Y los judíos le respondieron, y dijeron: "¿Qué señal nos muestras de que haces estas cosas?" Jesús les respondió, y dijo: "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré". Los judíos le dijeron: "¿En cuarenta y seis años fue hecho este templo, y tú lo levantarás en tres días?" Mas El hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, se acordaron sus discípulos que por esto lo decía, y creyeron a la Escritura y a la palabra que dijo Jesús. (vv. 18-22)
Teofilacto
Como los judíos veían que Jesús hacía tales cosas con gran poder, y diciendo: "No queráis hacer la casa de mi Padre casa de negociación", le piden una señal. Por esto le dicen: "¿Qué señal nos muestras de por qué haces estas cosas?"
Crisóstomo, in Ioannem, hom. 23
¿Pero acaso necesitaban de alguna señal para dejar de hacer lo que tan indebidamente hacían? ¿Acaso el estar poseído de este gran celo por la casa del Señor no era el mayor de todos los signos? Los judíos se acordaban de las profecías y sin embargo, pedían una señal, sin duda porque sentían que se interrumpiese su ganancia; ¡torpes! ¿Y querían por esto evitar que el Salvador procediese de tal manera? Sin duda querían moverlo, o bien a que hiciese milagros o a que desistiese de hacer lo que hacía. Por lo tanto, no les da señal alguna, como respondió más adelante a los que también se lo pidieron, diciéndoles lo mismo que a aquéllos: "Esta generación mala y adúltera desea una señal, pero no se le dará otra que la del profeta Jonás" ( Mt 12,39). Pero entonces respondió lo mismo con más claridad; ahora se nos dice también, pero con más oscuridad: mas Aquél que se adelanta dando señales a los que no las piden, seguramente no hubiera rechazado aquí a los que las pedían, si no hubiese sido porque conoció su mala intención. Sigue, pues: "Y les dijo: destruid este templo, y en tres días lo levantaré".
Beda
Cuando pedían una señal a Jesús, manifestaban que querían conocer por qué arrojaba del templo aquellos comercios acostumbrados. Respondió que aquel templo representaba el templo de su cuerpo, en el cual no habrá mancha alguna de pecado. Como diciendo: Así como purifico a este templo inanimado de vuestros comercios y maldades con mi poder, así resucitaré este cuerpo mío tres días después que haya muerto por vuestras manos.
Teofilacto
Y no se diga que los incite a que cometan un homicidio, diciendo "destruid", sino que les da a entender que conoce lo que intentan. Oigan, pues, los arrianos 1, cómo el Señor es el destructor de la muerte, por cuanto dice: "Levantaré", esto es, con su propia virtud.
San Agustín, in Ioannem, tract. 10
Lo resucitó su Padre en realidad, a quien se dice en los salmos: "Levántame y volveré a ellos" ( Sal 40,11). Pero ¿qué hizo el Padre sin el Verbo? Por lo tanto, lo mismo que el Padre resucita al Hijo, Este resucita también, porque el Hijo había dicho: "Yo y el Padre somos uno solo" ( Jn 10,30).
Crisóstomo, ut sup
Y ¿por qué les da como signo el de la resurrección? Porque esto era principalmente lo que daba a conocer que Jesús no era un puro hombre; que podía triunfar de la muerte y destruir en poco tiempo su larga tiranía.
Orígenes, ut sup
Una y otra cosa, esto es, el cuerpo de Jesús y el templo, me parece que representan la Iglesia, porque ésta se levanta con piedras vivas, se convierte en casa espiritual y en sacerdocio santo por aquellas palabras de San Pablo: "Vosotros sois cuerpo de Cristo y miembros de miembro" ( 1Cor 12,27). Y así como vemos que se destruye el edificio levantado con piedras, también todos los huesos de Jesucristo habían de disgregarse con las contrariedades de las tribulaciones; mas sería reconstruido y resucitado al tercer día, porque estaría presente en el nuevo cielo y en la nueva tierra. Así como el cuerpo visible de Jesucristo fue crucificado y sepultado, y resucitó después, así el cuerpo total de Cristo, formado por los santos, está crucificado con El. Cada uno de ellos en ninguna otra cosa se gloría más que en la cruz de Jesucristo, por medio de la que vive crucificado al mundo. También fue sepultado con Jesucristo, y resucitó con El porque andaba en cierta novedad de vida, aunque todavía no ha resucitado en cuanto a la bienaventurada resurrección. Por esto no se escribió lo resucitaré al tercer día, sino en tres días; se concluye su levantamiento dentro de los tres días.
Teofilacto
Como los judíos creían que hablaba del templo inanimado, se reían de El. Por esto sigue: "¿En cuarenta y seis años fue hecho este templo y tú lo levantarás en tres días?".
Alcuino
Y debe advertirse que no hablaban ellos de la primera edificación, que se hizo en tiempo de Salomón, que duró siete años, sino de la reedificación que se hizo en tiempo de Zorobabel, que duró cuarenta y seis, a causa de los impedimentos que les oponían los enemigos
Orígenes, ut sup
Dice alguno que deben computarse estos cuarenta y seis años desde el momento en que David habló al profeta Natán, consultándole acerca de la construcción del templo y de los medios de allegar materiales para dicha construcción. Examínese si en el número de cuarenta y seis años que se establece para la construcción del templo podrán entenderse las cuatro decenas por los cuatro elementos de que se compone el mundo, y los seis restantes porque el hombre fue creado en el sexto día.
San Agustín, De Trin., 4, 5
O bien este número responde a la perfección total del cuerpo del Señor. Cuarenta y seis veces seis hacen doscientos setenta y seis, que computándolo en días, forma nueve meses y seis días. Y la perfección del cuerpo de Cristo, con arreglo a las tradiciones que la Iglesia ha recibido de los antepasados, comprende precisamente esos mismos días, pues se cree que fue concebido y padeció el día octavo antes de las calendas 2 de abril, esto es, el 25 de marzo, y que nació en el octavo antes de las calendas de enero, que corresponde al 25 de diciembre; de una a otra fecha se computan doscientos setenta y seis días, que abrazan cuarenta y seis veces el número seis.
San Agustín, lib. 83 Quaet, qu. 36
Se dice también que la concepción humana procede y se perfecciona en esta manera. En los seis primeros días tiene un aspecto de materia láctea; conviértese en los nueve días siguientes en sangre; de aquí a doce días adquiere solidez; siguen otros dieciocho días, en los cuales se forma, hasta que los miembros adquieren la perfección de sus lineamientos, y en el tiempo restante hasta el parto va aumentando de volumen. Ahora bien, seis y nueve y doce y dieciocho, hacen una suma de cuarenta y cinco, a los cuales si se añade una unidad, tendremos los cuarenta y seis. Multiplicando esta cantidad por el número seis, que es la norma de esta ordenación, tendremos doscientos setenta y seis, esto es, nueve meses y seis días. No se dice, pues, sin razón, que se había construido en cuarenta y seis años el templo, que aquí significa el cuerpo de Cristo, porque el mismo número de años que se emplearon en el templo, tantos días se necesitaron para la organización del cuerpo de Jesús.
San Agustín, in Ioannem, tract. 10
Aunque el Señor tomó su cuerpo de la descendencia de Adán, no tomó su pecado; de él tomó el templo de su cuerpo, pero no la maldad, que había de arrojar de ese templo. Si se combinan cuatro nombres griegos: anatole, que quiere decir Oriente, dysis, que quiere decir Occidente, arctos, que quiere decir Norte, mesembria, que quiere decir Sur, tenemos las letras que forman el nombre de Adán 3. Se dice que el Señor habrá de reunir a sus escogidos de los cuatro vientos de la tierra cuando venga el día del juicio. Las letras del nombre de Adán tienen este número, según los griegos, y allí se ve que el templo ha sido edificado en cuarenta y seis años. Tiene Adán, a que es uno y d que es cuatro, a que es uno y m que es cuarenta. Y así tenemos los cuarenta y seis. Los judíos, como eran carnales, todo lo interpretaban en sentido material, y Jesús habla en sentido espiritual; mas nos dio a conocer de qué templo hablaba por medio del Evangelista. Sigue, pues: "Mas él hablaba del templo de su cuerpo".
Teofilacto
De aquí nació la contradicción de Apolinar 4, que deseaba demostrar que la carne de Jesucristo era inanimada, por la razón de que inanimado era el templo. Luego hace la carne de Jesucristo semejante a la piedra y a la madera con las que se construye el templo. Pero si dice el Salvador, según San Juan: "Mi alma está turbada" ( Jn 17,27), etc., y en otro lugar: "Tengo potestad para poner mi alma" ( Jn 10,18); si nunca se dice esto respecto del alma racional, ¿cómo se interpretarán aquellas palabras de San Lucas: "En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu" ( Lc 23,46)? No podría entenderse esto en cuanto al alma racional, ni lo que se dice en el Salmo: "No abandones mi alma en el infierno" ( Sal 15,10).
Orígenes
Por esto se considera el cuerpo del Señor como un templo, porque así como el templo contenía la gloria de Dios, que habitaba en él, así el cuerpo de Jesucristo, representando a la Iglesia, contiene al Unigénito, que es la imagen y la gloria de Dios.
Crisóstomo, in Ioannem, hom. 22
Dos razones había que se oponían a que los discípulos del Señor comprendiesen esto: una, la misma resurrección, y otra, que era la mayor, a saber, que era Dios el que habitaba en aquel cuerpo, y que el Señor estaba oculto cuando decía: "Destruid este templo y en tres días lo levantaré", etc. Y por lo tanto añade: "Y cuando resucitó de entre los muertos, se acordaron sus discípulos que por esto lo había dicho, y creyeron a la Escritura, y a la palabra que dijo Jesús", etc.
Alcuino
Antes de la resurrección no entendían las Escrituras, porque aún no habían recibido al Espíritu Santo que aún no les había sido enviado porque Jesús no había sido glorificado todavía. Mas en el mismo día de la resurrección, cuando el Señor se apareció a sus discípulos, les aclaró sus inteligencias para que comprendiesen lo que acerca de El estaba escrito en la Ley y en los profetas. Y entonces creyeron en las Escrituras, esto es, en los profetas que habían predicho la resurrección de Jesucristo en el tercer día, y en las palabras del Salvador, cuando dijo: "Destruid este templo".
Orígenes, in Ioannem, tract. 10
Por sentido anagógico comprendemos que, como complemento de la fe, resucitará en el día de la resurrección universal el Cuerpo total de Jesús, esto es, de su Iglesia, porque la fe, que entonces verá la realidad 5, se diferencia mucho de aquélla que ahora ve por medio de un espejo y en enigma.
Notas
1. Los arrianos sostenían que el Hijo es la primera y suprema criatura de Dios, creado directamente por Padre para crear por El todo el universo. El Padre le participa sus prerrogativas divinas como don por su fidelidad.
2. Las calendas eran el primer día de cada mes según el antiguo calendario romano.
3. En latín: Adam.
4. Apolinar y sus partidarios decían que el Verbo Encarnado no había asumido plenamente la naturaleza humana, sino sólo su dimensión físico-síquica. La dimensión espiritual, la misma que comprendía el entendimiento, era asumida, según afirmaban, directamente por el mismo Verbo, Segunda Persona de la Trinidad. Algunos extremaron sus posiciones y llegaron a afirmar que ni la psiqué ni el cuerpo había sido asumido, sino que la divinidad se había transformado en ellos.
5. Cuando veamos cara a cara ya no harán falta ni la fe ni la esperanza, sino que sólo persistirá la caridad plena ( 1Cor 13,8-13).