Dos notas sobre el Papa en Slashdot en lo que va del año (una sobre el incidente en la Universidad y otra sobre la moralidad de ciertos avances
científicos); y si no me equivoco son las más comentadas. No es que los comentarios (variopintos; mayoritariamente en contra, claro) sean gran cosa —aunque menos desoladores que los de los lectores de La Nación … o Panorama Católico. Pero el hecho (no solo el número, sino el color) no deja de llamarme la atención. El estilo geek (cabezas científicas, en el sentido moderno de la palabras, desde matemáticos duros hasta simples tecnófilos) de acercarse a estas cuestiones, a la filosofía y sobre todo a la religión, siempre me ha inspirado una mezcla de repulsión y de simpatía que quizás, teniendo yo un poco bastante de esto, debería intentar analizar.
«Me enteré el otro día de que los humanos somos en un 97 por ciento chimpancés. O sea, sólo racionales en un 3 por ciento. ¡3% racionales! ¿Se dan cuenta? Sueño que llegaremos a ser un 50%, un 80% racionales. Yo no lo veré, seguro, pero espero que llegue.»
Eso no lo leí en Slashdot (raro sería el geek que hiciera esa deducción del 3%; y en todo caso, sería «modded down» enseguida). Lo oí de labios de un cura, sermón de misa dominical. Y sin embargo no me impresiona, por lo poco que le escuchado, como un pavote; sólo como un de esos gallegos demasiado entusiastas (más bien progre, claro) que nos suelen llegar. Con todo, y como están las cosas (o como están mis cosas) me cae bien el entusiasmo, aun con las gaffes científicas; y las otras.
Pero si hablamos de gaffes…
Una cita: «Yo soy hombre de un solo libro».
¿Quién dijo eso? Santo Tomás de Aquino.
¿Quién???
Bueno… en realidad, así lo afirma Hitchens (y aparentemnte
Richard Dawkins, no sé quién sigue a quién). Es una de esas citas infamantes que se van copiando los ateos militantes (¡vean uds. qué brutos han sido siempre estos cristianos!); yo justamente di con ella por la mención de uno de esos militantes, en uno de esos foros de discusión que son para llorar.
Me costó creer semejante disparate en Hitchens (no es que lo haya leído o sepa mucho de él; pero bueno, se supone que al menos estos hombres positivos están bien pertrechados de datos, más o menos correctos, aunque sea en su espacio unidimensional). Pero así lo confirma Google. Ya es chocante una frase de Tomás con «yo» como sujeto… Como diría Bloy, esto ha dado a mi desprecio por los Hitchens-Dawkins-boys las alas de un cóndor.
Lo gracioso es que la frase original parece tener
una historia algo más interesante que los panfletos ateos. Se le suele atribuir (pero con dudosísimo fundamento) a Tomás en la versión «Temo al hombre de un solo libro». Cuya interpretación más natural común es… exactamente contraria a la que pretende Hitchens. Aunque hay otra interpretación, posterior y más sutil: que el hombre que ha leído bien un solo libro (es decir, metafóricamente , que ha estudiado a fondo algo) es más temible (en una disputa, se entiende) que el que ha leído un poco de todo. Dicen que fue precisamente John Wesley, el fundador de los metodistas, quien «puso de cabeza» el sentido original de la frase para (recién ahora, en un sentido parecido al que quiere Hitchens) jactarse de atenerse sólo a la Biblia.
«Pero en realidad mi mayor estorbo para
comprender el catolicismo era mi insistencia
en tomar todo lo que dijeran con mala fe.
Me habían inculcado (no tan explícitamente)
la noción de que el catolicismo era por sobre todo
capcioso, y que no podías creer lo que los
católicos dijeran sobre sus propias creencias.»
Lo decía un yanqui, no recuerdo dónde. Sensación tan familiar… Pero ese manto de sospecha, ese miedo, es el arma natural de todos los que se sienten amenazados (y factor de cohesión para la secta).También lo hacen, por ejemplo, los católicos de derecho con los progresistas (cristianos o no), forma parte de sus mecanismos de supervivencia dar por supuesto que el adversario esconde algo bajo el poncho… ¿aquel progre dice creer que Jesús está realmente presente en la Eucaristía? hummm…. habría que ver si no está usando las palabras en un sentido que no es el tradicional, andá a saber qué piensa en realidad, andá a saber qué dice cuando está con los suyos y puede hablar a calzón quitado; es parte de su táctica, son los falsificadores del lenguaje (ay, nosotros
perdimos la guerra cultural, no leímos a Gramsci!) etc.
Es contra estas miserias, a mi ver, que el movimiento ecuménico debe chocar; y son estas miserias las que debe tratar de curar. Y se entiende que los de Radio Cristiandad o Ediciones Católicas se irriten,
y sólo sirvan la palabra ecumenismo entre comillas desdeñosas.
De paso. Recuerdo, cuando salió la Spe Salvi aquellos mismos sectores de la derecha mostraron su satisfacción al no tropezar con ninguna cita del Concilio Vaticano II. Algunos llegaron a calificar de «muy significativo» ese hecho (evidentemente, el Papa ha comprendido por fin que el CV2 no vale nada, cosa que nosotros -los católicos leales- supimos desde un principio).
Una lectura de la encíclica que muestra las alturas en las que se mueven estas gentes.
La semana pasada fue la «Semana de la Unidad de los Cristianos», y el Papa
dijo algo. No sólo cita y analiza especialmente el decreto del CV2, sino que menciona «el viento profético del concilio Vaticano II». Supongo que para aquellas gentes esto no será «muy significativo», supongo que mirarán para otro lado; y tal vez se dirán (dándole la razón a los anticatólicos yanquis del comienzo) que el papa, por consideraciones humanas, no dice realmente lo que en el fondo piensa.
Mento a Panorama católico y sus aledaños, como si lo leyera a menudo, o siquiera regularmente y la verdad es que no. Para nada. Pero es lo que en Teoría de la Información se llama una fuente de información cero: totalmente predecible. Entré ayer -a cuento de estas menciones, justamente- y me encuentro en la página principal, entre las denuncias de siempre, esta cristiana onservación: Conjeturamos que Elisa Carrió no habrá comulgado, puesto que vive en adulterio, lo que constituye pecado mortal e imposibilita recibir la sagrada eucaristía..
No hay caso; para esta gente todas las admoniciones de Jesús contra los fariseos —todo el tema de los fariseos en el evangelio— siempre será letra muerta. Y cuando se les presenta la cuestión, la solventan al modo de los fariseos.
Vía xavmp
caí en esta serie de preguntas y respuestas de Fray Nelson, otro veterano de los blogs católicos en español (una categoría, digámoslo de paso, que me ha dado muchas menos satisfacciones de las que esperaba; y no esperaba mucho). No lo leí a fondo, pero me animo a recomendarlo; buen sentido, mesura y equilibrio son bienes tan escasos en estos lugares y en estos tiempos…
Archivo por meses: enero 2008
De los procesos
Estuve leyendo, no hace mucho, una selección de las actas de los procesos de beatificación y canonización de Santa Teresa de Lisieux (Santa Teresita). No, no es una lectura especialmente atrayente, y no me aportó mucho. Pero sí algo.
Conocía poco o nada de los problemitas con la priora, la madre María de Gonzaga; bastante desequilibrada, al parecer, caprichosa y tiránica; una relación difícil con la otra líder, (Paulina, hermana mayor de Teresita), con las consiguientes tiranteces partidistas y familiares (y campañas electorales!); una sarta de miserias, un pequeño infierno («pueblo chico, infierno grande»? probá con un convento) que apenas puede entreverse en los escritos de Teresita; sobre todo si el lector, como uno, no tiene mucha más clarividencia que un autista en esos temas de relaciones humanas.
Esto es más visible, en cambio, en la película de Cavalier que comentamos una vez. Esta madre María de Gonzaga, recordemos, es la destinataria de buena parte de la «Historia de un alma», el escritor principal de Teresita; es la misma que, al tiempo de su publicación, exigió retoques para que todo el contenido pareciera dedicado a ella; y quien durante su enfermedad no permitió la aplicación de calmantes (morfina). Al respecto la película tiene un cruce corto y memorable entre la priora y el médico; de esos diálogos dostovieskianos, donde algo profundamente verdadero sólo puede expresarse en un diálogo polémico en el que ninguno de los oponentes tiene razón, cuando la verdad sobrevuela como en chispazos, muy por encima de lo que los personajes tienen la capacidad —el derecho— de ver o expresar. (y que gana en potencia, a mi ver, por la ambigüedad del personaje; transcribo abajo).
Por otro lado, me quedó una mención aislada que hace una de las testigos (creo que alguna de sus hermanas) sobre los sermones mediocres que a veces les tocaba soportar. La cosa venía en relación con la virtud de la paciencia, para atestiguar que Teresita no murmuraba o criticaba (como sí hacían las demás). A mí me interesó más saber que ellas (tanto Teresita como las otras) encontraran ciertos sermones mediocres, que tuvieran sentido crítico (ad intra, por lo pronto).
No digo que esto me sorprenda mucho ni que sea una revelación ni nada, peeeeero… Bueno, uno se burla de los adolescentes que parecen creer (tácitamente) que los hombres de las generaciones pasadas eran medio zombies, y que hace una o dos generaciones la humanidad despertó a la lucidez. Pero también uno tiene su cuota de frivolidad, también uno (y siguiendo el hilo de lo que decíamos antes, sobre cierto infantilismo de tipo autista) tiene algunas cositas que aprender; cosas que la gente normal suele aprender en la adolescencia, o antes.
Así, por poner un ejemplo, trivial pero a mano, uno puede creer que fue el único -o casi- en «darse cuenta» de que el sermón de la misa del domingo pasado fue muy mediocre, y que a la gente todo le da lo mismo. Bueno, por ahí no.
Y especialmente en guardia contra estas presunciones livianas —parientes de aquellos celos fatuos— deberían estar : a) los que se saben poco conocedores del mundo y los hombres, de todo lo que hay detrás de las sucesivas capas del maquillaje social, que tanto ocultan miserias como grandezas y profundidades; b) los que han tenido alguna especie de conversión —religiosa, intelectual, ideológica— que les hace cargar las tintas sobre su idiotez pasada (al menos en relación a su perspicacia presente) y tienden a incluir sumariamente en esa idiotez, más o menos imaginada y más o menos lejana, a la mayoría del género humano.
Escribo estas cosas fundamentalmente para mi propia utilidad, creo que ya lo dije alguna vez. Así que, podrán imaginar, estoy en las dos categorías, en buena medida.
… Seguir leyendo
Conocía poco o nada de los problemitas con la priora, la madre María de Gonzaga; bastante desequilibrada, al parecer, caprichosa y tiránica; una relación difícil con la otra líder, (Paulina, hermana mayor de Teresita), con las consiguientes tiranteces partidistas y familiares (y campañas electorales!); una sarta de miserias, un pequeño infierno («pueblo chico, infierno grande»? probá con un convento) que apenas puede entreverse en los escritos de Teresita; sobre todo si el lector, como uno, no tiene mucha más clarividencia que un autista en esos temas de relaciones humanas.
Esto es más visible, en cambio, en la película de Cavalier que comentamos una vez. Esta madre María de Gonzaga, recordemos, es la destinataria de buena parte de la «Historia de un alma», el escritor principal de Teresita; es la misma que, al tiempo de su publicación, exigió retoques para que todo el contenido pareciera dedicado a ella; y quien durante su enfermedad no permitió la aplicación de calmantes (morfina). Al respecto la película tiene un cruce corto y memorable entre la priora y el médico; de esos diálogos dostovieskianos, donde algo profundamente verdadero sólo puede expresarse en un diálogo polémico en el que ninguno de los oponentes tiene razón, cuando la verdad sobrevuela como en chispazos, muy por encima de lo que los personajes tienen la capacidad —el derecho— de ver o expresar. (y que gana en potencia, a mi ver, por la ambigüedad del personaje; transcribo abajo).
Por otro lado, me quedó una mención aislada que hace una de las testigos (creo que alguna de sus hermanas) sobre los sermones mediocres que a veces les tocaba soportar. La cosa venía en relación con la virtud de la paciencia, para atestiguar que Teresita no murmuraba o criticaba (como sí hacían las demás). A mí me interesó más saber que ellas (tanto Teresita como las otras) encontraran ciertos sermones mediocres, que tuvieran sentido crítico (ad intra, por lo pronto).
No digo que esto me sorprenda mucho ni que sea una revelación ni nada, peeeeero… Bueno, uno se burla de los adolescentes que parecen creer (tácitamente) que los hombres de las generaciones pasadas eran medio zombies, y que hace una o dos generaciones la humanidad despertó a la lucidez. Pero también uno tiene su cuota de frivolidad, también uno (y siguiendo el hilo de lo que decíamos antes, sobre cierto infantilismo de tipo autista) tiene algunas cositas que aprender; cosas que la gente normal suele aprender en la adolescencia, o antes.
Así, por poner un ejemplo, trivial pero a mano, uno puede creer que fue el único -o casi- en «darse cuenta» de que el sermón de la misa del domingo pasado fue muy mediocre, y que a la gente todo le da lo mismo. Bueno, por ahí no.
Y especialmente en guardia contra estas presunciones livianas —parientes de aquellos celos fatuos— deberían estar : a) los que se saben poco conocedores del mundo y los hombres, de todo lo que hay detrás de las sucesivas capas del maquillaje social, que tanto ocultan miserias como grandezas y profundidades; b) los que han tenido alguna especie de conversión —religiosa, intelectual, ideológica— que les hace cargar las tintas sobre su idiotez pasada (al menos en relación a su perspicacia presente) y tienden a incluir sumariamente en esa idiotez, más o menos imaginada y más o menos lejana, a la mayoría del género humano.
Escribo estas cosas fundamentalmente para mi propia utilidad, creo que ya lo dije alguna vez. Así que, podrán imaginar, estoy en las dos categorías, en buena medida.
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Los defensores de la civilización
Año: 1897 (ya se usaban las encuestas!). El encuestado: León Bloy. El encuestador: una revista católica belga.
Eran tiempos turbulentos, con las nuevas leyes de separación Iglesia-estado, las fuertes tensiones entre católicos contra laicistas —o clericales contra anticlericales. Y también, más o menos superpuestas, las otras, las de siempre: tradicionalistas contra progresistas, anarquistas contra conservadores, etc.
Una de las preguntas que recibió el poco paciente Bloy era la siguiente:
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Eran tiempos turbulentos, con las nuevas leyes de separación Iglesia-estado, las fuertes tensiones entre católicos contra laicistas —o clericales contra anticlericales. Y también, más o menos superpuestas, las otras, las de siempre: tradicionalistas contra progresistas, anarquistas contra conservadores, etc.
Una de las preguntas que recibió el poco paciente Bloy era la siguiente:
¿Los intereses de la civilización cristiana pueden ser sacrificados en el afán de mantener la paz a toda costa?
Y me gusta su respuesta (pueden tratar de adivinarla antes), con todo lo que pueda tener de boutade:
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Comunismo del desierto
De «Los siete pilares de la sabiduría«, de T. E. Lawrence (Lawrence de Arabia), que estoy leyendo:
En parte, por lo mismo que debe molestar a muchos liberales y conservadores —y, en un sentido apenas diferente, a muchos comunistas: la falta de lo que aquellos llamarían «reglas claras» – o sea una legislación (sobre el derecho de propiedad en este caso) simple, rígida, formalizada y formulizada, deshumanizada; la fundamentación ambigua e irritante (para ellos, y hasta cierto punto también para mí) de la ética social (y con ella, de la política y la economía) sobre cosas precisamente sociales, en el sentido más primario: lazos, amistades; conocimientos humanos.
Y en parte, por una especie de añoranza mía, recurrente y acaso vana, por la relativa simplicidad de la vida tribal. A la distancia, todo parece más claro, viviendo en una tribu; política, economía, ética… y hasta el sentido de la propia vida, de la alegría, la fiesta y el dolor. Ilusión de la distancia, tal vez. Pero no estoy seguro de que eso sea todo. No dejo de sospechar que cuando se trata de estos temas, uno debería tener aquello como referencia; si no como prototipo.
Los hombres han visto el desierto como tierra de nadie, que cualquiera puede ocupar; pero la realidad es que cada colina y cada valle tenían un poseedor reconocido, dispuesto a afirmar con prontitud el derecho de posesión de su familia o clan contra las agresiones.
Hasta los pozos y los árboles tenían sus dueños; éstos permitían a los demás beber de uno o hacer leña del otro, según lo requiriera su necesidad, pero no toleraban que uno pretendiera asumir derechos de propiedad o explotar los bienes para lucro personal.
El desierto se basaba en un comunismo bárbaro, con la Naturaleza y sus elementos libremente disponibles para las personas conocidas, pero sólo para sus necesidades. Lógicamente, este trato privilegiado se fue acotando a las gentes del desierto, mientras que los extranjeros desprovistos de recomendaciones o garantías eran tratados con dureza; puesto que la seguridad común se apoyaba en la responsabilidad mutua de gentes que se conocían entre sí…
Yo no estoy seguro de que eso pueda ser llamado comunismo. En cualquier caso, no me cae mal.
Hasta los pozos y los árboles tenían sus dueños; éstos permitían a los demás beber de uno o hacer leña del otro, según lo requiriera su necesidad, pero no toleraban que uno pretendiera asumir derechos de propiedad o explotar los bienes para lucro personal.
El desierto se basaba en un comunismo bárbaro, con la Naturaleza y sus elementos libremente disponibles para las personas conocidas, pero sólo para sus necesidades. Lógicamente, este trato privilegiado se fue acotando a las gentes del desierto, mientras que los extranjeros desprovistos de recomendaciones o garantías eran tratados con dureza; puesto que la seguridad común se apoyaba en la responsabilidad mutua de gentes que se conocían entre sí…
En parte, por lo mismo que debe molestar a muchos liberales y conservadores —y, en un sentido apenas diferente, a muchos comunistas: la falta de lo que aquellos llamarían «reglas claras» – o sea una legislación (sobre el derecho de propiedad en este caso) simple, rígida, formalizada y formulizada, deshumanizada; la fundamentación ambigua e irritante (para ellos, y hasta cierto punto también para mí) de la ética social (y con ella, de la política y la economía) sobre cosas precisamente sociales, en el sentido más primario: lazos, amistades; conocimientos humanos.
Y en parte, por una especie de añoranza mía, recurrente y acaso vana, por la relativa simplicidad de la vida tribal. A la distancia, todo parece más claro, viviendo en una tribu; política, economía, ética… y hasta el sentido de la propia vida, de la alegría, la fiesta y el dolor. Ilusión de la distancia, tal vez. Pero no estoy seguro de que eso sea todo. No dejo de sospechar que cuando se trata de estos temas, uno debería tener aquello como referencia; si no como prototipo.
Libros
Espero que no sea cierto aquello de que leer novelas, pasados los cuarenta, te califica de cretino. Yo los estoy pasando… y las sigo leyendo.
Lo primera defensa que se me ocurre es que sólo tengo cuarenta según el almanaque; según otros parámetros, tengo mucho menos —según algunos, doce o trece. Pero acaso sea justamente ese el problema, tal vez por eso es que uno se merece el calificativo.
Repaso rápido:
Viajes con mi tía, de Graham Greene. Legible pero nada más. Sin vuelo. De lo que menos me ha interesado de Greene.
Mont-Cinere. Primera novela de Julien Green, y primera que leo de este autor. Bien. Tiene su fuerza. Otro escritor para tener en cuenta.
Todos nuestros ayeres, de Natalia Ginzburg. Vi la edición, vieja, en mesa de ofertas, y creí recordar menciones elogiosas a esta escritora en blogs conocidos… Yo, completamente ignorante, de ella y del libro. La leí de un tirón. Muy interesante. Un estilo raro, (una novela casi sin diálogos), un ritmo de escritura extrañamente uniforme, sin valles ni picos, me recordaba una música de Bach… Notable. Después (me gusta, al igual que las películas, terminar y formarme un primer juicio antes de ir a buscar referencias y opiniones) vi que, en efecto, hay varios devotos por ahí (el ya mencionado Pseudópodo y Compostela; y éste había comentado esa novela).
¿Qué más? Algunas cositas de autores más transitados; una novela de Wodehouse -bueno como simpre; unos cuentos de L. Montgomery -demasiado romántico, pero sabe relatar… Una novela de Volkoff, Los hombres del zar; sobre Iván el terrible; creo que me ha aportado más en historia que en otra cosa. Y de Volkoff también he releído una novela de espionaje que había perdido: «El montaje». Buen escritor, seguramente. Pero… no sé, creo que me gusta menos que antes; creo encontrar intenciones extra-literarias que me dejan un regusto no del todo agradable. Me da un poco de resquemor, saben, el temita de los falsos consuelos para sectas en peligro de exitinción, la seducción de ser iniciado y ser del palo y etc… No sólo por esto (al menos directamente), la cuestión es que tengo mis sospechas sobre la -digamos- santidad artística de Volkoff. Tal vez manías mías.
Fuera del rubro novela (también a veces asumimos nuestra edad) algunos ensayos hay para mencionar, pero nada especialmente interesante. Salvo la Spe salvi, la encíclica del papa, notable en verdad; pero ya comentaremos en post aparte. Mencioné también «Cristo y la religiones de la tierra»; leí el primer tomo, religión en el mundo prehistórico europeo, un poco demasiado técnico para mí. Sí me sirvió para tomar conciencia de la barrera que nos impone la ausencia de escritura para conocer los pueblos prehistóricos; uno, acostumbrado a los progresos de la ciencia, tiende a creer que con el tiempo tendríamos que ir conociendo con cierto detalle el pasado; parece que no es así, hay todo un mundo que nos es en buena medida inaccesible.
Ante los libros «de ensayo», últimamente me veo algo hipercrítico, siento demasiada tendencia (no necesariamente fundada) a desconfiar de la honestidad intelectual del autor. Cierto que un libro como este no tiene demasiadas tesis que defender; pero algo hay. Por ejemplo, uno de los autores recalca tres aspectos de los pueblos prehistóricos y protohistóricos: monoteísmo de base (aunque frecuentemente apagado, con un dios supremo «ocioso» y casi sin culto), el recuerdo de los muertos como principal forma de culto (de hecho la mayor parte de los monumentos de piedra parecen estar dedicados a eso) y la abundancia de pueblos de estructura matriarcal (o al menos no puramente patriarcales). Yo, ni idea. Pero, entre otras cosas, me ha quedado dando vueltas algunas observaciones curiosas. Por ejemplo, esta: rastreando en el mundo grecorromano antiguo ejemplos de sucesiones reales no puramente patriarcales, trae (entre muchos otros) el caso de Ulises:
De paso (y aunque esto no es más que un ejemplo, anecdótico), me gustaría saber que opinan de este caso: ¿es esa la lectura común del regreso de Ulises? ¿Es obvio que Ulises se esconde para cerciorarse de la aceptación de Penélope? ¿Es cierto -o al menos plausible- que Ulises haya adquirido el trono por su casamiento con Penélope?
También menciona el caso de Agamenón y Egisto, y menciona otros más antiguos y numerosos que ha compilado Frazer en «La rama dorada» (otro libro que debería leer).
Lo primera defensa que se me ocurre es que sólo tengo cuarenta según el almanaque; según otros parámetros, tengo mucho menos —según algunos, doce o trece. Pero acaso sea justamente ese el problema, tal vez por eso es que uno se merece el calificativo.
Repaso rápido:
Viajes con mi tía, de Graham Greene. Legible pero nada más. Sin vuelo. De lo que menos me ha interesado de Greene.
Mont-Cinere. Primera novela de Julien Green, y primera que leo de este autor. Bien. Tiene su fuerza. Otro escritor para tener en cuenta.
Todos nuestros ayeres, de Natalia Ginzburg. Vi la edición, vieja, en mesa de ofertas, y creí recordar menciones elogiosas a esta escritora en blogs conocidos… Yo, completamente ignorante, de ella y del libro. La leí de un tirón. Muy interesante. Un estilo raro, (una novela casi sin diálogos), un ritmo de escritura extrañamente uniforme, sin valles ni picos, me recordaba una música de Bach… Notable. Después (me gusta, al igual que las películas, terminar y formarme un primer juicio antes de ir a buscar referencias y opiniones) vi que, en efecto, hay varios devotos por ahí (el ya mencionado Pseudópodo y Compostela; y éste había comentado esa novela).
¿Qué más? Algunas cositas de autores más transitados; una novela de Wodehouse -bueno como simpre; unos cuentos de L. Montgomery -demasiado romántico, pero sabe relatar… Una novela de Volkoff, Los hombres del zar; sobre Iván el terrible; creo que me ha aportado más en historia que en otra cosa. Y de Volkoff también he releído una novela de espionaje que había perdido: «El montaje». Buen escritor, seguramente. Pero… no sé, creo que me gusta menos que antes; creo encontrar intenciones extra-literarias que me dejan un regusto no del todo agradable. Me da un poco de resquemor, saben, el temita de los falsos consuelos para sectas en peligro de exitinción, la seducción de ser iniciado y ser del palo y etc… No sólo por esto (al menos directamente), la cuestión es que tengo mis sospechas sobre la -digamos- santidad artística de Volkoff. Tal vez manías mías.
Fuera del rubro novela (también a veces asumimos nuestra edad) algunos ensayos hay para mencionar, pero nada especialmente interesante. Salvo la Spe salvi, la encíclica del papa, notable en verdad; pero ya comentaremos en post aparte. Mencioné también «Cristo y la religiones de la tierra»; leí el primer tomo, religión en el mundo prehistórico europeo, un poco demasiado técnico para mí. Sí me sirvió para tomar conciencia de la barrera que nos impone la ausencia de escritura para conocer los pueblos prehistóricos; uno, acostumbrado a los progresos de la ciencia, tiende a creer que con el tiempo tendríamos que ir conociendo con cierto detalle el pasado; parece que no es así, hay todo un mundo que nos es en buena medida inaccesible.
Ante los libros «de ensayo», últimamente me veo algo hipercrítico, siento demasiada tendencia (no necesariamente fundada) a desconfiar de la honestidad intelectual del autor. Cierto que un libro como este no tiene demasiadas tesis que defender; pero algo hay. Por ejemplo, uno de los autores recalca tres aspectos de los pueblos prehistóricos y protohistóricos: monoteísmo de base (aunque frecuentemente apagado, con un dios supremo «ocioso» y casi sin culto), el recuerdo de los muertos como principal forma de culto (de hecho la mayor parte de los monumentos de piedra parecen estar dedicados a eso) y la abundancia de pueblos de estructura matriarcal (o al menos no puramente patriarcales). Yo, ni idea. Pero, entre otras cosas, me ha quedado dando vueltas algunas observaciones curiosas. Por ejemplo, esta: rastreando en el mundo grecorromano antiguo ejemplos de sucesiones reales no puramente patriarcales, trae (entre muchos otros) el caso de Ulises:
… ejemplos que demuestran que, si es el varón el que ejerce la función de déspota, es la mujer la que sola
posee y trasmite el derecho al trono.
Pensemos en la Itaca de Homero.
Desaparecido el rey Ulises ¿quién reina? Evidentemente, la reina. Y sin embargo, allí está Laertes, el padre, que aún vive, pero que no desempeña ninguna función; y no tenemos ningún elemento que nos permita creer que Laertes mismo fuera nunca rey. ¿Cómo entonces llegó a ser rey Ulises, si no heredó esta dignidad de su padre? Y está también Telémaco, el hijo del rey, que según la sucesión patriarcal debería heredar, pero que en realidad es un don nadie, ni rey en ejercicio ni príncipe bajo tutela.
No se habla para nada de sus derechos a la realeza; son en cambio los pretendientes quienes se esfuerzan en conseguir el favor de Penélope para adquirir, por su mano, la realeza. Su esposo será rey, como lo era Ulises cuando era su esposo. Y ¿qué hace el mismo Ulises cuando regresa?
No va simplemente a tierra y reclama su reino, sino que se
disfraza, porque antes debe cerciorarse de que Penélope lo acepta todavía, y ella es la que finalmente lo legitima.
Y acá tienen un ejemplo de mi criticismo al cuete. Yo, que no sé nada de etnología y de la prehistoria (ni de la historia, vamos), y que leí hace poco la Odisea (mal y tardíamente), leo esto y sospecho que me están queriendo
dar gato por liebre. Me gustaría poder confiar más,
creer que esa lectura es fiel y no forzada, pero…De paso (y aunque esto no es más que un ejemplo, anecdótico), me gustaría saber que opinan de este caso: ¿es esa la lectura común del regreso de Ulises? ¿Es obvio que Ulises se esconde para cerciorarse de la aceptación de Penélope? ¿Es cierto -o al menos plausible- que Ulises haya adquirido el trono por su casamiento con Penélope?
También menciona el caso de Agamenón y Egisto, y menciona otros más antiguos y numerosos que ha compilado Frazer en «La rama dorada» (otro libro que debería leer).
Letras y música
Vía Hurgapalabras
llego a varios blogs sobre cuestiones idiomáticas, que me gusta
visitar y recomendar: Blog de lengua española;
De palabra;
Lingunauta.
Y si de recomendar se trata, y considerando que Youtube hace agua en algunos rubros: una canción criolla en la hermosa voz de Suma Paz.
Y si de recomendar se trata, y considerando que Youtube hace agua en algunos rubros: una canción criolla en la hermosa voz de Suma Paz.
Un tiempo para hablar
Los ashanti (o asante) son un pueblo de Africa occidental; fueron estudiados por el etnólogo cap. Rattray, durante la década de 1920. Entre sus ritos tradicionales tenían una especie de saturnales, unos días del año en que las normas se aflojaban, las clases sociales se confundían (o incluso se invertían) y todo estaba permitido. Así le explicaba al inglés un sacerdote del pueblo el sentido de esa costumbre [*].
Tú sabes que cada uno tiene un alma que puede
ser herida y herida y puede enfermar y, de esa manera,
hacer que también el cuerpo enferme.
Puede haber otras razones, pero frecuentemente
la enfermedad es causada por la malevolencia y el odio
que otro tiene contra ti en su cabeza.
También tú tendrás odio en ti contra algún otro,
porque te habrá hecho algo; y también este odio
ensombrecerá tu alma y la hará enfermar.
Nuestros antepasados sabían esto, y por eso fijaron un tiempo durante el año durante el cual todos, hombres y mujeres, libres y esclavos, están autorizados a decir sin cortapisas lo que tienen en sus cabezas, a decir a sus vecinos lo que piensan de ellos y de sus actos; y no sólo a sus vecinos sino también al jefe y al rey. Cuando un hombre ha podido hablar con tanta libertad, sentirá su alma fresca y tranquila, y también el alma del otro contra quien él ha hablado tan abiertamente quedará tranquilizada. Puede que el rey haya matado a tus hijos, y que tú lo odies. Esto ha hecho que él enferme, y tú también, por no poder decirle en la cara lo que pensabas; por eso los dos no tenéis sino ventajas.
Por eso es que el rey de Ashanti, hace mucho tiempo, hacía llamar a la reina de Nkoranza cuando enfermaba, para que ella pudiera insultarlo, aun fuera del tiempo determinado para ello. Esto le hizo bien y fue causa de que viviera más tiempo.
* Según cita D. Wörfel en «Cristo y las religiones de la tierra», edición dirigida por F. König. Nuestros antepasados sabían esto, y por eso fijaron un tiempo durante el año durante el cual todos, hombres y mujeres, libres y esclavos, están autorizados a decir sin cortapisas lo que tienen en sus cabezas, a decir a sus vecinos lo que piensan de ellos y de sus actos; y no sólo a sus vecinos sino también al jefe y al rey. Cuando un hombre ha podido hablar con tanta libertad, sentirá su alma fresca y tranquila, y también el alma del otro contra quien él ha hablado tan abiertamente quedará tranquilizada. Puede que el rey haya matado a tus hijos, y que tú lo odies. Esto ha hecho que él enferme, y tú también, por no poder decirle en la cara lo que pensabas; por eso los dos no tenéis sino ventajas.
Por eso es que el rey de Ashanti, hace mucho tiempo, hacía llamar a la reina de Nkoranza cuando enfermaba, para que ella pudiera insultarlo, aun fuera del tiempo determinado para ello. Esto le hizo bien y fue causa de que viviera más tiempo.