| Ghibli - El viaje de Chihiro
Hayao Miyazaki   ·   Estudio GHIBLI   ·   Isao Takahata
El viaje de Chihiro
El viaje de Chihiro - Sen to Chihiro - Spirited away
Película · 124 minutos · Estreno : Julio 2001
Dirección: Hayao Miyazaki
(también idea, guión y bocetos)
Música: Joe Hisaishi


El viaje de Chihiro es la película más famosa de Miyazaki, la que consagró su nombre en el mundo occidental; ganó el aplauso entusiasta de la crítica, el Oscar a la mejor película animada (2003), el Oso de Oro de Berlín (2002) y muchos otros premios.

Es una de sus películas más ricas y audaces; su exhuberancia, la complejidad de su trama y lo chocante de algunas imágenes provoca reacciones mixtas en el público.

Ambientación: Japón contemporáneo. Pero casi toda la historia transcurre en un ámbito fantástico, un mundo paralelo poblado de seres mitológicos (dioses, demonios o monstruos... no es fácil dar una traducción apropiada).

Sinopsis Chihiro es una niña de 10 años que se encuentra viajando con sus padres, rumbo a su nuevo hogar; malhumorada al principio por la mudanza, acaso algo malcriada. Los padres se extravían y van a dar a un parque recreativo, aparentemente abandonado. Mientras ellos se sientan a comer en un puesto, Chihiro, inquieta, se niega a acompañarlos y recorre el lugar; descubre un gran edificio con aspecto de palacio antiguo, un puente un tren... Aparece entonces un muchacho de aspecto extraño (Haku) que le ordena huir de ahí, antes de que oscurezca. Chihiro empieza a notar que el lugar se está poblando de sombras fantasmales, corre a buscar a sus padres... y encuentra un par de cerdos en su lugar. Aterrada, asiste al desembarco de "dioses" que, al parecer, se dirigen a aquella casa; y nota que su propio cuerpo se está volviendo transaparente. Aparece entonces Haku, que le da ánimos y consejo. Chihiro debe ingresar ocultamente al lugar (una casa de baños para dioses), conseguir trabajo y así buscar la forma de salvar a sus padres del hechizo.
Aprendemos después que la casa está regenteada por la bruja Yubaba. Y los obreros parecen animales con forma humana (o viceversa). En cualquier caso, los humanos parecen una rareza allí. Chihiro busca primero empleo con Kamayi, el esclavo arácnido que trabaja en las calderas; pero enseguida es derivada a Lin, que le aconseja dirigirse directamente a Yubaba.
Con perseverancia, Chihiro consigue que Yubaba le de un empleo. Aprendemos entonces que la bruja tiene un bebé gigante muy malcriado, tres cabezas (literalmente) como asistentes, y al mismo Haku como auxiliar. Chihiro termina bajo la protección de Lin, y debe trabajar duro ahora en la limpieza del lugar. Haku la visita de noche, le muestra el corral donde están sus padres y vuelve a darle ánimo; le recomienda sobre todo que no olvide su nombre (Yubaba se lo ha cambiado: ahora es "Sen" en lugar de "Chihiro"); el mismo Haku ha olvidado el suyo, y por eso es sirviente de Yubaba.
Luego descubre a un personaje extraño, un "Sin-Cara"; ella, compadecida de su soledad y mutismo, lo deja entrar a la casa y él, se convierte en un cliente tan dadivoso con los empleados (oro) como insaciable (comida). Pero antes ayuda a Chihiro a atender a un cliente difícil, un dios-del-río, monstruoso y maloliente; ella logra vaciarlo de su basura (empezando por una bicicleta que lleva incrustada) y se gana el respeto de Yubaba.

Cae una lluvia torrencial, que convierte los campos en un mar. Chihiro, en tanto, espera lograr "sanar" a sus padres con un pastel de hierbas que le ha obsequiado el dios del río. Asiste luego a la lucha de un dragón con unos pájaros de papel y, adivinando que el dragón es Haku, le presta ayuda. Haku sobrevive, y se dirige malherido a enfrentar a Yubaba. Chihiro presiente el peligro y se dirige a ayudarlo. En el camino se cruza con el sin Sin-Cara, que parece obsesionado por ella y le ofrece oro; enfurecido ante su rechazo, empieza a comerse a los empleados. Chihiro, en tanto, llega a las habitaciones de Yubaba y es sorprendida por el bebé gigante; logra desprenderse de él, para encontrar a Haku malherido, a punto de ser arrojado a una fosa. Cuando intenta salvarlo, se revela que una de las pajaritas de papel que inadvertidamente a traído con ella otra bruja: es la hermana melliza de Yubaba, que persigue a Haku porque éste, por encargo de Yubaba, le ha robado su sello. La bruja convierte al bebé en una rata, pero Haku logra zafar, cayendo al foso con Chihiro aferrada a él. Mientras caen, Chihiro invoca su nombre, como recordando algo, y Haku reacciona y logra salir volando por un conducto de ventilación, cayendo sobre Kamayi. Haku agoniza. Chihiro, desesperada, le hace tragar a la fuerza la mitad de su pastel, y Haku vomita el sello maldito y retoma su forma habitual; pero para lograr su curación, Chihiro debe intentar devolver el sello a la hermana de Yubaba. Kamayi le da unos viejos boletos de tren, sólo de ida. Antes de partir, debe intentar calmar al Sin-Cara, que está muy gordo y fuera de control. Chihiro vuelve a rechazar su oro, trata de convencerlo de que vuelva a su lugar, y como último recurso le da a comer el resto del pastel. El Sin-Cara vomita sin parar, mientras persigue enfurecido a Chihiro. Salen al fin de la casa de baños; el Sin-Cara vuelve a ser el que era, y Chihiro es concucida por Lin en un bote improvisado a la parada de tren. Viaja sobre la aguas, acompañada por el Sin-Cara y el bebé-rata, mientras cae la noche. Mientras tanto, Haku informa a Yubaba que su hijo está en poder de su hermana. Ella promete liberar a Chihiro y sus padres si ella recupera a su bebé, aunque no perdonará a Haku.

Chihiro y sus nuevos amigos llegan a casa de la bruja, donde son bien acogidos; el sello es devuelto, y las maldiciones no rigen más. Chihiro, de todas maneras, está intranquila por sus padres. Llega entonces Haku a buscarlos, bajo la forma de dragón. El Sin-Cara se queda con la bruja, y los demás vuelven volando. Es entonces que Chihiro logra descifrar la conexión que los une: de niña había caído en un río, y se había salvado de ahogarse porque el mismo río la protegió; y ese mismo río es (o fue) Haku. La revelación de su verdadero nombre transforma al dragón, que ahora se sabe liberado. Chihiro debe pasar una última prueba que le plantea Yubaba: distinguir entre un grupo de cerdos a sus padres. Ella adivina bien, la maldición se corta y Chihiro puede volver a su mundo. Sus padres no recuerdan lo sucedido, para ellos sólo ha pasado unos minutos (aunque encuentran el auto lleno de hojas). Chihiro resiste la tentación de mirar atrás (lo ha prometido a Haku) y retoma el viaje, con solo un lazo para el cabello como recuerdo.

Carácteristicas sobresalientes de esta película, dentro de la obra de Miyazaki, son su vuelo fantástico y su riqueza. Si tras haber hecho "Kiki" sintió la preocupación de estar cayendo en caminos trillados y cómodos, la trayectoria siguiente muestra una progresión creciente de audacia y libertad creativa, de la cual Chihiro es seguramente la cumbre. A muchos críticos se les ocurre asociar la obra con "Alicia" de Lewis Carroll; pero el espíritu es completamente distinto; y el uso de la fantasía tiene otra orientación y otro impacto.
La trama y la imaginería resultan con frecuencia chocantes, y el primer encuentro no suele ser fácil; muchos se desconciertan, no están seguros de gustar de ciertas escenas... Muchos no pasan de ese choque y deciden que algunos detalles son francamente feos: el bebé gigante de Yubaba tiene algo de inquietante y monstruoso, como las cabezas rodantes; la metamorfosis de los padres es algo fuerte; la escena de dios maloliente es algo asquerosa, y el largo vómito del sin cara ni hablemos. Todo esto, unido a una trama que puede aparecer caótica y difusa, provoca desagrado y rechazo en muchos. Otros, en cambio, se entregan y se entusiasman. Extrañamente, esta diversidad se da en públicos de todas edades y culturas; aunque, en mi experiencia, en los niños occidentales hay más tendencia al rechazo, y en los críticos cinematográficos hay más tendecia a la aprobación. En cualquier caso, no es una película para todos; y en particular, no suele ser especialmente atractiva para niños aunque conozco excepciones).

Es la primer película de Ghibli que vi; aunque me interesó, no fue amor a primera vista. Y, extrañamenente quizás, lo que primero me sedujo fue un aspecto más bien secundario:

Estructura: La película puede dividirse en tres partes de media hora cada una:

  1. La casa nueva: El padre y las dos hijas (Mei y Satsuki) llegan a la nueva casa. Exploración gozosa de las habitaciones y los alrededores, y descubrimiento del árbol gigante: un alcanforero "sagrado". Aparición de las bolitas de hollín ("Makuro Kurosuke"). Conocen a la abuela de la casa vecina, y al nieto tímido y huraño (Kanta). De noche, el fuerte viento asusta a las niñas, que ríen para ahuyentar los miedos (y a los Makuro Kurosuke9 Despúes la familia visita, en bicicleta, a la madre en el hospital.
  2. Totoro: Mientras Satsuki asiste a la escuela, Mei vaga fuera de la casa y descubre al Totoro pequeño. Persiguíendolo descubre al mediano, y luego, en el interior del árbol gigante, llega al refugio del Totoro gigante. Más tarde, la familia presenta sus respetos ante el árbol sagrado. Al otro día, el padre va a la Universidad, Mei no soporta la ausencia de su familia y su hermana debe hacerle un lugar en el colegio. De vuelta a casa, empieza a llover, y Kanta les presta el paraguas. Al atardecer, salen a devolver el préstamo, y a esperar al padre a la parada de autobus. Llega retrasado, ocasión del segundo encuentro con Totoro, y aparición del Gato-bus. Las hermanas siembran las semillas "mágicas". En la noche calurosa, de luna llena, las niñas se levantan de la cama, asisten con los Totoros al crecimiento mágico de los árboles, vuelan con el viento, y soplan la ocarina en la cima del árbol. A la mañana siguiente, las semillas muestran sus primeros brotes.
  3. Buscando a Mei: Pequeña crisis, con la enfermedad de la madre y la pérdida de Mei. Mientras el padre trabaja en la ciudad, y las niñas visitan la huerta de la abuela vecina, llega un telegrama alarmante del hospital. Satsuki se encarga de llamar al padre, y trata de soportar la presión emocional, para cuidar de su hermana menor. No puede evitar, sin embargo, irritarse con ella, y más tarde la misma hermana mayor es la que se quiebra imaginando la posible muerte de su madre. Mei entonces escapar rumbo al hospital con un choclo de la huerta, confiando que esto devolverá la salud a su madre. Naturalmente se pierde, y Satsuki debe salir a buscarla, con la ayuda del vecindario. Al fin se decidirá a buscar la ayuda de Totoro...
Esta galería de imágenes, cronológica, permite seguir la historia.

Personajes
Mei (4 años) y Satzuki (10 años), las dos hermanas, son las protagonistas principales. Satzuki es la hermana mayor modelo, muy responsable y cariñosa. Se adivina el peso que implica la ausencia de la madre, y la obligación que asume para cubrir su falta. Sólo en la crisis del episodio finalse quebrará.
Mei es pura energía y alegría de vivir. Adora a su hermana, y la imita en todo.

El padre, geólogo y profesor universitario; calmo, algo distraído. Contrariamente a algunos clichés, es un padre comprensivo y sensible, que acompaña a la justa distancia las fantasías de sus hijas. La madre está internada en el hospital, aparentemente de tuberculosis (un rasgo semi-autobiográfico de Miyazaki). Interviene poco, pero se adivina una gran compenetración con su esposo; también se adapta con envidiable naturalidad a las historias de las niñas.

Kanta, es el niño de la casa vecina. De igual edad que Satzuki, esconde tras su pose de desdén hacia "las nuevas niñas" su timidez. El episodio del préstamo de paraguas -y la devolución- lo pinta entero.

La abuela de Kanta, amable y servicial, ayuda al establecimiento de los nuevos vecinos.

Totoro. En realidad, son tres: el Totoro pequeño, el mediano y el grande. Pero cuando hablamos de "Totoro", se sobreentiende el grande. La pregunta "¿qué es?" no merece respuesta (y los niños no suelen hacerla). Es Totoro, nomás.

Otros personajes son el Gato-Bus (amigo de Totoro, al parecer), los "Makuro-Kurosuke" (bolitas de hollín, o conejitos del polvo, según traducción), la madre de Kanta, la maestra de escuela, y no mucho más.

Virtudes Si digo que es una de mis películas preferidas (animadas o no), y que son muchos los que piensan igual, que encanta a niños de tres años y a críticos refinados, probablemente aquel que no la haya visto se hará una idea falsa y se llevará una decepción; porque es una película muy simple y humilde, y es grande en su misma pequeñez. Contrasta con mi otra preferida: "El viaje de Chihiro"; "Totoro" no tiene la riqueza exhuberante (de concepción y realización) de aquella, y por lo mismo tampoco tiene sus "disonancias" o rasgos chocantes. La perfección de "Totoro" es esa propia de las obras materialmente pequeñas y elementales. No abruma, no encadila; uno se enamora sin darse cuenta.

Dejando por un momento aparte las virtudes más generales del estudio Ghibli, tal vez la virtud más característica de Totoro sea el gozo. Hay un tono de gozo, de esa felicidad simple e intensa, propia de la infancia, que pocas veces (si es que alguna) ha sido plasmado en una obra de arte con tal maestría. Las primeras escenas son características: la excitación de las niñas al llegar a la casa, sus risas al recorrer las habitaciones (Mei copiando los movimientos de su hermana mayor) y la dicha de ir a buscar agua al arroyo... Y también (otro de los momentos perfectos), el momento en que las hermanas se levantan de la cama, en la noche cálida de luna llena, y salen afuera con Totoro.

Es una película contemplativa, lenta, llena de silencios. Ejemplo: Mei acaba de descubrir al Totoro pequeño, que se esconde debajo de la casa; ella se agacha y espera que salga. La escena queda prácticamente congelada unos segundos, el único movimiento es el revoloteo de una mariposa. ¿Cuántos segundos? No muchos, unos diez; pero para los usos y convenciones de la animación "estandar" actual (Disney, Pixar, etc) es una eternidad capaz para aterrorizar a cualquier comité creativo; ¡por Dios, hay que poner acción, vértigo... que los niños no se aburran! Y confieso que yo mismo, cuando vi esa escena (y tantas otras), la disfruté enormemente pero no pude dejar de pensar: "esto no es para chicos, es demasiado lento". Mea culpa. Miyazaki conoce a los niños mejor. Y me consta ahora que los niños miran esos pasajes lentos con idéntica fascinación y disfrute que uno.

Dibujo y animación: Obra humilde en lo formal, y al mismo tiempo preciosista. El argumento es muy simple, los personajes son sencillos. La animación es buena, muy expresiva para la época (es notable el progreso en comparación con las anteriores; y todavía habrá más progresos), pero con las limitaciones de los métodos tradicionales: puramente bidimensional, sin computadoras (las limitaciones se evidencian en los "movimientos de cámara" que exceden un simple "paneo" sobre un fondo estático; véase sobre todo el viaje de Satsuki sobre el Gato-bus). Los fondos son bellísimos, típicamente "ghiblianos"; no sólo los paisajes, sino los interiores, parecen concebidos con una atención y una especie de reverencia, como la de un pintor que pinta una naturaleza muerta; me es difícil determinar por qué siento esto exclusivamente con Ghibli, por qué ahora la belleza de -digamos- los paisajes de "Bambi" me parece fría, mecánica y vacía. Algo parecido -y que también se extiende a casi toda la obra de Ghibli- tendría que decir de la animación, de la gestualidad; hay una delicadeza y cuidado del detalle que no es mero realismo ni técnica, es algo más vecino al amor que un creador debe sentir (por la creación y por su subcreación).

Música: Tercera participación de Joe Hisaishi con Miyazaki. Y otro logro. Con un espíritu más infantil que otras, como corresponde. Los dos temas de los créditos (inicio y final) son dos clásicos. Y como suele pasar, hay trozos que han pasado a ser parte integrante de ciertas escenas: pienso sobre todo en la emigración de los "Makuro Kurosuke" mientras la familia toma un baño, y la aparición del Gato-bus al rescate.

El viento y la lluvia: A mi ver, y coincidiendo con lo que decía una vez Takahata, un rasgo central de Miyazaki es la sensualidad, la evocación de sensaciones, algo afín a un placer físico, palpable.
Y dos elementos frecuentes, casi prototípicos, son el viento y la lluvia.
Acá, los dos son protagonistas. Es muy viva la pintura del viento, la primera noche en la nueva casa; el viento que hace caer un balde, que agita las puertas corredizas y el techo de chapa; y cuando Mei y Satzuki viajan con Totoro, viajan con el viento; y más: son el viento.
Y la lluvia también tiene su protagonismo, desde las primeras gotas que hacen apurar el paso de las niñas que vuelven de la escuela, hasta el memorable encuentro en la parada de autobus.

Y si de sensualidad hablamos, imposible olvidar la escena en que Mei se duerme sobre la panza de Totoro. Es extraño que un recurso tan elemental, el de evocar un placer físico tan primario, resulte tan logrado.

Ejemplo del preciosismo gestual, de ese realismo que es una forma de atención amorosa por las cosas de este mundo, la pose de Mei llorosa abrazándose a las rodillas de su hermana. También ejemplo de esas escenas elementales que son apreciadas por igual por niños y adultos.

Se ha dicho que Miyazaki, en su concepción creadora, arranca más bien por los detalles, por escenas aisladas (y que podría contrastarse en eso -sólo en eso- con su compañero Takahata, que parece partir más bien del todo). A mí me da esa impresión, y en esta obra sobre todo. No me parece que la obra esté concebida como una historia, con planteo, desarrollo y desenlace; más bien se me antoja que Miyazaki partió de la imagen de "las niñas y Totoro", y después sobre esas escenas entrevistas fue armando la historia. Se me ocurre incluso que tras el fin de la segunda parte podría haber habido muchos más fragmentos "episódicos", pero que a esa altura de la película había que plantearse "y ahora qué hacemos con estos personajes?". No es que la tercera parte me parezca floja, pero sí que su conexión con lo anterior, a nivel historia, es un poco tenue. Afortunadamente, el remate (sobre todo con las imágenes estáticas de los créditos del final) para mi gusto le salió muy bien.

Se ven por ahí algunos posters o imágenes promocionales de la película que no están incluidas en ella. No se trata de cortes. Se trata de que, por un lado, Ghibli suele publicar con posterioridad arte basado en las péliculas (para calendarios, por ejemplo). Y por otro lado, uno de los carteles promocionales corresponde a uno de los bocetos de Miyazaki previos a la realización. Así se explica que en lugar de Mei y Satsuki haya una sola niña, de edad intermedia, bajo el paraguas: pues esa fue la idea original de Miyazaki, quien luego replanteó la historia con dos hermanas. Extrañamanente, sin embargo, y para perplejidad de muchos, este dibujo es muy difundido, incluso como portada de algún DVD.

En su momento, la película no fue estrenada fuera de Japón. Más tarde se distribuyó en video en varios países. Disney, que ahora distribuye las obras de Ghibli en EEUU, ha editado recientemente una nueva versión, con nuevo doblaje en inglés. Existe también un doblaje al español, de calidad aceptable (aunque algo demasiado español para nuestros oídos latinoamericanos); al parecer existe también un doblaje hecho en México, que me gustaría conocer, pero que parece inhallable hoy.

La palabra "Totoro" es un invento de Miyazaki. En realidad, Mei pronuncia mal, quiso decir "Tororo", especie semi-animal de fantasía de los cuentos japoneses, posiblemente equivale al troll. En una de las últimas imágenes de los créditos finales se ve a la madre leyendo a sus hijas un libro de cuentos, con un Totoro en la portada.

Si bien la película transcurre en Japón, y en una cultura más bien tradicional, hay pocos aspectos que resulten difíciles de entender (o de traducir) para nosotros. Sobre algunas costumbres (no pisar con calzado los pisos interiores; baños de inmersión familiares), ver lo explicado acá. Un par de detalles adicionales:

Las bolitas de hollín que las niñas encuentran en la casa son llamadas por el padre Makuro Kurosuke, una especie de juego de palabras infantil con la palabra "negro" (kuro), literalmente sería algo como "negro-negrísimo". Antes de subir la escalera al ático, al atisbar la oscuridad, Mei murmura casi automáticamente: "Makuro Kurosuke". Las bolitas reaparecerán, en una forma bastante parecida, en "El viaje de Chihiro".

Hay varias referencias a la religiosidad tradicional popular de Japón: El árbol gigante es un "árbol consagrado", lo cual se señala con esa especie de soga que circunda su tronco. Al volver de la escuela, las niñas buscan refugio de la lluvia en una especie de ermita dedicada a alguna divinidad local; un sitio sagrado similar intimida a Mei, en la parada de autobus. Finalmente, Mei extraviada aparece al pie de unas esculturas religiosas budistas, lo que puede verse como una especie de influencia protectora.

continuará...


Hernán J. González · web · email · comentar
Buenos Aires, Argentina · 7 Junio 2009