Archivo por meses: octubre 2007

Las penas son ajenas – 2

Y bien. La respuesta a la dificultad cae de su peso, creo yo. Suponiendo, eso sí, —y no es poco suponer— que lo antes dicho tiene alguna coherencia y validez.
Porque lo antes dicho con respecto a las penas propias se traduce sin mucha dificultad (acá, en la teoría, claro) a las penas ajenas (o mejor dicho: a la pena que nos provoca el mal ajeno).
La misma receta, de objetivar la pena propia, de atenernos a ella en su simple existencia, contemplándola como parte del guión divino que nos ha tocado, se aplica a los males protagonizados o sufridos por los otros. Y de la misma manera, esta mirada (no tenemos palabras adecuadas; «aceptación» o «resignación» son muy insuficientes, decía Simone Weil) no mata la pena, sino que la asume, supera el escándalo del mal, y dispone a la gratitud y la adoración.
Para volver a Bloy, con otra de sus frases: «todo lo que pasa es adorable» (o sea, digno de adoración, por ser de última designio de Dios). Naturalmente, esto suena a devoción irreal; y probablemente lo sea, en tal o en cual caso; pero difícilmente en el caso de Bloy, que acaba de ver morir a su hijo, entre otras cosas.

No me detendré ahroa a defenderme de las imputaciones de ataraxia o de quietismo, tendría que repetirme demasiado.
Pero vayan algunas cositas más.

1. Fijándonos sobre todo en nuestras penas por los males que caen sobre personas cercanas y queridas, al dolor por sus pecados o sus sufrimientos: es obvio que este dolor puede ser desordenado; como puede serlo (y esto la gente de derecha está mejor dispuesta a verlo que lo otro) el amor; incluso (y para este caso: sobre todo) el amor que se diría más puro y desinteresado, el amor de la madre por su hijo. Y para ordenar amores y dolores (y tornarlos verdaderos y eficaces) hace falta una especie de ascesis; una gimnasia que de entrada parecerá repelente al que está tapado por ese desorden. «No me quiten esto.»
Cité hace poco algo de las Cautelas de San Juan de la Cruz, unos consejos para religiosos. Algunas son un poco… duros:
… que acerca de todas las personas tengas igualdad de amor e igualdad de olvido, ahora sean deudos ahora no, quitando el corazón de éstos tanto como de aquéllos y aun en alguna manera más de parientes, por el temor de que la carne y sangre no se avive con el amor natural que entre los deudos siempre vive, el cual conviene mortificar para la perfección espiritual. Tenlos todos como por extraños, y de esa manera cumples mejor con ellos que poniendo la afición que debes a Dios en ellos.
No ames a una persona más que a otra, que errarás; porque aquel es digno de más amor que Dios ama más, y no sabes tú a cuál ama Dios más. Pero olvidándolos tú igualmente a todos, según te conviene para el santo recogimiento, te librarás del yerro de más y menos en ellos.
No pienses nada de ellos, no trates nada de ellos, ni bienes ni males, y huye de ellos cuanto buenamente pudieres, y si esto no guardas, no sabrás ser religioso, ni podrás llegar al santo recogimiento ni librarte de las imperfecciones. Y si en esto te quisieres dar alguna licencia, o en uno o en otro te engañará el demonio, o tú a ti mismo, con algún color de bien o de mal.
En hacer esto hay seguridad, y de otra manera no te podrás librar de las imperfecciones y daños que saca el alma de las criaturas.
Uno, que tiene a san Juan de la Cruz por una autoridad, que cree (por motivos nada sólidos) que el fraile sabe mucho de espiritualidad y de caridad, y que no tiene en mucho la sensibilidad humanitaria contemporánea… siente el primer impulso de defenderlo, notando que son consejos para religiosos (no se aplican a todos) y corriendo a buscar una vez más los textos y rasgos biográficos que lo muestran como un corazón tierno y amante, y citando algún texto del evangelio… etc. Refrenemos primeros impulsos, y confesémosnos que a nosotros también esto nos suena demasiado duro; y sobre todo, puesto que no podemos hacernos un juicio seguro sobre la clarividencia y aplicabilidad de este texto, no lo esgrimiremos como un argumento autorizado para apoyar nada. Aun con todo esto, pienso que por acá puede haber una relación para ayudar a entender… entre otras cosas, en qué plano debe darse eso de olvidarse del dolor y del amor.

2. También relacionado con el punto anterior: es claro que hay que amar al prójimo, es claro que es el segundo mandamiento de la nueva ley, y, además, es «similar al primero». Pero también es cierto que se nos manda: «ama al prójimo como a tí mismo».
Puede discutirse si ese «como» designa una medida o un modo, si significa un «por lo menos tanto» o un «incluso hasta», y si implica o no un mandato de amarse uno a sí mismo. Como sea, si no autoriza al menos propicia la analogía. Amarse (y dolerse por) uno mismo, como al/por el prójimo. Y parejamente des-amarse (o des-dolerse).
Por poner tres citas: Me decía un psiquiatra amigo que buena parte de la terapia que en su experiencia, sus pacientes necesitaban, se reducía en «hacerlos salir de sí mismos», romper esa atención obsesiva por su propias angustia y depresiones. Hellen Keller, la ciega-sordomuda de (casi) nacimiento, decía que «hay felicidad en el olvido de uno mismo». Y Jesús, que «el quiere salvar su vida la perderá». ¿Son estos dichos una exhortación a desplazar la atención de mi persona a la del prójimo? No creo; podrá ser buen consejo, por caso, pero eso no es lo esencial. Y, por contra, creo que bien pueden aplicarse, en muy similar registro, al prójimo: que también querer salvar la vida del prójimo puede ser la receta para perderla; que también hay felicidad en el olvido del otro (en cierto sentido, sí; pero no muy distinto al del otro olvido); y que también puede ser necesario para recuperar la salud «salir del otro». Y así.

3. El dolor por las penas ajenas es, naturalmente, una forma de escándalo. El escándalo del mal —de culpa o de pena, según el caso; el pecado, el sufrimiento, la injusticia. Escándalo formidable, que yo no soñaría en intentar minimizar. Pero puede ser útil —además de recordar que es eso: piedra de tropiezo— visitar algunos de sus tipos. Anotemos por ahora solamente dos cosas.
Primero: y para terminar (por ahora!) estas fatigosas analogías de los males míos vs. los males de los otros, notemos que el escándalo del mal es tan relevante en un caso como en el otro, y en registros no muy diferentes. Los dos prototipos que se me ocurren en este momento son Job, escandalizado por el mal (de pena) que cae sobre él; e Iván Karamazov, escandalizado por el mal (también de pena) que caen sobre los otros, los niños sobre todo. Puede dar que pensar (y lo pensaremos) que el caso de Job, que se diría el escándalo más egoísta de los aquí considerados, es el que gana (hasta cierto punto, es verdad) el beneplácito de Dios. Mientras que el otro, figura del escándalo de la izquierda contemporánea (no?) … pues… pareciera que no tanto.
Segundo: y cerrando con la derecha (quedan objeciones, sí; otro día), tenemos el escándalo por el pecado en el mundo. El dolor y la impaciencia de ver a Dios «ninguneado» (vaya con la expresión!). Y así como la izquierda tiene a su propio escándalo como su mayor virtud («a nosotros nos indigna la injusticia»), lo mismo pasa de este lado. Ese dolor y esa impaciencia son tenidas, en general, por las virtudes específicas de los católicos fieles de estos tiempos… (los últimos… es de esperar). Acaso lo sean (sobra motivos y ejemplos). Acaso no (sobran motivos y ejemplos). Y a veces se me ocurre que, con demasiada frecuencia, ese dolor crispado de los que levantan la bandera de Dios contra el mundo incrédulo no es otra cosa que falta de fe.
# | hernan | 30-octubre-2007

Capitalismo alternativo

Acumulen rabia, no dinero
Pintada callejera. (No grafitti).
Como si la rabia no fuera también un tesoro, casi tan triste como el otro. Y como si no fuera objeto de una posesividad —una avaricia— tan devoradora como la otra.
 
Dios en la disco
Grafitti críptico, por San Telmo. No sé si a alegato a favor o en contra. Peor que lo último, pienso, sería que fuera que nombre de una banda de rock; sea ésta a favor o en contra.
 
Él la tersura mantiene
del cutis; es oloroso
y un auxiliar poderoso
de la Belleza y la Higiene.
Estrofa final (de seis) de una propaganda de jabones de principios de siglo XX (museo de la ciudad). Quién sabrá discernir qué ganamos y qué perdimos en el camino.
 

«Bloy est vivant et nous sommes morts» dice un Maurice G. Dantec, desconocido para mí; según la wikipedia, es un rockero «hard-muzac», escritor cyberpunk de ciencia ficción apocalíptica con toques cristianos y chamanistas que escribe en una revista conservadora canadiense. No sé si estaremos muertos, pero sí parece que estamos algo confundidos. Yo, por lo menos.
# | hernan | 21-octubre-2007

Chié

Jarinko Chié (o Kie) es una película pre-Ghibli (1981) de Takahata, prácticamente desconocida por acá, incluso entre los fans. De hecho, era la única (hasta ahora) sin subtítulos en castellano. Sólo había sido estrenada hace poco en Francia, con doblaje y todo (los franchutes son los más afectos a Ghibli en occidente, según parece).
No es animé muy típico, está basado en una historieta (manga) humorístico costumbrista, por lo que ni el guión es original de Takahata, ni lo son los caracteres y diseño de personajes (aunque se estilizaron un poco para la película); además, el carácter episódico de la tira (sobre la cual también se hizo después una serie) implica un guión basado en viñetas: si bien tiene un hilo argumental (no es tan fragmentaria como «los Yamada») no puede decirse que tenga comienzo y desenlace.

Dado que es, por lejos, la más ignorada de la lista, yo no esperaba mucho; tal vez en parte por eso, me llevé una grata sorpresa. Muy disfrutable y graciosa. Y por más que el estilo de dibujo (la rusticidad del estilo historieta, digamos) no sea muy ghibliano, creo apreciar montones de toques Takahata, pequeños grandes aciertos, honestidad artística, calor humano, detalles de «manejo de cámara», timing o no sé qué. Por eso me decidí a subtitularla, en base a las versiones en inglés y francés que encontré por ahí.

¿Y por qué es tan poco conocida entre nosotros? Por algunos rasgos chocantes, seguramente. No tanto por las referencias culturales, no mayores que otras películas de Ghibli, sino por ciertas convenciones… A ver. Antes de ir a lo más notorio… es un humor algo… brutal, agridulce. Bastante violencia física (no sé si es una ganancia o una pérdida, pero cada vez nos hacen menos gracia los golpes como recurso humorístico; sí, todavía disfrutamos de Tom y Jerry, o del Chavo del Ocho, pero hasta ahí nomás; y estos van un poco más lejos; Miyazaki mismo, en Porco Rosso y en Laputa tiene secuencias humorísticas a base de golpes, levemente excesivas para la mayoría de nosotros). Humor un poco grueso en varios aspectos (Chié casi se ve obligada a comer una omelette con mocos…). Más importante: una mezcla algo desacostumbrada de puerilidad y adultez, de brutalidad y ternura (de ahí lo de agridulce) en la trama y el tono, que nos descoloca un poco.

Chié una niña muy animosa, con un padre (Tetsu) impresentable, vago y jugador; la madre (Yoshie) ha hecho abandono de hogar, y es Chié prácticamente la que para la olla, atendiendo un bar modesto (un puestito de brochettes), con clientes no muy distinguidos y a horas no muy adecuadas. Ella misma aconseja a su madre (con quien se encuentra a escondidas) que no vuelva a casa, mientras Tetsu (Chié no puede acostumbrarse a llamarlo «papá») no cambie. Avanzada la película se produce una reconciliación a regañadientes, pero la situación no termina de arreglarse; Tetsu no soporta a su mujer, y lo dice abiertamente. Tragicomedia, diríamos, pero en un registro algo raro, algo disonante a nuestros oídos. Y sin ninguna resolución: las cosas son así. Mezcla rara también de temas realistas-adultos y subtramas fantásticas-infantiles: los gatos que hablan y se baten a duelo, parodia de películas de samurais o spaghetti-westerns.

Y, yendo lo más notorio: testículos. ¿Qué? Sí… los que vieron «Pompoko», por ejemplo, sabrán que en la cultura japonesa los testículos (animales, sobre todo) no son partes tan íntimas/vergonzantes como las otras. Incluso el gatobus de Totoro, si se fijan… Bueno. En esta película (apta para niños, por supuesto) tenemos un par de escenas que… bueno, chocante es decir poco:
1. El padre ha apostado que la próxima persona que pasa es varón. Y resulta ser su hija. Pésimo perdedor, afirma que Chié en realidad es varón. Y como el otro exige pruebas… (bueno, se imaginan más o menos cómo sigue?)
2. Kotetsu, el gato de Kie, ha vencido en una lucha a Antonio, el gato del ganster; en la pelea le ha arrancado un testículo (esperen, no termina acá). Debilitado, Antonio muere en una pelea posterior, y el dueño lo embalsama (con su carencia muy visible). Aparece después el hijo de Antonio (Junior), dispuesto a vengarlo. Lo enfrentan con Kotetsu, quien declara que ha enterrado el testículo en el cementerio. Ahí van todos, en procesión, bajo la luz de la luna (escena encantadora y desopilante… si uno consiente en instalarse donde el artista quiere). Junior desentierra el testículo, llora, mira al cielo, promete al padre recuperar su honra y coloca delicadamente el órgano sobre una tumba para que desde allí observe el duelo que va tener lugar… (como dicen los chicos acá: «¡No podés…!»)

Bueno, con esto se hacen una idea… Y también se hacen una idea de los dilemas para el traductor. Opté por elipsis varias veces (no todas) y algún suavizado de asperezas. Espero no haber metido demasiados argentinismos (¿»mocosa» lo es? ¿y «alma en pena»?).

Para los que después de esto quieran ver la película, acá les dejo el torrent que armé (son 990Mb; buen video, mkv; audio en japonés; subtítulos en español y en inglés).
# | hernan | 21-octubre-2007

Fantasía en mi mayor

El que interroga, como quiere la tradición, es San Pedro.
— Bueno, resuma. ¿Qué bien hizo allá abajo?
— (Yo, con la confianza cayendo en picada) Este… bueno, ya le dije, más o menos. Por ahí mucho bien no hice, pero tampoco hice mucho mal… creo… ¿no?
— ¿Necesita que le repita la pregunta?
— Eh, no… eh… a ver… bueno… hice una paginita web…
(San Pedro frunce las cejas, y el ángel de la guarda me hace señas desesperadas; deduzco que acá no conviene mentar la Internet).
— Y también… bueno, tengo un par de papers… no sé si está ud. al tanto de los números de Stirling de segunda especie… bueno, la verdad es que no era nada muy valioso… qué más… ah, también encaré una edición de los diarios de León Bloy, no sé si conoce… era católico (aclaro estúpidamente; y me pregunto si él habrá pasado por esto y cómo le habrá ido), pero tuve algunas complicaciones… y pereza, la verdad y…
— (San Pedro, que parece tan poco interesado en papers y en literaturas como en Internet) ¿Podría mencionarnos obras, por favor? Obras de amor, claro está.
— …
— ¿Hijos?
— No… al menos, no en sentido carnal (agrego, astutamente).
— Ah… (súbitamente animado), ¿y en algún otro sentido?
— Eh… (súbitamente desanimado)… no, la verdad que tampoco.
— Vamos, hombre. Piense en lo que allá abajo llaman pequeñas cosas. Tiene que haber dado algo de amor a su prójimo. Alguna entrega, alguna alegría. Tiene que haber dado gloria a Dios en su Creación, de alguna manera. Tuvo más de cien ocasiones por día. Vamos, haga memoria.
— Eh… este…
— (Silencio completo. El ángel de la guarda no me sopla nada. Estoy en blanco, y a punto de llorar. Y pensar que en los exámenes de la Facultad solía zafar tan bien…)
— Bueno… este… cuando tenía 40 años hice el subtitulado en español de Jarinko Chie, una peliculita de Takahata… animé, sabe…
— (Largo silencio; San Pedro me mira fijo y suspira; no sé descrifrar cómo le ha caído esto último; y lo que dice seguidamente no me lo aclara en absoluto) Pase.
# | hernan | 20-octubre-2007

Tema de Ponyo

Primicia en Youtube —y supongo que no durará mucho tiempo:
El tema musical de Ponyo, la película que está haciendo Miyazaki (música de Hisaishi -onda Totoro).

Y ya que estamos, una entrevista (texto, en inglés) con Suzuki, el productor de siempre. Parece que, con sus 66 años, Miyazaki sigue siendo una pesadilla para esos sectores del estudio que necesitan, ante todo, de orden y planificación… Mejor así.
# | hernan | 19-octubre-2007

Las penas son ajenas

Bloy decía —y es su frase más citada; quizás demasiado —que «La única tristeza es la de no ser santos». La frase encuentra fácil eco en cualquiera con algún berretín religioso —y, probablemente, asentimiento. Lo cual podría parecer curioso, porque… es obvio que la santidad (aun bien entendida) no expulsa toda tristeza (la Virgen de los Dolores!…) Sin embargo, intuimos que en algún sentido es verdad. Pero ¿en qué sentido?
A tenor de lo que veníamos diciendo, se trataría de la tristeza en su primer movimiento, la que amarga el corazón y no llega a ser asumida por la otra mirada. El santo tendrá penas, sí; pero sabe qué hacer con ellas; sabe alegrarse y agradecer por ellas. Sabe transfigurar sus penas, aunque no pueda —o quiera— matarlas; y así «ofrecerlas a Dios». Son parte del guión.

Ponele que, provisoriamente al menos, damos por buena esa explicación. Se sigue naturalmente la pregunta: ¿y qué pasa con las penas de los otros?
Porque, si la frase de Bloy puede conmover a muchos cristianos, los de tendencias más progresistas probablemente la encontrarán sospechosa; olerán a religiosidad pietista-intimista, la «espiritualidad preconciliar», culpable de alienación individualista, etc… Sin meternos a opinar ahora cuánto de razón puedan tener en general, podemos sopesar la objeción, contra lo de Bloy y contra lo nuestro. Y algo parece pesar.
Es más, de pronto podemos sentirnos culpables de haber olvidado algo importante.
¿Cómo es eso de que «la única tristeza es la de no ser santos»? Si fueras santo, tal vez no tendrías penas por vos mismo. ¿Pero no tendrías tristezas por los otros?

A ver… ¿cuáles son, típicamente, las «penas por los otros» que nos caen encima? A mí me gusta volver a la vieja clasificación de «mal de pena» y «mal de culpa». Los dos tipos males nos duelen. Como decíamos otra vez, si de los males externos se trata, parecería que —hablando a bulto—a los espíritus de izquierda les duele sobre todo el mal de pena, («Qué dolor, que los hombres sufran») y a los de derecha el de culpa («Qué dolor, que los hombres pequen»).
Y por más que uno fuera un santo, quedarían esas tristezas… ¿o no?
Aun el mayor santo -si es de izquierda, por decirlo así- no podrá evitar lamentarse: «La única tristeza… es que los otros estén tristes».
Y si es de derecha: «La única tristeza… es que los otros no sean santos».

Vistas así las cosas, parece entonces que lo de Bloy (y lo de uno) queda reducido a la insignificancia. De poco sirve, parece, todo ese asunto de ofrecer las penas propias, sublimarlas, objetivarlas o lo que fuera; de poco sirve ser santo para no tener tristezas, si se trata solo de las penas propias. Si de veras eso te basta, es que el mundo no te importa; y entonces…
(continuará)
# | hernan | 17-octubre-2007

Tapices

El pequeño tapiz de la presentación de Nausicaä (película de Miyazaki), que me tomé la molestia di el gusto de ensamblar y que pueden ver en más detalle clickeando sobre la imagen. Como los lectores deben estar terriblemente interesados en entenderlo, expliquemos que representa la catástrofe que destruyó la civilización humana (izquierda), con la intervención de los dioses de la guerra, la aparición de los insectos gigantes (oms) y el bosque contaminado (plantas con esporas, al centro), los sufrimientos de los supervivientes, y la espera del salvador, la «persona vestida de azul» (sexo ambiguo, a propósito) que asemeja un ángel, a la derecha.
Según dicen, está inspirado en tapices medievales, que contaban una historia gráficamente (una especie de comic… o manga).
Y el ejemplo más notorio es del Bayeux que, según leo (acá no le hacemos ascos a la Wikipedia, saben) es en realidad un bordado, mide 70 metros de largo (!) y relata la conquista de Inglaterra en 1066 por los normandos. Hay en Youtube una versión animada (con leyendas en inglés).
# | hernan | 15-octubre-2007

La lengua interior

Me comenta un lector:
Pedazo de ignorante: antes de traer de los pelos un verso de San Juan de la Cruz, podrías mostrarle un poco de respeto preguntándole primero a él mismo su sentido: lo tenés en tu biblioteca y lo tenés en Google. Si te hubieras tomado esa molestia (supongo que no te dieron ganas de hacerlo porque sospechabas el resultado; y no querías resignarte a perder una cita más, de esas que metés sin criterio para afectar la cultura que querrías tener) verías no hay ahí ninguna «gradación». Y sobre todo, te podría haber ahorrado la burrada de confundir la palabra dolencia (que de ahí viene «adolezco») con «dolor». Mejor dedicate a hacer paginitas web, gil. Das «pena».
Bueno; la verdad es que recibo pocos comentarios con correcciones. Y en este tono, ninguno que recuerde (este lo acabo de inventar yo, per codere). Por las dudas, aclaro que me gusta recibirlos (aunque fuera en este tono), y desde ya los agradezco, aun cuando frecuentemente cometa la grosería de no contestarlos.
Con respecto a este… sí, es muy posible que la cita de San Juan haya estado fuera de lugar. De todas maneras, supongo que aunque «dolencia» no sea sinónimo de «dolor», la raíz debe ser la misma (no?).
Y yendo a la interpretación del verso… lo menos que puedo decir es que la esa asociación dolencia-entendimiento pena-voluntad muerte-memoria… si la leyera de otra fuente la juzgaría un delirio sin fundamento. Ahora, dado que la interpretación es del mismo autor, habrá que rumiarlo con más paciencia. (La cuestión de cuán autorizadas o «verdaderas» son las interpretaciones del mismo autor, como las de San Juan acá, es muy interesante, pero no se me ocurrirá meterme ahí).

De paso, y confirmando que nunca viene mal abrir las obras de San Juan de la Cruz (aunque hoy debería haber abierto las de Santa Teresa), abrí medio al azar y cacé al vuelo esto, de las Cautelas para religiosos. Me impresionó la última observación, tan elemental pero tan fácil de olvidar, y que tiene algo que ver con lo que veníamos diciendo.
… ten por averiguado que en los conventos y comunidades nunca ha de faltar algo en qué tropezar, pues nunca faltan demonios que procuren derribar los santos, y Dios lo permite para ejercitarlos y probarlos.
Y, si tú no te guardas, como está dicho, como si no estuvieses en casa, no sabrás ser religioso, aunque más hagas, ni llegar a la santa desnudez y recogimiento, ni librarte de lo daños que hay en esto; porque no lo haciendo así, aunque más buen fin y celo lleves, en uno en otro te cogerá el demonio y harto cogido estás cuando ya das lugar a distraer el alma en algo de ello; y acuérdate de lo que dice el apóstol Santiago: Si alguno piensa que es religioso no refrenando su lengua, la religión de éste vana es (Sant. 1, 26). Lo cual se entiende no menos de la lengua interior que de la exterior.
# | hernan | 15-octubre-2007

Y pena desayuno

… El remedio al dolor, que es, dijimos, el choque de la conciencia en la inconciencia, no es hundirse en esta, sino elevarse a aquella y sufrir más. Lo malo del dolor se cura con más dolor, con más alto dolor. No hay que darse opio, sino ponerse vinagre y sal en la herida del alma, porque cuando te duermas y no sientas ya el dolor, es que no eres. Y hay que ser. No cerréis, pues, los ojos a la esfinge acongojadora, sino miradla cara a cara, y dejad que os coja y os masque en su boca de cien mil dientes venenosos y os trague. Veréis qué dulzura cuando os haya tragado, qué dolor más sabroso…

Miguel de UnamunoDel sentimiento trágico de la vida

Es de esas cosas, tan típicas de Unamuno, que me impresionaban hace mucho tiempo, que luego dejé un poco de lado (romanticismo que huele a falsedad; poesía que es -al decir de Kierkegaard- ilusión antes de entender) y que, en registro levemente distinto, a veces recupero.

Aunque… me gusta más pena que dolor. Linda palabra esta, compacta y rica. Con su profundidad de significado: pena como castigo en primer término -penal-, luego como simple dolor o tristeza. Palabra tan frecuentada por Miguel Hernández (de ahí el título), y con razón… «perro que no me deja ni se calla, siempre a su dueño fiel pero importuno».

¿Es más la pena que el dolor? Vaya a saber. Y no sé si será una gradación eso de San Juan de la Cruz:

Pastores, los que fueres
allá por las majadas al otero,
si por ventura vieres
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

… sin que tampoco tenga nada San Juan de esa exaltación romántica, ni del vértigo de la tristeza contra el que prevenía Bernanos. Y aunque Teresa hablará alguna vez de la pena sabrosa , él (más … ¿clásico? que ella) usará la palabra casi siempre en sentido negativo («en la noche serena / con llama que consume y no da pena»). Y, naturalmente (y en esto no se diferencia de Teresa… ni de ningún santo) era enemigo de la pena que es mera pasión: tristeza o melancolía («era enemigo de espíritus melancólicos, y cuando veía triste a alguno de sus súbditos le tomaba de la mano y le sacaba a pasear con él a la huerta hasta que le veía alegre», dicen los testimonios).

Pero por otro lado…

Es conocida la anécdota: a poco de escaparse de la cárcel donde los frailes calzados lo habían tenido secuestrado durante nueve meses, fray Juan pasa por el convento de carmelitas de Beas. Lo ven muy demacrado y la priora, para alegrarlo, manda a unas monjas que canten unas coplas. Y van y le cantan una letrilla que dice: «Quien no sabe de penas / en este valle de dolores / no sabe cosas buenas / ni ha gustado de amores ….»

Como el santo fray Juan de la Cruz oyó cantar la dicha letra, se enterneció y traspasó de dolor…; le comenzaron los ojos a destilar muchas lágrimas y a correr por el rostro hilo a hilo, y con la una mano se asió a la reja y con la otra hizo seña a esta testigo y a las demás religiosas que callasen y cesase el canto; y luego se asió fuertemente con ambas manos a la dicha reja y se quedó elevado y asido por una hora. A cabo de esto, volviendo en sí, dijo que le había dado mucho Nuestro Señor a entender el mucho bien que hay en padecer por Dios, y que se afligía de ver qué pocas penas le daba a él para que supiera de buenas; lo cual causó a esta testigo y a las demás religiosas deste convento mucho amor y gusto en el padecer, y se admiraron de ver un hombre tan acabado de penas que había padecido y que sentía tanto no haber padecido aún más penas. (Declaración de testigo del proceso, Francisca de la Madre de Dios)

Bueno. Yo no estoy nada seguro de entender aquel lugar común de la literatura devocional, de «padecer por Dios». Es fácil creer que lo entendemos, por lo menos a bulto… y en teoría. Pero sospecho que esa creencia es una ilusión, y que acá sin experiencia no se entiende nada. El dolor imaginado es casi nada, poco más que un escapismo; sea dolor físico o anímico (Y de hecho, cuando tenemos un dolor físico tendemos a pensar que aquel padecer por Dios no se refería a esto, sino más bien a dolores espirituales. Y viceversa. Escapismos.)
Y bien, yo tengo muy poca experiencia al respecto; bastante menos que el promedio, apostaría. Sé poco de penas, de las físicas y de las otras. Pero igual, quiero fijar esto; a ver si me sirve a mí, o a cualquiera.

Cuando la pena llega (quedémosnos por ahora con las penas del alma) uno tiene una serie de reacciones reflejas, análogas a las físicas. Darle vueltas al asunto, engrosar la madeja, trazar diálogos y reclamaciones, deslindar culpas; juzgar… Cabeza y corazón llenos…. pero no de la pena en sí, sino de la barahúnda que con ella viene; a los costados, atrás y adelante.

Pasado y futuro, causas y consecuencias, protagonistas y circunstancias; lo que dije, lo que me dijo, lo que no le dije, lo que le debería haber dicho, lo que voy a decir, lo que voy a hacer, lo que debería pensar en hacer; estuve/o bien, estuve/o mal; culpas pasadas y futuras, propias y ajenas; decisiones tomadas y por tomar; diagnósticos y tratamientos. Y todo pesando sobre el alma. No quiero este peso —dice uno— no quiero estar triste; pero no puedo salir de esto.

Pero esto no es en verdad el peso de la pena. Es el peso de lo que la rodea, de su cáscara. Y si uno no puede esquivar la pena (o acaso no debe) tal vez lo mejor sea recibirla de lleno; en cambio, enredarse en lo otro es una manera de apartar la vista, y perderse el fruto que trae la pena.

La cuestión sería, entonces, concentrar la atención: no distraerse con el ruido. Quedarse con el simple y formidable hecho: «tengo una pena». Instalarse en ese punto, y no caerse de ahí. Hoy, este día D, en este lugar X, a mí, NN… me ha tocado estar triste.

Creo (no me animaría a decir «me consta», pero…) que esa es la mirada justa —y liberadora: objetivar esa pena que nos ha sido dada, poniéndola fuera del alcance de la voluntad, contemplarla sin rechazo (¡y sin apego!). Verla como parte del guión que nos ha tocado actuar en la obra; y acaso también, como obra de la mano paternal (¿castigo? podría ser; pero a esta distancia, no hay mucha diferencia; la mano es la misma, y es bueno sentirla), recordando que todo es don y todo es gracia: también esta pena.

Y recibida así, como un don y un regalo, puede resultar más sencillo a su vez ofrecerla como un regalo, como el niño que regala a su padre lo que éste primero ha tenido que comprar (Kierkegaard usaba esta comparación). Y acaso ayudar a entender un poquito de aquello de «padecer por Dios».

Un invierno hace cien años, entre el frío y la miseria, Bloy anotaba en su diario un comentario de su mujer: «El dolor es una gracia que no hemos merecido». La frase puede impresionar, como impresiona aquella de Unamuno; y como aquella, también puede ser sospechosa de irrealidad romántica: ¿puede uno decirla con sinceridad de corazón? ¿no es mera literatura vestida de religión? Y puesto que citarla es una forma de decirla… Yo mismo me acuso de citar demasiado este tipo de frases rimbombantes y estremecedoras; estremecimientos mayormente frívolos, cuando no estén enraizados en la experiencia y la certeza íntima. Espero, hoy, poder citar esa frase con menos riesgo de malbaratarla, y con la esperanza de ser más útil y más verdadero que una aforismo cualquiera de libro de autoayuda.

# | hernan | 11-octubre-2007

Migajas

  • Preciosa fórmula para iniciar una discusión, debate o mesa redonda:
    «I believe that «Trial by Jury» is an experience of pure delight from start to finish, and I would be very interested to hear the ridiculous ramblings of anyone who claims to think otherwise. » (o sea, aproximadamente: «Yo creo que Trial by jury es una delicia del comienzo al final; y estaría muy interesado en escuchar los ridículos dislates de cualquier persona que pretenda pensar diferente.»)
    (Para los curiosos: «Trial by Jury« es la primer obra importante de Gilbert y Sullivan; pude conocerla -la obra y la cita- gracias a este sitio, que vuelvo a recomendar).

  • Slashdot, popular sitio de noticias y discusión para nerds tecnológicos, cumple diez años; los frecuentadores (como uno) disfrutarán tal vez de este fragmento (hermético para el vulgo) de la «historia del mundo versión ./«:
    A.D. 1348: The ILOVEYOU virus kills over half the population of Europe. (The other half was not using Outlook.)
    A.D. 1420: Johann Gutenberg invents the printing press. He is immediately sued by monks claiming that the technology will promote the copying of hand-transcribed books, thus violating the church’s intellectual property.
    A.D. 1429: Natalie Portman of Arc gathers an army of Slashdot trolls to do battle with the moderators. She is eventually tried as a heretic and stoned (as in petrified).
    A.D. 1478: The Catholic Church partners with doubleclick.net to launch the Spanish Inquisition.
    A.D. 1492: Christopher Columbus arrives in what he believes to be «India», but which RMS informs him is actually «GNU/India».
    A.D. 1508-12: Michaelengelo attempts to paint the Sistine Chapel ceiling with ASCII art, only to have his plan thwarted by the «Lameness Filter.»
    A.D. 1517: Martin Luther nails his 95 Theses to the church door and is promptly moderated down to (-1, Flamebait).

  • A poco de salir de la librería tomo conciencia del hecho: taaaantos años que he vivido, tantas librerías (y kioscos y disquerías) que he visitado, y ha sido esta la primera vez que hago al vendedor la famosa pregunta: «¿Tienen el último de X?».
    Quién iba a decir que el papel de X le tocaría… no a Spinetta o Sábato o King Crimson… sino a Ratzinger.
    (Y no lo compré, muy fea la encuadernación de Planeta, veremos si sale alguno mejor. Digo yo ¿a nadie le importa que un libro pueda tenerse abierto -por sí solo- sobre la mesa?)

  • Unas chacareras más. Puse ayer un ejemplo de chacarera, super producida (Mercedes Sosa, sonido cuidado, recital en Europa…). Yéndonos al otro extremo, tenemos acá una versión super amateur y espontánea de un aire de chacarera de Di Fulvio, por un par de argentinos en EEUU; simpático me resultó, con la chica, que canta (lindo) mientras arregla la cocina y se olvida la letra. Y los mismos, apenas un poco más prolijos, en esta Chacarera de un triste. Encontrar estas cosas (junto con las otras) es, para mí, la gracia de Youtube.
    Y la muy notable Chacarera del ’55 por Laura Albarracín.
  • # | hernan | 3-octubre-2007

    Son las aguas de octubre

    Continuando el reporte climático, informamos que hoy llovió, nomás. De la mañana a la noche.
    Temperatura más bien alta. Un día «feo», vamos.
    Aunque algunos protesten, aunque algunos gusten (gustemos) de los días lluviosos… sigo creyendo que primero hay que gustar de los días soleados. Me dicen algunos que en algunas latitudes el sol es sinónimo de calor, y por lo tanto no muy bienvenido; pero bueno, a quién se le ocurre vivir en esas latitudes, yo no tengo la culpa. Me dicen otros que las tormentas violentas, con sus reminiscencias de diluvios purificadores, puede producir una misteriosa pero indudable satisfacción; que la gradiosidad espectacular de truenos y relámpagos te hacen sentir chiquito, y que es bueno sentirlo. Sí, cómo no. Y qué poco nos queda, de esas cosas capaces de provcarnos un estremecimiento en ese registro, de darnos algún reflejo de «lo numinoso»… y cuánto (sin saberlo, por lo general) extrañamos esos sentimientos… Yo lo pensaba hace poco más de un año, cuando en Buenos Aires cayó aquella granizada; paseando por foros y comentarios, era sorprendente la emoción y la excitación de la gente… el entusiasmo, casi. Nos habíamos sentido chiquitos, abrumados por el poder de los elementos; y a todos —humores, religiones e ideologías aparte— nos había gustado sentirnos así. Curioso consuelo. Y sin meternos a escarbar en los motivos (o legitimidad o utilidad) del sentimiento, ahí está el sentimiento. Vale.
    Pero (aparte de que el clima de hoy no tuvo nada de esa grandiosidad) la belleza de lo terrible no debería ser -en nuestra escala de apreciación- la primer belleza, me parece. Está bien que te encante la tercera de Beethoven, pero eso no debería estorbarte para gustar de una zamba.

    A cuento de esto —o mejor: con la excusa de esto—, para recibir esta lluvia de octubre, para traer un cachito de belleza sin ampulosidades, y para cortar estas nebulosidades: escuchen y vean, de lo mejorcito que me he topado en Youtube: Las aguas de marzo, por Elis Regina; si prefiere sin subtítulos. O esta otra con Jobim, o esta otra con el mismo. Cuesta elegir.

    Y si de excelente videos musicales en Youtube hablamos (es decir: buena canción, buen intérprete y buen sonido-video), y también tratando de pedras y caminhos, podemos traer a Mercedes Sosa (hace algunos años) cantando Piedra y camino; o, mejor todavía, esta joya, sencilla y pura como un día de primavera: la Chacarera de las piedras.

    # | hernan | 1-octubre-2007