“Fe”

Para la Biblia es la fe la fuente de toda la vida religiosa. Al designio que realiza Dios en el tiempo, debe el hombre responder con la fe. Siguiendo las huellas de Abraham, «padre de todos los creyentes» Rom 4,11, los personajes ejemplares del AT vivieron y murieron en la fe Heb 11, que Jesús «lleva a su perfección» Heb 12,2. Los discípulos de Cristo son «los que han creído» Act 2,44 y «que creen» 1Tes 1,7.

La variedad del vocabulario hebreo de la fe refleja la complejidad de la actitud personal del creyente. Dos raíces dominan sin embargo: aman (amén) evoca la solidez y la seguridad; batah, la seguridad y la confianza. El vocabulario griego es todavía más diverso. La religión griega, en efecto, no dejaba prácticamente lugar para la fe; los LXX, que no disponían por tanto de palabras apropiadas para reproducir el hebreo, procedieron a tientas. A la raíz hatah corresponden sobre todo: elpis, elpizo, pepoitha (Vulg.: spes, sperare, conf ido); a la raíz aman: pistis, pisteuo, aletheia (Vulg.: lides, credere, veritas). En el NT las últimas palabras griegas, relativas a la esfera del conocimiento, resultan netamente predominantes. El estudio del vocabulario revela ya que la fe según la Biblia tiene dos polos: la confianza que se dirige a una persona «fiel» y reclama al hombre entero; y por otra parte un proceso de la inteligencia, a la que una palabra o signos sirven para acercarse a realidades que no se ven Heb 11,1.

Abraham, padre de los creyentes

Yahveh llama a Abraham, cuyo padre «servía a otros dioses» en Caldea Jos 24,2 Jdt 5,6ss, y le promete una tierra y una descendencia numerosa Gen 12,1s. Contra toda verosimilitud Rom 4,19, Abraham «cree en Dios» Gen 15,6 y en su palabra, obedece a esta vocación y pone toda su existencia en función de esta promesa. El día de la prueba su fe será capaz de sacrificar al hijo, en el que se está realizando ya la promesa Gen 22; en efecto, para ella la palabra de Dios es todavía más verdadera que sus frutos: Dios es fiel Heb 11,11 y todo poderoso Rom 4,21.

Abraham es desde ahora el tipo mismo del creyente Eclo 44,20. Es el precursor de los que descubrirán al verdadero Dios Sal 47,10 Gal 3,8 o a su Hijo Jn 8,31-41.56, a los que para su salud se remitirán únicamente a Dios y a su palabra 1Mac 2,52-64 Heb 11,8-19. Un día se cumplirá la promesa en la resurrección de Jesús, descendencia de Abraham Gal 3,16 Rom 4,18-25. Abraham será entonces el «padre de una multitud de pueblos» Rom 4,17s Gen 17,5: todos los que en la fe se unirán con Jesús.

AT

La fe de Israel tiene por objeto primero un acontecimiento: la liberación de Egipto, y se expresa en una serie de fórmulas. Con ocasión de las grandes fiestas del año, el israelita recuerda su Credo Dt 26,5-10 y lo transmite a sus hijos Ex 12,26 13,8 Dt 6,20. Israel no cree más que en su Dios: su historia es la de las vicisitudes y del desarrollo de su fe.

I. LA FE, EXIGENCIA DE LA ALIANZA

El Dios de Abraham visita en Egipto a su infortunado pueblo Ex 3,16. Llama a Moisés, se le revela y le promete «estar con él» para llevar a Israel a su tierra Ex 3,1-15. Moisés, «como si viera lo invisible», responde a este gesto divino con una fe que «se mantendrá firme» Heb 11,23-29 pese a eventuales flaquezas Num 20,1-12 Sal 106,32s. Como mediador comunica al pueblo el designio de Dios, mientras que sus milagros indican el origen de su misión. Israel es así llamado a «creer en Dios y en Moisés, su servidor» E 14,31 Heb 11 19 con absoluta confianza Num 14,11 Ex 19,9.

La alianza consagra esta implicación de Dios en la historia de Israel. En cambio, pide a Israel que obedezca a la palabra de Dios Ex 19,3-9. Ahora bien, «escuchar a Yahveh» es ante todo «creer en él» Dt 9,23 Sal 106,24s; la alianza exige, pues, la fe Sal 78,37. La vida y la muerte de Israel dependerán en adelante de su libre fidelidad Dt 30,15-20 28 Heb 11,33 en mantener el amén de la fe Dt 27,9-26 que ha hecho de él el pueblo de Dios. A pesar de las innumerables infidelidades de que está entretejida la historia de la travesía del desierto, de la conquista de la tierra prometida y del establecimiento en Canaán, esta epopeya pudo resumirse así: «Por la fe cayeron las murallas de Jericó... y me falta tiempo para hablar de Gedeón, Baraq, Sansón, Jefté, David» Heb 11,30ss.

Según las promesas de la alianza Dt 7,17-24 31,3-8, la omnipotente fidelidad de Yahveh se había manifestado siempre al servicio de Israel, cuando Israel había tenido fe en ella. Así pues, proclamar estas maravillas del pasado como la gesta del Dios invisible era para Israel confesar su fe Dt 26,5-9 Sal 78 105 conservando la memoria del amor de Yahveh Sal 136.

II. LOS PROFETAS DE LA FE DE ISRAEL EN PELIGRO

Las dificultades de la existencia de Israel hasta su ruina fueron una dura tentación para su fe. Los profetas denunciaron la idolatría Os 2,7-15 Jer 2,5-13 que suprimía la fe en Yahveh, el formalismo cultual Am 5,21 Jer 7,22s que limitaba mortalmente sus exigencias, la prosecución de la salud por la fuerza de las armas Os 1,7 Is 31,1ss.

Isaías fue el más señalado de estos heraldos de la fe Is 30,15. Llama a Ajaz del temor a la confianza tranquila en Yahveh 7,4-9 8,5-8 que mantendrá sus promesas la casa de David 2Sa 7 Sal 89,21-38. Inspira a Ezequías la fe que permitirá a Yahveh salvar a Jerusalén 2Re 18-20. Por la fe descubre él la paradójica sabiduría de Dios Is 19,11-15 29,13-30,6 1Cor 1,19s.

La fe de Israel estuvo especialmente amenazada en la ocasión de la toma de Jerusalén y del exilio. Israel, «miserable y pobre» Is 41,17, corría peligro de atribuir su suerte a la impotencia de Yahveh y de volverse hacia los dioses de Babilonia victoriosa. Los profetas proclaman entonces la omnipotencia del Dios de Israel Jer 32,27 Ez 37,14, creador del mundo Is 40,28s Gen 1, señor de la historia Is 41,1-7 44,24s, roca de su pueblo 44,8 50,10. Los ídolos no son nada 44,9-20. «No hay dios fuera de Yahveh» 44,6ss 43,8-12 Sal 115,7-11: pese a todas las apariencias, merece siempre una confianza total Is 40,31 49,23.

III. Los PROFETAS Y LA FE DEL ISRAEL FUTURO

En conjunto, Israel no escuchó el llamamiento lanzado por los profetas Jer 29,19. Para oirlo hubiera debido primero creer en los profetas Tob 14,4, como en otro tiempo en Moisés Ex 14,31. Pero también le hablaban falsos profetas Jer 28,15 29,31: ¿cómo discernir los verdaderos de los falsos 23,9-32 Dt 13,2-6 18,9-22? Sin embargo, la verdadera dificultad se hallaba en la fe misma, por razón de su contenido, de su objeto, de sus exigencias.

1. La fe personal de los profetas.

En primer lugar en los profetas mismos se transmite la autenticidad de la fe. El fracaso de su predicación los forzaba a renovar su fe en la vocación y en la misión recibidas de Dios Heb 11,33-40. A veces se mantenía inquebrantable desde los orígenes Is 6 8.17 12,2 30,18; a veces vacilaba antes de afirmarse frente a un llamamiento exigente Jer 1 o era probada por una aparente ausencia de Dios 1Re 19 Jer 15,10-21 20,7-18, antes de llegar a una tranquila firmeza Jer 26 37-38. Esta fe irradiaba en un grupo más o menos amplio de discípulos Is 8,16 Jer 45, que constituía por adelantado el resto prometido.

2. La fe del pueblo venidero.

El fracaso del llamamiento a arrastrar a Israel entero por el camino de la fe induce a los profetas a profundizar las promesas del Dios fiel y a aguardar en el futuro la fe perfecta. El Israel futuro será reunido por la fe en la piedra misteriosa de Sión Is 28,16 1Pe 2,6s; el resto de Israel será un pueblo de pobres a los que reúne su confianza en Dios Miq 5,6s Sof 3,12-18. En efecto, sólo «el justo vivirá, por su fidelidad (LXX = su fe)» Hab 2,4; la salvación es para los que superan la prueba Mal 3,13-16. En estas visiones del futuro la fe se llama conocimiento Jer 31,33s, y supone que Dios ha renovado definitivamente los corazones 32,39s Ez 36,26 haciéndolos perfectamente obedientes 36,27. Supone finalmente el sacrificio del siervo de Yahveh: en una prueba que va hasta la muerte Is 50,6 53, la fe «endurece su rostro» en una confianza absoluta en Dios 50,7ss Lc 9,51, que el porvenir justificará plenamente Is 53,10ss Sal 22.

Ahora bien, el pueblo venidero no comprende solamente al Israel histórico, sino que se extiende incluso a las naciones. La misión del siervo las alcanza efectivamente Is 42,4 49,6. El Israel futuro, pueblo de la fe, se abre a todos los que reconocen al Dios único 43,10, lo confiesan 45,14 52,15s Rom 10,16 y cuentan con su poder para ser salvos Is 51,5s.

IV. HACIA LA REUNIÓN DE LOS CREYENTES

En los siglos que siguen al exilio la comunidad judía tiende a configurarse al Israel futuro anunciado por los profetas, aunque sin llegar a vivir en una verdadera «asamblea de creyentes» 1Mac 3,13.

1. La fe de los sabios, de los pobres y de los mártires.

Como los profetas, también los sabios de Israel sabían hacía tiempo que para ser «salvos» sólo podían contar con Yahveh Prov 20,22. Cuando toda salvación resulta inaccesible en el plano visible, la sabiduría requiere una confianza total en Dios Job 19,25s, con una fe que sabe que Dios es siempre omnipotente Job 42,2. En esto están los sabios muy cerca de los pobres que cantaron su confianza en los salmos.

El salterio entero proclama la fe de Israel en Yahveh, Dios único Sal 18,32 115, creador 8 104 todopoderoso 29, señor fiel 89 y misericordioso 136 para con su pueblo 105, rey universal del futuro 47 96-99. No pocos salmos expresan la confianza de Israel en Yahveh 44 74 125. Pero los más altos testimonios de fe son oraciones, en las que la fe de Israel se expansiona en una confianza individual de rara calidad. Fe del justo perseguido, en Dios que lo salvará ta: de q temprano 7 11 27 31 62; confianza del pecador en la misericordia de Dios 40,13-18 51 130; seguridad apacible en Dios 4 23 121 131 más fuerte que la muerte 16 49 73: tal es la oración de lospobres, reunidos por la certeza de que por encima de toda prueba 22 les reserva Dios la buena nueva Is 61,1 Lc 4,18 y la posesión de la tierra Sal 37,11 Mt 5,4.

Por primera vez sin duda en su historia Dan 3 se enfrenta Israel después del exilio con una sangrienta persecución religiosa 1Mac 1,62ss 2,29-38 Heb 11,37s. Los mártires mueren no sólo a pesar de su fe, sino por causa de la misma. Sin embargo, la fe de los mártires no flaquea al afrontar esta suprema ausencia de Di s 1Mac 1,62; incluso se profundiza hasta esperar, por la fidelidad de Dios, la resurrección 2Mac 7 Dan 12,2s y la inmortalidad Sab 2,19s 3,1-9. Así la fe personal, afirmándose cada vez más, reúne poco a poco el resto, beneficiario de las promesas Rom 11,5.

2. La fe de los paganos convertidos.

Por la misma época pasa por Israel una corriente misionera. Como en otro tiempo Naamán 2Re 5, no pocos paganos creen en el Dios de Abraham Sal 47,10. Entonces se escribe la historia de los ninivitas, a los que la predicación de un solo profeta, para vergüenza de Israel, induce a «creer en Dios» Jon 3,4s Mt 12,41; la de la conversión de Nabucodonosor Dan 3-4 o de Ajior, que «cree y entra en la casa de Israel» Jdt 14,10 5,5-21: Dios deja a las naciones el tiempo de «creer en él» Sab 12,2 Eclo 36,4.

3. Las imperfecciones de la fe de Israel.

La persecución suscita mártires, pero también combatientes que se niegan a morir sin luchar 1Mac 2,39ss para liberar a Israel 2,11. Contaban con Dios para que les procurase la victoria en una lucha desigual 2,49-70 Jdt 9,11-14. Fe, admirable en sí misma Heb 11,34.39, pero que coexistía con una cierta confianza en la fuerza humana.

Otra imperfección amenazaba a la fe de Israel. Mártires y combatientes habían muerto por fidelidad a Dios y a la ley 1Mac 1,52-64. Israel, en efecto, había acabado por comprender que la fe implicaba la obediencia a las exigencias de la alianza. En esta línea estaba amenazada por el peligro al que sucumbirán no pocos fariseos: el formalismo que se interesaba más por las exigencias rituales que por los llamamientos religiosos y morales de la Escritura Mt 23,13-30, soberbia que se fiaba más del hombre y de sus obras para su justificación, que de Dios sólo Lc 18,9-14.

La confianza de Israel en Dios no era, pues, pura, en parte porque seguía subsistiendo un velo entre su fe y el designio de Dios anunciado por la Escritura 2Cor 3,14. Por lo demás, la verdadera fe sólo se había prometido al Israel futuro. Por su parte los paganos podían compartir difícilmente una fe que por lo pronto desembocaba en una esperanza nacional o en exigencias rituales demasiado pesadas. Además, ¿qué hubieran ganado con ello Mt 23,23? Finalmente, adherirse a la fe de los pobres no podía hacer a los paganos participar en una salvación que no era todavía más que una esperanza. Así pues, Israel, y las naciones, no tenían otra salida sino esperar a aquel que llevaría la fe a su perfección Heb 12,2 11,39s y recibiría el Espíritu «objeto de la promesa» Act 2,33.

NT

1. Las preparaciones.

La fe de los pobres Lc 1,46-55 es la que acoge el primer anuncio de la salvación. Imperfecta en Zacarías 1,18ss Gen 15,8, ejemplar en María Lc 1,35ss.45 Gen 18,4, compartida poco a poco por otros Lc 1-2 p. no se deja ocultar la iniciativa divina por la humildad de las apariencias. Los que creen en Juan Bautista son también pobres, conscientes de su pecado, y no fariseos soberbios Mt 21,23-32. Esta fe los reúne sin que ellos se percaten alrededor de Jesús, venido en medio de ellos 3,11-17 p, y los orienta hacia la fe en él Act 19,4 Jn 1,7.

2. La fe en Jesús y en su palabra.

Todos podían «oir y ver» Mt 13,13 p la palabra y los milagros de Jesús, que proclamaban la venida del reino 11,3-6 p 13,16-17 p. Pero «escuchar la palabra» 11,15 p 13,19-23 p v «hacerla» 7,24-27 p Dt 5,27, ver verdaderamente, en una palabra: creer Mc 1,15 Lc 8,12 Dt 9,23, fue cosa propia de los discípulos Lc 8,20 p. Por otra parte, palabra y milagros planteaban la cuestión: «¿Quién es éste?» Mc 5,41 6,1-6.14ss p. Esta cuestión fue una prueba para Juan Bautista Mt 11,2s y un escándalo para los fariseos 12,22-28 p 21,23 p. La fe requerida para los milagros Lc 7,50 8,48 sólo respondía a esta cuestión parcialmente reconociendo la omnipotencia de Jesús Mt 8,2 Mc 9,22s. Pedro dio la verdadera respuesta: «Tú eres el Cristo» Mt 16,13-16 p. Esta fe en Jesús une ya desde ahora a los discípulos con él y entre sí haciéndoles compartir el secreto de su persona 16,18-20 p.

En torno a Jesús que es pobre 11,20 y se dirigió a los pobres 5,2-10 p 11,5 p se constituyó así una comunidad de pobres, de «pequeños» 10,42, cuyo vínculo, más precioso que nada, es la fe en él y en su palabra 18,6-10 p. Esta fe viene de Dios 11,25 p 16,17 y será compartida un día por las naciones 8,5-13 p 12,38-42 p. Las profecías se cumplen.

3. La perfección de la fe.

Cuando Jesús, el siervo, emprende el camino de Jerusalén para obedecer hasta la muerte Flp 2,7s, «endurece su rostro» Lc 9,51 Is 50,7. En presencia de la muerte «lleva a su perfección» la fe Heb 12,2 de los pobres Lc 23,46=Sal 31,6 Mt 27,46 p=Sal 22, mostrando una confianza absoluta en «el que podía», por la resurrecció:i, «salvarle de la muerte» Heb 5,7.

Los discípulos, a pesar de su conocimiento de los misterios del reino Mt 13,11 p, se lanzaron con dificultad por el camino, per el que debían seguir en la fe al Hijo del hombre 16,21-23 p. La confianza que excluye todo cuidado y todo temor Lc 12,22-32 p no les era habitual Mc 4,35-41 Mt 16,5-12 p. Consiguientemente, la prueba de la pasión Mt 26,41 será para ellos un escándalo 26,33. Lo que entonces ven exige mucho a la fe Mc 15,31s. La misma fe de Pedro, aunque no desapareció, pues Jesús había orado por ella Lc 22,32, no tuvo el valor de afirmarse 22,54-62 p. La fe de los discípulos tenía todavía que dar un paso decisivo para llegar a ser la fe de la Iglesia.

1. La fe pascual.

Este paso lo dieron los discípulos cuando, después de no pocas vacilaciones Mt 28,17 Mc 16,11-14 Lc 24,11, creyeron en la resurrección de Jesús. Testigos de todo lo que había dicho y hecho Jesús Act 10,39, lo proclaman «Señor y Cristo», en quien se cumplen invisiblemente las promesas 2,33-36. Su fe es ahora capaz de ir «hasta la sangre» Heb 12,4. Hacen llamamiento a sus oyentes para que la compartan a fin de participar de la promesa obteniendo la remisión de sus pecados Act 2,38s 10,43. Ha nacido la fe de la Iglesia.

2. La fe en la palabra.

Creer es, en primer lugar, acoger esta predicación de los testigos, el Evangelio Act 15,7 1Cor 15,2, la palabra Act 2,41 Rom 10,17 1Pe 2,8, confesando a Jesús como señor 1Cor 12,3 Rom 10,9 1Jn 2,22. Este mensaje inicial, transmitido como una tradición 1Cor 15,1-3, podrá enriquecerse y precisarse en una enseñanza 1Tim 4,6 2Tim 4,1-5: esta palabra humana será siempre para la fe la palabra misma de Dios 1Tes 2,13. Recibirla es para el pagano abandonar los ídolos y volverse hacia el Dios vivo y verdadero 1Tes 1,8ss, y para todos es reconocer que el Señor Jesús realiza el designio de Dios Act 5,14 13,27-37 1Jn 2,24. Es confesar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo recibiendo el bautismo Mt 28,19.

Esta fe, como lo verá Pablo, abre a la inteligencia «los tesoros de la sabiduría y de conocimiento» que hay en Cristo Col 2,3: la sabiduría misma de Dios revelada por el Espíritu 1Cor 2, tan diferente de la sabiduría humana 1Cor 1,17-31 Sant 2,1-5 3,13-18 Is 29,14 y el conocimiento de Cristo y de su amor Flp 3,8 Ef 3,19 1Jn 3,16.

3. La fe y la vida del bautizado.

El que ha creído en la palabra, introducido en la Iglesia por el bautismo, participa en la enseñanza, en el espíritu, en la «liturgia» de la Iglesia Act 2,41-46. En efecto, en ella realiza Dios su designio obrando la salvación de los que creen 2,47 1Cor 1,18: la fe se desarrolla en la obediencia a este designio Act 6,7 2Tes 1,8. Se despliega en la actividad 1Tes 1,3 Sant 1,21s de una vida moral fiel a la ley de Cristo Gal 6,2 Rom 8,2 Sant 1,25 2,12; actúa por medio del amor fraterno Gal 5,6 Sant 2,14-26. Se mantiene en una fidelidad capaz de afrontar la muerte a ejemplo de Jesús Heb 12 Act 7,55-60, en una confianza absoluta en aquel «en quien ha creído» 2Tim 1,12 4,17s. Fe en la palabra, obediencia en la confianza: tal es la fe de la Iglesia, que separa a los que se pierden de los que se salvan 2Tes 1,3-10 1Pe 2,7s Mc 16,16.

III. SAN PABLO

Y LA SALVACIÓN POR LA FE. Para la Iglesia naciente como para Jesús, la fe era un don de Dios Act 11,21ss 16,14 1Cor 12,3. Cuando se convertían paganos, era, pues, Dios mismo quien «purificaba su corazón por la fe» Act 11,18 14,27 15,7ss. «Por haber creído» recibían el mismo Espíritu que los judíos creyentes 11,17. Fueron por tanto acogidos en la Iglesia.

1. La fe y la ley judía.

Pero no tardó en surgir un problema: ¿había que someterlos a la circuncisión y a la ley judía Act 15,5 Gal 2,4? Pablo, de acuerdo con los responsables Act 15 Gal 2,3-6, estima absurdo forzar a los paganos a «judaizar», pues la fe en Jesucristo es la que ha salvado a los judíos mismos Gal 2,15s. Así pues, cuando se quiso imponer la circuncisión a los cristianos de Galacia 5,2 6,12, comprendió Pablo fácilmente que aquello era anunciar otro Evangelio 1,6-9. Esta nueva crisis fue para él ocasión de una reflexión en profundidad acerca del carácter de la ley y de la fe en la historia de la salvación.

Desde Adán Rom 5,12-21 todos los hombres, paganos o judíos, son culpables delante de Dios 1,18-3,20. La ley misma, hecha para la vida, no ha engendrado sino el pecado y la muerte 7,7-10 Gal 3,10-14.19-22. La venida Gal 4,4s y la muerte de Cristo ponen fin a esta situación manifestando la justicia de Dios Rom 3,21-26 Gal 2,19ss que se obtiene por la fe Gal 2,16 Rom 3,22 5,2. Ha terminado, pues, la función de la ley Gal 3,23-4,11. Se vuelve al régimen de la promesa realizada ahora en Jesús Gal 3,15-18: como Abraham, los cristianos son justificados por la fe, sin la ley Rom 4 Gal 3,6-9 Gen 15,6 17,11. Además, según los profetas, el justo debía vivir por la fe Hab 2,4=Gal 3,11 Rom 1,17, y el resto de Israel Rom 11,1-6 debía salvarse por la sola fe en la piedra asentada por Dios Is 28,16=Rom 9,33 10,11, lo cual le permitía abrirse a las naciones Rom 10,14-21 1Pe 2,4-10.

2. La fe y la gracia.

«El hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley» Rom 3,28 Gal 2,16. Esta afirmación de Pablo descarta la ley judía; pero, todavía más profundamente, significa que la salvación no es nunca algo debido, sino una gracia de Dios acogida por la fe Rom 4,4-8. Cierto que Pablo no ignora que la fe debe «obrar» Gal 5,6 Sant 2,14-26 en la docilidad al Espíritu recibido en el bautismo Gal 5,13-26 Rom 6 8,1-13. Pero subraya enérgicamente que el creyente no puede ni «gloriarse» de «su propia justicia» ni apoyarse en sus obras, como lo hacía Saulo el fariseo Flp 3,4.9 2Cor 11,16-12,4. Aun cuando «su conciencia no le reproche nada» delante de Dios 1Cor 4,4, cuenta sólo con Dios, que «obra en él el querer y el hacer» Flp 2,13. Realiza, pues, su salvación «con temor y temblor» Flp 2,12, pero también con una gozosa esperanza Rom 5,1-11 8 14-39: su fe le asegura «el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús» Rom 8,38s Ef 3,19. Gracias a Pablo. !a fe pascual, vivida por la comunidad primitiva, adquirió clara conciencia de sí misma. Se deshizo de las impurezas y de los límites que afectaban a la fe de Israel. Es plenamente la fe de la Iglesia.

IV. LA FE EN EL VERBO HECHO CARNE

Al final del NT la fe de la Iglesia medita con san Juan sobre sus orígenes. Como para mejor afrontar el porvenir, vuelve a aquel que le ha dado su perfección. La fe de que habla Juan es la misma de los sinópticos. Agrupa a la comunidad de los discípulos en torno a Jesús Jn 10,26s 17,8. Orientada por Juan Bautista 1,34s 5,33s, descubre la gloria de Jesús en Caná 2,11. «Recibe sus palabras» 12,46s y «escucha su voz» 10,26s Dt 4,30. Se afirma por la boca de Pedro en Cafarnaum Jn 6,70s. La pasión es para ella una prueba 14,1-28s 3,14s y la resurrección su objeto decisivo 20,8.25-29.

Pero el cuarto evangelio es, mucho más que los sinópticos, el evangelio de la fe. Por lo pronto en él está la fe explícitamente centrada en Jesús y en su gloria divina. Hay que creer en Jesús 4,39 6,35 y en su nombre 1,12 2,23. Creer en Dios v en Jesús es una misma cosa 12,44 14,1 8,24=Ex 3,14. Porque Jesús y el Padre son uno Jn 10,30 17,21; esta misma unidad es objeto de fe 14,10s. La fe debería llegar a la realidad invisible de la gloria de Jesús sin tener necesidad de ver los signos (milagros) que la manifiestan 2,11s 4,48 20,29. Pero si en realidad tiene necesidad de ver 2,23 11,45 y de tocar 20,27, esto no quita que esté llamada a explayarse en el conocimiento 6,69 8,28 y en la contemplación 1,14 11,40 de lo invisible.

Juan insiste además en el carácter actual de las consecuencias invisibles de la fe. Para el que crea no habrá juicio 5,24. Ya ha resucitado 11,25s 6,40, camina en la luz 12,46 y posee la vida eterna 3,16 6,47. En cambio, «el que no cree, ya está condenado» 3,18. La fe reviste así la grandeza trágica de una opción apremiante entre la muerte y la vida, entre la luz y las tinieblas; y deuna opción tanto más difícil cuanto que depende de las cualidades morales de aquel al que se propone 3,19-21.

Esta insistencia de Juan en la fe, en su objeto propio, en su importancia, se explica por el fin mismo de su evangelio: inducir a sus lectores a compartir su fe creyendo «que Jesús es Cristo, el Hijo de Dios» 20,30 a venir a ser hijos de Dios por la fe en el Verbo hecho carne 1,9-14. La opción de la fe es posible a través del testimonio actual de Juan 1Jn 1,2s. Esta fe es la fe tradicional de la Iglesia : confiesa a Jesús como Hijo en la fidelidad a la enseñanza recibida 1Jn 2,23-27 5,1 y debe dilatarse en una vida limpia de pecado 3,9s animada por el amor fraternal 4,10ss 5,1-5. Como Pablo Rom 8,31-39; Ef 3,19 estima Juan que la fe induce a reconocer el amor de Dios a los hombres 1Jn 4,16.

Frente a los combates que vienen, el Apocalipsis exhorta a los creyentes a «la paciencia y a la fidelidad de los santos» Ap 13,10 hasta la muerte. Como fuente de esta fidelidad está siempre la fe pascual en el que puede decir: «Estaba muerto y ahora vivo por los siglos de los siglos» 1,18, el Verbo de Dios que establece irresistiblemente su reinado 19,11-16 Act 4,24-30.

El día en que, acabándose la fe, «veamos a Dios como es» 1Jn 3,2, todavía se proclamará la fe de pascua: «Tal es la victoria que ha triunfado del mundo; nuestra fe» 5,4.

hjg.com.ar - Última actualización: 14-junio-2009
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