Suma teológica - Parte IIIa - Cuestión 16
Sobre los atributos concernientes a Cristo por relación al ser y al hacerse
Artículo 1: ¿Es verdadera la proposición «Dios es hombre»? lat
Objeciones por las que parece que la proposición Dios es hombre resulta falsa.
1. Toda proposición afirmativa en una materia remota es falsa. Pero la proposición Dios es hombre cumple esa condición, porque las formas significadas por el sujeto y el predicado son distantes en grado máximo. Luego, siendo afirmativa la proposición antedicha, parece que es falsa.
2. Entre las tres divinas personas hay más afinidad que entre la naturaleza humana y la naturaleza divina. Pero, en el misterio de la Trinidad, una persona no se predica de la otra, puesto que no decimos que el Padre es el Hijo, o viceversa. Luego parece que tampoco es posible predicar de Dios la naturaleza humana, con el fin de decir que Dios es hombre.
3. Dice Atanasio que así como el alma y el cuerpo forman un solo hombre, así también Dios y el hombre constituyen un solo Cristo. Pero la proposición el alma es el cuerpo es falsa. Luego también es falsa la proposición Dios es hombre.
4. Como se dijo en la Primera Parte (q.39 a.4), lo que se predica de Dios, no relativa sino absolutamente, conviene a toda la Trinidad y a cada una de las personas. Pero la palabra hombre no es algo relativo, sino absoluto. Luego, en caso de predicarse de Dios, se sigue que toda la Trinidad y cada una de las personas serían hombre, lo que manifiestamente es falso.
Contra esto: está lo que se lee en Flp 2,6-7: El cual, existiendo en la forma de Dios, se anonadó tomando la forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo, en su porte exterior, como un hombre. Y, de este modo, el que existe en forma de Dios es hombre. Pero el que existe en la forma de Dios es Dios. Luego Dios es hombre.
Respondo: La proposición Dios es hombre es admitida por todos los cristianos; pero no todos la aceptan por la misma razón. Algunos la aceptan a condición de que esos términos no se tomen en sentido propio. En efecto, los Maniqueos dicen que el Verbo de Dios es hombre, pero no hombre verdadero, sino aparente, porque sostienen que el Hijo de Dios asumió un cuerpo imaginario, de manera que se afirme que Dios es hombre en el sentido en que se dice que es hombre la estatua de cobre fundida en forma de hombre. Igualmente, quienes enseñaban ( supra q.2 a.6) que el alma y el cuerpo de Cristo no estaban unidos, tampoco admitieron que Dios fuese verdadero hombre, siéndolo sólo figurativamente, por razón de las partes que lo integraban. Pero ya hemos demostrado antes (q.2 a.5; q.5 a.1) que ambas opiniones son falsas.

Otros, por el contrario, admiten la verdad de la humanidad de Cristo, pero niegan la verdad de su divinidad. Dicen, efectivamente, que Cristo, que es Dios y hombre, no es Dios por naturaleza, sino por participación, esto es, por gracia, lo mismo que todos los santos son llamados dioses (Sal 81,6; Jn 10,34); aunque Cristo lo es de una manera más excelente que los demás, por ser su gracia más abundante. Y, en este sentido, cuando decimos Dios es hombre, la palabra Dios no supone que lo sea de verdad y por naturaleza. Tal es la herejía de Fotino, que antes hemos desechado (q.2 a.11; a.10; e infra q.35 a.4).

Otros, en cambio, aceptan que la proposición enunciada es verdadera en los dos términos, defendiendo que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre; sin embargo, no salvan la verdad de la predicación. Dicen, en efecto, que la palabra hombre se predica de Dios por una cierta unión en la dignidad, en la autoridad, o incluso en el amor o en la inhabitación. Y en este sentido admitió Nestorio que Dios era hombre, de modo que con tal afirmación sólo se da a entender que Dios está unido al hombre con tal vínculo que Dios habita en el hombre, y está unido a éste por el afecto y por la participación de la autoridad y el honor divinos. Y un error semejante cometen los que ponen en Cristo dos hipóstasis o dos supuestos. Es imposible, efectivamente, entender que de dos realidades que tienen distinto supuesto o hipóstasis, una se predique propiamente de la otra; tal predicación sólo podrá hacerse si se habla metafóricamente, en cuanto están unidos en algo, como si, por ejemplo, decimos que Pedro es Juan porque entre ellos existe una cierta amistad. También estas opiniones han sido antes rechazadas (q.2 a.3 y 6).

Por eso, dando por supuesto, de acuerdo con la verdad de la fe católica, que la verdadera naturaleza divina se unió con una naturaleza verdaderamente humana, no sólo en la persona, sino también en el supuesto o hipóstasis, afirmamos que la proposición Dios es hombre es verdadera y propia: no solamente porque los términos son verdaderos, es a saber, porque Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre, sino también porque la predicación es verdadera. Efectivamente, el nombre que significa una naturaleza común en concreto puede designar cualquiera de los supuestos incluidos en la naturaleza común; así como la palabra hombre puede designar a cualquier hombre particular. Y, de esta manera, la palabra Dios, en virtud del mismo modo de su significación, puede designar a la persona del Hijo de Dios, como demostramos en la Primera Parte (q.39 a.4). Ahora bien, de todo supuesto de una naturaleza puede predicarse verdadera y propiamente el nombre que designa a tal naturaleza en concreto; como se predica la palabra hombre, verdadera y propiamente, de Sócrates y de Platón. Luego, por ser la persona del Hijo de Dios, significada por el nombre Dios, el supuesto de la naturaleza humana, la palabra hombre puede predicarse, verdadera y propiamente, del nombre Dios, en cuanto que tal nombre significa la persona del Hijo de Dios.

A las objeciones:
1. Cuando formas diversas no pueden coexistir en un mismo supuesto, entonces es necesario que la proposición se fije en una materia remota cuyo sujeto designa una de las formas, y el predicado la otra. Pero, cuando dos formas pueden darse en un mismo sujeto, la materia no es remota, sino natural o contingente, como cuando digo: El blanco es músico. Ahora bien, la naturaleza divina y la naturaleza humana, aunque sean infinitamente distantes, coexisten sin embargo, en virtud del misterio de la encarnación, en un único supuesto, en el que ninguna de las dos se halla de manera accidental, sino por sí misma. Y por eso la proposición Dios es hombre no se asienta en una materia remota ni contingente, sino en una materia natural. Y la palabra hombre se predica de Dios no de modo accidental, sino por sí misma, como de su hipóstasis; y no por razón de la forma significada por la palabra Dios, sino por razón del supuesto, que es la hipóstasis de la naturaleza humana.
2. Las tres personas divinas coinciden en la naturaleza, pero se distinguen por los supuestos; y por eso no se predican mutuamente. En cambio, en el misterio de la encarnación las naturalezas, por ser distintas, no se predican una de la otra tomadas en abstracto, pues la naturaleza divina no es la humana; pero por coexistir ambas en un mismo supuesto, se predica una de la otra en concreto.
3. Alma y carne significan algo abstracto, lo mismo que divinidad y humanidad. Pero, en concreto, se dice animado y carnal o corpóreo, como, por otra parte, se dice Dios y hombre. Por eso, en ambos casos, no se predica lo abstracto de lo abstracto, sino sólo lo concreto de lo concreto.
4. La palabra hombre se predica de Dios por razón de la unión en una persona; tal unión implica una relación. Y por tanto no sigue la regla de aquellos nombres que se predican de Dios absolutamente desde la eternidad.
Artículo 2: ¿Es verdadera la proposición «El hombre es Dios»? lat
Objeciones por las que parece que la proposición el hombre es Dios es falsa.
1. Dios es un nombre incomunicable. Pero en Sab 14,21 se recrimina a los idólatras por haber dado este nombre de Dios, que es incomunicable, a los leños y a las piedras. Luego, por la misma razón, parece resultar inconveniente predicar del hombre el nombre Dios.
2. Todo lo que se dice del predicado se predica también del sujeto. Pero la proposición Dios es Padre es verdadera, lo mismo que lo es la proposición Dios es la Trinidad. Por consiguiente, en caso de ser verdadera la proposición el hombre es Dios, parece que también serían verdaderas las proposiciones el hombre es el Padre o el hombre es la Trinidad. Pero es claro que estas dos últimas son falsas. Luego también es falsa la primera.
3. En Sal 80,10 se lee: No habrá en ti un dios nuevo. Pero el hombre es algo nuevo, porque Cristo no fue siempre hombre. Luego la proposición el hombre es Dios resulta falsa.
Contra esto: está lo que se dice en Rom 9,5: De quienes, según la carne, procede Cristo, que está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Pero Cristo, según la carne, es hombre. Luego la proposición el hombre es Dios es verdadera.
Respondo: Supuesta la verdad de las dos naturalezas, la divina y la humana, y su unión en la persona y en la hipóstasis, la proposición el hombre es Dios es verdadera y propia, como lo es la proposición Dios es hombre. Porque el término hombre puede significar cualquier hipóstasis de la naturaleza humana; y así puede significar la persona del Hijo, de la que decimos que es la hipóstasis de la naturaleza humana. Pero es evidente que de la persona del Hijo de Dios se predica verdadera y propiamente el nombre Dios, como se ha expuesto en la Primera Parte (q.39 a.4). Luego queda que la proposición el hombre es Dios es verdadera y propia.
A las objeciones:
1. Los idólatras atribuían el nombre de Dios a las piedras y a los leños, considerados en su propia naturaleza, porque pensaban que en ellos existía algo divino. Pero nosotros no atribuimos el nombre de Dios a un hombre por razón de su naturaleza humana, sino por razón del supuesto eterno, que es también el supuesto de la naturaleza humana en virtud de la unión, como se ha dicho (en la sol.).
2. La palabra Padre se predica del nombre Dios en cuanto que este nombre Dios se toma por la persona del Padre. Y, en este sentido, no se predica de la persona del Hijo, porque la persona del Hijo no es la persona del Padre. Y, por consiguiente, no es lícito predicar el nombre Padre del término hombre, del cual se predica el nombre Dios en cuanto que la palabra hombre se concreta en la persona del Hijo.
3. Aunque la naturaleza humana sea en Cristo algo nuevo, no lo es su supuesto, porque éste es eterno. Y, como no predicamos el nombre Dios del hombre por razón de la naturaleza humana, sino por razón del supuesto, no se sigue que pongamos en Dios algo nuevo. Se seguiría, en cambio, si defendiésemos que hombre significa un supuesto creado, como tienen que decir los que ponen en Cristo dos supuestos (q.2 a.6).
Artículo 3: ¿Puede llamarse a Cristo hombre dominico? lat
Objeciones por las que parece que se puede llamar a Cristo hombre dominico.
1. Dice Agustín en el libro Octog. trium Quaest.: Hay que advertir que se esperan los bienes que existieron en aquel hombre dominico. Y habla de Cristo. Luego parece que Cristo es hombre dominico.
2. Así como el dominio conviene a Cristo por razón de la naturaleza divina, así también pertenece a su naturaleza humana. Pero a Dios se le llama humanado, como resulta claro por el Damasceno en el libro III, donde dice que la humanación demuestra la unión con el hombre. Luego, por igual razón, puede afirmarse de manera demostrativa que aquel hombre es dominico.
3. Así como dominico se deriva de Dominus (Señor), así también divino se deriva de Dios. Pero Dionisio llama a Cristo divinísimo Jesús. Luego, por igual motivo, puede decirse que Cristo es hombre dominico.
Contra esto: está lo que dice Agustín en el libro Retract.: No veo que pueda llamarse con razón a Cristo Jesús hombre dominico, siendo con toda verdad El Señor.
Respondo: Como antes se ha expuesto (a.2), cuando se dice el hombre Cristo Jesús, se está aludiendo al supuesto eterno, que es la persona del Hijo de Dios, por tener las dos naturalezas un único supuesto. Pero de la persona del Hijo de Dios se predica esencialmente el término Dios y el término Señor. Y, por eso, tales palabras no deben predicarse de manera derivada, porque equivaldría a negar la verdad de la unión. Por tanto, siendo el término dominico un derivado de Dominus (Señor), no se puede decir con verdad y propiamente que ese hombre sea dominico, sino que más bien debe decirse que es Dominus (Señor).

En cambio, si cuando se dice el hombre Cristo Jesús se aludiese a un supuesto creado, de acuerdo con los que ponen en Cristo dos supuestos, tal hombre podría llamarse dominico en cuanto asumido para participar del honor divino, como enseñaron los Nestorianos.

Y, en el sentido explicado, tampoco se llama a la naturaleza humana diosa por esencia, sino que se la dice deificada, no porque se convierta en la naturaleza divina, sino por la unión que tiene con la naturaleza divina en una sola hipóstasis, como pone de manifiesto el Damasceno en el libro III.

A las objeciones:
1. Agustín retracta las palabras citadas, y otras semejantes, en su libro Retractationum. Por lo que, después de las palabras mencionadas del libro Retractationum, añade: No quisiera haber dicho, en cualquier parte que haya sido, que Cristo Jesús es un hombre dominico, porque después he visto que eso no debe decirse, aunque de alguna manera podría defenderse. Es manifiesto que alguien podría decir que se le llama hombre dominico por razón de la naturaleza humana, significada por la palabra hombre, pero no por razón del supuesto.
2. El único supuesto de las naturalezas divina y humana, primero lo fue de la naturaleza divina y luego, en el tiempo, pasó a ser, en virtud de la encarnación, supuesto de la naturaleza humana. Y, por este motivo, se llama humanado, no porque asumiese un hombre, sino porque asumió la naturaleza humana. Pero no acontece lo mismo a la inversa, pues el supuesto de la naturaleza humana no asumió la naturaleza divina.

Por eso no se le puede llamar hombre deificado o dominico.

3. También se acostumbra a predicar el término divino respecto de aquellas realidades de las que se predica esencialmente el nombre Dios. Decimos, efectivamente, que la esencia divina es Dios, por razón de la identidad; y que la esencia es Dios, o divina, a causa de los diversos modos de significación; y decimos también Verbo divino, aunque el Verbo es Dios. Y lo mismo hablamos Apersona divina, igual que se habla de la persona de Platón, por el modo distinto de significar. Pero no se llama dominico a aquellos sujetos de quienes se predica el término señor (dominus), porque no se acostumbra a llamar dominico al que es señor (dominus). Pero a lo que de cualquier manera pertenece al señor (dominus) se lo llama dominico, como: voluntad dominica, mano dominica o posesión dominica. Y por eso, Cristo hombre, por ser Señor (Dominus), no puede llamarse dominico. Pero su carne puede llamarse carne dominica y su pasión puede denominarse pasión dominica.
Artículo 4: ¿Pueden predicarse de Dios los atributos propios de la naturaleza humana? lat
Objeciones por las que parece que no se pueden predicar de Dios los atributos propios de la naturaleza humana.
1. Es imposible predicar de un mismo sujeto cosas opuestas. Pero las propiedades de la naturaleza humana son contrarias a los atributos propios de Dios. Este es, en efecto, increado, inmutable y eterno; mientras que lo propio de la naturaleza humana es ser creada, temporal y mudable. Luego los atributos propios de la naturaleza humana no pueden predicarse de Dios.
2. Atribuir a Dios algo defectuoso parece que rebaja el honor divino, y cae en el campo de la blasfemia. Pero las propiedades de la naturaleza humana incluyen defectos, como lo son la muerte, el dolor y otras cosas por el estilo. Luego parece que es imposible predicar de Dios los atributos propios de la naturaleza humana.
3. Ser asumida es algo que conviene a la naturaleza humana. Pero tal cosa no conviene a Dios. Luego no es posible predicar de Dios los atributos propios de la naturaleza humana.
Contra esto: está lo que dice el Damasceno en el libro III: Dios asumió los idiomas propios de la carne, esto es, las propiedades de la carne, pues Dios es llamado pasible, y se dice que el Dios de la gloria fue crucificado.
Respondo: Sobre esta cuestión hubo diferencias entre los nestorianos y los católicos. Los primeros dividían en dos apartados los términos que se aplican a Cristo, de este modo: los que se refieren a la naturaleza humana no se predicarían de Dios, y los que pertenecen a la naturaleza divina no se predicarían del hombre. Por eso dijo Nestorio: Si alguien pretende atribuir pasiones al Verbo de Dios, sea anatema. Mientras que, si existen términos que pueden pertenecer a las dos naturalezas, tales términos se predican de ambas naturalezas; esto sucede, por ejemplo, con los nombres Cristo o Señor. Por eso admitían que Cristo nació de la Virgen, y que existió desde toda la eternidad; sin embargo, no aceptaban que Dios haya nacido de la Virgen, o que el hombre haya existido desde toda la eternidad.

En cambio, los católicos defendieron que lo que se dice de Cristo, sea por su naturaleza divina, sea por su naturaleza humana, puede predicarse tanto de Dios como del hombre. Por eso dijo Cirilo: Si alguien divide las expresiones usadas a propósito de Cristo en los escritos evangélicos o apostólicos entre las dos personas o sustancias, esto es, hipóstasis, o hace lo mismo con los términos empleados por los santos o por el propio Cristo respecto de sí mismo, y cree que unas deben aplicarse al hombre, y las otras solamente al Verbo, sea anatema. Y la razón de esto es que, por tener las dos naturalezas una misma hipóstasis, esa misma hipóstasis es la que se designa bajo el nombre de una y otra naturaleza. Por consiguiente, se diga hombre o se diga Dios, se alude a la hipóstasis de la naturaleza divina y de la naturaleza humana. Y, por tanto, puede atribuirse al hombre lo que pertenece a la naturaleza divina, y a Dios lo que es propio de la naturaleza humana.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que en la proposición en la que una realidad se predica de otra, no sólo se presta atención al sujeto del que se dice el predicado, sino también al modo en que tal predicado se le atribuye. En vista de esto, aunque no se establezca distinción entre las realidades que se predican de Cristo, sí se distingue, sin embargo, en cuanto al modo en que le son atribuidas. Pues lo que es propio de la naturaleza divina se predica de Cristo en función de esa naturaleza; mientras que lo que es exclusivo de la naturaleza humana se atribuye a Cristo según esta naturaleza. Por eso dice Agustín en el libro I De Trin.: Distingamos lo que en las Escrituras se dice referente a la naturaleza divina, y lo que se dice fijándose en la forma de siervo. Y luego: El lector prudente, diligente y piadoso entenderá por qué y de qué modo se dice cada cosa.

A las objeciones:
1. Es imposible predicar cosas opuestas de un mismo sujeto contemplado bajo un mismo aspecto; pero nada lo impide si se atiende a perspectivas diversas. Y de esta manera se predican de Cristo cosas opuestas, pero no bajo el mismo aspecto, sino atendiendo a sus dos naturalezas distintas.
2. Atribuir algo defectuoso a Dios, según su naturaleza divina, sería una blasfemia, porque equivaldría a rebajar su honor. Pero no resultaría injurioso para Dios atribuirle esas deficiencias por parte de la naturaleza asumida. Por lo que, en una alocución pronunciada en el Concilio de Efeso, se dice: Dios no tiene por injuria nada de lo que es ocasión de salvación para los hombres, pues ninguna de las bajezas que eligió por nuestra causa resulta una injuria para aquella naturaleza que no puede estar sujeta a las afrentas, pero que hace suyas nuestras debilidades para salvar nuestra naturaleza. Cuando, pues, nuestras humillaciones y bajezas no injurian la naturaleza divina, sino que causan la salvación de los hombres, ¿cómo puedes tú decir que lo que es causa de nuestra salvación pudo ser ocasión de injuria para Dios?
3. Ser asumida es algo que conviene a la naturaleza humana por razón de sí misma, y no por razón de su supuesto. Y por ello no conviene a Dios.
Artículo 5: ¿Pueden predicarse de la naturaleza divina los atributos propios de la naturaleza humana? lat
Objeciones por las que parece que lo propio de la naturaleza humana puede predicarse de la naturaleza divina.
1. Las cosas que son propias de la naturaleza humana se predican del Hijo de Dios y del mismo Dios. Pero Dios es su propia naturaleza. Luego lo que es propio de la naturaleza humana puede predicarse de la naturaleza divina.
2. La carne pertenece a la naturaleza humana. Pero, como escribe el Damasceno en el libro III, decimos que la naturaleza del Verbo se encarnó, siguiendo a los santos Atanasio y Cirilo. Luego da la impresión de que, por el mismo motivo, puede predicarse de la naturaleza divina lo que es propio de la naturaleza humana.
3. Lo que es propio de la naturaleza divina conviene en Cristo a su naturaleza humana, por ejemplo conocer el futuro y tener poder salvífico. Luego, por idéntica razón, lo propio de la naturaleza humana puede predicarse de la naturaleza divina.
Contra esto: está lo que dice el Damasceno en el libro III: Cuando hablamos de la Divinidad, no predicamos de la misma los idiomas de la humanidad, es decir, las propiedades de ésta, pues no llamamos a la Deidad pasible o creable. Pero la Deidad es la naturaleza divina. Luego lo que es propio de la naturaleza humana no puede predicarse de la naturaleza divina.
Respondo: Las propiedades de un sujeto no pueden predicarse de otro, a no ser que éste sea idéntico al primero; así el ser risible sólo conviene al que sea hombre. Pero, en el misterio de la encarnación, la naturaleza divina y la humana no se identifican, aunque sí es idéntica la hipóstasis de ambas naturalezas. Por eso, cuando ambas naturalezas se toman en abstracto, no es posible predicar de una lo que es propio de la otra. En cambio, los nombres concretos suponen la hipóstasis de una naturaleza. Y, por tal motivo, puede predicarse indiferentemente de los nombres concretos cosas que pertenecen a las dos naturalezas: sea que signifique ese nombre ambas naturalezas, como sucede con el nombre Cristo, con el que se da a entender tanto la divinidad que unge, como la humanidad ungida; sea que designe sólo la naturaleza divina, como acontece con los nombres Dios o Hijo de Dios; sea que se refiera únicamente a la naturaleza humana, como pasa con los nombres hombre o Jesús. Por lo cual dice el papa León en la epístola Ad Palaestinos: No importa la naturaleza por la cual denominemos a Cristo, pues, permaneciendo inseparable la unidad de la persona, uno mismo es íntegramente Hijo del hombre por la carne, e íntegramente Hijo de Dios por tener una única divinidad con el Padre.
A las objeciones:
1. En Dios, persona y naturaleza son realmente idénticas; y a causa de tal identidad se predica del Hijo de Dios la naturaleza divina. Pero Hijo de Dios y naturaleza divina no significan lo mismo. Y por eso, del Hijo de Dios se predican cosas que no se dicen de la naturaleza divina; así decimos que el Hijo de Dios es engendrado, pero no que sea engendrada la naturaleza divina, como ya se expuso en la Primera Parte (q.39 a.5). Y, de manera semejante, a propósito del misterio de la encarnación, decimos que el Hijo de Dios padeció, pero no decimos que haya padecido la naturaleza divina.
2. La encarnación supone más la unión con la carne que la conversión en una propiedad de la carne. En Cristo, una naturaleza está unida a la otra en la persona; y en virtud de esta unión se llama encarnada a la naturaleza divina, y deificada a la naturaleza humana, como antes hemos dicho (q.2 a.1 ad 3).
3. Lo que pertenece a la naturaleza divina se predica de la naturaleza humana, no en cuanto que pertenece esencialmente a la naturaleza divina, sino en cuanto es participado por la naturaleza humana. Por eso, lo que no puede ser participado por la naturaleza humana, por ejemplo el ser increado u omnipotente, de ninguna manera puede predicarse de tal naturaleza. Ahora bien, la naturaleza divina no recibe nada de la humana a modo de participación. Y, por tanto, de ningún modo puede predicarse de ella lo que es propio de la naturaleza humana.
Artículo 6: ¿Es verdadera la proposición «Dios se hizo hombre»? lat
Objeciones por las que parece ser falsa la proposición Dios se hizo hombre.
1. Por significar la palabra hombre una sustancia, hacerse hombre equivale a un hacerse absolutamente. Ahora bien, la proposición Dios ha sido hecho absolutamente es falsa. Luego también es falsa la proposición Dios se hizo hombre.
2. Hacerse hombre equivale a sufrir un cambio. Pero Dios no puede ser sujeto de cambio alguno, según Mal 3,6: Yo soy el Señor, y no me cambio. Luego parece que la proposición Dios se hizo hombre resulta falsa.
3. El término hombre, tal como se dice de Cristo, designa la persona del Hijo de Dios. Pero la proposición Dios se hizo la persona del Hijo de Dios es falsa. Luego también lo es esta otra: Dios se hizo hombre.
Contra esto: está lo que se lee en Jn 1,14: El Verbo se hizo carne. Y, como comenta Atanasio en la epístola Ad Epictetum: Decir que el Verbo se hizo carne es lo mismo que decir: se hizo hombre.
Respondo: Cada ser se dice que ha sido hecho aquello que comienza a predicarse nuevamente de él. Ahora bien, ser hombre se predica verdaderamente de Dios, como se ha explicado (a.1); pero no en el sentido de que a Dios le convenga ser hombre desde la eternidad, sino en el tiempo, mediante la asunción de la naturaleza humana. Y, por tanto, la proposición Dios se hizo hombre es verdadera. Pero es interpretada de formas diversas por distintos autores, como sucede con la proposición Dios es hombre, conforme antes hemos reseñado (a.1).
A las objeciones:
1. Hacerse hombre es hacerse en absoluto en todos aquellos sujetos en los que la naturaleza humana comienza a existir en un supuesto recién creado. En cambio, se dice que Dios se hizo hombre porque la naturaleza humana comenzó a existir en un supuesto de naturaleza divina preexistente desde toda la eternidad. Y, por tanto, hacerse Dios hombre no equivale a que Dios se haga en absoluto.
2. Como se ha expuesto (en la sol.), hacerse implica que algo se predique nuevamente de otro. Por eso, siempre que se predica algo nuevo de otro y tal predicación implica cambio en ese sujeto, entonces hacerse equivale a cambiarse. Y esto conviene a todas las cosas que se predican de modo absoluto: no es posible, por ejemplo, que la blancura o la extensión sobrevengan nuevamente a un sujeto a no ser que éste se cambie nuevamente en relación con la blancura y la extensión. En cambio, las cosas que se predican de manera relativa, pueden predicarse nuevamente de un sujeto sin mutación del mismo: así, un hombre puede situarse nuevamente a la derecha, sin experimentar cambio en sí mismo, por el simple movimiento de un sujeto que se convierte en situado a su izquierda. En estos casos, por consiguiente, no es necesario que todo lo que se dice hacerse sea alterado, porque esto puede suceder con el cambio de otra realidad. Y en este sentido decimos, refiriéndonos a Dios: Señor, te has hecho nuestro refugio (Sal 89,1).

Pero el ser hombre le conviene a Dios por razón de la unión, que es una relación. Y, por tanto, el ser hombre se predica nuevamente de Dios sin cambio alguno en El, sino por un cambio de la naturaleza humana, que es asumida en la persona divina. Por eso también, cuando se dice que Dios se hizo hombre, no se interpreta como un cambio por parte de Dios, sino exclusivamente por parte de la naturaleza.

3. La palabra hombre alude a la persona del Hijo de Dios, pero no estrictamente, sino en cuanto que subsiste en la naturaleza humana. Y aunque la proposición Dios se hizo la persona del Hijo sea falsa, resulta verdadera esta otra: Dios se hizo hombre, porque se unió a la naturaleza humana.
Artículo 7: ¿Es verdadera la proposición «el hombre fue hecho Dios»? lat
Objeciones por las que parece que la proposición el hombre fue hecho Dios es verdadera.
1. En Rom 1,2-3 se dice: Que antes había prometido por sus profetas en las Sagradas Escrituras acerca de su Hijo, que fue hecho para El de la descendencia de David según la carne. Pero Cristo, en cuanto hombre, procede de la familia de David según la carne. Luego el hombre fue hecho Hijo de Dios.
2. Agustín, en el libro I De Trin., escribe: Aquella asunción fue de tal categoría que hizo a Dios hombre, y al hombre Dios. Pero, en virtud de esa asunción, la proposición Dios se hizo hombre es verdadera. Luego, del mismo modo, será verdadera la proposición el hombre fue hecho Dios.
3. Gregorio Nacianceno dice en la epístola Ad Cledonium: Dios se ha humanizado,y el hombre ha sido deificado, dígase de cualquier manera que se diga. Pero se dice que Dios se ha humanizado porque se hizo hombre. Luego, por el mismo motivo, se dice el hombre deificado porque ha sido hecho Dios. Y así resulta verdadera la proposición el hombre ha sido hecho Dios.
4. Cuando se dice Dios se hizo hombre, el sujeto de la operación y de la unión no es Dios, sino la naturaleza humana designada por la palabra hombre. Pero parece que el sujeto de la operación es aquel a quien se atribuye tal operación. Luego es más cierta la proposición el hombre ha sido hecho Dios que esta otra: Dios se hizo hombre.
Contra esto: está lo que dice el Damasceno en el libro III: No decimos que el hombre ha sido deificado, sino que Dios se ha humanado. Pero ser hecho Dios es lo mismo que ser deificado. Luego la proposición el hombre ha sido hecho Dios es falsa.
Respondo: La proposición el hombre ha sido hecho Dios puede entenderse de tres maneras. Primeramente, en cuanto que el participio hecho señale, de modo absoluto, ya el sujeto, ya el predicado. Y, en este sentido, tal proposición es falsa, porque ni el hombre de quien se predica es hecho, ni Dios es hecho, como luego se dirá (a.8 y 9). Y, en ese mismo aspecto, también es falsa la proposición Dios se hizo hombre. Pero aquí no estudiamos esas proposiciones bajo el sentido aludido.

En segundo lugar, puede entenderse de manera que el hecho señale la composición, de tal modo que el sentido sea éste: El hombre ha sido hecho Dios, esto es, ha sucedido que el hombre sea Dios. Y, en este sentido, ambas proposiciones son verdaderas, tanto la que dice que el hombre ha sido hecho Dios como la que reza Dios se ha hecho hombre. Pero éste no es el sentido propio de estas expresiones, a no ser, quizá, porque el término hombre no tenga sentido personal, sino general. Aunque este hombre no haya sido hecho Dios, porque este supuesto, la persona del Hijo de Dios, fue Dios eternamente, sin embargo el hombre, hablando en general, no fue siempre Dios.

Finalmente, puede entenderse en sentido propio, de modo que el participio hecho exprese un hacerse (fien) del hombre en relación con Dios como término de la operación. Y, en este sentido, dado que en Cristo la divinidad y la humanidad tienen la misma persona o hipóstasis, y el mismo supuesto, como antes hemos demostrado (q.2 a.2 y 3), la proposición aludida es falsa. Porque cuando decimos el hombre ha sido hecho Dios, el término hombre tiene significado personal, pues el ser Dios no se cumple respecto del hombre por razón de la naturaleza humana, sino por razón del supuesto. Pero el supuesto de la naturaleza humana en el que se verifica el ser Dios es lo mismo que la hipóstasis o persona del Hijo de Dios, que fue siempre Dios. Por consiguiente, no puede decirse que ese hombre comenzó a ser Dios, o que se haga Dios, o que haya sido hecho Dios.

Mas si la persona o hipóstasis de Dios fuese distinta de la del hombre, de manera que el ser Dios se predicase del hombre, y viceversa, en virtud de cierta unión de los supuestos, o de la dignidad personal, o de afecto, o de inhabitación, como enseñaron los Nestorianos, entonces, por la misma razón, podría decirse que el hombre fue hecho Dios, esto es, unido a Dios, como también que Dios se hizo hombre, esto es, unido al hombre.

A las objeciones:
1. En las palabras citadas del Apóstol, el relativo que, referido a la persona del Hijo de Dios, no debe entenderse respecto del predicado, como si un sujeto ya existente de la estirpe de David según la carne hubiera sido hecho Hijo de Dios, sentido en que se planteaba la objeción; sino que debe entenderse por parte del sujeto, de modo que el sentido sea éste: El Hijo de Dios fue hecho para El (es a saber, para honor del Padre, como lo expone la Glosa ) descendiente de la estirpe de David según la carne; como si dijera: El Hijo de Dios que tiene carne de la estirpe de David para honor de Dios.
2. Las palabras de Agustín deben entenderse en el sentido de que, por el hecho de la encarnación, sucedió que el hombre fuera Dios y que Dios fuera hombre. En tal sentido, ambas expresiones son verdaderas, como queda dicho (en la sol.).
3. Lo mismo que en la anterior, puesto que ser deificado equivale a ser hecho Dios.
4. El término que ejerce de sujeto se toma materialmente, esto es, por el supuesto; en cambio, el que hace de predicado se toma formalmente, es decir, por la naturaleza que denota. Y, por eso, cuando se dice el hombre ha sido hecho Dios, el hacerse no se atribuye a la naturaleza humana, sino al supuesto de tal naturaleza, el cual es Dios desde la eternidad, y al que, por tanto, no conviene ser hecho Dios. Pero cuando decimos Dios se ha hecho hombre, se entiende que el término de ese hacerse es la naturaleza humana. Y por eso, hablando con propiedad, la proposición Dios se ha hecho hombre es verdadera, aunque resulta falsa esta otra: El hombre ha sido hecho Dios. Así como si Sócrates, siendo primero hombre, luego fuese hecho blanco, resultaría verdadera —referida al mismo Sócrates-esta proposición: Este hombre ha sido hoy hecho blanco; mientras que sería falsa esta otra: Esta blancura hoy ha sido hecha hombre.

No obstante, si se pone como sujeto algún nombre que designe la naturaleza humana en abstracto, podría ésta tomarse como el sujeto del hacerse; diciendo, por ejemplo: La naturaleza humana ha sido hecha naturaleza del Hijo de Dios.

Artículo 8: ¿Es verdadera la proposición «Cristo es una criatura»? lat
Objeciones por las que parece que la proposición Cristo es una criatura es verdadera.
1. Dice, en efecto, el papa León: Concierto nuevo e inaudito: El que es y era Dios, se hace una criatura. Pero de Cristo puede predicarse que fue hecho Hijo de Dios por la encarnación. Luego la proposición Cristo es una criatura resulta verdadera.
2. Las propiedades de las dos naturalezas pueden predicarse de la hipóstasis común a ambas, cualquiera que sea el nombre con que se designe a aquélla, como antes se ha dicho (a.5). Pero es propiedad de la naturaleza humana ser una criatura, como es propiedad de la naturaleza divina ser creadora. Luego de Cristo pueden predicarse ambas propiedades, a saber, que es criatura y que es increado y Creador.
3. En el hombre, el alma es parte más principal que el cuerpo. Pero de Cristo se dice de forma absoluta que nació de la Virgen, porque de Ella trae su origen corporal. Luego, por razón del alma, que fue creada por Dios, debe decirse sencillamente que Cristo es una criatura.
Contra esto: está lo que se pregunta Ambrosio en el libro De Trin.: ¿Acaso ha sido hecho Cristo en virtud de una palabra? ¿Tal vez Cristo ha sido creado por la fuerza de un mandato? Esta forma de hablar equivale a decir: No. Por eso añade: ¿ Cómo es posible que haya en Dios una criatura? Porque la naturaleza de Dios es simple, no compuesta. Luego la proposición Cristo es una criatura no debe admitirse.
Respondo: Como escribe Jerónimo, por las palabras proferidas confusamente, se viene a parar en la herejía. Por lo que con los herejes no debemos tener en común ni siquiera las palabras, para que no dé la impresión de que favorecemos su error. Ahora bien, los herejes arríanos sostuvieron que Cristo es una criatura, y que es menor que el Padre, no sólo por razón de la naturaleza humana, sino también por razón de su persona divina. Y, por eso, no debemos decir de forma absoluta que Cristo es una criatura, o que es menor que el Padre, sino que debe puntualizarse: en cuanto a su naturaleza humana. Las cosas en las que no cabe sospechar que convengan a la persona divina por razón de sí misma, pueden predicarse absolutamente de Cristo por razón de su naturaleza humana, como sucede cuando decimos que Cristo padeció, que murió y que fue sepultado. Como acaece asimismo en las cosas corporales y humanas: lo que admite duda sobre si conviene al todo o a una parte, en caso de darse en una de las partes, no lo atribuimos de forma absoluta al todo, esto es, sin puntualizar. Pues no decimos sin más que el etíope es blanco, sino que es blanco en cuanto a los dientes. En cambio, decimos de él, sin limitación, que es rijoso, puesto que eso únicamente puede convenirle por el cabello.
A las objeciones:
1. Alguna vez los santos Doctores, por motivos de brevedad, omitiendo la precisión oportuna, llaman a Cristo matura. Sin embargo, en sus expresiones debe suponerse la precisión en cuanto hombre.
2. Todas las propiedades de la naturaleza humana, como las de la naturaleza divina, de algún modo, pueden predicarse de Cristo. Por eso dice el Damasceno en el libro III: Cristo, que es llamado Dios y hombre, es creable e increable, divisible e indivisible. Sin embargo, cuando esas propiedades resultan dudosas acerca de una u otra naturaleza, no deben aplicarse sin la oportuna precisión. Por esto el mismo autor añade en otro lugar: Una misma y única hipóstasis, es a saber, la de Cristo, es increada por razón de la divinidad, y es creada por razón de la humanidad. Y, a la inversa, no debiera decirse sin determinación que Cristo es incorpóreo o impasible para evitar el error de Manes, que enseñó que Cristo no tuvo verdadero cuerpo, y que no padeció realmente (a.1); sino que debe añadirse, precisando, que Cristo es incorpóreo e impasible en cuanto a su divinidad.
3. No cabe duda de que el nacer de la Virgen conviene a la persona del Hijo de Dios; en cambio sí cabe la duda de que al Hijo de Dios le convenga la denominación de criatura de manera absoluta. Y, por eso, la razón no es la misma en uno y otro caso.
Artículo 9: Aludiendo a Cristo, ¿es posible decir: Este hombre ha comenzado a existir? lat
Objeciones por las que parece que la expresión Este hombre ha comentado a existir puede emplearse refiriéndose a Cristo.
1. Dice Agustín In loann.: Antes de que existiera el mundo, ni existíamos nosotros, ni existía el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús. Pero lo que no ha existido siempre, ha comenzado a existir. Luego este hombre —referido a Cristo— ha comenzado a existir.
2. Cristo comenzó a ser hombre. Pero ser hombre equivale simplemente a existir. Luego este hombre ha comenzado a existir absolutamente.
3. El término hombre aporta el supuesto a la naturaleza humana. Pero Cristo no fue siempre el supuesto de la naturaleza humana. Luego este hombre comenzó a existir.
Contra esto: está lo que se lee en Heb 13,8: Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos.
Respondo: A propósito de Cristo no es admisible esta afirmación: Este hombre ha comenzado a existir, a no ser que se añada alguna precisión. Y esto por dos razones. Primero, porque tal locución es sencillamente falsa según la doctrina de la fe católica, en virtud de la cual defendemos que en Cristo hay un solo supuesto y una sola hipótesis, como asimismo una sola persona. Según esto, es necesario que la expresión este hombre, referida a Cristo, designe el supuesto eterno, que es incompatible con el comenzar a existir. De donde se deduce que la proposición este hombre ha comenzado a existir es falsa. Y no es una objeción contra lo dicho el que el comenzar a existir convenga a la naturaleza humana significada por la palabra hombre, pues, como antes hemos dicho (a.7 ad 4), el término que ocupa el puesto de sujeto no se toma formalmente por la naturaleza, sino más bien materialmente por el supuesto.

Segundo, porque, aun en la hipótesis de que tal proposición fuese verdadera, no debe emplearse sin la oportuna determinación, a fin de evitar la herejía de Arrio, el cual, así como atribuyó a la persona del Hijo de Dios el ser una criatura y menor que el Padre (q.10 a.2 ad 1; q.16 a.8), de igual modo le atribuyó un principio de su existencia, al decir que hubo un tiempo en que no existía. C.16 a.10 Atributos concernientes a Cristo

A las objeciones:
1. El texto de Agustín debe interpretarse con esta puntualización: el hombre Cristo Jesús no existió antes de que existiera el mundo, en cuanto a su humanidad.
2. A base del verbo comenzó no se construye un argumento que vaya de lo inferior a lo superior, diciendo, por ejemplo: esto ha comenzado a ser blanco. Luego ha comenzado a ser colorado. Y esto porque el comentar implica existir ahora y no antes. No es posible argüir así: esto antes no era blanco. Luego antes no era colorado. El existir escuetamente es superior al existir como hombre. Por lo que no es lógico hacer esta deducción: Cristo comenzó a ser hombre. Luego comenzó a existir.
3. La palabra hombre, referida a Cristo, aunque signifique la naturaleza humana, que comenzó a existir, implica, no obstante, el supuesto eterno, que no ha comenzado a existir. Y por eso, debido a que tal palabra, vista como sujeto, es considerada como supuesto, mientras que considerada como predicado se refiere a la naturaleza, se sigue que la proposición el hombre Cristo ha comenzado a existir es falsa, mientras que resulta verdadera esta otra: Cristo comenzó a ser hombre.
Artículo 10: ¿Es verdadera la proposición Cristo, en cuanto hombre, es una criatura, o comenzó a existir? lat
Objeciones por las que parece que la proposición Cristo, en cuanto hombre, es una criatura, o comentó a existir, es falsa.
1. En Cristo sólo es creada su naturaleza humana. Ahora bien, la proposición Cristo, en cuanto hombre, es la naturaleza humana, es falsa. Luego también es falsa esta otra: Cristo, en cuanto hombre, es una criatura.
2. El predicado se relaciona más con el término subrayado por la reduplicación que con el sujeto de la proposición; como cuando se dice: el cuerpo, en cuanto colorado, es visible, se subraya que lo colorado es lo más visible. Pero, como antes se ha señalado (a.8), la proposición absoluta el hombre Cristo es una criatura no puede admitirse. Luego tampoco ésta: Cristo, en cuanto hombre, es una criatura.
3. Lo que se predica de un hombre en cuanto tal, se predica de él por sí mismo y absolutamente, pues, como se dice en el libro V Metaphys., las expresiones por sí mismo y en cuanto tal son idénticas. Pero la proposición Cristo es por sí mismo y absolutamente una criatura es falsa. Luego también lo es ésta: Cristo, en cuanto hombre, es una criatura.
Contra esto: está que todo lo que existe, o es el Creador, o es una criatura. Pero la proposición Cristo, en cuanto hombre, es el Creador, es falsa. Luego ésta será verdadera: Cristo, en cuanto hombre, es una criatura.
Respondo: En la expresión Cristo en cuanto hombre, la palabra hombre puede volver a tomarse, en la reduplicación, bien por razón del supuesto, bien por razón de la naturaleza. Si se reasume por razón del supuesto, al ser eterno e increado el supuesto de la naturaleza humana en Cristo, la proposición Cristo, en cuanto hombre, es una criatura, resultará falsa. Pero, si vuelve a tomarse por razón de la naturaleza humana, tal proposición es verdadera, porque, por razón de la naturaleza humana, o según la naturaleza humana, le conviene ser una criatura, como antes se ha dicho (a.8).

Sin embargo, debe advertirse que el término hombre, reasumido en la reduplicación, se refiere más propiamente a la naturaleza que al supuesto, pues vuelve a tomarse en razón de predicado, lo que equivale a tomarlo formalmente. Efectivamente, la expresión Cristo en cuanto hombre es lo mismo que si se dijera Cristo en cuanto que es hombre. Y, por eso, la proposición Cristo, en cuanto hombre, es una criatura, es más admisible que rechazable. Pero, en caso de añadir algo que convirtiese el término hombre en supuesto, tal proposición debe ser antes negada que admitida; por ejemplo si se dijera: Cristo, en cuanto este hombre concreto, es una criatura.

A las objeciones:
1. Aunque Cristo no sea la naturaleza humana, es, sin embargo, alguien que tiene naturaleza humana. Pero el nombre criatura es apto para ser predicado no sólo de los nombres abstractos, sino también de los concretos, pues decimos que la humanidad es una criatura y que el hombre es una criatura.
2. El término hombre, puesto como sujeto, alude más bien al supuesto; pero, en cuanto colocado en la reduplicación, se refiere más a la naturaleza, como se ha dicho (en la sol.). Pero, por ser la naturaleza creada, siendo, en cambio, increado el supuesto, aunque a secas no sea admisible la proposición este hombre es una criatura, sí lo es esta otra: Cristo, en cuanto hombre, es una criatura.
3. A cualquier hombre que es el supuesto de una sola naturaleza humana, sólo le compete tener el ser según tal naturaleza humana. Y por eso se sigue, a propósito de cualquier supuesto de esta clase, que, si por ser hombre es criatura, sea puramente una criatura. Pero Cristo es el supuesto no sólo de la naturaleza humana, sino también de la divina, según la cual tiene un ser increado. Y por eso no se sigue que, si es una criatura en cuanto hombre, sea puramente una criatura.
Artículo 11: ¿Es verdadera la proposición Cristo, en cuanto hombre, es Dios? lat
Objeciones por las que parece que Cristo, en cuanto hombre, es Dios.
1. Cristo es Dios en virtud de la gracia de unión. Pero Cristo, en cuanto hombre, posee la gracia de unión. Luego Cristo, en cuanto hombre, es Dios.
2. Perdonar los pecados es algo propio de Dios, de acuerdo con Is 43,25: Soy yo mismo quien, por amor de mí, borro tus pecados. Pero Cristo, en cuanto hombre, perdona los pecados, según el texto de Mt 9,6: Para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar los pecados, etc. Luego Cristo, en cuanto hombre, es Dios.
3. Cristo no es el hombre en general, sino este hombre particular. Pero Cristo, en cuanto tal hombre particular, es Dios, porque mediante la expresión este hombre se designa el supuesto eterno, que es Dios por naturaleza. Luego Cristo, en cuanto hombre, es Dios.
Contra esto: está que lo que conviene a Cristo en cuanto hombre, conviene a cualquier hombre. Por consiguiente, si Cristo, en cuanto hombre, es Dios, resulta que todo hombre es Dios. Pero esto es manifiestamente falso.
Respondo: El término hombre, subrayado con la reduplicación, puede tomarse en dos sentidos: primero, por la naturaleza. Y así entendido no es cierto que Cristo, en cuanto hombre, sea Dios, porque la naturaleza humana es esencialmente distinta de la naturaleza divina. Segundo, por el supuesto. Y, bajo este aspecto, por ser el supuesto de la naturaleza humana de Cristo la persona del Hijo de Dios, a la que compete ser Dios por naturaleza, resulta verdadero que Cristo, en cuanto hombre, es Dios.

Sin embargo, al referirse más propiamente a la naturaleza que al supuesto el término puesto en la reduplicación, como queda dicho antes (a.10), la proposición Cristo, en cuanto hombre, es Dios, antes debe rechazarse que admitirse.

A las objeciones:
1. Bajo el mismo aspecto no puede convenir a un mismo sujeto estar en movimiento hacia un término y ser ese mismo término, pues el movimiento le conviene por razón de la materia o del sujeto; mientras que el estar en acto le conviene por razón de la forma. Y, de manera semejante, a Cristo no le conviene, bajo el mismo aspecto, estar ordenado a ser Dios por la gracia de unión, y ser Dios. Lo primero le conviene en cuanto a su naturaleza humana; lo segundo, en razón de su naturaleza divina. Y por eso resulta verdadera la proposición Cristo, en cuanto hombre, posee la gracia de unión; mientras que es falsa esta otra: Cristo, en cuanto hombre, es Dios.
2. El Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar los pecados, no en virtud de su naturaleza humana, sino a causa de su naturaleza divina. En ésta radica su potestad de perdonar los pecados con autoridad; mientras que en la naturaleza humana se asienta instrumentalmente y a modo de ministerio. Por eso el Crisóstomo, exponiendo ese texto In Matth., comenta: Dijo claramente «perdonar pecados en la tierra», para demostrar que había unido, con unión indivisible, a la naturaleza humana el poder divino. Porque, aunque se hizo hombre, siguió siendo el Verbo de Dios.
3. Cuando decimos este hombre, el adjetivo demostrativo polariza el término hombre en el supuesto. Y por eso es más cierta la proposición Cristo, en cuanto es este hombre, es Dios, que esta otra: Cristo, en cuanto hombre, es Dios.
Artículo 12: ¿Es verdadera la proposición Cristo, en cuanto hombre, es una hipóstasis o persona? lat
Objeciones por las que parece que Cristo, en cuanto hombre, es una hipóstasis o persona:
1. Lo que corresponde a cualquier hombre, corresponde a Cristo en cuanto hombre, porque es semejante a los demás hombres, según Flp 2,7: Se hizo semejante a los hombres. Ahora bien, todo hombre es una persona. Luego Cristo, en cuanto hombre, es una persona.
2. Cristo, en cuanto hombre, es una sustancia de naturaleza racional. No es una sustancia universal. Luego es una sustancia individual. Pero la persona, según Boecio en el libro De duabus Nat., no es otra cosa que una sustancia individual de naturaleza racional. Luego Cristo, en cuanto hombre, es una persona.
3. Cristo, en cuanto hombre, es un ser de naturaleza humana, y un supuesto e hipóstasis de esa misma naturaleza. Pero toda hipóstasis, supuesto y ser de naturaleza humana es una persona. Luego Cristo, en cuanto hombre, es una persona.
Contra esto: está que Cristo, en cuanto hombre, no es una persona eterna. Por consiguiente, si en cuanto hombre fuera una persona, se seguiría que en Cristo habría dos personas, temporal una, y eterna la otra. Esto es falso, como antes hemos dicho (q.2 a.6; q.4 a.2).
Respondo: Como acabamos de exponer (a.10 y 11), el término hombre, puesto en la reduplicación, puede tomarse o por razón del supuesto, o por razón de la naturaleza. Si, pues, en la proposición Cristo, en cuanto hombre, es una persona, la palabra hombre se toma en calidad de supuesto, es claro que Cristo, en cuanto hombre, es una persona, pues el supuesto de la naturaleza humana no es ningún otro que la persona del Hijo de Dios.

En cambio, si se toma por la naturaleza, caben dos interpretaciones. Una, que a la naturaleza humana le compete existir en una persona. Y, de este modo, la proposición aludida también es verdadera, pues todo lo que subsiste en una naturaleza humana es una persona. Otra, que la naturaleza humana de Cristo debe tener una personalidad propia, causada por los principios de esa naturaleza. Y, en este sentido, Cristo, en cuanto hombre, no es una persona, porque la naturaleza humana no es una realidad que exista por sí misma separadamente de la naturaleza divina, condición requerida para que se dé la noción de persona.

A las objeciones:
1. A todo hombre le compete ser persona en cuanto que todo lo que subsiste en una naturaleza humana es una persona. Pero es algo propio de Cristo hombre que la persona subsistente en su naturaleza humana no sea causada por los principios de esta naturaleza, sino que sea eterna. Y por eso, en cuanto hombre, es persona en un sentido, y no lo es en otro, como se ha dicho (en la sol.).
2. La sustancia individual incluida en la definición de la persona implica una sustancia completa subsistente por sí misma, separadamente de otras sustancias. De otro modo, la mano del hombre podría llamarse persona por ser una cierta sustancia individual; sin embargo, no puede llamarse persona porque, a pesar de ser sustancia individual, existe en otro sujeto. Y, por la misma razón, tampoco en Cristo es persona su naturaleza humana, no obstante poder llamarse individuo o singular.
3. Así como persona significa algo completo y subsistente por sí mismo en la naturaleza racional, así también hipóstasis, supuesto y realidad sustancial significan algo que subsiste por sí mismo. Por lo que, así como la naturaleza humana no existe por sí misma separadamente de la persona del Hijo, así tampoco es por sí misma una hipóstasis, un supuesto o una realidad sustancial. Y por eso, en el mismo sentido en que se niega la proposición Cristo, en cuanto hombre, es una persona, es necesario negar también todas las otras proposiciones.