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jueves, 20 julio 2006
Pa que no me falten flores
Dos tanguitos más de Gardel en youtube: Mano a mano (recuerdo que me gustaba de chico; aunque no hace mucho que terminé de entender la letra...). Y La gayola. Recién ahora, leyendo la letra de ésta, descubro que mi oído había malentendido el final:
Hoy ya no me queda nada,
Yo entendía "pa'que no me falten flores / cuando estés
dentro'el cajón", y me hacía gracia el remate... un poco absurdo (veo ahora), pero también mucho más ambiguo y sugerente, no me digan que no...
ni un refugio, estoy tan pobre; solamente vine a verte pa' dejarte mi perdón. Te lo juro, estoy contento que la dicha a vos te sobre. Voy al campo a laburarla, a juntar algunos cobres, pa' que no me falten flores cuando esté dentro' el cajón. Bloy y la Verónica - III
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Ni moralejas, ni juicios, ni opiniones. Eh... pero ¿cómo dejar de preguntar y preguntarse?... Dos cuestiones, sobre todo, reclaman opinión a gritos: Es fácil prever el dictamen de un incrédulo; y acaso también el un católico [*]. Y lo digo sin ninguna sorna. Pero el caso es que yo, de verdad, no tengo respuestas formadas para esas preguntas, ni mucho interés en formármelas. —Y entonces ¿para qué contás todo esto? ¿Te parece que tiene algo de edificante? Mmmm.... No sé. Y no es que me moleste la palabra, ni que deje de importarme la edificación (de hecho, me importa), pero... trataremos de responder otro día. Por hoy, y a modo de epílogo histórico, resumamos cómo siguió la vida de Bloy. Cuando internan a Verónica en el asilo de dementes, él tiene 36 años. Empieza una nueva época en su vida, que se cerraría a los 43. En ese intervalo, si no pierde la fe ni el interés religioso, su vida espiritual parece menguada; tiempos desordenados, en los que busca refugio en el ambiente literario-periodístico... y en las mujeres. De lo primero, no sacará gran cosa: amistades fundadas sobre lo estético, con pocas raíces; algún progreso técnico y una fama de libelista zafado que terminará por jugarle en contra; y muchos enemigos, claro. De lo segundo... unas cuantas experiencias, algunas casi tan tristes como la pasada, dos amantes muertas, y un hijo "no reconocido" (bueno... aportó dinero para su crianza, hasta su muerte a los 11 años; pero de entrada se negó a casarse con la madre, y jamás menciona el asunto en su diario). Sus pocos amigos fieles del mundo literario mueren: primero Hello, después Barbey y Villiers. A los 41 años publica "El desesperado", novela, su primer obra de cierta importancia. Y podría haberse creído que era la última. En las ventas: es un fracaso. En el resultado: es un pastiche ampuloso, recargado, brillante por momentos, insufrible por otros; una "liquidación de stock" en la que mete sin importarle nada "todo lo que encuentra de bueno en sus cajones" (Stanislas Fumet dixit), también todo el episodio de la Verónica (novelado... como si hiciera falta), y cerca del final un ataque de una minuciosidad y una ferocidad increíbles contra casi todos los escritores franceses de moda, apenas ocultados bajo seudónimos, un "degüello en regla, del cual no se encontrará equivalente en la literatura de ninguna lengua" (ibid). Nace así la "conspiración del silencio" del establishment literario, de la que Bloy pasará su vida quejándose; y que será (y cómo no!) deliberada, y a muerte. A los 43, conoce a Jeanne Molbech, danesa protestante, la que (tras pocos meses de noviazgo y la conversión de ella) sería su esposa; recién entonces logra poner algún orden en su vida, en lo interior y en lo exterior; recupera sus prácticas religiosas, para ya nunca abandonarlas. Hasta su muerte, a los 71, su vida será ya bastante uniforme, aunque no sin miseria -incluida la muerte de dos hijos. Escribirá con regularidad libros "que vivirán pero que no lo hacen vivir", y logrará al fin algunos amigos fieles, provenientes de la escasas pero devotas filas de sus lectores. Intelectualmente, parece que después de "El desesperado" no tendrá grandes cosas nuevas que aprender, sólo afinar algo los medios de expresión. A los efectos de esta serie, conviene hacer constar que Bloy nunca respondió explícitamente a las cuestiones planteadas arriba, que sepamos. Usó, sí, el episodio de la Verónica en la novela, como dijimos. Y las "ideas" que recibió de la vidente alimentarán siempre su pensamiento; sobre todo en "La salvación por los judíos", pero no solamente. Por ejemplo: uno de los textos de "En las tinieblas", su último libro —a los 70 años— se titulará "El inimaginable advenimiento".... Alguno dirá que eso es una manera de responder... ; y una chocante manera. Será. [* ... lo cual, claro, no implica suponer unanimidad. Digamos de paso que Maritain opina que, a pesar de todo, algo de sobrenatural debe de haber habido en las iluminaciones de Ana María] martes, 18 julio 2006
Bloy y la Verónica - II
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Y bien, todos saben lo que sucedió aquel día de 1880 en que León Bloy terminó su novena pidiendo "la Gloria de Dios o la muerte", la fecha en que Verónica había prometido el signo, el acontecimiento inaudito. Absolutamente nada.
Yo he pedido constantemente la Gloria de Dios o la muerte. Llega la muerte. Bendita sea. Es posible que la gloria llegue tras ella, y que mi dilema no haya tenido sentido.
La cita es de la novela, de El desesperado [*]. En la realidad, no llegó la gloria de Dios pero tampoco la muerte —que acaso hubiera preferido.
Bloy queda destrozado. Puede uno hacerse una idea de su estado de ánimo con la carta que envía a Hello, que adjunto abajo ("Estoy sin pan, sin porvenir, sin esperanza, con una horrible herida en el corazón...Hoy lunes, por primera vez después de mucho tiempo, no he comulgado ni he articulado una sola oración. No experimento sino el más amargo y más feroz resentimiento contra un Dios tan duro y tan ingrato...."). La pobre Ana María queda como atontada, horriblemente escandalizada; no puede aceptar haberse engañado. Sus oraciones se vuelven reproches. Llega a dirigirse a Dios "como habla un amo a un siervo infiel, como un verdugo cruel hablaría a su víctima". Tras intentar emborracharse con la blasfemia y la desesperación, él después alcanzará a rejuntar los pedazos de su alma... Ella, no. Durante largos meses, Bloy asiste al derrumbe de su enamorada (no hay que olvidar, además, el ingrediente de presión sexual —por llamarlo de alguna manera—, por demás evidente en la novela). Las crisis de frenesí son cada vez más frecuentes, ya la locura de Verónica no es sólo "ante los ojos del mundo"... Recién en julio de 1882 Bloy se decide a llamar a un médico. Ana María, completamente demente, es internada de imediato. Morirá 25 años después, en el mismo asilo, sin haber recuperado nunca la razón. Y esta es la verídica y triste historia de León Bloy y la Verónica. ¿Moralejas? No. [* Si los links no funcionan, copiar la dirección y pegarla en el navegador.] ver más... lunes, 17 julio 2006
Si Dios quisiera
Lectura de algunas páginas de Ana Catalina Emmerich.
Una entrada del diario de León Bloy, 23/Feb/1901. La última frase es una de las varias suyas que se me han quedado prendidas en el alma (¡y hace tantos años!), como una de esas melodías pegadizas. ¡Ah! ¡Qué hermosa, qué santa podría ser nuestra vida si Dios lo quisiera! Casi una jaculatoria. Bien veo que en cierto sentido es absurda —¡cómo Dios no va a quererlo!— pero... así es la cosa. Celo fatuo
De cuaderno de notas de Jacques Maritain ("Recuerdos post-baustismo"), 13 de febrero de 1911.
[Releo algún tiempo más tarde las diatribas a que me entregaba en este cuaderno contra el "apostolado moderno", contra los católicos modernos, las consoladoras "manifestaciones" religiosas a que convida la Semana Religiosa de Versalles, el envilecimiento del pensamiento cristiano, etc., y anoto al margen]: Cuánta fatuidad en mi celo.
Es verdad, me digo, espontáneamente. Y me lo digo, pensando no en él sino en "nosotros" ... ¿y quiénes son "nosotros"? Algunos católicos, conversos en su mayoría, sospecho; con demasiado sentido del ridículo, de desprecio fácil y paciencia difícil...Caracterización imprecisa y algo oscura, pero por ahora lo prefiero así. Al que le pueda servir, lo entenderá, creo yo. Carta a Verónica
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A modo de intermezzo (y no me hablen de "suspenso"... si todos saben el final), adjuntemos dos cositas: primero, una carta de León Bloy a Ana María, de las varias que fueron publicadas -póstumamente- bajo el título de "Cartas a Verónica", con prólogo de Maritain. Son notables (conmovedoras, abyectas, ridículas o sublimes, al gusto de cada cual) por la ternura, la sencillez y la insignificancia... cualidades que pueden resultar inpensadas en el libelista feroz, suntuoso y grandilocuente que era Bloy. Esta es de los primeros tiempos, antes del retiro de él en La Trapa, y de la conversión de ella. El "sacrificio" -que ella estima imposible- es, claro, el de vivir en castidad.
Mi querida niña: te suplico que tengas valor. Me ha causado gran aflicción esta mañana el verte llorar. Si bastase sufrir para que tú fueses dichosa y prudente, me ofrecería de buena gana al sufrimiento por amor tuyo. ¿Crees acaso que yo soy feliz y que el sacrificio que te pido no me cuesta a mí tanto como a ti?
Segundo: otra carta de Bloy, a su amigo Ernest Hello. Anotemos que el anuncio de las grandes cosas a producirse esos días vino provocado, en buena medida, por la ansiedad de Bloy y Hello. Pero también porque un confesor, probablemente harto de las pretensiones proféticas de Ana María, le ordenó pedir a Jesús "un signo visible y evidente" de la verdad de sus visiones. Un clásico en estos asuntos, puede decirse (recuérdese el caso de Guadalupe, por poner un ejemplo). En la carta, escrita el miércoles santo de 1880, cerca del climax del asunto, Bloy alude a este pedido. Y Hello, ansioso como el que más, estuvo de acuerdo: había que pedir un signo.¡Ah! pobre querida mía, si tú supieses lo que sufro, tendrías gran piedad de mí. Llorarías de compasión por tu pobre amigo que quiere salvarte y que para ello está dispuesto a imponerse todos los sacrificios. ¿Por qué, pues, no has de ser valerosa? ¿Por qué no has de tomar una enérgica resolución? Me decías esta mañana que considerabas la cosa imposible. Pero, pobre niña querida, la cosa no es de ninguna manera imposible, sino solamente difícil. Con coraje, llegarás a conseguirlo. Si te descorazonas, pobrecita, ¿qué te ocurrirá? ¿Acaso tendrás valor, ahora, para volver sobre tus pasos, y comenzar nuevamente tu antigua vida? Si así lo hicieras me desesperarías. Puesto que dices que me amas, haz lo que te digo, por mi amor. Te lo suplico en nombre de lo más sagrado. Piensa en la buena Virgen que te quiere y te llama, como se llama a una pobre oveja extraviada; piensa también en tu madre que se alegra en este momento de tus buenas resoluciones. ¿Acaso es tan difícil lo que debes hacer? No se te prohibe que vuelvas a verme. Nos veremos con frecuencia, todos los días, si sientes necesidad de ello. Ten confianza en mí y ten también por mí un poco de piedad, puesto que soy tan desgraciado y tanta necesidad tengo de ser socorrido y consolado. Todo lo que se exige de nosotros es que no nos veamos en tu casa. Obedezcamos, de buena gana, aun cuando esto pueda sernos costoso. La Santísima Virgen nos recompensará. Te aseguro, querida mía, que esta Madre no te abandonará y te concederá paz y valor, si se los pides de todo corazón. Esta noche, al salir de la oficina, iré a Nuestra Señora de las Victorias y le pediré que te ayude. Le ofreceré por ti las lágrimas, el corazón, la felicidad y hasta la vida, si quiere tomarla. Me espera en el mundo un hermoso porvenir. Hago con gusto sacrificio de él para que tú te salves, para que no vuelvas a caer en el mal del que he tratado de sacarte. Si Dios me llama a la vida del claustro, iré gozoso con la esperanza de sostenerte desde lejos con mis oraciones. Lloro mientras te escribo, mi pequeña querida. ¿Qué quieres que haga yo, qué quieres que me ocurra si no me ayudas? Vamos, pues, te lo suplico, toma valor una vez más en la plegaria, pide y te será concedido más de lo que crees, y por añadidura, la alegría. Hasta mañana, querida mía. Si llueve no te esperaré sentado en un banco, sino bajo una puerta cochera del bulevar St-Germain, de ocho y media a nueve. Te veré cuando pases por allí. Tu desdichado amigo, León Bloy. La carta además es una pintura impresionante de las cosas que decía Verónica, del clima espiritual frenético (pueden usar un adjetivo menos benévolo, si prefieren) en que vivían. También son visibles los temas que marcarán la obra de Bloy (muchos motivos de "La salvación por los judíos", sobre todo), lo que muestra que sus afirmaciones sobre todo lo que debía intelectualmente a la ignorante ex prostituta no eran exagerados. ver más... domingo, 16 julio 2006
Clima de misa
Tengo uno de esos libritos de letras de tangos con acordes, titulado "Tangos que pueden ser boleros". En la introducción, el autor explica que, siendo el tango y el bolero géneros musicales con compases binarios (2 o 4 tiempos) sus ritmos pueden —en principio— intercambiarse... En principio, decimos, porque hay factores adicionales, de temáticas, de climas, que, claro está, también deben ser tenidos en cuenta. Hay tangos que pueden interpretarse abolerados, pero sólo los románticos, no los canyengues.«... en tangos como "Muñeca brava" o "El bulín de la calle Ayacucho" el cambio no tendría sentido», dice el bueno de don Arnoldo Pintos. Claro; es obvio. El ritmo marca un clima, y la música debe armonizar, no solo consigo misma sino también con la letra. Obvio. Pero... no sé si es tan obvio para todos. Lo pensaba hace un ratito, mientras escuchaba a los entusiastas (y muy binarios) guitarristas de mi parroquia cantando el Agnus Dei[*] [* Letra: Cordero de Dios / que quitas el pecado del mundo / ten piedad de nosotros..... Etc.] |
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