Encanto oriental

Viajando miyazakistartingpoint en colectivo, de pie, leyendo un libro de Miyazaki. 
Mientras él evoca la cultura de Japón -los tiempos antiguos, la campiña de Totoro- a mi lado se ubica una adolescente de rasgos orientales. ¡Bien! ¿Será japonesa? Como sea, bienvenidos esos ojos dulces y plácidos,  hacen buen acompañamiento a mi  lectura; y contrastan con la atmósfera de Buenos Aires. 
Burbuja fugaz.  
Enseguida se le acerca un amigo, con sus mismos rasgos; preveo la conversación próxima, me pregunto si podré descubrir la nacionalidad (¿japonesa, coreana, china? -soy nulo para distinguir fisonomías, pero el cine me ha entrenado algo el oído- ojalá sea japonesa, pienso, no sólo por Miyazaki, sino porque prefiero el sonido, me parece más suave y delicado). Y es ella es la que rompe el silencio:  «¿Sabés si hicieron algo los de informática con el router? ¡Se la pasan rascando! ¡Es una paja, boludo!»… No podía durar mucho, no.

De todas maneras, el libro es apasionante, y Miyazaki es una especie de sabio.

Sobre los personajes: recordar que sólo estamos mostrando la punta de un iceberg

Todos los personajes -incluyendo a Porco, Fio, Curtis, Piccolo, Gina, la banda de Mamma Aiuto y los otros piratas- deben tener un toque de realismo. Los veremos hacer tonterías, pero ellos también tienen sus dificultades para sobrevivir; las simplicidades que exhiben son una cara de su vida. Todo personaje debe ser tratado con respeto. Nos prohibiremos terminantemente dibujar multitudes o grupos de gente con negligencia. Sobre todo, evitaremos a toda costa el error común de creer que dibujar un personaje de animación significa dibujar gente más tonta que uno.

Sobre la escenografía:

Una ciudad que uno quisiera visitar. Un cielo por el cual uno quisiera volar. La isla secreta que cualquiera de nosotros querría tener. Un mundo sin preocupaciones, excitante y estimulante. Una vez, hace tiempo, el mundo era un lugar hermoso.

(Notas-guía para Porco Rosso)

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– Tengo entendido que en los bocetos iniciales Satsuki le presta el paraguas a Totoro, y cuando ella se despierta al día siguiente encuentra el paraguas en la entrada de su casa junto al paquete de bellotas como agradecimiento ¿Decidió cambiar eso?

– Así es. Es que en ese caso, advertí después, tendríamos un Totoro que entiende demasiadas cosas. Y él no debería entender lo que es prestar y devolver. En realidad, tampoco debería entender la utilidad de un paraguas.

– Porque no es un ser humano.

– Claro. Y porque es el señor del bosque. La lluvia hace crecer las plantas, y él puede oir cuando ellas festejan la llegada de la lluvia. No puede ser que le moleste mojarse. Si tiene la hoja de gomero sobre la cabeza es sólo porque disfruta del plop-plop de las gotas. ¿Cómo entonces podría agradecer que le presten un paraguas? Ahí comprendí que teníamos un problema. Entonces pensé que bien podría hacerlo descubrir cómo suenan las gotas sobre el paraguas. Para Totoro el paraguas es una especie de instrumento musical. Es un regalo que Satsuki le ha hecho  ¿cómo va a pensar en devolverlo? Lo que sí se le ocurre es retribuir el regalo: las bellotas.

– En el cine pude ver que los niños adoraron esa escena en la parada de autobús…

– Eso me hizo muy feliz. Una escena sin acción, y bastante difícil… Había que mostrar una Satsuki intimidada pero también entusiasmada… Fue complicado también el aspecto musical, cuando Totoro aparece al costado de Satsuki. Al principio el tema -un ritmo en siete tiempos- sonaba desde el comienzo de la escena; le pedí a Hisaishi que intercalara silencios; y él fue probando en la mezcla, contando los tiempos (un-dos-tres-cua-cin-sei-sie-tá), poniendo y sacando compases. El resultado final fue perfecto, me asombró el ajuste. Satsuki mira al costado, y el ritmo se detiene; vemos a Totoro y el ritmo reaparece… Tuvimos mucha suerte. La escena quedó muy bien tras combinar los ruidos y la música.

– ¿Decidió desde el comienzo que Totoro no hablaría?

– Sí. Ni siquiera debía aparecer en exceso. Sobre todo, me negué a incluir escenas con Totoro expresando simpatía hacia Satsuki, por su llanto por la pérdida de Mei. La ansiedad de Satsuki es lo que le permite encontrar a Totoro. El la ve, y entonces llama al gato bus. Pero eso es todo. Creo que ni siquiera es consciente de estar prestándole ayuda.

(Entrevista tras el estreno de Mi vecino Totoro)

Un comentario sobre “Encanto oriental

  1. Facu Quinteros

    Dícese que si le arrojas perlas a los cerdos… Ellos no notarán ni
    comprenderán el valor ni la ecencia de tales… Ok, así siento que
    pasa con la gente promedio, no saben valorar las obras mas allá de
    lo que ven en su prejuicio (ya me tildaron de que miro “Dibujitos” =/ ) A propósito, siempre dije que un genio reconoce siempre la genialidad de otro genio.

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