Artículo 1:
¿Puede o no puede algún entendimiento creado ver a Dios en su
esencia?
lat
Objeciones por las que parece que ningún entendimiento creado puede
ver a Dios en su esencia:
1. Crisóstomo, en su comentario Super loannem,
explicando aquella frase de Jn 1,18: A Dios nunca nadie lo vio,
dice así: Lo que es Dios, no sólo los profetas, sino ni los ángeles
ni los arcángeles le han visto. ¿De qué manera, pues, podrá lo creado
ver lo increado? También Dionisio en el c.l De Div.
Nom., hablando de Dios dice: No se le alcanza ni
con el sentido ni con la fantasía, ni con la imaginación, ni con la
razón, ni con la ciencia.
2. Más aún. Todo lo infinito, en cuanto tal, es desconocido.
Pero, como quedó demostrado (
q.7 a.1), Dios es infinito. Luego, en
cuanto tal, es desconocido.
3. El entendimiento creado no conoce más que lo que
existe, pues lo primero que percibe es el ser. Pero Dios no es un ser
existente sin más, sino que está por encima de la existencia,
como dice Dionisio. Luego no es inteligible, sino que
está por encima de todo entendimiento.
4. Entre el que conoce y lo conocido es necesario que
haya alguna proporción, pues lo conocido perfecciona al que conoce.
Pero entre Dios y el entendimiento creado no hay proporción alguna,
pues los separa lo infinito. Luego el entendimiento
creado no puede ver la esencia de Dios.
Contra esto: está lo que dice la 1 Jn 3.2: Le veremos tal cual
es.
Respondo: Como quiera que un ser es cognoscible
tanto en cuanto está en acto, Dios, que es acto puro sin mezcla alguna
de potencialidad, en cuanto tal es cognoscible en grado sumo. Pero lo
que en cuanto tal es cognoscible en grado sumo, deja de ser
cognoscible por algún entendimiento por sobrepasar su capacidad,
Ejemplo: El sol, que es lo más visible, por su exceso de luz no puede
ser visto por el murciélago. Partiendo de este principio, algunos
dijeran que ningún entendimiento creado puede ver la esencia divina.
Pero esto no es aceptable. Pues, como quiera que la suprema felicidad
del hombre consiste en la más sublime de sus operaciones, que es la
intelectual, si el entendimiento creado no puede ver nunca la esencia
divina, o nunca conseguirá la felicidad, o ésta se encuentra en algo
que no es Dios. Esto es contrario a la fe. Pues la
felicidad última de la criatura racional está en lo que es principio
de su ser, ya que algo es tanto más perfecto cuanto más unido está a
su principio. Además, es contrario a la razón. Porque cuando el hombre
ve un efecto, experimenta el deseo natural de ver la causa. Es
precisamente de ahí de donde brota la admiración humana. Así, pues, si
el entendimiento de la criatura racional no llegase a alcanzar la
causa primera de las cosas, su deseo natural quedaría defraudado. Por
tanto, hay que admitir absolutamente que los bienaventurados ven la
esencia de Dios.
A las objeciones:
1. En ambas autoridades se habla de
la comprehensión. Dionisio, inmediatamente antes del
texto aludido, escribe: El es para todos universalmente
incomprensible, y no se le conoce por los sentidos, etc. Y el
Crisóstomo, poco después de lo escrito añade: Entiende aquí por visión una consideración y comprensión ciertisima
del Padre, idéntica a la que del Padre tiene el Hijo.
2. Lo que es infinito por parte de
la materia, no determinada por la forma, es en sí misma incognoscible,
ya que todo conocimiento se adquiere mediante una forma. Pero lo
infinito por parte de una forma no limitada por la materia es, en sí
mismo, cognoscible en grado sumo. Así es Dios infinito, no de la otra
manera, como ya quedó establecido (
q.7 a.1).
3. No se dice que Dios no es un
ser existente como si no existiera de ningún modo, sino que está por
encima de todo lo que existe, pues El es su mismo ser. Pero de ahí no
se deduce que no sea cognoscible de ningún modo, sino que sobrepasa
todo entendimiento, que es lo mismo que decir incomprensible.
4. La proporción se entiende de dos
maneras. Una, como relación entre cantidades. Así, el
doble, el triple, el igual son especies de la proporción. Otra, como
relación cualquiera entre cosas. Así, puede haber relación entre la
criatura y Dios como la puede haber entre efecto y causa o como entre
potencia y acto. En este sentido el entendimiento creado está en
proporción para poder conocer a Dios.
Artículo 2:
La esencia divina, ¿puede o no puede ser vista por el entendimiento
creado a través de alguna semejanza?
lat
Objeciones por las que parece que la esencia divina puede ser vista
por el entendimiento creado a través de alguna semejanza:
1. Dice 1 Jn 3,2: Sabemos que, cuando aparezca, seremos semejantes
a El y le conoceremos tal cual es.
2. Dice Agustín en el IX De Trin.: Cuando conocemos a Dios, alguna semejanza de Dios se produce en
nosotros.
3. El entendimiento en acto es inteligible en acto, como
el sentido en acto es inteligible en acto. Pero esto no es posible a
no ser cuando el sentido está informado por la imagen de lo sensible,
y el entendimiento informado por la semejanza de lo entendido. Luego,
si Dios es visto en acto por el entendimiento creado, es necesario que
sea visto a través de alguna semejanza.
Contra esto: está lo que dice Agustín en el XV De
Trin. cuando comenta aquello del Apóstol (1 Cor
13,12): ahora vemos a través de un espejo y en enigma: Las palabras
espejo y enigma pueden significar todas las imágenes y semejanzas que
usa como más adecuadas para darnos a conocer a Dios. Pero ver a
Dios en su esencia no es una visión enigmática ni un espejismo, sino
todo lo contrario. Luego la esencia divina no se ve a través de
semejanzas.
Respondo: Para una visión sensible o
intelectual se requiere: capacidad de visión y unión de lo visto con
la visión, ya que no hay visión si lo visto de alguna manera no está
en el que ve. En las cosas corporales sucede que lo visto no puede
estar con su esencia en el que ve, sino sólo por semejanza. Ejemplo:
La semejanza y no la sustancia de la piedra está en el ojo que ve. Si
hubiera algo que al mismo tiempo fuera ambas cosas, esto es, principio
de la capacidad de ver y cosa vista, el que ve recibiría de dicho
principio tanto la capacidad de ver como la forma por la que vé. Es
evidente que Dios es el autor de la capacidad de ver y que el
entendimiento puede verle. Como quiera que la misma capacidad
intelectual no es la esencia de Dios, es necesario que sea alguna
imagen participada de El mismo, que es el primer entendimiento. Por
eso se dice que la capacidad intelectual de la criatura es una cierta
luz inteligible, derivada de la primera luz, bien se entienda esto de
la capacidad natural, bien de cualquier perfección añadida de gracia o
de gloria. Por tanto, para ver a Dios, la capacidad de ver necesita
alguna semejanza de Dios que le proporcione eficacia para ver a
Dios.
En cambio, por parte de lo visto, y que de algún modo tiene que estar
unida al que ve, no es posible ver la esencia divina a través de
alguna imagen creada. Primero porque, como dice Dionisio en el
c.1 de Div. Nom., a través de imágenes del orden
inferior de las cosas no se pueden conocer las del orden superior,
como por la especie del cuerpo no puede ser conocida la esencia de lo
incorpóreo. Así, pues, mucho menos a través de cualquier especie
creada se podrá ver la esencia de Dios. Segundo, porque la
esencia de Dios es su mismo ser, como quedó demostrado (q.3 a.4), algo
que no se da en ninguna especie creada. Así, pues, ninguna forma
creada puede ser semejanza que represente al que ve la esencia de
Dios. Tercero, porque la esencia divina es algo ilimitado,
conteniendo en sí de forma eminente todo lo que pueda ser significado
o comprendido por el entendimiento creado. Esto no puede ser
representado en absoluto por ninguna especie creada, porque toda forma
creada está determinada por alguna razón, o sabiduría, o fuerza, o el
mismo ser, o de cualquier otro modo. De ahí que decir
ver a Dios a través de semejanza es decir no ver la esencia divina,
cosa errónea.
Hay que decir, por tanto, que para ver a Dios se requiere alguna
semejanza por parte de la capacidad de ver, a saber, la
luz de la gloria, de la que se dice en el Sal 35,10: En tu luz
veremos la luz. Pero la esencia de Dios no puede ser vista a
través de alguna semejanza creada que represente la misma esencia
divina tal cual es.
A las objeciones:
1. Aquella autoridad habla de la
semejanza que se da por participación de la luz de la
gloria.
2. Agustín está
hablando del conocimiento de Dios que se tiene mientras
vivimos.
3. A la tercera hay que decir: La esencia divina es su mismo
ser. De ahí que, así como las formas inteligibles que no son su propio
ser se unen al entendimiento por algún ser con el cual lo informan y
ponen en acto, así también la esencia divina se une al entendimiento
creado como algo conocido que hace que el entendimiento pueda
conocer.
Artículo 3:
La esencia divina, ¿puede o no puede ser vista con los ojos
corporales?
lat
Objeciones por las que parece que la esencia divina puede ser vista
con los ojos corporales:
1. Dice Job 19,26: En mi carne veré a Dios; y en 42,5: Con
mis oídos te oí, y ahora mi ojo te ve.
2. Más aún. Dice Agustín en el c.29 del último libro De
Civitate Dei: Tendrán, pues, aquellos ojos
(los de los glorificados) una capacidad mayor, no para ver con
mayor agudeza que las serpientes y las águilas (pues por aguda que
sea la capacidad de visión de los animales no ven más que lo
corporal), sino para poder ver también lo incorpóreo. Todo
aquel que puede ver lo incorpóreo, puede ser elevado para ver a Dios.
Por tanto, el ojo glorificado puede ver a Dios.
3. Dios puede ser visto por el hombre con su
imaginación. Dice Is 6,1: Vi al Señor sentado sobre el trono,
etc. Pero dicha imaginación tiene su origen en el sentido, pues la
fantasía es un movimiento provocado por el sentido en acto, tal
como se dice en el III de Anima. Luego Dios
puede ser visto con percepción sensitiva.
Contra esto: está lo que dice Agustín a Paulina en su libro De
videndo Deum: Ni en esta vida ni en la de los
ángeles nunca nadie vio, tal como se ven las cosas con los ojos
corporales, a Dios tal cual es.
Respondo: Es imposible ver a Dios con el
sentido de la vista o con cualquier otro sentido o facultad sensitiva.
Toda facultad de este tipo es acto de un órgano corporal, como veremos
(
a.4;
q.78 a.1). Y todo acto es proporcionado a su sujeto. De ahí que
ninguna facultad de este tipo pueda ir más allá de lo corpóreo. Cómo
se demostró (
q.3 a.1), Dios es incorpóreo. De ahí que ni el sentido ni
la imaginación lo puede ver, sino sólo el entendimiento.
A las objeciones:
1. Cuando se dice: En mi carne
veré a Dios, mi Salvador (Job 19,26), no hay que entender que el
ojo de la carne verá a Dios, sino que, siendo carnal, después de la
resurrección verá a Dios. Asimismo, al decir: Mi ojo ahora te
ve (Job 42,5), hay que entender el ojo del alma, como dice el
Apóstol en Ef 1,17s.: Que os conceda el espíritu de la sabiduría
para conocerle, iluminados los ojos de vuestro corazón.
2. El texto de Agustín es
analítico y está condicionado por el contexto. Pues antes
dice: (Los ojos glorificados) tendrían un poder muy distinto si con ellos se viera la naturaleza
incorpórea. Y después añade: Resulta muy creíble que entonces
veremos con inmensa claridad el mundo del cielo nuevo y de la tierra
nueva, con Dios omnipresente y gobernando el universo y lo corporal,
pero no como contemplamos ahora lo invisible de Dios, a través de lo
creado, sino como contemplamos a los hombres con los que convivimos y
entre quienes nos movemos, pues no creemos que viven, sino que lo
vemos. Esto aclara que no se esta refiriendo a que los ojos
glorificados verán a Dios como nosotros vemos la vida de alguien.
Además, la vida no se ve con el ojo corporal de forma directa, sino
accidentalmente, es decir, algo que los sentidos no perciben en si
mismo, pero que otra facultad sí percibe cuando llega a los sentidos.
El hecho de que con los ojos corporales se llegue a conocer la
presencia divina por el entendimiento, se debe a dos razones: a la
perspicacia del entendimiento y al resplandor de la claridad divina en
los cuerpos renovados.
3. En la imaginación no se ve la
esencia de Dios. Sino que en la imaginación se crea alguna forma que
representa a Dios por alguna semejanza, como en las divinas Escrituras
lo divino es descrito metafóricamente con realidades
sensibles.
Artículo 4:
¿Puede o no puede algún entendimiento creado, por su capacidad
natural, ver la esencia divina?
lat
Objeciones por las que parece que algún entendimiento creado por su
capacidad natural puede ver la esencia divina:
1. Dionisio dice en el c.4 De Div. Nom.: El
ángel es un espejo puro, limpísimo que recibe, si se puede hablar así,
toda la belleza de Dios. Pero al mirar un espejo se ve lo que en
él se refleja. Así, pues, como quiera que el ángel, por su capacidad
natural se comprende a sí mismo, parece que también, por su capacidad
natural, comprende la esencia divina.
2. Lo que es visible en grado sumo, resulta menos visible
para nosotros por la deficiencia de nuestra visión bien corporal, bien
intelectual. Pero el entendimiento angélico no tiene deficiencias.
Luego, como quiera que Dios es inteligible en grado sumo, parece que
también en grado sumo sea inteligible por el entendimiento
angélico. Así, pues, si por su capacidad natural puede entender
otras cosas inteligibles, mucho más a Dios.
3. El sentido corporal no puede ser elevado para
entender la sustancia incorpórea porque está por encima de su
naturaleza. Así, pues, si ver a Dios en su esencia está por encima de
la naturaleza de cualquier entendimiento creado, parece que ningún
entendimiento creado pueda llegar a ver la esencia de Dios. Esto es
falso por lo dicho anteriormente (
a.1). Luego parece que es propio del
entendimiento creado ver la esencia divina.
Contra esto: está lo que se dice en Rom 6,23: La gracia de Dios es
vida eterna. Pero la vida eterna consiste en la visión de la
esencia divina, según aquello de Jn 17,3: Esta es la vida eterna,
que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, etc. Luego ver a
Dios es algo que le corresponde por gracia y no por naturaleza al
entendimiento creado.
Respondo: Es imposible que un entendimiento
creado por su capacidad natural vea la esencia de Dios, pues el
conocimiento se realiza según el modo como lo conocido está en el que
conoce. Y lo conocido está en el que conoce según su modo de conocer.
De ahí que todo conocimiento se ajuste a la naturaleza del que conoce.
Así, pues, si el modo de ser de alguna cosa conocida excede el modo de
ser de la naturaleza del que conoce, es necesario que el conocimiento
de aquello esté por encima de la naturaleza de aquél. Y hay un
múltiple modo de ser de las cosas. Hay algunas cuya naturaleza no
existe más que en la materia individual. Así son todos los seres
corporales. Hay otras, sin embargo, cuya naturaleza subsiste en
sí misma, no en alguna materia, y que, sin embargo, no
son su propio ser, sino que tienen ser. Así son las sustancias
incorpóreas llamadas ángeles. El único propio modo de ser es el de
Dios, que es su propio ser subsistente. Así, pues, aquellas cosas que
no tienen su ser más que en la materia individual, las conocemos por
connaturalidad, pero nuestra alma, a través de la que conocemos, es
forma de alguna materia. Y, además, tiene dos facultades
cognoscitivas. Una, la correspondiente al acto de algún órgano
corporal. A éste le corresponde conocer por connaturalidad las cosas
tal como están en la materia individual. De ahí que el sentido no
conozca más que lo singular. La otra facultad cognoscitiva es el
entendimiento, que no es ningún acto
de un órgano corporal. De
ahí que al entendimiento le corresponda conocer por connaturalidad las
naturalezas que no tienen su ser más que en la materia individual,
pero no en cuanto concretadas en la materia individual, sino en cuanto
son abstraídas de la materia por el entendimiento. De ahí que por el
entendimiento podamos conocer de este modo lo universal, algo que está
por encima de la facultad del sentido. Por su parte, connatural al
entendimiento angélico es conocer las naturalezas no existentes en la
materia, algo que está por encima de la capacidad del entendimiento
del alma humana, por cuanto en la presente vida está unida al
cuerpo.
Consecuentemente, hay que concluir que conocer al mismo ser
subsistente es connatural sólo al entendimiento divino, que está por
encima de la capacidad natural de cualquier entendimiento creado,
porque ninguna criatura es su propio ser, sino que participa del ser.
Así, pues, el entendimiento creado no puede ver a Dios en su esencia,
a no ser que Dios, por su gracia, se una al entendimiento creado
haciéndose inteligible.
A las objeciones:
1. El modo de conocer a Dios
connatural al ángel lo es porque en el ángel resplandece su semejanza.
Pero conocer a Dios por alguna semejanza creada no es conocer la
esencia de Dios, como quedó demostrado (
a.2). De donde no se sigue que
el ángel, por su capacidad natural, pueda conocer la esencia de
Dios.
2. El entendimiento angélico no
tiene deficiencia si por deficiencia se entiende privación, es decir,
que carezca de lo que tiene que tener. Si se entiende, en cambio, como
negación, toda criatura es deficiente si se la compara a Dios, pues en
ninguna se encuentra aquella excelencia que se encuentra sólo en
Dios.
3. El sentido de la vista, por ser
completamente material, de ningún modo puede ser elevada hasta lo
inmaterial. Pero tanto nuestro entendimiento como el angélico, que de
algún modo están por encima de la materia, puede ser elevado por
gracia hasta algo superior a su propia naturaleza. Prueba de esto es
que la vista de ningún modo puede conocer lo abstracto de lo que
conoce en concreto, pues de ningún modo puede percibir la naturaleza
sino como esta naturaleza. Pero nuestro entendimiento puede tratar en
abstracto lo que conoce en concreto. Pues, aunque conozca las cosas
que tienen forma en la materia, sin embargo, separa los compuestos y
trata la misma forma tal cual.
Algo parecido sucede con el entendimiento angélico, al que le es
connatural conocer el ser concretado en alguna naturaleza; sin
embargo, su entendimiento puede aislar el ser compuesto que conoce que
algo es el mismo y algo su propio ser. De este modo, como quiera que
connatural al entendimiento creado sea aprehender la forma concreta y
al ser concreto por abstracción, mediante un proceso analítico, por
gracia puede ser elevado para que conozca la sustancia separada
subsistente y el ser separado subsistente.
Artículo 5:
¿Necesita o no necesita el entendimiento creado alguna luz creada
para ver la esencia divina?
lat
Objeciones por las que parece que el entendimiento creado no necesita
ninguna luz creada para ver la esencia divina:
1. En las cosas sensibles, aquello que es luminoso no necesita ningún
otro tipo de luz para ser visto. Luego tampoco en las
cosas inteligibles. Pero Dios es luz inteligible. Luego no se le ve
con ninguna luz creada.
2. Como quiera que Dios es visto por mediaciones, no se le
ve en su esencia. Pero ver algo con luz creada es verlo por mediación.
Luego no se le ve en su esencia.
3. Nada impide que lo creado sea connatural a alguna
criatura. Si a Dios se le ve por alguna luz creada, dicha luz podría
ser connatural a alguna criatura. De este modo, aquella criatura no
necesitaría ningún otro tipo de luz para ver a Dios. Esto es
imposible. Por lo tanto, no es necesario que toda criatura requiera
una luz añadida para ver la esencia de Dios.
Contra esto: está lo que dice el Sal 35,10; Con tu luz veremos la
luz.
Respondo: Todo aquello que es elevado hasta
algo que está por encima de su naturaleza, necesita que se le prepare
con alguna disposición que esté por encima de la naturaleza. Ejemplo:
Si el aire tiene que tomar la forma del fuego, es necesario que se le
disponga para ello. Cuando algún entendimiento creado ve a Dios en su
esencia, la misma esencia de Dios es lo que produce la forma
inteligible del entendimiento. De ahí que sea necesario que se le
añada al entendimiento alguna disposición sobrenatural para que pueda
ser elevado hasta tanta sublimidad. Así, pues, como quiera que la
capacidad natural del entendimiento creado no es suficiente para ver
la esencia de Dios, algo ya demostrado (
a.4), es necesario que su
capacidad de entender aumente por la gracia divina. Este aumento de
capacidad intelectiva la llamamos iluminación del entendimiento, como
a lo inteligible se le llama luminosidad o luz. Y ésta es la luz de la
que se dice en Apoc 21,23:
La claridad de Dios la iluminará,
esto es, iluminará a la comunidad de bienaventurados que ven a Dios.
Por esa misma luz se convierten en deiformes, es decir, semejantes a
Dios, según aquello de 1 Jn 3,2:
Cuando aparezca,
seremos semejantes a El y le veremos tal como es.
A las objeciones:
1. La luz creada es necesaria para
ver la luz de Dios; y no porque esa luz haga inteligible la
esencia de Dios, la cual en sí misma es inteligible, sino porque
capacita al entendimiento para entender, al modo como la potencia se
capacita más para obrar por hábito, o también al modo como es
necesaria la luz corporal para ver las cosas, pues hace de medio
transparente que puede fijar el color.
2. Esta luz no es necesaria para
ver la esencia de Dios como si fuera una semejanza en la que se
contempla a Dios, sino como una cierta perfección del entendimiento
que le da más capacidad para ver a Dios. Así, puede decirse que es un
medio no en el que Dios es visto, sino bajo el que se le
ve. Esto no quita inmediatez a la visión de Dios.
3. La disposición para tener forma
de fuego no puede ser natural a no ser que se tenga forma de fuego. De
ahí que la luz de la gloria no pueda ser natural a la criatura, a no
ser que la criatura sea de naturaleza divina, lo cual es imposible.
Pues por esta luz precisamente la criatura racional se hace deiforme,
como hemos dicho.
Artículo 6:
Entre los que ven la esencia divina, ¿la ven o no la ven unos mejor
que otros?
lat
Objeciones por las que, entre los que ven la esencia divina, unos no
la ven mejor que otros:
1. Dice 1 Jn 3,2: Le veremos tal como es. Pero El es sólo de
una manera. Luego sólo podrá ser visto de una manera por todos. Por lo
tanto, no de una forma más perfecta o menos perfecta.
2. En el libro
Octoginta trium
quaest., Agustín dice que una cosa no puede ser
más entendida por uno que por otro. Pero todos los que ven a Dios en
su esencia, comprenden la esencia de Dios; pues a Dios se le ve con el
entendimiento y no con el sentido, como quedó establecido (
a.3).
Luego, entre los que ven la esencia divina uno no la ve más
claramente que otro.
3. Que uno vea algo más perfectamente que otro depende
de dos cosas: Del objeto que se ve y de la capacidad de visión del que
ve. Por parte del objeto, por cuanto se capta mejor, es decir, se crea
una imagen más perfecta. No es aplicable al caso que estamos tratando,
pues Dios no está presente en el entendimiento por alguna semejanza,
sino que, por su esencia se hace presente a la esencia intelectual del
que le ve. Por lo tanto, que uno le vea más perfectamente que otro
responde a la diferente capacidad de entender. De este modo, quien por
naturaleza tenga una capacidad intelectiva superior, le verá con mayor
claridad. Esto no es admisible, puesto que al hombre se le ha
prometido, en la felicidad eterna, la igualdad con los
ángeles.
Contra esto: está el hecho de que la vida eterna consiste en contemplar
a Dios, según aquello de Jn 17,3: Esta es la vida eterna, etc.
Luego, si todos ven igualmente la esencia de Dios, en la vida eterna
todos serán iguales. Esto es contrario a lo que dice el Apóstol en 1
Cor 15,41: Dos estrellas se distinguen por su claridad.
Respondo: Entre los que vean a Dios en su
esencia, uno le verá más perfectamente que otro. No obstante, eso no
será así porque en uno haya una imagen más perfecta que en otro,
puesto que la futura visión no será por imagen, como se dijo (
a.2).
Sino que será porque un entendimiento estará más capacitado que otro
para ver a Dios. Y la capacidad para ver a Dios no le corresponde al
entendimiento creado por naturaleza, sino por la luz de la gloria,
como quedó demostrado (
a.5). De ahí que el entendimiento que más
participe de la luz de la gloria, más perfectamente verá a Dios. Y
tanto más participará de la luz de la gloria cuanto más amor tenga,
pues donde el amor es mayor, mayor es el deseo; y el deseo, de alguna
manera, capacita y prepara al que desea para conseguir lo deseado. Por
lo tanto, aquel que tenga más amor, más perfectamente verá a Dios y
más feliz será.
A las objeciones:
1. Cuando se dice le veremos tal
como es, el adverbio tal como determina el modo de ver por
parte de lo visto; el sentido del texto es: Le veremos tal cual es
porque veremos su mismo ser, que es su esencia. Pero no determina el
modo de ver por parte del que ve, como si el sentido del texto
incluyera que el modo de ver sea tan perfecto como es en Dios su modo
de ser.
2. Ahí está incluida la respuesta
a la segunda objeción. Pues cuando se dice que uno no puede conocer
mejor que otro un objeto, se está diciendo algo verdadero siempre que
se esté refiriendo al modo de ser de lo conocido, porque quien
entienda algo distinto a lo que es en realidad, no está entendiéndolo
correctamente. Pero no estaría diciendo algo verdadero si se refiriera
al modo de entender, porque el entender de uno puede ser más perfecto
que el entender de otro.
3. La diversidad en el modo de ver
no se encuentra en el objeto, pues a todos se les ofrece el mismo
objeto, esto es, la esencia de Dios. Tampoco se encuentra en la
diversa participación del objeto por diferentes semejanzas. Sino que
se encuentra en la distinta capacidad intelectual, no la natural, sino
la gloriosa, como se dijo.
Artículo 7:
Quienes ven a Dios en su esencia, ¿le comprehenden?
lat
Objeciones por las que parece que los que ven a Dios en su esencia le
comprenden:
1. Dice el Apóstol en Flp 3,12: Sigo, a ver si de
algún modo le comprendo. Y no le seguía en vano, pues él mismo
dice en 1 Cor 9,26: Corro así, pero no a la deriva. Luego él
mismo comprehendió. E invita a otros por el mismo motivo, diciendo
(9,24): Corred así, para que comprehendáis.
2. Más aún. Dice Agustín a Paulina en el libro De videndo
Deum: Se comprehende aquello que se ve
totalmente, de tal forma que nada de él queda velado al que le ve.
Pero si a Dios se le ve en su esencia, se le ve totalmente y nada de
El queda velado al que le ve, pues Dios es simple. Luego todo el que
ve a Dios en su esencia, le comprehende.
3. Si se dice que se ve todo, pero no totalmente,
replicamos:
Totalmente se dice del modo de ver o de lo visto.
Pero aquel que ve a Dios en su esencia, lo ve totalmente si se refiere
a lo visto, porque lo ve tal como es, según se dijo (
a.6 ad 1).
Igualmente lo ve totalmente, si se refiere al modo de ver, porque verá
la esencia de Dios con toda la capacidad de su entendimiento. Luego el
que ve a Dios en su esencia, lo verá totalmente. Luego lo
comprehende.
Contra esto: está lo que dice Jer 32,18s: Señor de los ejércitos, tu
nombre es de gran fuerza, inmenso, poderoso. Tu consejo,
inconmensurable. Tu pensamiento, incomprensible. Luego Dios no
puede ser comprehendido.
Respondo: A cualquier entendimiento creado le
resulta imposible comprehender a Dios. Aunque, como dice
Agustín,
alcanzar algo de Dios con el espíritu,
representa gran dicha. Para entender esto, hay que saber que
comprehender significa conocer perfectamente. Y se conoce
perfectamente algo tanto cuanto es cognoscible. De ahí que, si de lo
que es cognoscible por demostración nos formamos una opinión fundada
sólo en lo probable, no se le puede llamar comprehensión. Ejemplo: El
que sabe por demostración que los tres ángulos de un triángulo
equivalen a dos rectos, lo comprehende. Pero si alguien tiene de ello
una opinión aceptándolo como probabilidad porque así lo enseñan los
sabios o porque así lo sostienen muchos, no lo comprehende porque no
llega a tener un conocimiento perfecto en la medida que aquello es
cognoscible.
Ningún entendimiento creado puede llegar a tener un conocimiento
perfecto de la esencia divina en lo que tiene de cognoscible. Esto es
así por lo siguiente. Cualquier cosa es cognoscible en la medida en
que es un ser en acto. Dios, como quiera que es infinito, según quedó
demostrado (q.7 a.1), es infinitamente cognoscible. Y ningún
entendimiento creado puede conocer a Dios infinitamente. Pues un
entendimiento creado en tanto conoce más o menos perfectamente la
esencia divina en cuanto está inundado de mayor o menor luz de gloria.
Como quiera que toda luz de gloria creada presente en cualquier
entendimiento creado no puede ser infinita, es imposible que algún
entendimiento creado conozca a Dios infinitamente. Por lo tanto, es
imposible que a Dios se le comprehenda.
A las objeciones:
1. La
comprehensión puede
ser entendida de dos maneras. Una, la comprehensión estricta y propia,
por la cual algo está incluido en el que comprehende. A Dios no se le
comprehende así, ni con el entendimiento ni con otra cosa, porque,
siendo infinito, nada finito le puede abarcar para que algo finito le
entienda infinitamente como infinito es El. Esta es la comprehensión
de la que estamos hablando ahora. Otra manera es la
comprehensión en sentido amplio, y que es la comprehensión opuesta
a
consecución. Pues quien tiene algo cuando ya lo alcanza, se
dice que lo comprehende. Así es como Dios es comprehendido por los
bienaventurados, según aquello de Cant. 3,4:
Lo tengo y no lo
abandonaré. Así tienen que ser entendidas las autoridades del
Apóstol acerca de la comprehensión.
De este modo, la comprehensión es una de las tres prendas del
alma, la que corresponde a la esperanza; como la contemplación le
corresponde a la fe; y el gozo a la caridad. No obstante, para
nosotros no todo lo que se ve se tiene o posee, bien porque hay
distancia por en medio, bien porque no están bajo nuestro poder. Tampoco
gozamos de todo aquello que poseemos, bien porque no encontramos
placer en ello, bien porque no colman nuestros deseos. Pero
estas tres cosas los bienaventurados las encuentran
en Dios: porque le ven; porque viéndole, le tienen presente seguros de
verle siempre; y teniéndolo, porque lo disfrutan como el que colma el
último fin de todo deseo.
2. No porque haya algo en Dios que
no se ve, se dice que es incomprehensible. Sino porque no se le ve tan
perfectamente como visible es. Es parecido a lo que sucede cuando se
conoce por probabilidad alguna proposición demostrable: pues sabemos
de su sujeto, su predicado y la relación entre ambos; en cambio no se
le conoce tan perfectamente como cognoscible es. Por eso, Agustín, definiendo la comprehensión, dice: Se
comprehende perfectamente cuando nada de lo que se mira queda oculto
al que mira, cuando los límites se ven con la mirada. Sólo se
abarcan con la mirada los límites de algo cuando se alcanza lo último
que puede ser conocido de ese algo.
3. Totalmente se dice por parte
del objeto. No porque todo el modo de ser del objeto no caiga dentro
del campo de conocimiento, sino porque el modo del objeto no es el
modo del que conoce. Así, pues, quien ve a Dios en su esencia ve en El
lo que existe infinitamente y que es infinitamente cognoscible. Pero
este modo infinito no le corresponde a él, es decir, que le conozca
infinitamente. Esto es lo que le sucede a quien sabe con probabilidad
que una proposición es demostrable, pero no la conoce
demostrativamente.
Artículo 8:
Quienes ven a Dios en esencia, ¿lo ven todo en Dios?
lat
Objeciones por las que parece que quienes ven a Dios en esencia lo
ven todo en Dios:
1. Dice Gregorio en IV Dialogo.: ¿Qué no verán
quienes ven a quien todo lo ve? Pero Dios lo ve todo. Luego
quienes ven a Dios, todo lo ven.
2. Asimismo, quien ve un espejo, ve todo lo reflejado en él.
Pero todo lo que se hace o puede ser hecho resplandece en Dios como en
un espejo; pues El todo lo conoce en Sí mismo. Luego quien ve a Dios
ve todo lo que existe o puede ser hecho.
3. Como se dice en el III De Anima: quien entiende lo difícil, entiende lo fácil. Pero todo lo que Dios
hace o puede hacer es menos que su esencia. Luego todo el que entiende
a Dios puede entender todo lo que Dios hace o puede
hacer.
4. La criatura racional desea conocer naturalmente todas
las cosas. Así, pues, si viendo a Dios no lo conociera todo, su deseo
natural quedaría insatisfecho. De este modo, viendo a Dios no sería
feliz. Esto es contradictorio. Luego, viendo a Dios, todo se
sabe.
Contra esto: está el hecho que los ángeles ven a Dios en su esencia, y,
sin embargo, no lo conocen todo. Pues los ángeles inferiores son
purificados de su ignorancia por los superiores, como dice Dionisio en
el c.7 Cael, hier. Ignoran también lo que vaya a
pasar, así como lo que se mueve en el corazón, pues conocerlo sólo le
corresponde a Dios. Luego quienes ven la esencia de Dios no lo ven
todo.
Respondo: El entendimiento creado, al ver la
esencia de Dios, no ve en ella todo lo que Dios hace o puede hacer. Ya
que resulta evidente que, si se vieran en Dios otras cosas, se verían
tal como están en El. Y todas las cosas están en Dios como el efecto
está virtualmente en su causa. Así, pues, las demás cosas son vistas
en Dios como el efecto en su causa. Pero también resulta evidente que,
cuanto más perfectamente se ve una cosa, tantos más efectos suyos se
pueden ver en ella. Pues quien tiene un entendimiento muy capaz, si se
le propone un principio demostrativo, deduce de él muchas
conclusiones, algo para lo que un entendimiento más débil precisaría
que se las explicasen una por una. Así, pues, aquel entendimiento
puede conocer en la causa todos los efectos; y quien
comprehende totalmente la causa, conoce también todas las motivaciones
de los efectos. Como quedó demostrado (
a.7), ningún entendimiento
creado puede comprehender totalmente a Dios. Por tanto, ningún
entendimiento creado, al ver a Dios, puede conocer todo lo que Dios
hace o puede hacer. Eso sería comprehender todo su poder. Pero
aquellas cosas que Dios hace o puede hacer, algún entendimiento tanto
más las conocerá cuanto más perfectamente vea a Dios.
A las objeciones:
1. Gregorio habla de la suficiencia
del objeto, esto es, de Dios, que, en cuanto tal, contiene y da a
conocer suficientemente todas las cosas. Sin embargo, de ello no se
deduce que todo aquel que ve a Dios conozca todas las cosas, porque a
El no se le comprehende perfectamente.
2. Quien ve un espejo, no
necesariamente tiene que ver todo lo que allí se refleja, a no ser que
con su vista abarque todo el espejo.
3. Ver a Dios es más que ver todas
las cosas; sin embargo, ver a Dios de forma que en El se conozcan
todas las cosas, es más que verle de modo que se conozcan muchas o
pocas, pero no todas. Pues ya quedó demostrado que el ver
muchas cosas en Dios depende del modo más o menos perfecto de
verle.
4. Es deseo de la criatura racional
conocer las cosas que perfeccionan el entendimiento. Estas cosas son
los géneros y las especies, las razones de ser, y todo esto lo verá en
Dios aquel que vea la esencia divina: Por otra parte, conocer lo
singular, los hechos y pensamientos, no pertenece a la perfección del
entendimiento creado, ni tampoco es una tendencia de su deseo natural;
como tampoco conocer lo que todavía no existe pero puede ser hecho por
Dios. Sin embargo, si se viera a Dios sólo, que es fuente y principio
de todo ser y verdad, de tal forma colmaría su deseo natural de saber,
que no desearía ninguna otra cosa, y sería feliz. Por eso dice Agustín
en V Confess.: Desgraciado el hombre que todo lo
conoce (todo lo creado) pero a Ti Te ignora. Feliz quien Te
conoce, aunque ignore todo lo demás. Y quien Te conoce a Ti y a todo
lo demás, sólo por conocerte a Ti es feliz, no por lo
demás.
Artículo 9:
Lo que es visto en Dios por quienes contemplan la esencia divina, ¿es
o no es visto a través de algunas imágenes?
lat
Objeciones por las que parece que lo que es visto en Dios por quienes
contemplan su esencia, es visto a través de algunas
imágenes:
1. Todo conocimiento se da a través de la relación de semejanza entre
el que conoce y lo conocido. Así, el entendimiento en acto hace lo
entendido, y el sentido hace lo sensible, por cuanto queda informado
por su semejanza, como la pupila por la semejanza del color. Así,
pues, si el entendimiento que ve a Dios en esencia conoce en Dios
algunas criaturas, es necesario que esté informado por sus
semejanzas.
2. En la memoria retenemos lo que antes hemos visto. Pero
Pablo en éxtasis vio la esencia de Dios, como dice Agustín en XII Super Gen. ad litteram, y, al dejar de verle,
recordaba muchas cosas de las que había visto en éxtasis. De ahí que
él mismo diga: Oí palabras desconocidas que ningún hombre puede
pronunciar (2 Cor 12,4). Luego hay que decir que recordaba algunas
semejanzas de aquello que había quedado en su entendimiento. Por lo
tanto, cuando, estando presente, veía la esencia de Dios, tenía
algunas semejanzas de lo que en ella veía.
Contra esto: es en una especie que se ve el espejo y lo que en él se
refleja. Pero todo lo que se ve en Dios se ve como en un espejo
inteligible. Luego, si el mismo Dios no es visto a través de alguna
semejanza, sino en esencia, tampoco lo que en El se ve, se ve a través
de semejanzas o especies.
Respondo: Quienes ven a Dios en esencia, lo que
ven en la misma esencia de Dios no lo ven por algún
tipo de especie, sino por la misma esencia divina unida al
entendimiento de quienes le ven. Pues cada cosa es conocida según la
imagen que hay en quien la conoce. Y esto se da de una doble manera.
Como quiera que las cosas que se asemejan a otras son semejantes entre
sí, la capacidad cognoscitiva puede también de una doble manera
asemejarse a lo conocido. 1) Una, en cuanto tal, es decir,
cuando es informado directamente por la semejanza; y entonces se dice
que conoce algo en sí mismo. 2) Otra, en cuanto es informado
por la especie de algo que le es semejante; y entonces no se dice que
conozca algo en sí mismo, sino en su semejante, Así, uno es el
conocimiento que se tiene de algún hombre en sí mismo; y otro el que
se tiene por su imagen. Por lo tanto, conocer las cosas por las
semejanzas que se dan en el que las conoce, es conocerlas en si
mismas, o en su propia naturaleza; pero conocerlas por las semejanzas
que preexisten en Dios, es verlas en Dios, Los dos modos de conocer
son distintos. De ahí que aquel conocimiento que se tiene de aquellas
cosas que son vistas en Dios por quienes ven a Dios en esencia, no se
da a través de semejanzas extrañas, sino sólo a través de la esencia
divina presente en el entendimiento y por la que Dios es
visto.
A las objeciones:
1. El entendimiento que ve a Dios
se asemeja a las cosas que ve en Dios por estar unido a la esencia
divina en la que preexisten las semejanzas de todas las
cosas.
2. Hay algunas potencias
cognoscitivas que, a partir de las especies antes concebidas, pueden
formar otras nuevas. Ejemplo: la imaginación, partiendo de las
especies preconcebidas de monte y de oro, forma la especie monte de
oro. Y el entendimiento, a partir de las especies preconcebidas de
género y de diferencia, forma la razón de la especie. De modo
parecido, a partir de la semejanza de la imagen, podemos formar en
nosotros la semejanza de aquello de quien es la imagen. De este modo,
Pablo, o cualquier otro que ve a Dios, partiendo de la misma visión de
la esencia divina, puede formar en sí mismo las semejanzas de aquellas
cosas que ven en la esencia divina que también permanecieron en Pablo
después que dejara de contemplar la esencia divina. Sin embargo, esta
visión, por la que se ven las cosas a través de especies concebidas,
es distinta a la visión por la que se ven las cosas en
Dios.
Artículo 10:
Quienes ven a Dios en esencia, ¿ven simultáneamente en El todo lo que
ven?
lat
Objeciones por las que parece que los que ven a Dios en esencia no
ven simultáneamente todo lo que en El ven:
1. Según el Filósofo, se pueden conocer muchas cosas
y no entender más que una. Pero todo lo que se ve en Dios se entiende,
pues a Dios se le ve con el entendimiento. Luego a quienes ven a Dios
no les corresponde ver en Dios muchas cosas simultáneamente.
2. Agustín, en el VIII Super Gen. ad litteram, dice: Dios mueve a la criatura espiritual a
través del tiempo, esto es, por la inteligencia y el afecto. Pero
la criatura espiritual es ángel que ve a Dios. Luego quienes ven a
Dios entienden y sienten afecto con sucesión, pues el tiempo conlleva
sucesión.
Contra esto: está lo que dice Agustín en el último libro De
Trin.: No serán cambiables nuestros
pensamientos, ni irán de uno a otro; sino que veremos toda nuestra
ciencia simultáneamente con una sola mirada.
Respondo: Lo que se ve en Dios,
se ve simultáneamente, no con sucesión. Para entenderlo, hay que tener
presente que nosotros no podemos entender muchas cosas
simultáneamente, porque muchas cosas las entendemos por especies
diversas, y un entendimiento no puede ser informado
simultáneamente con diversas especies para entender
por medio de ellas, como un cuerpo no puede ser representado
simultáneamente con diversas imágenes. Así sucede que, cuando muchas
cosas pueden ser entendidas con una sola especie, son entendidas
simultáneamente; como si las diversas partes de un todo son entendidas
cada una en su propia especie, se da un entender sucesivo, no
simultáneo. En cambio, si todas las partes son entendidas en la
especie del todo, el entender es simultáneo. Quedó demostrado (
a.9)
que las cosas que se ven en Dios no son vistas cada una en su propia
especie, sino que todas son vistas en una sola esencia. De ahí que sea
un ver simultáneo, no sucesivo.
A las objeciones:
1. Entendemos una sola cosa en la
medida en que entendemos en una sola especie. Pero muchas cosas
entendidas en una sola especie tienen un entender simultáneo. Ejemplo:
En la especie hombre entendemos animal y racional; en la especie casa,
entendemos pared y techo.
2. Los ángeles, cuyo conocimiento
natural les permite conocer por las diversas especies en ellos
impresas, no lo conocen todo simultáneamente; y su entender está
sometido al tiempo. Pero lo que ven en Dios, es un ver
simultáneo.
Artículo 11:
¿Puede o no puede alguien en esta vida ver a Dios en
esencia?
lat
Objeciones por las que parece que alguien en esta vida puede ver a
Dios en esencia:
1. Dice Jacob (Gen 32,30): Vi a Dios cara a cara. Pero ver a
Dios cara a cara es verle en esencia, como resulta claro por lo que
dice 1 Cor 13,12: Ahora vemos en un espejo y con enigmas, pero
entonces le veremos cara a cara. Luego en esta vida Dios puede ser
visto en esencia.
2. En Núm 12,8, dice el Señor de Moisés: Le hablo
directamente, y ve a Dios con claridad, sin enigmas ni figuras.
Pero esto es ver a Dios en esencia. Luego alguien en esta vida puede
ver a Dios en esencia.
3. Aquello en lo que conocemos otras cosas y por lo que
las juzgamos, lo conocemos directamente. También ahora todo lo
conocemos en Dios. Pues dice Agustín en XII Confess.: Si ambos vemos que es verdad lo que dices, y ambos vemos que es verdad lo que digo, dime, te lo ruego, ¿dónde lo vemos? Ni yo lo veo en ti, ni tú en mí; sino que ambos lo vemos en lo mismo que está por encima de nosotros; la verdad inquebrantable. En el libro De Vera Religione dice que todos juzgamos a partir de la verdad divina. Y en XII De Trin. dice: Es racional juzgar lo corporal partiendo de principios incorpóreos y eternos. Pero no serán inquebrantables si no estuvieran por encima de nosotros. Luego en esta vida vemos al mismo Dios.
4. Según Agustín (XII Super Gen. ad
litt. ), lo que está en el alma esencialmente, se
ve con visión intelectual. Pero dice también que la visión intelectual
de lo inteligible no se hace por semejanzas, sino por esencias. Luego,
como quiera que Dios está por esencia en nuestra alma, en esencia le
vemos.
Contra esto: está lo que se dice en Ex 33,20: No puede el hombre
verme y seguir viviendo. Glosa: Mientras se
vive en esta vida, se puede ver a Dios por medio de algunas imágenes,
pero no se le puede ver en la misma naturaleza de su
especie.
Respondo: Dios no puede ser visto en esencia
por ningún hombre puro a no ser que esté separado de esta vida mortal.
El motivo es porque, como se dijo (
a.4), el modo de conocer depende
del modo de la naturaleza del que conoce. Nuestra alma, mientras
vivimos en esta vida, tiene su ser en la materia corporal. De ahí que
naturalmente no conozca más que lo que tiene forma en la materia o que
pueda ser conocido de este modo. Es evidente que la esencia divina no
puede ser conocida a través de la naturaleza de las cosas
materiales. Pues quedó demostrado (
a.2), que conocer
a Dios por alguna semejanza creada no significa visión de su esencia.
De ahí que le resulte imposible al alma humana en esta vida ver la
esencia de Dios. Signo de esto es el hecho de que nuestra alma, cuanto
más se abstrae de lo corporal, tanto más capaz es de entender lo
abstracto. De ahí que en sueños y en éxtasis se perciben más las
revelaciones de lo divino y las premoniciones de lo futuro. Por todo
lo cual, el alma no podrá ser elevada hasta lo inteligible en grado
sumo, esto es, la esencia divina, mientras se encuentra en esta vida
mortal.
A las objeciones:
1. Según Dionisio en c.4
Cael.
Hier., cuando se dice que alguien ve a Dios, hay
que entender que vio alguna figura, bien sensible, bien imaginaria
como representación de algo semejante a lo divino. Por eso, al decir
Jacob:
Vi a Dios cara a cara (Gen 32,30), hay que entender no
que viera la esencia de Dios, sino una figura en la que Dios estaba
representado. Además, cuando se ve a la persona de Dios que habla, es
algo que pertenece a la sublimidad de la profecía, aun cuando se trate
de una visión imaginaria. Eso quedará demostrado cuando tratemos de
los grados de la profecía (
2-2, q.174 a.3). También es posible que
Jacob, al expresarse así, esté designando algo propio de la
contemplación y que supera el estado normal.
2. Así como Dios milagrosamente
obra algo sobrenatural en los seres corpóreos, así también
sobrenatural y extraordinariamente elevó algunas mentes sometidas a la
condición carnal hasta la contemplación de su esencia sin usar los
sentidos corporales. Es lo que Agustín en el XII Super Gen. ad
litt. y en el libro De Videndo
Deum dice, respectivamente, de Moisés, maestro de
los Judíos, y de Pablo, maestro de los Gentiles. De esto se tratará
exhaustivamente cuando analicemos el rapto (2-2, q.174, a.3.4.5.6).
3. Verlo todo en Dios, y a partir
de El juzgarlo todo, es decir que lo vemos y juzgamos por participar
de su luz. Pues la luz racional es una cierta participación de la luz
divina. Es algo parecido a lo que sucede cuando decimos que vemos y
juzgamos todas las cosas al sol, pues lo hacemos con su luz. De ahí
que Agustín en I Soliloquiorum diga: El
alcance de las distintas materias de la ciencia no puede ser visto a
no ser que se las ilumine con algo que sea como su sol: Entiéndase
Dios. Por lo tanto, así como para ver algo sensible no es necesario
que se vea la sustancia del sol, así tampoco es necesario que se vea
la esencia de Dios para ver algo inteligible.
4. Hay visión intelectual de
aquello que está en el alma por esencia como lo inteligible en el
entendimiento. Así es como Dios está en el alma de los
bienaventurados, pero no en la nuestra, en la que está por presencia,
esencia y potencia.
Artículo 12:
En esta vida, ¿se puede o no se puede conocer a Dios por la razón
natural?
lat
Objeciones por las que parece que en esta vida no se puede conocer a
Dios por la razón natural:
1. Dice Boecio en el libro
De Consol.:
La
razón no capta la forma simple. Pero Dios es forma simple en grado
sumo, como quedó demostrado (
q.3 a.7). Luego la razón natural no puede
llegar a conocerle.
2. Como se dice en el III De Anima,
el alma por la razón natural sin imagen sensible no entiende. Pero en
nosotros no puede haber imagen sensible de Dios por ser incorpóreo.
Luego no puede ser conocido por nosotros con conocimiento
natural.
3. El conocimiento que se tiene por razón natural es
común a los buenos y a los malos, pues común a ambos es la naturaleza.
Pero el conocimiento de Dios pertenece a los buenos.
Dice Agustín en el I De Trin: La mirada del
alma humana no se detendría en tan excelsa luz, si no hubiera sido
purificada por la justicia de la fe. Luego Dios no puede ser
conocido por la razón natural.
Contra esto: está lo que se dice en Rom 1,19: Lo conocido de Dios les
resulta evidente. Es decir, lo que de Dios es cognoscible por la
razón natural.
Respondo: Nuestro conocimiento natural empieza
por los sentidos. De ahí que nuestro conocimiento natural sólo pueda
llegar hasta donde le lleva lo sensible. Lo sensible no puede llevar a
nuestro entendimiento hasta ver la esencia divina, pues las criaturas
son efectos de Dios que no se pueden equiparar al poder de la causa.
De ahí que el conocimiento que se tiene a partir de lo sensible no
puede llegar a conocer todo el poder de Dios. Consecuentemente,
tampoco puede ver su esencia. Pero, como quiera que son efectos
dependientes de Él como causa, en este sentido podemos partir de los
efectos para saber que Dios existe; así como lo que es
necesario que haya en El por ser la primera causa de todo, por encima
de todo lo causado. Por lo tanto, podemos conocer la relación
existente entre El y las criaturas, esto es, la relación de causa en
todas ellas; y también podemos conocer la diferencia existente entre
El y las criaturas, esto es, que El no es nada de lo que ha sido
causado por El. Y no es nada de todo eso porque le falte algo, sino
porque lo supera todo.
A las objeciones:
1. La razón no puede llegar hasta
la forma simple y saber qué es; sin embargo, sí puede saber de
ella que existe.
2. El conocimiento natural conoce
a Dios por las imágenes sensibles de sus efectos.
3. El conocimiento de Dios en
esencia, como quiera que se da por la gracia, sólo les corresponde a
los buenos, pero conocerle por la razón natural es algo que les
corresponde tanto a los buenos como a los malos. De ahí que Agustín en
el libro Retractationum diga: No apruebo lo
que dije en una frase: Dios, que quisiste que sólo los
limpios conocieran lo verdadero; pues puede replicarse que también
muchos impuros conocen cosas verdaderas. Esto es, lo conocen por
la razón natural.
Artículo 13:
El conocimiento de Dios que se tiene por gracia, ¿es o no es más
profundo que el que se tiene por razón natural?
lat
Objeciones por las que parece que el conocimiento que se tiene de
Dios por gracia no es más profundo que el que se tiene por razón
natural:
1. En el 1. De Mystica Theologia, Dionisio
dice que el que mejor se une a Dios en esta vida, se le une como
totalmente desconocido. También lo dice de Moisés, a pesar de la
sublimidad del conocimiento que tuvo por gracia. Pero unirse a Dios
ignorando de El qué es, también es algo que sucede por razón natural. Luego el conocimiento que tenemos de Dios por
gracia no es más profundo que el tenido por razón natural.
2. No podemos llegar al conocimiento de lo divino por la
razón natural a no ser con imágenes sensibles. Tampoco en el
conocimiento por gracia. Pues dice Dionisio en el c.1 De Cael.
Hier: No nos llega la luz del rayo divino más
que atenuada por la variedad de velos divinos. Luego el
conocimiento que tenemos de Dios por gracia no es más profundo que el
tenido por razón natural.
3. Nuestro entendimiento se adhiere a Dios por la gracia
de la fe. Pero no parece que la fe sea conocimiento, pues dice
Gregorio en Homil. que es la fe y no el
conocimiento lo que se centra en lo que no se ve. Luego por gracia
no se nos concede un más profundo conocimiento de Dios.
Contra esto: está lo que dice el Apóstol en 1 Cor 2,10: Nos lo reveló
Dios por su Espíritu. Se refiere a aquello que no conoció ningún príncipe de este mundo (v.8), esto es, ningún filósofo, como explica la Glosa.
Respondo: Por gracia tenemos un conocimiento de
Dios más perfecto que el tenido por razón natural. Se demuestra por lo
siguiente: El conocimiento que tenemos por razón natural requiere dos
elementos: las imágenes que se toman de lo sensible, y la luz natural
inteligible con cuyo poder abstraemos de aquello los conceptos. En
ambos elementos el conocimiento humano es ayudado por la revelación de
la gracia. Por una parte, la luz natural del entendimiento es
fortalecida con la infusión de la luz de la gracia. Por otra parte, las
imágenes formadas divinamente en la imaginación del hombre expresan
las cosas divinas mejor que las imágenes tenidas naturalmente por los
sentidos, como sucede en las visiones proféticas. También algunas
cosas sensibles, incluidas las voces, son formadas divinamente para
expresar algo divino; como sucedió en el bautismo, que el Espíritu
Santo fue visto en forma de paloma, y se oyó la voz del Padre: Este
es mi Hijo amado (Mt 3,17).
A las objeciones:
1. Aun cuando en esta vida por
revelación de la gracia no sepamos de Dios qué es, y de este
modo nos unamos a El como algo desconocido, sin embargo, le conocemos
más profundamente porque pone a nuestro alcance más y más sublimes
obras suyas, y porque le atribuimos por revelación divina propiedades
a las que la razón natural no llega, como que Dios sea trino y
uno.
2. A partir de las imágenes, bien
las tomadas por los sentidos según el orden natural, bien las
formadas en la imaginación divinamente, tanto más excelente
conocimiento intelectual se tendrá cuanto más fuerte sea en el hombre
la luz inteligible. Así, a través de la revelación por imágenes se toma un conocimiento más pleno, por la infusión de la luz divina.
3. La fe es un determinado
conocimiento, en cuanto que por la fe el entendimiento está orientado
a algo cognoscible. Pero esta orientación no proviene de la visión del
que cree, sino por la visión de aquel a quien se cree. Así, cuando
falta la visión, el conocimiento de fe es inferior al conocimiento
científico, pues la ciencia orienta el entendimiento a su objeto por
la visión y comprensión de los primeros principios.