Dame tiempo. O mejor, no.
La conversación fue ayer, pero nuestras intervenciones se nos ocurren hoy. Poco dotados que somos de virtudes repentinas —y menos cuando tenemos delante seres humanos, en lugar de computadoras— salimos mal del paso con una respuesta anodina, idiota, ininteligible; acaso nos contentamos con quedarnos mudos. Y hoy, repasando la situación, se nos cruza una multitud…
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