Entonces le trajeron un endemoniado ciego y mudo, y le sanó, de modo que habló y vio. Y quedaban pasmadas todas las gentes, y decían: "¿Por ventura es éste el hijo de David?" Mas los fariseos, oyéndolo, decían: "Este no lanza los demonios, sino en virtud de Beelzebub, príncipe de los demonios". (vv. 22-24)
Glosa
Después de haber refutado más arriba el Señor las calumnias de los fariseos, apoyadas en que hacía milagros en el día del sábado, y porque ellos echaban por tierra los milagros hechos por virtud divina atribuyéndolos al espíritu impuro, el evangelista cuenta primero el milagro de que se valieron para calumniarlo, diciendo: "Entonces le trajeron un endemoniado".
Remigio
La palabra entonces, se refiere a cuando salió el Señor de la sinagoga, después de haber sanado al hombre que tenía la mano seca. O también puede tomarse en un sentido más extenso, y forma el sentido siguiente: mientras se decían o hacían tales o cuales cosas.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 40,3
Admirable es la maldad del demonio. Le cerró las dos entradas por donde podía pasar la fe: la vista y el oído; pero el Señor le abrió los dos y lo sanó: "Y le sanó".
San Jerónimo
En un solo hombre hizo el Señor tres prodigios: darle la vista, darle la palabra, y librarlo del demonio. Y lo que hizo entonces exteriormente, lo hace todos los días en la conversión de los pecadores, que después de verse libres del demonio, reciben la luz de la fe y consagran su lengua, incapaz antes de hablar, a las alabanzas divinas.
San Hilario, in Matthaeum, 12
No sin razón, después de habernos manifestado a las muchedumbres curadas en común, nos presenta ahora el evangelista aparte a un hombre poseído del demonio, ciego y mudo. Porque era conveniente que, después de haberse presentado el hombre de la mano seca que se hallaba en la sinagoga, la salud de los gentiles fuese prefigurada en la curación del hombre endemoniado, a fin de que apareciese capaz de Dios el que antes era habitación del demonio y estaba ciego y mudo, y viese a Dios en Cristo y confesase en las obras de Cristo a Dios.
San Agustín, quaestiones evangeliorum, 2,3
Porque aquel que no cree y está sometido al diablo, que no comprende ni confiesa la fe, o el que no alaba a Dios, está endemoniado, ciego y mudo.
San Agustín, de consensu evangelistarum, 2,37
San Lucas ( Lc 11) no refiere este hecho en el orden dicho, sino después de otras muchas cosas, y dice, que el hombre estaba tan sólo mudo y no ciego; pero porque omita esta circunstancia no se debe concluir que habla de otra curación distinta. Por lo que sigue se ve claramente que se refiere a la de San Mateo.
San Hilario, in Matthaeum, 12
A la vista de este hecho, quedaron pasmadas las multitudes, pero aumentó la envidia de los fariseos, por eso sigue: "Y estaban pasmadas todas las turbas, y decían: ¿Por ventura es éste el hijo de David?"
Glosa
Lo proclamaban hijo de David a causa de su bondad y de sus beneficios.
Rábano
Mientras las multitudes, que parecían ignorantes, se admiraban de los prodigios del Señor, los otros, por el contrario, o los negaban, o si no podían negarlos, trabajaban por destruirlos con falsas interpretaciones, como si estos prodigios no fuesen obras de Dios, sino del espíritu impuro, esto es, de Beelzebub, que era la divinidad de Accarón ( 2Re 1). Por eso sigue: "Mas los fariseos oyéndolo dijeron: Este no arroja los demonios, sino en nombre de Beelzebub, príncipe de los demonios".
Remigio
El nombre de Beelzebub es lo mismo que el de Beel, Baal y Beelphegor. Beel fue padre de Nino, rey de los Asirios, y fue llamado Baal porque era adorado en las alturas, y Beelphegor, a causa de la montaña Phega. Zebub fue siervo de Abimelech, hijo de Gedeón, el cual, después de la muerte de setenta hermanos edificó un templo a Baal, y se hizo su sacerdote para espantar las moscas que se reunían allí en gran número, a causa de la mucha sangre de las víctimas. Zebub significa mosca, y por eso Beelzebub significa el hombre de las moscas, y por el impuro culto que se le daba lo llamaban el príncipe de los demonios. No encontrando ellos, pues, nada más sucio que echar en cara al Señor, le decían que arroja a los demonios en nombre de Beelzebub. Palabra que debe terminar en b y no en d, o en t, como se encuentra en algunos ejemplares corrompidos.