Suma teológica - Parte IIIa - Cuestión 40
Sobre el género de vida de Cristo
Después de haber hablado de cuanto se refiere a la entrada de Cristo en el mundo o al principio de la misma, pasamos ahora a tratar de lo que pertenece a su desarrollo. Y, en primer lugar, de su modo de vida; segundo, de sus tentaciones (q.41); tercero, de su doctrina (q.42); cuarto, de sus milagros (q.43).

Acerca de lo primero se plantean cuatro problemas:

  1. ¿Debió Cristo llevar vida solitaria, o vivir entre los hombres?
  2. ¿Debió llevar una vida austera en la comida, en la bebida y en el vestido, o la vida corriente de los demás?
  3. ¿Debió vivir en este mundo en la humillación, o en medio de riquezas y honores?
  4. ¿Debió vivir conforme a la ley?
Artículo 1: ¿Debió Cristo vivir entre los hombres o llevar vida solitaria? lat
Objeciones por las que parece que Cristo no debió vivir entre los hombres, sino llevar vida solitaria.
1. Era conveniente que Cristo, mediante su vida, se manifestase no sólo como hombre, sino también como Dios. Ahora bien, a Dios no le cuadra vivir entre los hombres, pues se dice en Dan 2,11: A no ser los dioses, cuya morada no está entre los hombres. Y el Filósofo escribe, en I Pol. I que quien vive en soledad, o es una bestia, en caso de que lo haga por inhumanidad, o es un dios, si lo hace con el fin de contemplar la verdad. Luego parece que no fue conveniente que Cristo viviese entre los hombres.
2. Cristo, mientras vivió en carne mortal, debió llevar una vida perfectísima. Pero vida perfectísima es la contemplativa, como se expuso en la Segunda Parte (q.182 a.1 y 2). Y a la vida contemplativa corresponde en grado sumo la soledad, según las palabras de Os 2,14: La llevaré a la soledad y le hablaré al corazón. Luego parece que Cristo debió llevar vida solitaria.
3. El comportamiento de Cristo debió ser uniforme, porque siempre debió manifestarse en él lo óptimo. Pero Cristo, a veces, buscaba lugares solitarios, apartándose de las multitudes; por lo que dice Remigio Super Matth.: Leemos que el Señor tuvo tres refugios: La nave, el monte y el desierto; siempre que era asediado por las multitudes, subía a uno de ellos. Luego siempre debió llevar una vida solitaria.
Contra esto: está lo que se dice en Bar 3,38: Después de esto, apareció en la tierra y conversó con los hombres.
Respondo: El género de vida de Cristo debió ser tal que concordase con el fin de la encarnación, por la que vino a este mundo. Y vino al mundo, primero, para manifestar la verdad, como El mismo dijo en Jn 18,37: Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Por tal motivo, no debía ocultarse, llevando una vida solitaria, sino manifestarse en público, predicando a la luz del día. De donde, en Lc 4,42-43, dice a los que trataban de retenerle: También a otras ciudades tengo que anunciar el evangelio del reino de Dios, pues para esto he sido enviado.

Segundo, vino para liberar a los hombres del pecado, conforme a lo que se lee en 1 Tim 1,15: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores. Por esto dice el Crisóstomo: Aunque morando en un mismo lugar, Cristo hubiera podido atraer a sí mismo todas las gentes para que oyesen su predicación, no lo hizo, sin embargo, dándonos ejemplo para que corramos y busquemos a los que se pierden, como lo hace el pastor con la oveja perdida, y como el médico se acerca al enfermo.

Tercero, vino para que por medio de El tengamos acceso a Dios, como se lee en Rom 5,2. Y de este modo, conversando familiarmente con los hombres, fue conveniente que inspirase a los hombres confianza para que se allegasen a El. De donde, en Mt 9,10, se dice: Sucedió que, mientras estaba El en la mesa en su casa, muchos publicanos y pecadores vinieron a sentarse a la mesa con Jesús y sus discípulos. Jerónimo, exponiendo el pasaje, comenta: Habían visto que un publicano, convertido del pecado a una vida mejor, había encontrado lugar para la penitencia, y por eso tampoco ellos desesperaban de conseguir la salvación.

A las objeciones:
1. Cristo quiso manifestar su divinidad por medio de su humanidad. Y por eso, conversando con los hombres, lo que es una actitud propia del hombre, manifestó a todos su divinidad, predicando y haciendo milagros, y llevando entre los mismos una vida inocente y justa.
2. Como se expuso en la Segunda Parte (q.182 a.1; q.188 a.6), la vida contemplativa en absoluto es superior a la vida activa, que se aplica a actos corporales. No obstante, la vida activa, por la que alguien comunica a los demás, mediante la predicación y la enseñanza, lo que antes ha contemplado, es más perfecta que la vida exclusivamente contemplativa, porque aquella vida presupone la abundancia de la contemplación. Y por ese motivo eligió Cristo tal género de vida.
3. El comportamiento de Cristo fue nuestra propia instrucción. Y por eso, para dar ejemplo a los predicadores de que no siempre han de ocuparse de la gente, el Señor, algunas veces, se apartaba de las multitudes. Se lee que hizo esto por tres motivos. Unas veces, a causa del descanso corporal. Por esto se lee en Me 6,31 que el Señor dijo a sus discípulos: Venid a un lugar desierto, y descansad un poco. Pues eran tantos los que iban y venían, que ni para comer tenían tiempo. Otras veces, el motivo era la oración. De donde se dice en Lc 6,12: Aconteció por aquellos días que salió hacia la montaña para orar, y pasó la noche en oración ante Dios. A propósito de este pasaje dice Ambrosio que con su ejemplo nos instruye sobre los preceptos de la virtud. Otras veces se apartó de las multitudes para enseñarnos a rehuir el favor de los hombres. Por lo que, a propósito de aquellas palabras de Mt 5,1: Viendo Jesús aquellas muchedumbres, subió al monte, comenta el Crisóstomo: Por el hecho de no comparecer en la ciudad y en las placas, sino de vivir en el monte y en la soledad, nos enseñó a no hacer cosa alguna por ostentación y a alejarnos del bullicio, máxime cuando sea necesario hablar sobre lo esencial (para la salvación).
Artículo 2: ¿Debió Cristo llevar una vida austera en este mundo? lat
Objeciones por las que parece que Cristo debió llevar una vida austera en este mundo.
1. Cristo predicó la vida perfecta mucho más que Juan. Ahora bien, Juan llevó una vida austera para mover a los hombres, con su ejemplo, a una vida de perfección, pues en Mt 3,4 se dice: Juan llevaba un vestido de pelo de camello y un ceñidor de cuero a la cintura, siendo su alimento langostas y miel silvestre. Sobre esto comenta el Crisóstomo: Era admirable ver en un cuerpo humano un aguante tan grande, lo que todavía atraía más a los judíos. Luego parece que a Cristo le convino la austeridad de vida en grado mucho más alto.
2. La abstinencia se ordena a la continencia, pues en Os 4,10 se lee: Comiendo, no se saciarán; fornicaron, pero no se multiplicarán. Pero el propio Cristo observó continencia y propuso a los demás guardarla cuando dijo en Mt 19,12: Hay eunucos que se hicieron tales por el reino de los cielos; el que pueda con eso, que lo haga. Luego parece que Cristo debió llevar una vida austera, tanto en su persona como en sus discípulos.
3. Parece ridículo que alguien comience una vida austera, y pase luego a otra más blanda, pues podría aplicársele lo que se lee en Lc 14,30: Este hombre comenzó a edificar, pero no pudo terminar. Ahora bien, Cristo, después del bautismo, comenzó una vida rigurosísima, morando en el desierto y ayunando cuarenta días y cuarenta noches (cf. Mt 4,1.2). Luego no parece haber sido conveniente que, después de una austeridad de vida tan grande, se volviese a una vida ordinaria.
Contra esto: está lo que se dice en Mt 11,19: Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe.
Respondo: Como acabamos de afirmar (a.1), convenía al fin de la encarnación que Cristo no hiciese vida solitaria, sino que viviese con los hombres. Ahora bien, el que vive con varios es convenientísimo que se acomode a su forma de vida, conforme a lo que dice el Apóstol en 1 Cor 9,22: Me he hecho todo para todos. De ahí que fuese oportunísimo que Cristo se comportase como los demás en la comida y en la bebida comunes. Por eso dice Agustín en su Contra Faustum: De Juan se dijo que no comía ni bebía, porque no tomaba el alimento común de los judíos. Si el Señor no lo hubiera tomado, no se hubiese dicho de él, por comparación con Juan, que comía y bebía.
A las objeciones:
1. El Señor, durante su vida, dio ejemplo en todo lo que concierne a la salvación. Pero la abstinencia en la comida y en la bebida no pertenece, por su propia naturaleza, a la salvación, según Rom 14,17: El reino de Dios no consiste en la comida o en la bebida. Y Agustín, en su libro De Quaestionibus Evang., exponiendo el pasaje de Mt 11,19, la Sabiduría se ha acreditado por sus hijos, dice: Esto es, porque los santos Apóstoles entendieron que el reino de Dios no consiste ni en la comida ni en la bebida, sino en el sosiego del tolerar, a los que ni exalta la abundancia ni deprime la escasez. Y en el libro III De Doctr. Christ. dice que en todas estas cosas no está la culpa en el uso de las mismas, sino en la liviandad de quien se sirve de ellas. Una y otra vida es lícita y laudable, es a saber: que uno, separándose del trato común con los hombres, guarde abstinencia; o que, viviendo en sociedad, siga la vida común. Y éste es el motivo por el cual quiso el Señor dar a los hombres ejemplo de una y otra vida.

Juan, en cambio, como expone el Crisóstomo In Matth., no dio a conocer nada fuera de su vida y su santidad. Pero Cristo tenía el testimonio de los milagros. Dejando, pues, que Juan resplandeciese por el ayuno, El caminó por la vía opuesta, entrando en casa de los publícanos para comer y beber en su compañía.

2. Como otros hombres logran por medio de la abstinencia la virtud de la continencia, así también Cristo, por el poder de su divinidad, reprimía la carne en sí y en los suyos. De donde, como se lee en Mt 9,14: Los fariseos y los discípulos de Juan ayunaban, pero los discípulos de Cristo no. Beda expone esto diciendo: Juan no bebe vino ni licores, porque la abstinencia aumenta el mérito de aquel que no tenía poder alguno sobre la naturaleza. Pero el Señor, a cuya disposición estaba, por su propia naturaleza, perdonar los pecados, ¿por qué iba a rehuir a aquellos que podía hacer más puros que los que practican la abstinencia?
3. El Crisóstomo, In Matth., comenta: Para que aprendas el gran bien que es el ayuno, y qué clase de escudo es contra el diablo, y cómo después del bautismo, es necesario aplicarse al ayuno y no a la lascivia, ayunó El mismo, no porque lo necesitase, sino para aleccionarnos a nosotros. Pero en el ayuno no fue más adelante que Moisés y Elias, para que no pareciese increíble su encarnación.

Como dice Gregorio, el misterioso ayuno de cuarenta días, a ejemplo de Cristo, es observado porque la virtud del decálogo se cumple en los cuatro libros del santo Evangelio, pues el diez multiplicado por cuatro nos da cuarenta. O porque vivimos en este cuerpo mortal de cuatro elementos, por cuya inclinación guerreamos contra los preceptos del Señor, que están contenidos en el Decálogo. O, como escribe Agustín en el libro Octoánta trium Quaest.: Toda la enseñanza de la sabiduría consiste en conocer al Creador y a las criaturas. El Creador es la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. De las criaturas, unas son invisibles, como el alma, a la que se atribuye el número ternario, puesto que se nos manda amar a Dios de tres maneras: con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente; otras son visibles, como el cuerpo, al que corresponde el número cuaternario, por ser cálido, húmedo, frío y seco. Y el número diez, que expresa la totalidad de la doctrina, multiplicado por cuatro, que es el número atribuido al cuerpo, porque mediante éste se realizan los oficios, nos da el número cuarenta. Y por este motivo, el tiempo consagrado al llanto y al dolor se afra en el número cuarenta.

Y, sin embargo, nada tuvo de inconveniente la vuelta de Cristo a la vida normal después del ayuno y de la estancia en el desierto. Esto es oportuno para la vida de quien comunica a los demás lo que ha contemplado; vida que decimos haber asumido Cristo, para que primero se entregue a la contemplación, y pase luego a los lugares públicos conviviendo con los otros. Por esto dice también Beda In Man.: Cristo ayunó para que tú no eludas el precepto; comió con los pecadores para que, viendo su benevolencia, recomías su poder.

Artículo 3: ¿Debió Cristo llevar una vida pobre en este mundo? lat
Objeciones por las que parece que Cristo no debió llevar una vida pobre en este mundo.
1. Cristo debió seguir la vida ideal. Pero tal vida es la equidistante entre la riqueza y la pobreza, ya que en Prov 30,8 se dice: No me des ni pobrezas ni riquezas; dame sólo lo necesario para vivir. Luego Cristo no debió llevar una vida pobre sino moderada.
2. Las riquezas exteriores se ordenan a las necesidades del cuerpo en lo que atañe al alimento y el vestido. Pero Cristo llevó una vida común en lo que se refiere a estas dos cosas, de acuerdo con el estilo de aquellos con quienes convivía. Luego parece que también en la riqueza y la pobreza debió seguir la manera común de vivir, y no practicar la máxima pobreza.
3. Cristo exhortó a los hombres a seguir sobre todo su ejemplo de humildad, de acuerdo con el pasaje de Mt 11,29: Aprended de mí, porque soy manso y humilde. Ahora bien, la humildad se recomienda especialmente a los ricos, como está escrito en 1 Tim 6,17:z4 los ricos de este mundo mándales que no sean altivos. Luego parece que Cristo no debió llevar una vida pobre.
Contra esto: está lo que se dice en Mt 8,20: El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. Como si dijera, tal como lo expone Jerónimo: ¿Cómo deseas seguirme por causa de las riquezas y las ganancias del mundo, cuando mi pobreza es tan extrema que no tengo ni una choza, y el techo que me cubre no es mío? Y a propósito de Mt 17,26 (para no darles motivo de escándalo, vete al mar) el mismo Jerónimo comenta: Esto, entendido sencillamente, edifica al oyente cuando escucha que el Señor vivió una pobreza tan extrema, que no tuvo con qué pagar el tributo por sí mismo y por el Apóstol.
Respondo: Convino que Cristo llevase una vida pobre en este mundo. Primero, porque esto era oportuno para el oficio de la predicación, por el que El dice haber venido, en Me 1,38: Vayamos a las aldeas y ciudades, para predicar en ellas, pues a esto he venido. Es necesario que los predicadores de la palabra de Dios, para darse totalmente a la predicación, estén enteramente libres del cuidado de las cosas temporales. Esto no pueden hacerlo los que tienen riquezas. De donde el propio Señor, cuando envía a los Apóstoles a predicar, les dice: No tengáis oro ni plata (cf. Mt 10,9). Y los mismos Apóstoles dicen en Act 6,2: No es justo que nosotros abandonemos la palabra de Dios para servir a las mesas.

Segundo, porque, lo mismo que aceptó la muerte corporal para darnos la vida espiritual, de igual modo soportó la pobreza temporal para darnos las riquezas espirituales, según el pasaje de 2 Cor 8,9: Conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por nosotros se hizo pobre, para que nosotros fuésemos enriquecidos con su pobreza.

Tercero, para que, en caso de haber tenido riquezas, no se atribuyese a codicia su predicación. Por lo que dice Jerónimo, In Matth., que si los discípulos hubieran tenido riquezas, hubiera parecido que predicaban no por causa de la salvación de los hombres, sino por motivo de lucro. Y la misma razón vale para Cristo.

Cuarto, para que tanto más se manifestase el poder de su divinidad cuanto más despreciable parecía por causa de su pobreza. Por esto se dice en un Sermón del Concilio de Efeso: Eligió cuanto había de pobre, de vil, de mediocre y, para muchísimos, de oscuro, para que se comprendiese que la Divinidad había transformado el orbe de la tierra. Por este motivo escogió una madre pobre, y una patria todavía más pobre; se hizo falto de dinero. Y esto es lo que te explica el pesebre.

A las objeciones:
1. Parece que quienes desean llevar una vida virtuosa deben evitar el exceso de las riquezas tanto como la mendicidad, en cuanto son ocasiones de pecar, pues la abundancia de la riqueza da ocasión de ensoberbecerse, y la mendicidad la ofrece para robar, mentir o incluso perjurar. Pero Cristo, al ser incapaz de pecar, no tenía motivo para evitar esas cosas por las causas que las evitaba Salomón. Aunque, sin embargo, no cualquier género de mendicidad es ocasión de robar o perjurar, como Salomón parece añadir en el mismo pasaje, sino sólo la que es contra la propia voluntad, para huir de la cual el hombre roba y perjura. Pero la pobreza voluntaria está libre de este peligro. Y tal pobreza fue la que Cristo eligió.
2. Llevar una vida ordinaria en cuanto al sustento y el vestido puede hacerlo uno no sólo poseyendo riquezas, sino también recibiendo de los ricos lo necesario. Esto es lo que aconteció con Cristo, pues en Lc 8,2-3 se dice que algunas mujeres ricas seguían a Cristo, sirviéndole con sus propios bienes. Como dice Jerónimo, Contra Vigilantium, fue costumbre de los judíos, y no interpretada como pecado, por ser costumbre antigua, que las mujeres proporcionasen, con los bienes propios, alimento y vestido a sus maestros. En cambio, Pablo recuerda haber renunciado a esa costumbre porque podía ser motivo de escándalo entre los gentiles. De este modo podía contarse con el sustento ordinario sin una solicitud que impidiese el oficio de la predicación; lo que no permitiría la posesión de las riquezas.
3. En el que es pobre por necesidad no es muy valorada la humildad. Pero en quien es voluntariamente pobre, como lo fue Cristo, la misma pobreza es señal de humildad suprema.
Artículo 4: ¿ Vivió Cristo conforme a la ley? lat
Objeciones por las que parece que Cristo no vivió según la ley.
1. La ley mandaba que el sábado no se hiciese obra de ninguna clase (cf. Ex 20,8; 31,13; Dt 5,12), pues Dios descansó, el día séptimo, de toda la obra que hiciera (Gen 2,2). Pero Jesús curó a un hombre en sábado, y le ordenó que tomara su camilla (cf. Jn 5,5). Luego parece que no vivió según la ley.
2. Cristo hizo y enseñó unas mismas cosas, según expresión de Act 1,1: Comenzó Jesús a obrar y enseñar. Ahora bien, El enseñó (Mt 15,11) que todo lo que entra por la boca no mancha al hombre. Esto es contrario al precepto de la ley, la cual decía que el comer y el tocar ciertos alimentos manchaba al hombre, como es evidente por Lev 11. Luego parece que Cristo no vivió según la ley.
3. Parece que lo mismo ha de juzgarse a quien hace algo que a quien lo consiente, según el pasaje de Rom 1,32: No sólo quienes hacen, sino quienes aprueban a los que hacen. Ahora bien, Cristo aprobó a sus discípulos que quebrantaban la ley arrancando espigas, excusándolos, como se lee en Mt 12,1-8. Luego parece que Cristo no vivió según la ley.
Contra esto: está lo que se dice en Mt 5,17: No penséis que he venido a abrogar la ley o los profetas. Lo que expone el Crisóstomo, diciendo : Cumplió la ley, primero, no traspasándola en nada; segundo, confiriendo la justicia mediante la fe, lo que era incapaz de hacer la ley con sus preceptos.
Respondo: Cristo vivió enteramente conforme a los preceptos de la ley. Prueba de ello es que también él quiso ser circuncidado, ya que la circuncisión viene a ser una declaración sobre el cumplimiento de la ley, conforme a lo que se lee en Gal 5,3: Declaro a todo el que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley.

Y Cristo quiso vivir según la ley: Primero, para aprobarla. Segundo, para consumarla y darla término con su observancia personal, demostrando que estaba ordenada a El. Tercero, para quitar a los judíos la ocasión de calumniarle. Cuarto, para librar a los hombres de la esclavitud de la ley, según aquellas palabras de Gal 4,4-5: Dios envió a su Hijo, nacido bajo la ley, para que rescatara a los que estaban bajo la ley.

A las objeciones:
1. A este propósito, el Señor se excusa de tres maneras de haber traspasado la ley. Primero, porque el precepto de la santificación del sábado no prohibe las obras divinas, sino las humanas, pues aunque Dios cesó, el día séptimo, de crear nuevas cosas, obra siempre en la conservación y gobierno de las criaturas. Y los milagros que Cristo hacía eran obras divinas. De donde en Jn 5,17, dice: Mi Padre sigue obrando todavía, y yo obro también.

Segundo, se excusa porque el precepto aludido no prohibe las obras necesarias para la salud corporal. Por eso dice él mismo en Le 13,15: ¿Acaso cualquiera de vosotros, en sábado, no desata del pesebre su buey o su asno, y lo lleva a beber? Y más abajo, Le 14,5: ¿Quién de vosotros, si se le cae a un pozo su buey o su asno, no lo saca en seguida, aun en día de sábado? Y es evidente que los milagros que hacía Cristo concernían a la salud del cuerpo y del alma.

Tercero, porque tal precepto no prohibe las obras que pertenecen al culto divino. Por eso, en Mt 12,5, dice: ¿No habéis leído en la ley que los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el descanso los sábados,y no incurren en culpa? Y en Jn 7,23 se dice que el hombre es circuncidado en sábado. La orden dada por Cristo al paralítico de llevar su camilla en día de sábado tocaba al culto divino, esto es, a la alabanza del poder de Dios.

Y así queda patente que no quebrantaba el sábado, aunque los judíos le acusasen falsamente de ello, diciendo: Este hombre no viene de parte de Dios, pues no guarda el sábado (Jn 9,16).

2. Con las palabras aludidas, Cristo quiso demostrar que el hombre no se hace impuro en cuanto al alma por el uso de cualquier manjar, si se tiene en cuenta su naturaleza, sino sólo cuando se atiende a su significado. El que la ley llame impuros a ciertos alimentos se debe a una determinada acepción. Por eso dice Agustín en Contra Faustum: Si se pregunta acerca del puerco y del cordero, ambos son buenos por naturaleza, porque toda criatura de Dios es buena; pero, por un determinado significado, el cordero se tiene por puro, y el puerco por impuro.
3. También los discípulos cuando, apretados por el hambre, arrancaban espigas en día de sábado, estaban excusados de la violación de la ley, a causa de la necesidad; como tampoco David quebrantó la ley cuando, por la necesidad del hambre, comió los panes que no le estaba permitido comer.