Suma teológica - Parte IIIa - Cuestión 20
Sobre la sumisión de Cristo al Padre
Pasamos ahora a tratar de las cosas que convienen a Cristo en relación con su Padre. Unas se predican de él por la relación que guarda con el Padre; por ejemplo, el que le estuviese sometido, le dirigiese oraciones, le sirviese en el sacerdocio. Otras se dicen del mismo, o pueden decirse, por la relación que el Padre tiene con él: v.gr., si el Padre le adoptó, y el que le haya predestinado. En consecuencia, trataremos: primero, de la sumisión de Cristo al Padre; segundo, de su oración (q.21); tercero, de su sacerdocio (q.22); cuarto, de su adopción, si le conviene (q.23); quinto, de su predestinación (q.24).

Sobre lo primero se plantean dos problemas:

  1. ¿Está Cristo sometido al Padre?
  2. ¿Está sometido a sí mismo?
Artículo 1: ¿Debe decirse que Cristo está sometido al Padre? lat
Objeciones por las que parece que no debe decirse que Cristo está sometido al Padre.
1. Todo lo que está sometido a Dios Padre es una criatura, porque, como se dice en el libro De Ecclesiast. Dogm., en la Trinidad nada hay que sirva o que esté sometido. Pero, como antes hemos escrito (q.16 a.8), no se puede decir en absoluto que Cristo sea una criatura. Luego tampoco debe decirse en absoluto que Cristo esté sometido a Dios Padre.
2. Se dice que una cosa está sometida a Dios cuando está sujeta a su dominio. Pero a la naturaleza humana de Cristo no se le puede atribuir la servidumbre, pues escribe el Damasceno en el libro III: Ha de tenerse en cuenta que no podemos llamar sierva a la naturaleza humana de Cristo, porque los nombres de servidumbre y dominación no son propiedades de la naturaleza, sino relaciones, al modo en que lo son la paternidad y la filiación. Luego Cristo, bajo la perspectiva de su naturaleza humana, no está sujeto al Padre.
3. En 1 Cor 15,28 se dice: Cuando le estén sometidas todas las cosas, entonces el mismo Hijo se sujetará a quien a El todo se lo sometió. Pero, como se escribe en Heb 2,8, ahora no vemos todavía que le estén sometidas todas las cosas. Luego El no está aún sujeto al Padre, que le sometió todas las cosas.
Contra esto: está lo que se lee en Jn 14,28: El Padre es mayor que yo. Y Agustín comenta en el I De Trin.: No sin razón enseña la Escritura ambas cosas: Que el Hijo es igual al Padre, y que el Padre es mayor que el Hijo. Lo primero, por su forma de Dios; lo segundo, por su forma de siervo, entendiéndose lo uno y lo otro sin confusión de ninguna clase. Ahora bien, el menor está sujeto al mayor. Luego Cristo, en su forma de siervo, está sometido al Padre.
Respondo: A quien posee una determinada naturaleza le conviene todo lo que es propio de la misma. La naturaleza humana, por su misma condición, tiene respecto de Dios una triple sumisión: primero, en cuanto al grado de bondad, dado que la naturaleza divina es la misma bondad por esencia, como queda patente por lo que dice Dionisio en el c.l del De Div. Nom.; mientras que la naturaleza creada posee una cierta participación de la bondad divina, estando como sujeta a los rayos de aquella bondad. Segundo, en cuanto al poder de Dios, puesto que la naturaleza humana, como cualquier otra criatura, está sometida a las disposiciones de la providencia divina. Tercero, y de modo especial, la naturaleza humana está sujeta a Dios por un acto propio, a saber: en cuanto que, por propia voluntad, obedece los mandatos divinos. Y el propio Cristo declara tener esa triple sumisión respecto del Padre. La primera, en Mt 19,17, cuando dice: ¿Por qué me preguntas sobre lo bueno? Uno solo es bueno, Dios. Por lo que comenta Jerónimo: Por haberle llamado maestro bueno, y no haberle proclamado Dios o Hijo de Dios, le dijo que, a pesar de ser un hombre santo, en comparación con Dios no era bueno. Con ello dio a entender que él mismo, considerado en su naturaleza humana, no alcanzaba el grado de la bondad divina. Y porque, en las cosas que no son materialmente grandes, lo mismo es ser mayor que ser mejor, como dice Agustín en el libro VI De Trin., de ahí que se diga que el Padre es mayor que Cristo, considerado éste en cuanto a su naturaleza humana.

La segunda sumisión se atribuye a Cristo en cuanto que todo lo acaecido en torno a su humanidad se produjo por disposición divina. Por eso escribe Dionisio, en el c.4 del De Div. Nom., que Cristo está sometido a las disposiciones de Dios Padre. Y ésta es la sumisión de servidumbre, porque toda criatura sirve a Dios (Jdt 16,17), sujeta a sus disposiciones, según las palabras de Sab 16,24: La creación te sirve a ti, su Creador. Y en este sentido se dice en Flp 2,7 que el Hijo de Dios tomó la forma de siervo.

La tercera sumisión se la atribuye Cristo a sí mismo cuando, en Jn 8,29, dice: Yo hago siempre lo que es de su agrado. Y ésta es la sumisión de obediencia. Por ello se dice en Flp 2,8 que se hizo obediente al Padre hasta la muerte.

A las objeciones:
1. Así como no debe entenderse que Cristo es una criatura absolutamente, sino sólo según su naturaleza humana, póngase o no se ponga esta determinación, como antes hemos dicho (q.16 a.8), así tampoco debe entenderse de forma absoluta que Cristo esté sujeto al Padre, sino sólo en cuanto a su naturaleza humana, aun en el caso de que no se consigne esta determinación. Sin embargo, es preferible hacerla constar, a fin de evitar el error de Arrio, el cual defendió que el Hijo era menor que el Padre (q.10 a.2 ad 1).
2. La relación de servidumbre y la de dominio se fundamentan en una acción y en una pasión, esto es, en cuanto que lo propio del siervo es ser movido por el imperio del señor. Ahora bien, el sujeto de la acción no es la naturaleza, sino la persona, pues, según el Filósofo, los actos pertenecen a los supuestos y a los individuos. Sin embargo, la acción se atribuye a la naturaleza como al principio en virtud del cual obra la persona o la hipóstasis. Y, por consiguiente, aunque, hablando con propiedad, no pueda decirse que la naturaleza es señora o sierva, sí puede decirse propiamente que una hipóstasis o persona es señora o sierva por razón de esta o de aquella naturaleza. Y, en este sentido, nada impide decir que Cristo está sujeto al Padre, o que es su siervo, por razón de su naturaleza humana.
3. Como escribe Agustín en el libro I De Trin., Cristo entregará el reino al Dios y Padre cuando haya conducido a los justos, en los que ahora reina por medio de la fe, a la visión beatífica, para que contemplen la misma esencia común al Padre y al Hijo. Y entonces estará totalmente sometido al Padre no sólo en sí mismo, sino también en sus miembros, por la participación plena de la bondad divina. Entonces igualmente le estarán plenamente sujetas todas las cosas por el cumplimiento definitivo de su voluntad en ellas; aunque, incluso al presente, estén todas sometidas a su potestad, según las palabras de Mt 28,18: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra, etcétera.
Artículo 2: ¿Estuvo Cristo sometido a sí mismo? lat
Objeciones por las que parece que Cristo no estuvo sujeto a sí mismo.
1. Dice Cirilo en la Carta Sinódica, esto es, aceptada por el Concilio de Efeso: Cristo no es ni siervo ni señor de sí mismo. Es necio, e incluso impío, hablar y pensar de ese modo. Y esto mismo sostuvo el Damasceno, cuando escribe en el libro III: Cristo, siendo un solo ser, no puede ser siervo y señor de sí mismo. Pero Cristo es llamado siervo del Padre en tanto en cuanto le está sujeto. Luego Cristo no estaba sometido a sí mismo.
2. Siervo dice relación al señor. Pero no existe relación de algo consigo mismo, por lo que dice Hilario en el libro De Trin.: Nada es semejante o igual a sí mismo. Luego Cristo no puede llamarse siervo de sí mismo y, por consiguiente, no está sujeto a sí mismo.
3. Como el alma racional y la carne forman un solo hombre, así Dios y el hombre constituyen un único Cristo, en palabras de Atanasio. Pero por el hecho de que el cuerpo esté sometido al alma no decimos que el hombre esté sujeto a sí mismo, o que sea siervo de sí mismo, o que sea mayor que sí mismo. Luego tampoco puede decirse que Cristo esté sujeto a sí mismo por el hecho de que su humanidad esté sometida a su divinidad.
Contra esto: está lo que dice Agustín en el libro I De Trin.: la Verdad demuestra, bajo este aspecto, esto es, en cuanto que el Padre es mayor que Cristo, según la naturaleza humana de éste, que también el Hijo es inferior a sí mismo.

2. Aún más: como argumenta el propio Agustín en el mismo lugar, el Hijo de Dios asumió de tal modo la forma de siervo, que no perdió la forma de Dios. Pero según la forma divina, que es común al Padre y al Hijo, el Padre es mayor que el Hijo, visto éste en su naturaleza humana. Luego también el Hijo es mayor que sí mismo considerado en su naturaleza humana.

3. Y también: Cristo, en su naturaleza humana, es siervo de Dios Padre, de acuerdo con lo que se lee en Jn 20,17: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Pero todo el que es siervo del Padre, es siervo del Hijo; de lo contrario, no todo lo que es del Padre lo sería del Hijo. Luego Cristo es siervo de sí mismo, y está sometido a sí mismo.

Respondo: Como queda explicado (a.1 ad 2), el ser señor o siervo se atribuye a la persona o a la hipóstasis en relación con una naturaleza determinada. Cuando, pues, decimos que Cristo es señor o siervo de sí mismo, o que el Verbo de Dios es Señor de Cristo hombre, eso puede entenderse de dos maneras: una, interpretando que tal afirmación se hace por razón de una hipóstasis o persona distinta, como si una fuera la persona del Verbo de Dios, que domina, y otra la persona del hombre, que sirve. Eso es propio de la herejía de Nestorio (q.2 a.6). Por esto, al condenarle, dice el Concilio de Éfeso: Si alguien dice que el Verbo de Dios Padre es Dios o Señor de Cristo y, antes bien, no confiesa, según las Escrituras, que él mismo es a la vez Dios y hombre, visto que el Verbo se hizo carne, sea anatema. Y en este sentido lo niegan Cirilo y el Damasceno. Y, bajo ese mismo aspecto, es necesario negar que Cristo es inferior a sí mismo, o que esté sometido a sí mismo.

Otra manera de entenderlo es en relación con la diversidad de naturaleza en una sola persona o hipóstasis. Y en este sentido podemos decir que, en cuanto a una de las naturalezas, la que tiene común con el Padre, Cristo preside y domina junto con el Padre; en cambio, en cuanto a la otra naturaleza, la común con nosotros, Cristo está sometido y vive en condición de esclavo. Y bajo este aspecto dice Agustín que el Hijo es inferior a sí mismo.

Pero debe tenerse en cuenta que, por ser el nombre Cristo un nombre de persona, como lo es también el nombre Hijo, pueden predicarse de Cristo, de suyo y absolutamente, las cosas que le convienen por razón de su persona, que es eterna; y, sobre todo, pueden predicarse de él las relaciones de este género, que parece que pertenecen más propiamente a la persona o hipóstasis. Mas las cosas que le convienen por razón de su naturaleza humana, deben predicarse de él con la oportuna limitación. De modo que digamos en verdad que Cristo es absolutamente Máximo, Señor y Soberano; en cambio, el que esté sometido, el que sea siervo, o sea inferior, debe predicarse de él con unos límites, a saber, por razón de su naturaleza humana.

A las objeciones:
1. Cirilo y el Damasceno niegan que Cristo es Señor de sí mismo, en cuanto esto implica pluralidad de supuestos, que es un requisito para que alguien pueda llamarse señor de otro.
2. En absoluto, es necesario que el señor sea distinto del siervo. Sin embargo, puede salvarse una cierta noción de dominio y de servidumbre cuando un mismo sujeto es señor de sí mismo bajo diversas razones.
3. Debido a las diversas partes del hombre, de las que una es superior y otra inferior, dice el Filósofo, en el libro V Ethic., que hay una justicia del hombre para consigo mismo, en cuanto que el irascible y el concupiscible obedecen a la razón. Bajo este aspecto, también puede decirse que un mismo hombre está sometido y es servidor de sí mismo, teniendo en cuenta las diversas partes de su persona.

La respuesta a los otros argumentos resulta clara por lo dicho. Agustín afirma que el Hijo es inferior a sí mismo, o que está sometido a sí mismo, por razón de la naturaleza humana, no por la diversidad de supuestos.