Tener fe, infantilmente hablando
Cuando yo era chico (abramos paréntesis, para variar; el caso es que a veces parezco dar a entender -quizás prefiero creerlo- que antes de mi «conversión» -24 años- era ateo y antes de eso -digamos, 15 años para atrás- de católico sólo tenía un pátina vagamente cultural sin mayor consistencia, un cimiento de arena que…
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