad). Gente como Castellani o Bloy lo dicen, y lo lamentan ... y más que lo otro. Pero son los menos, parece.
Bueno, ya está. Aprendido. Han pasado los años. Ya no frecuentamos tanto aquellas librerías, y cuando lo hacemos la etiqueta "religión" no nos inspira grandes expectativas. Pero, igual seguimos pispeando... porque donde menos se piensa, salta la liebre. Y la semana pasada saltó.
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