|
miércoles, 24 junio 2009
Cine de autor
Como yo lo veo, la vida, el universo y todos esos asuntos (en particular, pienso en los muy desparejos destinos humanos, los desniveles de felicidad, sabiduría, bondad e importancia) sólo pueden tener sentido en el caso de que todo sea una suerte de obra de teatro; o, una película. En el caso de que quepa vernos como actores (y en parte también autores y espectadores; en parte pequeña, y sin dudas insuficiente) de una trama que tiene la unidad de una obra artística, la armonía y la estructura de una sinfonía. Sólo así se puede tomar todo en serio, soportarlo y agradecerlo. Ahora bien, sin un Dios como último autor-director, y verdadero espectador (y solo garante de la esperanza de llegar a contemplar la obra, y entenderla, del otro lado), no hay tal caso; esa mirada no se sostiene. Si esto pretendiera ser un argumento apologético, sería uno de los peores que se han inventado -que no es poco decir. Pero de ningún modo lo pretende. Es como yo lo veo, nomás. martes, 23 junio 2009
Cuentos de guerra
Estoy terminando «Cuentos de guerra», uno de los pocos libros
de León Bloy que no había leído. En realidad, es una selección de «Suer de sang» (1893) unos
cuentos sobre la guerra franco-prusiana de 1870, en la cual él había participado.No sé si la selección será representativa; el libro me parece bastante bien, dentro de lo que puede gustar Bloy como cuentista (poco, a la mayoría; no demasiado, a mí). Hay algo de las truculencias y ferocidades que preveía. Conociendo su odio a los alemanes, yo temía además (por eso me demoré tanto en leerlo) que tuviera algo de panfleto: ya saben, esos recuentos morosos de las crueldades enemigas, para indignar a la tropa. Pero no, —ya debería conocerlo mejor—, Bloy no tiene nada de nacionalista (adjetivo cuya interpretación dejo a cargo del lector ), y aunque le duele terriblemente la humillación de su patria, y aunque no ahorra apóstrofes contra los «prusianos sanguinarios», no son ellos los malos de la película, ni son sus maldades el tema. Creo que mi preferido es «El obstáculo», un cuento casi sin trama, como una especie de fotografía de la derrota y la desolación; tal vez lo trascriba en la página algún día. La edición (ed. El Cobre, España, 2002) no es gran cosa. Traducción dudosa, algunos pocos errores de ortografía ("rebentar" "y "rebienta", en el mismo cuento; raro, sobre todo en estos tiempos de correctores automáticos). Como prólogo metieron el viejo artículo de Rubén Darío (de «Los raros») —un desatino. Y la nota de contratapa termina con este párrafo, tan dudoso en la redacción como en el pensamiento:
Leer a Bloy, lo más políticamente incorrecto que puede haber en el dominio
de la literatura, gran ironía del que se creía un ortodoxo a ultranza.
Pobre unión de dos pobres ideas: la etiqueta resobada de lo "políticamente incorrecto"
para elogiar cualquier cosa que (en el fondo o la superficie; con o sin criterio estético, ético
o intelectual) se salga de los carriles más transitados; y la gansada (borgiana)
de que «Bloy pretendía ser ortodoxo pero al final fue todo un hereje». Y el tipo este
la empeora, porque, incluso si tomáramos la calificación "PI" en el mejor sentido que sus usuarios quieren
(trasgresión meritoria, audacia fructífera que denota libertad creativa y de pensamiento), incluso
si aceptáramos que Bloy sólo «pretendió ser ortodoxo», aún así no habría ninguna ironía.
¡Como si, hoy día, el propósito de ser uno ortodoxo
(en todos los aspectos; pero en religión particularmente)
pudiera ser considerada políticamente correcta!
Chesterton escribió un par de libros a propósito de esto (Herejes y Ortodoxia); o, tal
vez, todos.
domingo, 21 junio 2009
Suma
Se me fue el fin de semana remozando la Suma Teológica. Además de los cambios en estética y navegación, por fin metí los enlaces internos. Aunque, para variar, quedaron algunas referencias sin enlazar -y algunos seguramente estarán mal. Como siempre, se pueden hacer correcciones; ahora, simplemente clickeando en los textos. sábado, 20 junio 2009
Episcopado comprometedor
—Bien, bien, me gusta cómo quedó... sobre todo lo de «irradiar tus mismos sentimientos». Creo que ya está, ¿no?
—A mí me parece que está faltando algo... A ver... ¡Compromiso! ¡Se nos olvidó la palabra «compromiso»! —Sí... y yo agregaría también «ternura», aunque no sé muy bien dónde. Ya saben, lo del Dios tierno y bondadoso... —Tienen razón, che. A ver... qué les parece ... «Jesús, que nos convocas con tu ternura al gran desafío del compromiso y la disponibilidad...» —Suena bien, pero... «convocar» y «disponible» ya la usamos en la «Oración por la patria»... —Además, monseñor pidió que no pasaran de 150 palabras, estamos al límite, eso lo alargaría demasiado. —Es verdad, y sería una pena recortar algo... ¿se les ocurre algo?... —... —¿Y si en vez de «que no sean indiferentes a tu mirada» ponemos «que no sean indiferentes a tu mirada tierna y comprometedora»? —¡Genial! —¡Muy lindo! —¡Garpa, garpa! —Muy bueno, Juan. ¿Vieron, vieron para qué sirve saber de poesía, zanguangos? ¡Y yo cuando lo veía hace tiempo a este con los libros de Benedetti lo cargaba, que eso era sólo para levantar minas, ja, ja! —No hay nada que hacerle, el que sabe, sabe. —Sí señor. Con esto creo que superamos a la «Oración por la patria». A Monseñor le va encantar. ¡Saaaaale con fritas! jueves, 18 junio 2009
La exasperación nuestra
Impresión penosa, una vez más, cuando veo que tal persona que aprecio
«habla contra la Iglesia»*. Esa mezcla de tristeza y de ira, de todos conocida... quiero creer. Exasperación nacida del amor
al prójimo, del amor a la Iglesia, del amor a la verdad... queremos creer.
Pero esto, a mí ya se me está haciendo cuesta arriba creerlo.
Evoco otros sentimientos menos nobles: el resentimiento ante la pérdida de algo propio, o ante el peligro
de perderlo; y creo ver demasiadas semejanzas.
Apego. El temor
crispado a que me mutilen o me quiten... algo. ¿Qué?
Ayer hablé con el padre A. acerca de Teresa Neumann. Esta mañana pensaba yo con exasperación en la negativa rotunda que opondría un racionalista a tales hechos.
Y reflexionando sobre mi propia exasperación llegué a pensar
que, sin dudas, se debía a que todavía subsiste en mí
cierta duda. Creo que esto va muy lejos. Me parece que la caridad está vinculada a la certeza. Habría que profundizar esto. (Hay aquí una idea aparentemente paradójica: admitir que no es de ningún modo la certeza lo que constituye la raíz del fanatismo, sino una desconfianza de sí, un temor que no se confiesa uno a sí mismo.) Gabriel Marcel - Diario metafísico - 21.nov.1931 Sí, yo también creo que aquello va muy lejos. Aunque no parezca ¿No? Digo, porque suena a las resobadas pretensiones de impasibilidad, la ataraxia del sabio que no se altera ante la contradicción y el error; la acusación frívola: «si te alterás, es que en el fondo dudás». Pero a lo que va Gabriel Marcel, creo, no es eso; o es casi eso, pero el matiz hace la gran diferencia. No es que «no haya que alterarse», así nomás. El tema es que, pasión que no está ordenada al bien, está ordenada al mal. Sobre todo, no creer que nuestra pasión o alteración es como un pedazo de energía generada por una fuente esencialmente buena (nuestro amor por la verdad, etc) y que, después, veremos de orientar en la buena dirección... (si tenemos tiempo y espacio; bueno, qué querés, tampoco uno es perfecto, hacemos lo que podemos, por algo se empieza; etc etc) No se trata de tácticas de acción. En todo caso, la táctica debe ir a la fuente. Y la «acción» bien puede ser, en primer lugar, interna: ordenar los afectos. Amor y compasión. Caridad pura. También sentimientos mortificadores, si a mano vienen: pero exclusivamente en el registro (difícil de definir pero fácil de reconocer) de las mortificaciones sanas, las que hacen bien al alma. Sin esto, la pasión es impotente; y si es impotente, no tiene ninguna virtud -en ambos sentidos de la palabra. Sólo un reflejo de defensa, con toda probabilidad. Culpable, en tanto pretenda ser cosa más alta (o en cuanto pretenda ser excusa para contraatacar haciendo el mal -incluso en el fuero interno). Y síntoma de una relación impura con la verdad: la fundada en un apego. La certeza exige desapego.
lunes, 15 junio 2009
Un hombre enojado
Hojeaba estos días la "Introducción a la vida devota" de San Francisco de Sales;
es libro famoso
y con buenas -y cercanas- recomendaciones (además la traducción es de Quevedo) pero no llego a engancharme del todo. Ayer,
sin embargo, me encontré comulgando con una frase, modesta ella:
Aquel santo e ilustre Patriarca José, enviando sus hermanos a Egipto a la casa de su padre,
les dió este solo aviso : «No os enojéis en el camino» [Gen 45,24]. Lo mismo te digo yo, Filotea: esta miserable vida no es sino un camino para la otra bienaventurada: no nos enojemos, pues, en el camino los unos con los otros: caminemos con la tropa de nuestros hermanos, y compañeros, dulce, amigable y apaciblemente.
Sí, la cuestión y la frase va muy cerca de un tema que siempre me ha dado que pensar, y que ya he tocado por acá (está visto que uno sólo puede aprender las cosas que ya sabía, de alguna manera). Y más te digo, que de ninguna manera te enojes, si fuere posible, ni abras la puerta de tu corazon a ningun enojado pensamiento; porque dice Santiago: «La ira del hombre no obra la justicia de Dios» Sant 1,20. Hase de resistir el mal, y reprimir los vicios de los que tenemos á cargo, constante y valientemente ; pero suave y apaciblemente. [...] Mejor es el rehusar la entrada á la ira cabal, y justa, que el recibirla, por pequeña que sea; porque recibiéndola, es trabajoso el despedirla, por cuanto se entra como un pequeño pimpollo, y en un instante se hincha, y engrosece; que si llega á ganar la noche, y el sol se acuesta sobre nuestra ira (lo cual el Apóstol defiende*), convirtiéndose en odio, y rencor, apenas hay remedio de desecharla, por quanto se cria de mil falsas persuasiones; y un hombre enojado no piensa nunca que su enojo es injusto. Mejor es, pues, el procurar saber vivir sin cólera, que el querer usar de ella moderada y sabiamente; y cuando por imperfección, o flaqueza nos hallamos arrebatados de ella, es mejor el rechazarla con presteza, que detenerla un solo punto en nuestro corazón; porque por poco espacio que la den de asiento, se hace dueño del lugar, y hace como la serpiente, que tira fácilmente todo su cuerpo donde puede poner la cabeza. Pero ¿cómo la rechazaré yo? me dirás tú. Es menester, mi Filotea, que al primer toque suyo, que sientas en tí, juntes prontamente tus fuerzas, no áspera ni impetuosamente, sino suavemente ; porque como vemos en las Audiencias de muchos Senados, y Parlamentos que que los Ujieres gritando «Silencio», hacen mas ruido que aquellos á quien pretenden hacer callar; también sucede muchas veces que queriendo con ímpetu reprimir nuestra cólera, levantamos mas alboroto en nuestro corazón, que ella pudiera haber hecho; y hallándose así el corazón alborotado, no puede mas ser dueño de sí mismo...
(Cap. 8, tercera parte) Así es la cosa. El hombre enojado no piensa nunca que su enojo es injusto. Y lo peor es que casi siempre lo es. Si no por su causa, por su medida. Con la perspectiva que da el tiempo, uno ve que casi todas sus irritaciones pasadas fueron exageradas. ¿Y entonces? ¿Qué concluiremos? ¿Que mejor es no enojarse nunca? Suena liviana esta conclusión, con su olor quietista y hasta inhumano. Incluso Santo Tomás dice la falta de ira puede ser vicio... Y sin embargo, al parecer, San Francisco de Sales la da por buena... al menos como guía de conducta. Pienso en Bloy... él no estaría muy de acuerdo, se diría —y creo recordar alguna frase suya despectiva hacia las mieles salesianas. Pero también el mismo Bloy decía que «cuando ha pasado un corto espacio de tiempo, me asombro de haber concedido tanta importancia a lo que tenía tan poca.». (Y ahora iba a intentar decidir si yo estaba o no de acuerdo, para cerrar esta entrada; pero pensándolo mejor ¿a quién le importa eso? a mí, no, por cierto). domingo, 14 junio 2009
Los nerds también rezan
Nueva versión del Vocabulario Bíblico. Además de un montón de correcciones, logré mi objetivo de linkear las referencias a la Biblia... tras día y medio en full nerd mode. (Si alguien ignora lo que es nerd, aquí tienen un ejemplo: quedarse un sábado hasta las dos de la mañana programando, sin poder apartar los ojos del monitor, y tener que hacerse violencia para irse a dormir; y el domingo a la mañana en misa no poder evitar distraerse pensando en cosas tan espirituales como html+css con iframes, y javascript con jQuery.) Quedó bastante cómodo, creo yo. Díganme si en sus navegadores ven algo mal, yo probé con los nuevos. Las referencias a la Biblia pueden fallar a veces: algunas pocas puede confundirse de libro-capítulo, o no reconocer el libro - en particular, para las referencias sin nombre de libro supone que se trata del libro de la referencia anterior. Según mi experiencia, la heurística anda bien casi siempre, pero probé muy poco: ¡son más de veinte mil referencias a la Biblia! Puse un link para reportar errores o comentarios. viernes, 12 junio 2009
Sueltos
Los artículos de Slashdot, por cuestión profesional más que nada, suelen interesarme; pero no puedo decir que sintonicemos —que comulguemos— a menudo. Uno de los pocos ejemplos: Un quinto de la población del mundo no puede ver la Vía Láctea de noche. Bien por la preocupación, bien por los que compartieron las experiencias («Confieso que la primera vez que vi la Vía Láctea fue durante un campamento, a los 30. Lo primero que dije fue '¿Qué demonios es eso?'» «En nuestras últimas vacaciones mi hijo de cuatro años se pasó más de 30 minutos mirando el cielo estrellado con la boca abierta...»), menos bien por la expresión «Contaminación lumínica» (pero bueno, hacen falta esas expresiones, supongo), y mal por los que argumentan que lo preocupante de que la gente no mire las estrellas es que haya pocos incentivos para impulsar la tecnología espacial. Hablando de progreso y naturaleza: Short history of America. Pseudópodo revisita, a propósito de una película nueva, el caso Hipatia; también los cientificistas tienen sus mitos, faltaría más. Otro aspecto gracioso, señalado en los comentarios, es que el coro de alabanzas científico-feministas no puede evitar caer en el tópico sexista de la indispensable belleza femenina (no vaya alguien a creer que por ser intelectual era fea, ¿eh? la inteligencia importa, pero la belleza también). La cuestión, a pesar de su ridiculez, tiene su lado profundo y misterioso, creo. Y el santoral católico no está libre de pecado, por decilo así. Recuerdo en particular el caso de Santa Teresita, con sus hermanas retocando sus fotografías para hacerla más linda... según los criterios de las estampitas sulpicianas. Lo inquietante es que la falsificación, se diría, tuvo éxito, al menos momentáneo. Iré a ver Up, seguramente, aunque Pixar hace rato que ha dejado de cautivarme. Quién podrá reinyectar por ahí algo de libertad creativa, algo de sorpresa y de locura... Yo quisiera menos perfección, menos previsibilidad, menos talento incluso, a cambio de lo otro. Releía estos días unas viejas y humildísimas Pi-pío ... por ejemplo el discurso de Ovidio acá (¡mortal!) y me da un placer, una admiración y una ternura...
Algunos blogs literarios, con comentarios de libros, un poco al tuntún: Siempre me fastidió que los mercaderes me ofrecieran el producto «que usted se merece». Si ni sé yo lo que merezco, qué van a saber estos. Está bien, comprendo que esa adulación es inocente, por evidentemente falsa; una mera convención publicitaria. (Pero que unos tipos por la radio me prometan «el artesanal lavado que sus alfombras merecen» ... me parece que es llevar esas convenciones demasiado lejos.) En todo caso, estaría bueno que nos dedicáramos a merecer antes de consumir. Y a ver si nos ponemos de acuerdo: «Restobar», es perdonable. «Multiespacio», no. jueves, 11 junio 2009
Comentarios
Me alegraba hace poco de poder decir ciertas cosas aquí sin tener que prever un hilo de discusión de comentaristas, a favor y en contra. Ahora bien, esto no significa que me moleste recibir comentarios (salvando los que expresamente se proponer molestar). Claro que me gusta recibirlos; y me gustaría recibir más; y me gustaría ser más agradecido y menos descortés y vago a la hora de contestarlos. Pero eso es una cosa, y el tema de abrir un sistema de comentarios (lo que algunos lectores siguen pidiendo) es otra. Los pro y los contra, a mis ojos, fluctúan con los tiempos; pero aquellos nunca se imponen a estos. No quiero generar, ni en mí ni en los otros, más adicción a la web. No sirvo para anfitrión o centro de conversaciones, ni siquiera virtuales. Tampoco estoy seguro del buen efecto de los comentarios sobre el blog en sí. En algunos casos (Pseudópodo, Disputations, Mark Shea) aportan algo sustancial; pero me parecen los menos. Y que los comentarios de un blog devengan en una suerte de foro, no termina de convencerme; y menos cuando la cosa toma un color sectario o tribal -caso Wanderer. Para eso armen un foro, caramba. Contra lo que algunos parecen creer, no creo que ser lectores de este blog sea promesa de "comunidad", aun en los mejores sentidos de la palabra. Para eso, mejor buscar o armar algún foro de charla. Es cierto que conozco poco y nada para recomendar. Quizás en El testigo fiel pudiera germinar algo. Por otro lado, tengo que decir que acá no entra mucha gente. Ya hace rato que no hago ni veo estadísticas de visitas (y con esto de los feeds las cuentas se complican). Pero lo que puedo constatar, la cantidad de comentarios, es más bien escasa. Esto me trae un recuerdo de pocos días atrás: leí, por mis pecados, a un bloguero católico español que pasaba revista a ciertos otros blogs, también católicos pero no de su gusto. Para mostrar que eran un fracaso de público, se entretuvo en enumerar la cantidad (baja) de comentarios de las sucesivas entradas («números cantan», dijo) y auguró complacido su pronta desaparición. Lo notable del caso es que el dicho blogger no es un adolescente: es todo un señor maduro que pasa por ser un tipo informado y criterioso, y hasta un referente de los asuntos clericales de por allá... En fin. Es verdad que puede resultar otro inconveniente (menor) de los comentarios públicos, esa preocupación por el rating. De todas maneras, aunque las estadísticas no me preocupan mucho, menos me preocupa esconderlas. Así que, por primera vez (y seguramente por última) en la demasiada larga historia de este blog, se me dio por agarrar los logs y hacer una cuenta rápida de los comentarios recibidos por mes.
Números cantan, dijo aquel. También es cierto que el ritmo de publicación ha ido disminuyendo -lo cual podría ser un punto a favor si de contar 'comentarios por entrada' se tratara; pero no a la hora de mediar la vitalidad del blog. Recuerdo, allá por la prehistoria, cuando conocí el concepto del 'blog', me parecía que la cuestión era generar en el lector el hábito de la visita frecuente (no solo por el contenido del blog en sí, sino sobre todo como anuncios de novedades en mi sitio y en la web en general; así nació la cosa). A lo cual, evidentemente, contribuyen los comentarios públicos... pero también ciertas estrategias de publicación como publicar varios posts cortos en lugar de uno largo, o de cuidar de mantener un flujo más o menos regular de entradas (si voy a publicar 4 entradas esta semana, no publicarlas todas el mismo dia, distribuirlas). Y si todavía arrastro algunos resabios de esas mañas, por suerte cada vez son menos. Sobre todo, porque ahora veo (¡gran descubrimiento!) que no le estoy haciendo ningún favor al lector si lo habitúo a visitarme frecuentemente. ¿Y acaso —dirá algún lector mordaz, si lo tengo— no habrá también algo de el zorro y las uvas en ese descubrimiento tuyo? Seguramente. miércoles, 10 junio 2009
Inventar o no inventar
Compruebo, una vez más, que si me ponen de un lado a los tradicionalistas proclamando que «no hay que inventar nada» porque la Cristiandad ya existió, que basta con volver la mirada a la Edad Media europea para contemplar el modelo (mudable solo en los accidentes y no en la sustancia) de lo que debe ser una sociedad cristiana; y por el otro lado a los progresistas proclamando que «una nueva Iglesia es posible», alentándonos a ser creativos para inventar una nueva cristiandad... me siento tan lejos de los unos como de los otros. Aunque quizás sería más exacto decir que a los unos (los primeros) los siento más cerca; pero por eso mismo, me irritan más; efectos compensados, que vendrían a dar un neto similar en los dos casos: fuerte rechazo. No me creeré equilibrado por tan poca cosa, la ortodoxia no se mide en esas coordenadas. Y en todo caso, si de equilibrios se tratara, preferiría sentir menos rechazo y más simpatía por los dos lados. Pero es lo que hay.
martes, 9 junio 2009
El que esté libre de fundamentalismo...
No seré yo quien tire la piedra. No estuve muy lejos de creérmela, sin embargo.
Casi llegué a considerame inmune a los enardecimientos adolescentes de los fundamentalistas, casi me creía
con derecho a desdeñar las católicas indignaciones contra abusos o despropósitos
litúrgicos: vamos, una mala canción de misa o un cura creativo/desacralizador no son
cosas para alterarle el ánimo a uno, o disparar fantasías de manifiestos o denuncias al obispo
ni nada. Estamos grandes, estamos curtidos, sabemos relativizar lo relativo, y tolerar
con humor las humanas limitaciones. Estamos a un cachito así -miren- de la impasibilidad
que reclamaba Spinoza: «No reír, no llorar, no odiar, sino comprender».Pero todo tiene su límite; lo comprobamos al topar con barbaridades excesivas, que nos hacen perder esa impasibilidad. A mí me pasó al ver con este afiche de Ponyo, la última de Miyazaki, en México. Ya el título («El secreto de la sirenita») es bastante idiota; el lema «Tenía cara de angelita y cara de pescado» es ... doblemente idiota; pero el afiche, con una cola de sirena sobredibujada es... una atrocidad que clama al cielo. Me arruinó el día -y más de un día Parece que en Argentina también van a usar ese maldito título, esperamos salvarnos al menos de ese afiche. Puestos en modo Ghibli, y un poco a modo de desagravio, digamos que hemos subido la reseña de otra película (Porco Rosso), pronto vendrá Whisper of the heart. Y recomendemos una larga serie en Youtube (más de 40 partes) sobre el 'backstage' de Mononoke, con subtítulos en inglés. Montones de detalles interesantes. Y a modo de contrapeso, buenas noticias en España: Aurum (distribuidora española, que ha mostrado mayor seriedad y respeto que las de por acá) anunció el lanzamiento (en DVD) de casi todas las películas de Ghibli, en algunos casos con nuevos doblajes. ¡Por fin! Y, simpática curiosidad, me llega la noticia de un compositor argentino, Lucas Guinot, que ha compuesto una canción instrumental (tango moderno, podría decirse) con el título "A don Hayao Miyazaki" (acá, aparece en el listado de canciones a la derecha).
Y ya que de animé trata la entrada (sí, de eso trata, lo siento, disculpe)... Anduve picoteando algo más, por fuera de Ghibli; pero no mucho; y casi nada ha logrado
engancharme. No me interesan, definitivamente, ni
Satoshi Kon (Millenium Actress, Tokyo Godfathers) ni Mamoru Oshii (Ghost in the Shell). jueves, 4 junio 2009
Eppur...
Salió impreso («en letras de molde», diría nuestra presidenta) como copete de una nota en un suplemento de jardinería:
Para algunos, el follaje de otoño la convierte en la estación más romántica. Sin embargo, muchos de estos cambios responden a estrategias de supervivencia.
Las palabras que destaco vendrían a ser, gramaticalmente hablando, una ... (¿qué vendrían a ser, Jeeves?)... una «locución conjuntiva adversativa». Bien. Ahora, lógicamente hablando,
vendrían a ser todo un non sequitur ¿no? Una inconsecuencia bastante cómica. O penosa, según se mire.
Interesa saber cómo mirarla, creo, considerando que otras adversativas más importantes y frecuentadas parecen compartir un aire de familia... ¿Aire de familia, dije? Digamos mejor (no tengo comentarios públicos en el blog, así que no debo temer que se arme el fastidioso hilo de discusión, con objetores de uno y otro lado) que son lo mismo. miércoles, 3 junio 2009
Mujeres del siglo veinte
Me pregunto si has leído a Simone Weil. Yo no, y dudo que pueda llegar a entenderla;
pero, por lo que leí sobre ella, pienso que debe haber sido un alma grande.
Ella y Edith Stein son las mujeres del siglo XX que más me interesan.
Lo decía Flannery O'Connor, en una carta de 1955. (De acá; vía acá; donde enlaza la serie completa de posts sobre Simone y Flannery, y los comentarios de esta cuando, un año después leyó a aquella).
No es poca cosa, a mis ojos, esa sintonía con mis intereses... Y me alegra, la verdad. Sobre todo, considerando que Flannery O'Connor bien podría ser (a mis ojos) la tercera. martes, 2 junio 2009
Voc. Teol. Bib.
Dadme expresiones regulares (y un buen editor de texto -EditPad- más Perl más los comanditos unix básicos) y... no digo que moveré el mundo pero sí que —en no muchos días, aunque más de lo que yo esperaba— a partir de esto te armo esto. Falta, todavía, falta. Falta, sobre todo, lo más importante, lo que le daría verdadero sentido al trabajo: enlazar a la Biblia. Y eso pinta más difícil de lo que esperaba, porque el texto origen (y las referencias bíblicas especialmente) están llenos de errores (ya corregí bastante, pero queda mucho), ya veremos qué podemos hacer; al menos, están los enlaces internos, que no fue poca cosa. Lo publico así, sin terminar (aunque casi de incógnito, como ven... empezando por el título; no quiero tener problemitas con editoriales y esas cosas....) por si caen opiniones, sugerencias o palabras de aliento —o desaliento, por qué no; No leí la obra, en realidad, pero me han dicho que no está mal. Tal vez más adelante habilite a los visitantes a hacer correcciones, como hice -con éxito- con la Suma. |
Entradas:
• Cine de autor • Cuentos de guerra • Suma • Episcopado comprometedor • La exasperación nuestra • Un hombre enojado • Los nerds también rezan • Sueltos • Comentarios • Inventar o no inventar • El que esté libre de fundamentalismo... • Eppur... • Mujeres del siglo veinte • Voc. Teol. Bib.
Contacto:
hgonzalez@gmail.com |
|