Archivo por meses: marzo 2009

Disyuntivas viciadas

Todos reconocemos, aunque sea implícitamente, el principio del tercero excluido: o bien [P] es verdad, o bien [no P] lo es. Según eso, se nos puede exigir respuesta, por sí o por no, a la pregunta «¿es verdad que P?» Si no podemos alegar ignorancia, incomprensión, ambigüedad o sinsentido de la proposición, si no hay cuestión de grises, y si P forma parte de nuestro universo conocido de hechos y nociones, deberíamos poder responder… parece.

Para objetar lo anterior, pueden traerse varios ejemplos. Me gusta este:

Responda SÍ o NO:
—¿Ha dejado ud. de golpear a su mujer?
Se ve el dilema —y la gracia: uno no puede aceptar como verdadera la proposición «He dejado de golpear a mi mujer», pero tampoco su negación: «No he dejado de golpear a mi mujer».

La paradoja es fácil de explicar. Hay de por medio una proposición compuesta, que esconde dos proposiciones simples: Q= «en el pasado, yo golpeaba a mi mujer» y R=«en el presente, golpeo a mi mujer». Igual se aplica el principio del tercero excluido, por supuesto (una proposición compuesta sigue siendo una proposición); pero hay una cuestión verbal acá, usos de nuestro lenguaje: la construcción «he dejado de golpear a mi mujer» se emplea para significar «antes la golpeaba, ahora no» [Q y no R] y la construcción «no he dejado de…» se emplea para significar «antes la golpeaba, ahora también» [Q y R]. En cambio, las reglas de la lógica dicen que no(Q y no (R)) = no(Q) o R.
Conclusión: en la lengua viva, agregar un «NO» delante de una frase no la convierte automáticamente en su negación lógica. Y por lo mismo, ateniéndonos a esos usos, la disyuntiva no vale: ambas, «P» y «no P» son falsas.

Dicho de otra manera: el propio planteo de la cuestión subrepticiamente está asumiendo algo. Aceptar la pregunta como válida, cualquiera sea la respuesta que demos, implica dar un dato por verdadero; en este caso: que en el pasado uno golpeaba a su mujer.

Así, una simple pregunta —una disyuntiva— puede ya ser todo un sofisma; como bien saben, en la práctica, tantos abogados, opinadores y panfletistas. Aunque pocas veces la falsedad de fondo sea tan fácil de exponer, o de reducir a una confusión lingüistica. De hecho, generalmente no vale la pena; porque no tenemos más herramientas que la razón —y el lenguaje—, y cuando falta la voluntad previa de usar bien esas herramientas —cuando falta la buena voluntad— lo mejor es ahorrar saliva.

Hace poco pasé por un sitio web de unos militantes ateos, algo más brutos que la media; en la portada desafiaban al creyente a responder unas pocas preguntas; las clásicas: si Dios todopoderoso puede crear una piedra tan pesada que ni él mismo pueda levantarla; si un Dios bueno y omnisciente puede tolerar el sufrimiento humano; si la oración -o el pecado- pueden alterar los designios de Dios, etc, etc. Y —proclamaban ellos, muy satisfechos de su propia inteligencia— no podías negarte a responder un simple «sí» o «no»; si te negabas, entonces tu sistema de creencias era automáticamente inconsistente y contradictorio.

Pero no se trata sólo de ateos adolescentes. Hay creyentes, hay profesionales del intelecto, que caen en esas disyuntivas viciadas. (Digamos una vez más, de paso, que no importa mucho distinguir si el sofista también se engaña a sí mismo o no; a cierta profundidad, esa distinción se desvanece). Y mídame usted esas culpas.

En los evangelios, los escribas y fariseos suelen interrogar a Jesús —el mismo que decía «que tu sí sea sí, y tu no, no»— enfrentándolo a disyuntivas varias. El a veces (no muchas) responde, pero a menudo se sale por la tangente (responde en otros términos, en verdad) y a veces no responde nada. Tantas respuestas oscuras, sibilinas, escurridizas…
—«¿Hay que pagar tributo al César, sí o no?»
—«¿Hay que apedrear a la adúltera, sí o no?»
¿No son acaso preguntas racionales y válidas? ¿No merecen una respuesta concluyente de parte de un rabí? Pues… parece que no. Y hay un caso peor (y lo traen por los tres sinópticos), en el que Jesús se contenta con devolver la pelota, tirándoles a los interrogadores una disyuntiva incómoda. Y así.

¿Son casos análogos a la disyuntiva que poníamos al principio? Yo creo, al hilo de lo dicho, que sí.

Y creo que la analogía también puede valer para unas cuantas disyuntivas frecuentadas por la derecha católica, en sus diversos grados. «¿Fuera de la Iglesia hay salvación, sí o no?», «Quien muere en pecado mortal va al infierno, y X es pecado mortal ¿sí o no?» «Pío IX nos enseñó tal cosa en el Syllabus ¿qué enseñas tú, oh ambiguo Pablo VI…?». Extraña que estos no alcancen a verse reflejados en aquellas preguntas de los fariseos (o los otros ejemplos, las fáciles antinomias que exhiben los ateos o la misma cuestión inicial…); pero es el sino de fanáticos y obsesos, no poder verse desde afuera. Y no es sólo el contenido de las disyuntivas, sino el talante impaciente y crispado con que las plantean, la creencia de que la respuesta verdadera no puede menos que ser tajante, las pretenciones jactanciosas de intransigencia, y el desdén con que se reciben los argumentos matizadores. Defensores de la verdad, se dicen y creen; al mismo triste y grosero modo que los ateos cientificistas; y muy lejos de la magnífica delicadeza con que un Santo Tomás se enfrentaba a esas cuestiones.
A mí se me hace que si, puestos ante el mal, debemos resistir la tentación de arrancar la cizaña demasiado temprano, algo parecido podría decirse respecto de la contradicción.

… la ausencia de contradicción no es un criterio de verdad. Por el contrario, la contradicción, como ya Platón lo sabía, es el único instrumento del pensamiento que eleva. Pero hay un uso legitimo y un uso ilegitimo de la contradicción. El uso ilegitimo consiste en combinar afirmaciones incompatibles como si fueran compatibles. El uso legítimo consiste, cuando dos verdades incompatibles se imponen a la inteligencia humana en reconocerlas como tales y convertirlas por así decirlo en los dos brazos de una pinza, un instrumento para entrar directamente en contacto con el dominio de la verdad transcendente innaccesible a nuestra inteligencia. La contradicción así manejada desempeña un papel esencial en el dogma cristiano. Seria fácil mostrarlo a propósito de un ejemplo como el de la Trinidad. Desempeña un papel análogo en otras tradiciones. Quizá haya ahí un criterio para discernir las tradiciones religiosas o filosóficas auténticas…

Simone Weil
# | hernan | 31-marzo-2009

Los enemigos preferidos – 2

Leí estos días una biografía de Catalina II «la Grande» (emperatriz de Rusia a fines del siglo 18) por Henri Troyat. Parece ser que Catalina, en sus años mozos sobre todo, sin ser una intelectual, era aficionada a las lecturas progresistas. Con sus ínfulas de ilustrada, y su sincera admiración por Voltaire, Diderot y todo aquellos. La cual admiración, a medida que ella fue ganando en poder y publicidad, fue correspondida por los filósofos con enorme entusiasmo. No era moco de pavo, semejante alumna, y las promesas de llevar a la práctica los ideales humanitarios liberales de gobierno y todas esas nuevas y bellas cosas. Sin contar las donaciones…
Pero resulta que a poco de tomar las riendas del imperio, Catalina aparece fuertemente sospechada de armar dos asesinatos contra posibles aspirantes al trono, ambos en cautiverio: uno de ellos, su esposo, el zar derrocado Pedro III; el otro, Iván, un príncipe medio loco.
… en el extranjero, los amigos de Catalina se sienten muy decepcionados. Voltaire observa que «el asunto de Iván ha sido llevado de un modo tan atroz que uno juraría que estuvo a cargo de devotos». D’Alembert observa «Es muy irritante, tener que desembarazarse de tanta gente, y mandar a después a imprimir que uno censura el hecho pero que no tiene la culpa». Después, los filósofos se calman poco a poco y aceptan la razón de Estado. La admiración que sienten por la lejana y generosa Catalina los mueve a una especie de indulgencia resignada. Para calmar los escrúpulos de Voltaire, D’Alembert cita un proverbio: «Más vale matar al diablo antes que el diablo os mate». Y agrega: «Convengo con vos en que la filosofía no debe enorgullecerse demasiado de tales alumnos. Pero ¿qué queréis? Hay que amar a los amigos a pesar de sus defectos». Por su parte, Voltaire sólo desea que lo convenzan, y olvidar esas pequeñeces. «Son asuntos de familia, con los cuales no me mezclo», dice…
El romance de Catalina con los ilustrados franceses seguirá su historia, menguando al envejecer la emperatriz e imponerse su lado aristocrático-autocrático; y muriendo definitivamente tras la Revolución Francesa. Pero eso no me interesa ahora.

Tampoco me interesa trazar paralelos con figuras del presente (leer historia no debería servir para fogonear los maniqueísmos políticos, sino más bien al contrario; digo yo, que casi no he leído historia).

Lo que me interesa ahora de la anécdota, al hilo de la entrada anterior, pasa más bien por la frase en negrita.
Lindo resumen de la cuestión, me parece. Sofisma siniestro. Sofisma que corre mucho, y parejo con su complementario: «Hay que odiar al enemigo a pesar de sus virtudes».

# | hernan | 26-marzo-2009

Los enemigos preferidos

… Puede uno preguntarse si, con relación al psiconálisis y el auténtico sentido de Dios, es prudente en los medios católicos preferir a Jung en lugar de Freud. Con el primero se corre el riesgo de desconocer el verdadero cristianismo y el Dios transcendente, poniendo en su lugar un «sagrado» tanto más seductor cuanto que parece unificar todas las religiones y gozar de pruebas experimentales. Con el segundo se corre el riesgo de la irreligión, pero si se emprende la búsqueda al final se encuentra la verdera religión para lo cual no hay otra sacralidad válida más que la que revela y promueve el amor (ágape) dado en Jesucristo.
En todo caso, una aspecto común aparece en ambas líneas, juguiana y freudiana: el sentimiento religioso que no culmina en la fe refluye a menudo sobre el mismo psicoanálisis, que se ve engrandecido así como proceso de salvación, de liberación y realización total del hombre.
Lo decía no recuerdo quién (copié la cita y perdí la referencia) en un «encuentro de intelectuales católicos franceses» a mediados de siglo XX.

Es probable que la disyuntiva Freud-Jung hoy no sea tan relevante, desde cualquier punto de vista; aunque no estoy seguro. (Y, de paso, me parece que los pros y contras respectivos, para el punto de vista católico, podrían marcarse mejor.) Pero no ha perdido relevancia, creo, ese género de disyuntiva. Discriminar, de entre los que no son de los nuestros, quiénes nos son más cercanos y aprovechables. Con quiénes podemos llegar a hacer alianzas; y con quiénes sólo cabe disputar territorios —o de última, execrar con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

Ahí tendríamos un ejemplo: el católico que tiende a ver al psicoanálisis como patrimonio de los enemigos, pero que descubre aspectos «rescatables» en Jung, y arma su militancia según ese esquema: apertura hacia los junguianos, condena tajante del freudismo. A esta posición, probablemente ingenua, viene a oponer sus reparos aquel intelectual francés… casi cayéndose del otro lado del caballo.

Pero hay muchos otros ejemplos, nada imaginarios (y no muy ajenos).
El católico tradicionalista que siente su religión más cercana a la de los ortodoxos rusos (o protestantes conservadores) que de los católicos progresistas de su parroquia.
O el católico de esa tendencia (y más o menos nostálgico de una Edad Media más o menos idealizada) que contempla las (a su esquemático ver) dos fuerzas anti-cristianas que vienen a chocar a principios de este siglo: un occidente post-cristiano, laico y progresista contra un islamismo fanático y anti-moderno; y se pregunta si sus simpatías (y acaso sus esperanzas y su apoyo) no deben estar con los últimos.

No es cuestión de solventar semejantes dilemas en un post de un blog —y menos, de este blog.
Ni de declararlos falsos sin más.
Pero si no falsos, sí se me hace que hay algo de criticable en la actitud, el estado del alma que eso supone, y que empuja a plantearlos. Criticable, digo, en el sentido técnico de la palabra; es decir, que pide una mirada crítica.

Continuará, tal vez.

# | hernan | 24-marzo-2009

Calambures involuntarios

Un lector (cura él) me hace notar que la respuesta a la oración de los fieles que decíamos el otro día suena feo también porque se presta a una lectura equívoca: «Haznos auténticos» puede entenderse —en el español de por acá, sobre todo— como «Asnos auténticos».

Lamento no haberlo advertido; quizás entonces podría haber respondido con alguna convicción («Roguemos por las comisiones litúrgicas […]» «Asnos auténticos»).

Recuerda algunas confusiones de los cantos de misa que ya hemos traído acá:

«Vine a alabar a Dios»
«Vine a lavar a Dios»

«Tú llámame a servir»
«Tu llama me hace hervir».

Calambures, que les dicen. Involuntarios, en este caso.
Y descubro que el primer verso de la primera égloga de Garcilaso, nada menos, contiene uno:
«El dulce lamentar de dos pastores»
«El dulce lamen tarde dos pastores»
Parece que es un clásico, yo no lo conocía. Supongo que también es involuntario.
# | hernan | 23-marzo-2009

Comisiones

Misa dominical. La lectora aborda la denominada oración de los fieles. Pero, en este caso, parece más bien la oración del liturgista.
El que redactó las peticiones, me da la impresión, tiene muy claro cómo deberían comportarse los cristianos, los clérigos, los gobernantes, y pide que nos unamos a sus ideales (los de él). No se trata de pedir a Dios que derrame bienes o gracias sobre las gentes, se trata más bien de proclamar cómo queremos (o debemos querer) que sean. Que estos sepan ser así, y que aquellos sepan ser asá.
Que se haga nuestra voluntad, qué tanto.
Y, como es frecuente, la oración no sigue el esquema tradicional: expresión del contenido del ruego por parte del lector, y ruego propiamente dicho en la respuesta del pueblo («Te lo pedimos, Señor» o algo equivalente); acá la respuesta del pueblo es otra pomposidad del liturgista, sin relación con las preces: «Señor de la paz, haznos auténticos» (no suena muy auténtico, la verdad… ni muy popular). Así, cuando tras la mención de los gobernantes, sigue una oración por las «comisiones litúrgicas» (para que sepan promover una participación activa y conciente etc etc) no puedo evitar decirme (con perdón de la expresión, casi tan desagradable como el entrecomillado con los deditos) que «todo me cierra».

Casualmente, Pseudópodo trata hoy el cuento de Caperucita Roja mejorado por los educadores progresistas españoles —y se gana el mote previsible de «conservador». Ya antes había tocado temas afines, sobre todo los desaguisados de la pedagogía inflada (de ideología, para empezar).

¿En qué se parecen las comisiones pedagógicas y las comisiones litúrgicas?
En casi todo, parece.

# | hernan | 16-marzo-2009

Carta, pregón y otros

• Me resistí a tocar el tema BXVI-FSSPX (ya saben que no soy muy indulgente con los tradicionalistas en general; y los lefebvristas en particular; y creo que, efectivamente, el antijudaísmo se cuenta entre sus puntos negros; pero con todo, el delirio de los medios -y de tantos católicos- con Williamson y la cuestión es increíble; estamos todos locos). Con eso y con todo, quiero citar la carta del Papa, realmente notable.

• Salió en el diario hace poco:

Pero hubo otro tema relacionado con Sabino que preocupó más a la dirigencia del fútbol en su encuentro en la AFA: sus declaraciones. En una nota con radio La Red, Sabino negó la versión sobre las razones de su llegada a árbitro internacional. Lo hizo con constantes referencias religiosas. «Me causa gracia esa versión. Simplemente, cuando, algo para uno es humanamente posible se cumple. La justicia divina es una sola», dijo primero. Después, agregó: «Mi vida pasa por estar constantemente con Dios, yo dejo todo en manos de Dios porque estoy muy en paz. Me puedo equivocar humanamente en el campo de juego, pero estoy en paz con Dios». Y respondió a las críticas periodísticas con el mismo discurso: «Lo que el periodismo pueda decir lo dejo en mano de Dios. Siempre voy a poner a Dios en el medio porque él me dio la vida».
En el reglamento de la FIFA se expresa que los referís no pueden pregonar sobre religión ni política. Por eso, en la mesa del comité ejecutivo se oyeron varias voces en favor de cortar el vínculo contractual con Sabino de manera inmediata. Sin embargo, según fuentes de la AFA que estuvieron en esa reunión, alguien puso una voz de alerta: echar al referí podría traer problemas posteriores e, incluso, denuncias por discriminación. Por eso se decidió dar marcha atrás …
Sí, estamos todos locos nomás.

• Mechamos con un par de blogs: Camassia (en ingles), vieja colega que volvió a las lides; en alguna coordenada (no en todas) sintonizo mucho con su forma de encarar los asuntos religiosos -en el sentido más amplio de la palabra. Otro que me viene gustando es la taberna del fin del mundo, blog en español grupal. También el padre Fortea. Y un divertimento: exonario, blog diccionario de palabras que no existen pero podrían o deberían existir.

• En su blog, el amigo Alejandro de España avisa que el amigo Alejandro de Argentina (tolkieniano y wodehousiano) ha publicados sus pequeños cuentos ‘hobbits’ en la web, que ya habíamos disfrutado.

• Planeaba pasarles el dato de que la BAFICI iba a proyectar Ponyo, pero, contradiciendo todos los anuncios, la programación publicada no la incluye. Por mail no contestan. Tendré que pasar por la «Casa de la cultura» para enterarme (¿Alguien conoce cómo se fabrica una Molotov?)

• ¿Necesitaba ud. informarse sobre la conspiración judeo-másonico-comunista internacional? Si la Wikipedia le resulta demasiado» políticamente correcta», puede probar con la Metapedia (vendría a ser la Wikipedia nazi; aprecien la estética y la claridad conceptual de la portada). Cosas que hace veinte años, seguramente, Tim Berners-Lee no alcanzó a prever.

• Y nos vamos con un librito-apunte sobre La Guitarra en la Música Sudamericana (no lo leí, pero no se ve mal).

# | hernan | 13-marzo-2009

Los zánganos

Venimos escribiendo poco estos días, habrán notado. Eso se debe a que … bueno, en realidad se debe sobre todo a pereza, bloqueo o algo por el estilo (no a falta de temas; los apuntes-borradores siguen acumulándose). Yo creía que al pasar los años -y los posts- esto de escribir iba a resultar cada vez más fácil; en mi caso, parece más bien al revés.

Pero, aparte de todo aquello, hoy puedo contarles otro motivo. Resulta que, desde hace algunos meses, con unos amigos venimos armando un sitio web dedicado a P. G. Wodehouse: wodehouse.com.ar.

Aunque falta alguna cosita (siempre falta alguna cosita), hoy la abrimos al público -andando el carro se acomodan los zapallos. La idea, además de difundir al master en nuestro idioma, es … bueno, para qué lo voy a explicar acá, para eso está la página. Los interesados, vayan y vean. Y los no interesados harían bien en interesarse, caramba.

# | hernan | 12-marzo-2009