"Ninguno enciende una antorcha para ponerla en un lugar escondido, ni debajo de un celemín, sino sobre un candelero, para que los que entran vean la luz. La antorcha de tu cuerpo son tus ojos. Si tu ojo estuviera puro, todo tu cuerpo será resplandeciente; mas si estuviera dañado, también tu cuerpo estará lleno de tinieblas. Cuida, pues, que la luz que hay en ti no se convierta en tinieblas. Porque si tu cuerpo estuviere todo iluminado, sin tener parte alguna oscura, todo él será luminoso, y te alumbrará como una antorcha refulgente". (vv. 33-36)
San Cirilo, in Cat. graec. Patr
Decían los judíos que el Señor hacía milagros, no para que se creyese en El, sino para obtener los aplausos de los espectadores y para tener muchos seguidores. Rechaza, pues, esta calumnia presentando el ejemplo de la antorcha, cuando dice: "Ninguno enciende una antorcha para ponerla en un lugar escondido, ni debajo de un celemín; sino sobre un candelero", etc.
Beda
El Señor habla aquí de sí mismo, manifestando que aunque antes había dicho que no se daría señal alguna a aquella raza sino la de Jonás, no por esto quiere ocultar la claridad de su luz a los fieles. El mismo encendió la antorcha que llenó con la llama de su divinidad la naturaleza humana. No la quiso ocultar a los creyentes, ni ponerla debajo del celemín -esto es, dentro de la medida de la ley o dentro de los términos o fronteras de la sola nación judaica-, sino que la colocó sobre el candelero -esto es, sobre la Iglesia-. De esta manera ha hecho resplandecer en nuestras inteligencias la fe de su encarnación, para que los que quieran entrar con fe en la Iglesia puedan ver claramente la luz de la verdad. Por último, mandó que no sólo fuesen puras nuestras acciones, sino que purificáramos y castigáramos los pensamientos y las intenciones mismas del corazón; por ello dice: "La antorcha de tu cuerpo es tu ojo".
San Ambrosio
O la antorcha es la fe, según lo escrito ( Sal 118,105): "La antorcha que guía mis pasos, Señor, es tu palabra"; porque la palabra de Dios es nuestra fe. Pero la antorcha no puede lucir si no recibe la luz de otra parte; por tanto, las facultades de nuestra alma y de nuestra inteligencia son iluminadas para que podamos encontrar la moneda que se perdió. Así que ninguno debe reducir su fe a la ley; porque la ley tiene su medida y la gracia no tiene ninguna; la ley oscurece, la gracia ilustra.
Teófil
O de otro modo: Los judíos, por la malicia que encerraban en su corazón, censuraban al Señor viendo sus milagros. Por ello el Señor dice que recibiendo la luz de Dios (esto es, la inteligencia), cegados por la envidia no conocían los milagros ni los beneficios. Todos hemos recibido del Señor la inteligencia para ponerla sobre el candelero, a fin de que los que entran vean la luz. El sabio ha entrado ya ciertamente, pero el que aprende está todavía en el camino. Como diciendo a los fariseos: Conviene que vosotros uséis de vuestra inteligencia para conocer los milagros y que expliquéis a los demás que lo que veis son obras del Hijo de Dios, y no de Beelzebub. Y en este sentido añade: "La antorcha de tu cuerpo es tu ojo".
Orígenes, in Cat. graec. Patr
Toda el alma es ilustrada por la inteligencia. Por eso llama ojo, con mucha propiedad, a nuestra inteligencia; y llama metafóricamente cuerpo a nuestra alma, que es incorpórea.
Teófil
Así como por la luz de los ojos brilla todo el cuerpo y se halla sumido en tinieblas en el caso contrario, así también sucede con el entendimiento respecto del alma por lo cual dice: "Si tu ojo estuviera puro, todo tu cuerpo será alumbrado; mas si estuviere dañado también tu cuerpo estará lleno de tinieblas".
Orígenes, ut sup
Porque el entendimiento desde su principio, consiste en sólo el estudio de la sencillez, no teniendo ninguna doblez, ni engaño, ni división en sí.
Crisóstomo, hom. 21, in Matth
Por tanto, si corrompemos nuestro entendimiento, que es el que puede contener nuestras pasiones, herimos toda nuestra alma y padecemos terrible oscuridad por la corrupción de nuestro entendimiento obcecado. Por esto añade: "Cuida, pues, que la luz que hay en ti no se convierta en tinieblas". Aunque tienen su principio dentro de nosotros mismos, llama sensibles a estas tinieblas que llevamos a cada paso con nosotros cuando se extingue la luz de los ojos de nuestra alma; y añade acerca del poder de esta luz lo que sigue: "Porque si tu cuerpo estuviere todo iluminado", etc.
Orígenes, ut sup
Esto es, si tu cuerpo sensible se hace resplandeciente, una vez iluminado por la antorcha, de tal modo que no quede en ti miembro ninguno oscurecido, con mucha más razón, cuando no pecas, resplandecerá todo tu cuerpo espiritual, de modo que su resplandor podrá compararse a una antorcha brillante; y la luz del cuerpo, antes oscuro, se dirigirá a donde quiera el entendimiento.
San Gregorio Nacianceno, epist. 22
O de otro modo; la antorcha o el ojo de la Iglesia es su prelado. Es necesario, pues, que así como el cuerpo se guía bien por el ojo perfectamente sano y es mal guiado cuando lo tiene enfermo, así también hace naufragio o se salva la Iglesia según el pontífice que la gobierna.
San Gregorio moralium 28, 13 vel 6, super Iob 38,5
Con el nombre de cuerpo se entiende toda acción que sigue su intención como un ojo vigilante. Por esto dice: "La antorcha de tu cuerpo es tu ojo"; porque por el resplandor de la buena intención se ilustran los méritos de la acción. "Si tu ojo fuere sencillo, todo tu cuerpo será alumbrado". Porque si miramos rectamente y con pensamiento sencillo, haremos una buena obra aun cuando parezca que no lo es tanto. "Mas si fuere malo, también tu cuerpo estará lleno de tinieblas". Porque cuando se hace alguna cosa buena con mala intención, aun cuando se vea que brilla delante de los hombres, se oscurecerá sin embargo ante el tribunal de la conciencia. Por lo que añade con mucha oportunidad: "Cuida, pues, que la luz que hay en ti no se convierta en tinieblas". Porque si lo que creemos que hemos hecho bien lo oscurecemos con la mala intención, mucho peor será lo que sabemos que es malo en el momento de hacerlo.
Beda
Cuando añade, pues: "Porque si tu cuerpo", etc. Llama cuerpo al conjunto de todas nuestras acciones. Porque si haces una obra buena con buena intención no teniendo en tu conciencia ningún pensamiento tenebroso, aun cuando alguno de tus prójimos sufra daño por tu buena acción, tú, sin embargo, en virtud de la rectitud de tu corazón, recibirás gracia aquí, y gloria de luz en la otra vida. Lo que da a conocer cuando añade: "Y te alumbrará como una antorcha luciente". Todo esto se dijo en contra de la hipocresía de los fariseos que pedían capciosamente una señal.