Suma teológica - Parte IIIa - Cuestión 47
Sobre la causa eficiente de la pasión de Cristo
Artículo 1: ¿Cristo fue muerto por otros o por sí mismo? lat
Objeciones por las que parece que Cristo no fue muerto por otro sino por sí mismo.
1. Dice él mismo en Jn 10,18: Nadie me quita la vida, sino que la entrego yo mismo. Ahora bien, se dice que mata a alguien el que le quita la vida. Luego Cristo no fue muerto por otros, sino por sí mismo.
2. Los que son muertos por otros desfallecen poco a poco, al ir debilitándose la naturaleza. Y esto sucede en grado máximo en los crucificados, pues, como dice Agustín en IV De Trin.: Los colgados del madero sufrían una larga agonía. Pero en Cristo no aconteció esto, porque, dando un fuerte grito, exhaló el espíritu, como se dice en Mt 27,50. Luego Cristo no fue muerto por otros, sino por sí mismo.
3. Los que son muertos por otros mueren violentamente, y por eso no mueren voluntariamente, porque lo violento se opone a lo voluntario. Pero Agustín dice, en IV De Trin., que el espíritu de Cristo no abandonó forzado el cuerpo, sino porque quiso, cuando quiso y como quiso. Luego Cristo no recibió la muerte de otros, sino de sí mismo.
Contra esto: está lo que se dice en Lc 18,33: Después de acotarle, le matarán.
Respondo: Un sujeto puede ser causa de algún efecto de dos modos. Primero, actuando directamente sobre el efecto. Y, en este sentido, los perseguidores de Cristo le mataron, porque le aplicaron la causa suficiente para morir, con intención de matarle, y con el efecto consiguiente, esto es, porque de aquella causa se siguió la muerte.

Segundo, actuando indirectamente, es decir, porque no impide, pudiendo hacerlo, como si dijésemos que uno moja a otro porque no cierra la ventana, a través de la cual entra la lluvia. Y, en este sentido, Cristo fue causa de su pasión y muerte, porque pudo impedirlas. En primer lugar, conteniendo a sus enemigos, de modo que o no quisiesen o no pudiesen matarle. En segundo lugar, porque su espíritu tenía poder para conservar la naturaleza de su cuerpo, de suerte que no recibiera ningún daño. Tal poder lo tuvo el alma de Cristo porque estaba unida al Verbo de Dios en unidad de persona, como dice Agustín en IV De Trin.. Por consiguiente, al no rechazar el alma de Cristo ningún daño inferido a su cuerpo, sino queriendo que su naturaleza corporal sucumbiese a tal daño, se dice que entregó su espíritu o que murió voluntariamente.

A las objeciones:
1. Cuando declara: Nadie me quita la vida, se entiende, contra mi voluntad. Lo que uno quita a otro contra su voluntad, porque no puede hacer resistencia, eso es lo que propiamente se denomina ser quitado.
2. Cristo, para demostrar que la pasión que le fue impuesta por la violencia no le quitaba la vida, conservó la naturaleza corporal en todo su vigor, de modo que, llegado el último momento, diese un gran grito. Esto se cataloga entre los otros milagros de su muerte. Por lo cual se dice en Mc 15,39: Al ver el centurión, que estaba frente a él, que había expirado gritando de ese modo, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.

Fue también admirable en la muerte de Cristo la rapidez con que murió en comparación con lo que acaece con los otros crucificados. Por esto se dice en Jn 19,32-33 que quebraron las piernas de los que estaban junto a Cristo, a fin de que muriesen pronto; pero, al llegar a Jesús, le hallaron muerto, por lo que no le quebraron las piernas. Y en Mc 15,44 se narra que Pilato se admiró de que ya estuviera muerto. Como por su voluntad la naturaleza corporal se conservó en su vigor hasta el final, así también, cuando quiso, cedió presto al daño inferido.

3. Cristo padeció violencia para morir, y, sin embargo, murió voluntariamente, porque la violencia inferida a su cuerpo sólo prevaleció sobre éste el tiempo que El quiso.
Artículo 2: ¿Murió Cristo por obediencia? lat
Objeciones por las que parece que Cristo no murió por obediencia.
1. La obediencia supone el mandato. Pero no se lee que Cristo tuviese el mandato de padecer. Luego no padeció por obediencia.
2. Se dice que uno obra por obediencia cuando actúa urgido por un mandato. Ahora bien, Cristo no padeció por necesidad, sino voluntariamente. Luego no padeció por obediencia.
3. La caridad es una virtud superior a la obediencia. Pero leemos que Cristo padeció por amor, según aquellas palabras de Ef 5,2: Caminad en el amor, como Cristo nos amó y se entregó por nosotros. Luego la pasión de Cristo debe atribuirse más a la caridad que a la obediencia.
Contra esto: está lo que se dice en Flp 2,8: Se hizo obediente hasta la muerte.
Respondo: Fue sumamente conveniente que Cristo padeciese por obediencia. Primero, porque esto convenía a la justificación de los hombres, a fin de que, como por la desobediencia de un solo hombre muchos fueron constituidos pecadores, así por la obediencia de un hombre muchos sean constituidos justos, como se dice en Rom 5,19.

Segundo, eso convino a la reconciliación de Dios con los hombres, según el pasaje de Rom 5,10: Hemos sido reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo; es a saber, en cuanto que la misma muerte de Cristo fue sacrificio gratísimo a Dios, de acuerdo con lo que se lee en Ef 5,2: Se entregó por nosotros como oblacióny víctima de suave olor. Pero la obediencia se antepone a todos los sacrificios, según 1 Sam 15,22: Mejor es la obediencia que las víctimas. Y por eso fue conveniente que el sacrificio de la pasión y muerte de Cristo brotase de la obediencia.

Tercero, eso convino a su victoria, mediante la cual triunfó de la muerte y del autor de la muerte. El soldado no puede lograr la victoria si no obedece a su jefe. Y así Cristo hombre alcanzó la victoria porque obedeció a Dios, conforme a las palabras de Prov 21,28: El hombre obediente cantará victorias.

A las objeciones:
1. Cristo recibió del Padre el mandato de padecer, pues en Jn 10,18 se dice: Tengo poder para dar la vida, y tengo poder para volver a tomarla; y este mandato he recibido de mi Padre, a saber, el de dar mi vida y volver a tomarla. Lo cual no debe entenderse, como dice el Crisóstomo, como si primero hubiera esperado oír, y hubiera tenido necesidad de aprender, sino que describió un proceso voluntario, y eliminó, ante el Padre, la sospecha de contrariedad.

Sin embargo, por haber sido consumada en la muerte de Cristo la ley antigua, de acuerdo con lo que El dijo al morir, en Jn 19,30: Todo está cumplido, puede interpretarse que, al padecer, cumplió todos los preceptos de la ley antigua. Cumplió los preceptos morales, que se fundan en los mandamientos de la caridad, en cuanto que padeció por amor del Padre, según las palabras de Jn 14,31: Para que sepa el mundo que amo al Padre, y que obro según el mandato que el Padre me dio, levantaos, vamonos de aquí, a saber, al lugar de la pasión; y padeció también por amor del prójimo, según aquellas palabras de Gal 2,20: Me amó, y se entregó por mí. Cristo cumplió en su pasión los preceptos ceremoniales de la ley, que se refieren principalmente a los sacrificios y a las oblaciones, en cuanto que todos los antiguos sacrificios fueron figuras del verdadero sacrificio que Cristo ofreció muriendo por nosotros. Por eso se dice en Col 2,16-17: Nadie os critique por la comida o la bebida, o a propósito de fiestas o novilunios, cosas que son sombra de las venideras, siendo la realidad el cuerpo de Cristo, por cuanto que Cristo se compara a esas cosas como el cuerpo a la sombra. Cristo cumplió con su pasión los preceptos judiciales de la ley, que se ordenan especialmente a dar satisfacción a los que padecen injuria, porque, como se dice en Sal 68,5: pagó lo que no había robado, permitiendo ser clavado en el madero en compensación por la manzana que el hombre había robado del árbol en contra del mandato de Dios.

2. Aunque la obediencia importe necesidad respecto de lo mandado, incluye, sin embargo, voluntad con relación al cumplimiento del precepto. Y de esta condición fue la obediencia de Cristo, pues la pasión y muerte, consideradas en sí mismas, repugnaban a la voluntad natural; sin embargo, Cristo quería cumplir la voluntad de Dios respecto a esas cosas, según aquellas palabras de Sal 39,9: Para hacer tu voluntad, Dios mío, lo he querido. Por lo cual decía en Mt 26,42: Si este cáliz no puede pasar de mí sin que lo beba, hágase tu voluntad.
3. Por una misma razón padeció Cristo por caridad y por obediencia, porque también por obediencia cumplió los preceptos de la caridad; y por caridad obedeció al Padre que lo mandaba.
Artículo 3: ¿Cristo fue entregado por Dios Padre a la pasión? lat
Objeciones por las que parece que Cristo no fue entregado por Dios Padre a la pasión.
1. Parece inicuo y cruel que un inocente sea entregado a la pasión y a la muerte. Ahora bien, como se dice en Dt 32,4: Dios es fiel y está exento de toda iniquidad. Luego no entregó a la pasión y muerte a Cristo, que era inocente.
2. No parece posible que uno sea entregado a la muerte por sí mismo y por otro. Pero Cristo se entregó a sí mismo por nosotros (cf. Ef 5,2), según lo enunciado en Is 53,12: Entregó su vida a la muerte. Luego no parece que lo entregase Dios Padre.
3. A Judas se le censura porque entregó a Cristo a los judíos, según aquellas palabras de Jn 6,71-72: Uno de vosotros es un diablo; lo decía por Judas, que había de entregarle. Del mismo modo son vituperados los judíos, que lo entregaron a Pilato, como éste mismo dice en Jn 18,35: Tu nación y tus pontífices te han entregado a mí. Y Pilato lo entregó para que fuese crucificado, como se lee en Jn 19,16. Pero no hay consorcio entre la justicia y la iniquidad, como se dice en 2 Cor 6,14. Luego parece que Cristo no fue entregado por Dios Padre a la pasión.
Contra esto: está lo que se dice en Rom 8,32: Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros.
Respondo: Como acabamos de exponer (a.2), Cristo padeció voluntariamente por obediencia al Padre. De donde Dios Padre entregó a Cristo a la pasión de tres modos: Primero, en cuanto que, por su eterna voluntad, dispuso de antemano la pasión de Cristo para liberación del género humano, conforme a lo que se dice en Is 53,6: El Señor cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros; y de nuevo (v.10): El Señor quiso quebrantarlo con la flaqueza. Segundo, en cuanto que le inspiró la voluntad de padecer por nosotros, infundiéndole la caridad. Por lo que, en el mismo lugar, se añade (v.7): Se ofreció porque quiso. Tercero, no poniéndole a cubierto de la pasión, sino exponiéndole a los perseguidores. Por eso, como se lee en Mt 27,46, Cristo, colgado de la cruz, decía: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?, porque efectivamente lo abandonó en poder de sus perseguidores, como dice Agustín.
A las objeciones:
1. Es impío y cruel entregar un hombre inocente a la pasión y a la muerte contra su voluntad. Pero Dios Padre no entregó a Cristo de ese modo, sino inspirándole la voluntad de padecer por nosotros. En lo cual se manifiesta no sólo la severidad de Dios, que no quiso perdonar el pecado sin castigo, como lo da a conocer el Apóstol cuando dice: No perdonó a su propio Hijo (Rom 8,32); sino también su bondad, porque, no pudiendo el hombre satisfacer suficientemente mediante cualquier pena que sufriese, le dio uno que satisficiese (por él), como lo indicó el Apóstol al decir: Le entregó por todos nosotros (Rom 8,32). Y en Rom 3,25 dice: A quien, esto es, Cristo, propuso Dios como sacrificio de propiciación por la fe en su sangre.
2. Cristo, en cuanto Dios, se entregó a sí mismo a la muerte con la misma voluntad y acción con que le entregó el Padre. Pero, en cuanto hombre, se entregó a sí mismo con la voluntad inspirada por el Padre. Por lo cual no existe contradicción cuando se dice que el Padre entregó a Cristo y que éste se entregó a sí mismo.
3. La bondad o maldad de una acción se enjuicia de diverso modo de acuerdo con las distintas causas de donde procede. Ahora bien, el Padre entregó a Cristo, y éste se entregó a sí mismo, por amor; y debido a eso son alabados. En cambio, Judas lo entregó por avaricia; los judíos por envidia; Pilato por temor mundano a perder el favor del César; y por este motivo son vituperados (cf. Mt 26,14; 27,15; Jn 19,12).
Artículo 4: ¿Fue conveniente que Cristo padeciera por parte de los gentiles? lat
Objeciones por las que parece no haber sido conveniente que Cristo padeciese por parte de los gentiles.
1. Como los hombres habían de ser liberados del pecado por la pasión de Cristo, parecería conveniente que fuesen muy pocos los que pecasen dándole muerte. Pero pecaron con su muerte los judíos, en nombre de los cuales se dice en Mt 21,38: Este es el heredero; venid, matémosle. Luego parece haber sido conveniente que los gentiles no se enredasen en el pecado de la muerte de Cristo.
2. La verdad debe corresponder a la figura. Pero los sacrificios figurativos de la ley antigua no eran ofrecidos por los gentiles, sino por los judíos. Luego la pasión de Cristo, que fue un verdadero sacrificio, tampoco debió ser realizada por mano de los gentiles.
3. Como se dice en Jn 5,18, los judíos buscaban matar a Cristo, no sólo porque quebrantaba el sábado, sino también porque decía que Dios era su Padre, haciéndose igual a Dios. Ahora bien, estas afirmaciones parece que sólo iban contra la ley de los judíos; por lo cual ellos mismos dicen también en Jn 19,7: Según la ley debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios. Luego parece haber sido conveniente que Cristo no padeciese por parte de los gentiles, sino por parte de los judíos; y que mintieron al decir (Jn 18,31): A nosotros no nos está permitido matar a nadie, porque muchos pecados eran castigados con la muerte según su ley, como es manifiesto por Lev 20.
Contra esto: está que el mismo Señor dice en Mt 20,19: Lo entregarán a los gentiles para ser escarnecido, flagelado y crucificado.
Respondo: En la misma forma de la pasión de Cristo estuvo prefigurado su efecto. La pasión de Cristo ejerció primeramente su efecto salvador en los judíos, muchísimos de los cuales fueron bautizados en la muerte de Cristo, como es notorio por Act 2,41 y 4,4. Pero después, mediante la predicación de los judíos, el efecto de la pasión de Cristo llegó a los gentiles. Y por tal motivo, fue conveniente que Cristo comenzase a padecer por parte de los judíos, y después, al entregarle los judíos, se concluyese su pasión a manos de los gentiles.
A las objeciones:
1. Como Cristo, para demostrar la abundancia de su amor, por el que padecía, puesto en la cruz, pidió el perdón para sus perseguidores (cf. Lc 23,34), a fin de que el fruto de su petición llegase a los judíos y a los gentiles, quiso padecer de unos y de otros.
2. La pasión de Cristo fue la oblación de un sacrificio en cuanto que Cristo, por propia voluntad, soportó la muerte por amor. Pero en cuanto padeció por parte de los perseguidores, su pasión no fue un sacrificio, sino un gravísimo pecado.
3. Como escribe Agustín, cuando los judíos gritaron: A nosotros no nos está permitido matar a nadie, quisieron decir que no les estaba permitido matar a nadie debido a la santidad del día festivo, que ya habían comenzado a celebrar.

O decían esto, como expone el Crisóstomo, porque querían matarle no en cuanto transgresor de la ley, sino en cuanto enemigo público, porque se hacía rey, sobre lo cual no les tocaba a ellos juzgar. O porque a ellos no les estaba permitido crucificarle, como deseaban, sino apedrearle, como hicieron con Esteban (cf. Act 7,57).

O, con más exactitud, debe decirse que los romanos, bajo cuyo poder se encontraban, les habían quitado la potestad de aplicar la pena de muerte.

Artículo 5: ¿Conocieron a Cristo sus perseguidores? lat
Objeciones por las que parece que los perseguidores de Cristo le conocieron.
1. En Mt 21,38 se dice que los labradores, al ver al hijo, se dijeron: Este es el heredero; venid, matémosle. Por lo que comenta Jerónimo: Con estas palabras demuestra clarísimamente el Señor que los príncipes de los judíos no crucificaron al Hijo de Dios por ignorancia, sino por envidia. Se dieron cuenta de que El era aquel a quien el Padre dice, por medio del profeta: Pídemelo, y te daré en herencia las naciones (Sal 2,8). Luego parece que conocieron que era el Cristo, o el Hijo de Dios.
2. En Jn 15,24 dijo el Señor: Pero ahora han visto (mis obras) y me han odiado a mí y a mi Padre. Pero lo que se ve es claramente conocido. Luego los judíos, conociendo a Cristo, le martirizaron movidos por el odio.
3. En un Sermón del Concilio de Efeso se dice: Así como el que rasga un rescripto imperial es condenado a muerte, lo mismo que si hiciera pedáis una orden del Emperador, así los judíos, al crucificar a Cristo, a quien habían visto, pagarán las penas como si hubiesen llevado su tenacidad contra el mismo Verbo de Dios. No hubiera sucedido tal si no hubiesen conocido que El era el Hijo de Dios, porque les hubiera excusado la ignorancia. Luego parece que los judíos, al crucificar a Cristo, se dieron cuenta de que era el Hijo de Dios.
Contra esto: está que en 1 Cor 2,8 se dice: Si lo hubieran conocido, nunca hubiesen crucificado al Señor de la gloria. Y en Act 3,17 dice Pedro, hablando a judíos: Sé que lo hicisteis por ignorancia, como también vuestros príncipes. Y el Señor, colgado en la cruz, exclamó: Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen (Le 23,34).
Respondo: Entre los judíos existía el senado y la plebe. El senado, llamado entre ellos los príncipes, conoció, como se dice en el libro Quaest. Nov. et Vet. Test., lo mismo que lo conocieron los demonios, que El era el Mesías prometido en la Ley, pues veían en él todas las señales futuras que anunciaron los profetas. Sin embargo, ignoraban el misterio de su divinidad, y por este motivo dijo el Apóstol: Si lo hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria (1 Cor 2,8).

No obstante, debe tenerse en cuenta que la ignorancia de estos príncipes no les eximía del crimen, porque, en cierto modo, era una ignorancia afectada. Veían, efectivamente, las señales evidentes de su divinidad; pero, por odio y envidia de Cristo, las tergiversaban, y rehusaban dar fe a sus palabras, con las que declaraba que era el Hijo de Dios. Por lo cual él mismo dice de ellos en Jn 15,22: Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado. Y, de este modo, puede tomarse como dicho en nombre de ellos lo que se lee en Job 21,14: Dijeron a Dios: Apártate de nosotros; no nos interesa la ciencia de tus caminos.

La plebe, es decir, las multitudes, que no habían conocido los misterios de la Escritura, no se dieron cuenta plenamente de que él era el Mesías ni el Hijo de Dios, aunque algunos de ellos creyeron en él. Pero la multitud no creyó. Y si alguna vez abrigaron la duda de que fuese el Mesías por la abundancia de los milagros y la eficacia de su doctrina, como consta por Jn 7,31-41ss, luego, sin embargo, fueron engañados por sus príncipes para que no creyesen que él era el Hijo de Dios ni el Mesías. Por lo que también Pedro les dijo: Sé que habéis hecho esto por ignorancia, como también vuestros príncipes (Act 3,17), es a saber, porque habían sido engañados por éstos.

A las objeciones:
1. Las palabras citadas están dichas en nombre de los labradores de la viña, en los que están representados los jefes del pueblo aquel, los cuales conocieron que él era el heredero, en cuanto que se dieron cuenta de que él era el Mesías prometido en la ley.

Pero contra esta respuesta parece militar el que las palabras de Sal 2,8, Pídemelo, y te daré las naciones en heredad tuya, están dirigidas al mismo a quien se dice: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy (Sal 2,7). Por consiguiente, si conocieron que él era aquel a quien se dice: Pídemelo, y te daré las naciones en heredad tuya, se sigue que asimismo se dieron cuenta de que él era el Hijo de Dios. También el Crisóstomo, a propósito de ese mismo lugar, dice que conocieron que él era el Hijo de Dios. Y asimismo Beda comenta acerca de Lc 23,34 —Porque no saben lo que hacen —: Es preciso observar que no ruega por aquellos que, habiendo entendido que era el Hijo de Dios, prefirieron crucificarle que confesarle por tal.

Sin embargo, cabe responder a esto que conocieron que él era el Hijo de Dios, no por naturaleza, sino por la excelencia de un favor singular.

No obstante, podemos decir también que se afirma que conocieron al verdadero Hijo de Dios porque tenían signos evidentes de ello, a los que no quisieron asentir a causa del odio y de la envidia, de modo que reconociesen que él era el Hijo de Dios.

2. Antes de las palabras citadas, se anteponen estas otras: Si no hubiera hecho entre ellos obras que ninguno otro hizo, no tendrían pecado (Jn 15,24); y luego añade: Pero ahora han visto, y me han odiado a mí y a mi Padre (Jn 15,24). Por lo cual se demuestra que, viendo las obras admirables de Cristo, debido a su odio no le reconocieron por el Hijo de Dios.
3. La ignorancia afectada no excusa de pecado, sino que más bien parece agravarle, porque demuestra que el hombre es tan vehementemente sensible al pecado que quiere caer en la ignorancia para no evitar el pecado. Y por esto pecaron los judíos, por ser los que crucificaron no sólo a Cristo hombre, sino a Dios.
Artículo 6: ¿Fue gravísimo el pecado de los que crucificaron a Cristo? lat
Objeciones por las que parece que el pecado de los que crucificaron a Cristo no fue gravísimo.
1. No es gravísimo el pecado que tiene excusa. Ahora bien, el mismo Señor excusó el pecado de quienes le crucificaban, cuando dijo (Lc 23,34): Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen. Luego el pecado de aquéllos no fue gravísimo.
2. El Señor dijo a Pilato (Jn 19,11): El que me ha entregado a ti tiene mayor pecado. Pero Pilato hizo crucificar a Cristo por medio de sus ministros. Luego parece haber sido mayor el pecado de Judas el traidor que el de quienes crucificaron a Cristo.
3. Según el Filósofo, en V Ethic., nadie, queriendo, padece injusticia, y como él mismo añade allí, cuando nadie padece injusticia, nadie hace injusticia. Luego nadie hace injusticia a quien quiere padecerla. Ahora bien, Cristo padeció voluntariamente, como antes se ha dicho (a.1; a.2 ad 2; q.46 a.6). Por consiguiente, los que crucificaron a Cristo no cometieron injusticia contra él. Y de esta manera, su pecado no fue gravísimo.
Contra esto: está lo que, sobre Mt 23,32 —-y vosotros colmad la medida de vuestros padres—, dice el Crisóstomo: En verdad, excedieron la medida de sus padres. Aquéllos mataron a hombres; éstos, en cambio, crucificaron a Dios.
Respondo: Como se ha expuesto (a.5), los príncipes de los judíos conocieron a Cristo; y si existió en ellos alguna ignorancia, fue la ignorancia afectada que no podía excusarles. Y, por este motivo, su pecado fue gravísimo, lo mismo por el género del pecado que por la malicia de la voluntad.

Las clases inferiores de los judíos pecaron gravísimamente en cuanto al género del pecado; pero su pecado quedaba aminorado por la ignorancia. Por lo cual, a propósito de Lc 23,34 —no saben lo que hacen-comenta Beda: Ruega por aquellos que no supieron lo que hicieron, impulsados por el celo de Dios, pero no conforme a la ciencia.

Mucho más excusable fue el pecado de los gentiles por cuyas manos fue crucificado Cristo, porque no tenían la ciencia de la ley.

A las objeciones:
1. La excusa del Señor no se refiere a los príncipes de los judíos, sino a las clases inferiores del pueblo, como acabamos de decir (en la sol.).
2. Cristo no fue entregado por Judas a Pilato, sino a los príncipes de los sacerdotes, quienes le entregaron a Pilato, según el pasaje de Jn 18,35: Tu pueblo y tus pontífices te han entregado a mí. Sin embargo, el pecado de todos éstos fue mayor que el de Pilato, que condenó a muerte a Cristo por temor del César. Y también que el pecado de los soldados, los cuales crucificaron a Cristo por mandato del gobernador; no por codicia, como Judas, ni por envidia y odio, como los príncipes y sacerdotes.
3. Cristo quiso su pasión, como también la quiso Dios; pero no quiso la acción inicua de los judíos. Y, por este motivo, no quedan excusados de la injusticia los que mataron a Cristo. Y, sin embargo, el que mata a un hombre comete una injuria no sólo contra el hombre, sino también contra Dios y contra la república; como la comete igualmente el que se suicida, según dice el Filósofo en V Ethic.. Por esto David condenó a muerte al que no había temido poner sus manos para matar al ungido del Señor, a pesar de que aquél lo pedía, como se lee en 2 Sam l,6ss.