esperando nacer
viernes, 28 noviembre 2008
Querer es saber
Cuenta Jerome K. Jerome el caso de un hombre de buen corazón que sólo quería hacer el bien.
Era un joven muy compasivo para con las mujeres desafortunadas en el amor; y así, cuando conocía a una solterona (o en perspectivas de serlo), por fea, vulgar, marchita o sin gracia que fuera, él se dedicaba a cortejarla; con delicadeza y ambigüedad, a la distancia y platónicamente. Miradas rendidas y regalitos con dedicatorias pseudo-anónimas, cosas así. El objetivo era poner algo de alegría en sus vidas, que tuvieran al menos* la agradable experiencia de sentirse amadas.
Parece que el pueblo abundaba en tales mujeres, por lo que llegó a encontrarse atareadísimo. Pero la cosa no terminó bien. Y no porque las mujeres dejaran de captar sus alusiones: al contrario. En lugar de limitarse a sospechar un amor callado, ellas tuvieron la certeza. Y a medida que pasaba el tiempo y el joven no hacía progresos, empezaron a impacientarse. Primero intentaron remediar su aparente timidez, tomando ellas la iniciativa; luego empezaron las confidencias y consultas entre amigas... muchas de las cuales descubrieron que no eran las únicas cortejadas. Siguieron las complicaciones imaginables, la escalada de rumores y de indignación femenina, las acusaciones de excéntrico, libertino, sádico...
Al final, se supo la verdad. Y entonces las reacciones de las mujeres se vieron netamente divididas. De un lado, las lindas, las populares, las casadas, lo encontraron muy noble y conmovedor. Del otro, las que habían recibido de su parte alguna palabra galante o una mirada cariñosa, querían estrangularlo.

El tipo tuvo que mudarse de pueblo, pero la fama le siguió: ninguna mujer quiso en adelante ser vista hablando con él. Se decía que una mirada apreciativa suya bastaba para que la chica más linda se fuese corriendo a llorar junto a su madre...

Y es que —concluye Jerome— en este mundo no basta querer hacer el bien; es precisa cierta maña para practicarlo.

Es claro.

Pero... momento ¿Es claro?

¿No basta? ¿No basta para qué?
Podría argumentarse:

—Querer hacer el bien no basta, acaso, para lograr hacerlo; pero en el plano de la virtud y el mérito, la buena intención es lo que cuenta. Y entonces, «querer hacer» el bien, sí que basta. Basta para «ser bueno», al menos; que es lo que importa. ¿O vamos a hacer de la bondad una cuestion de habilidad, como tocar el violín o genenciar una empresa? ¿Acaso mediremos la virtud por los criterios del éxito?

Podemos conceder la objeción, y quedarnos con que Jerome simplemente hacía notar que, en este mundo caído, la buena intención no basta para lograr el buen fin.
Pero, escarbando un poquito más, quizás pensándolo mejor, también podemos contraobjetarla.

Y hasta podemos irnos al otro extremo: poner que el único bien que cuenta (incluso en la contabilidad divina) es el bien logrado. Que la torpeza malogradora de las buenas intenciones es en cierta manera culpable; prueba de que la bondad que suponíamos fundamento era una ilusión, y la acción generosa una impertinencia.
Volviendo al relato de Jerome ¿estamos seguros de que el tipo tiene el corazón en su lugar? ¿no merece nada de los palos que le tocaron? El deber fundamental —el mandamiento— no es en primer lugar hacer el bien (ni compadecerse), sino amar. Cabe sospechar que en la diligencia del muchacho de corazón tierno hay menos amor al prójimo de lo que él imagina (y quizás más amor propio del que imagina; amor a la propia virtud, para empezar) y que si hubiera sabido amar habría sabido hacer el bien. Que su torpeza, más que mera falta de habilidad mundanal, es falta de delicadeza, que a su vez denota falta de caridad auténtica. El amor (se le olvidó decir a San Pablo) sabe cuándo y cómo hacer el bien, el amor es diligente pero no atolondrado, el amor se da maña, el amor no mete la pata.

No hace falta decir, pero digámoslo, que esta contraobjeción está formulada en términos algo brutales y desmesurados; y que, mal encarada, puede resultar triste y desesperanzadora; sobre todo para los que nos vemos congénitamente torpes. Pero creo que algo de verdadero y edificante (y por lo tanto, alegre) puede encontrarse por esos rumbos.


(*) «...being a Christian, his power for good was limited» dice el relato original. Sólo quiere decir que al no ser mormón no podía casarse con todas. Pero fuera de ese contexto (y aun dentro), la frasecita tiene varias lecturas interesantes, empezando por la irónica.

hernan   ~   28/11/2008   ~  # comentar
jueves, 27 noviembre 2008
La sal del tiempo
Repasando unas partituras de tango, di con Te llaman Malevo, música de Troilo, letra de Homero Expósito. No es lo más grande de estos dos grandes, pero no está mal. La música está bien, estructura algo trillada (estribillo centrado sobre una palabra que ocupa los primeros versos impares: como Sur María y Garúa)... La letra tiene algunos toques Expósito, felices a mi ver.
Dicen que dicen que una noche zurda
con el cuchillo deshojó la espera
y entonces solo, como flor de orilla,
largó el cansancio y se mató por ella.
Me gusta el paralelo con el final de la primera parte (primero «largó el laburo», al fin «largó el cansancio»), lo de «con el cuchillo deshojó la espera» y «solo como flor de orilla». Lástima el «dicen que dicen», algo ... ¿ramplón, no? No estoy seguro del porqué de la «noche zurda», si va por el lado de la acepción 'siniestra' o por el lado del corazón.
Pero los versos que más recuerdo yo son estos:
La sal del tiempo le oxidó la cara
cuando una mina lo dejó en chancleta.
Y los recuerdo (disculpen si caemos en el pantanoso terreno de la nostalgia) en conexión inseparable con una telenovela argentina vieja, Malevo, con Rodolfo Bebán y Gabriela Gili, que miraba de niño en casa de mis abuelos (supongo que lo pasaban los fines de semana). Ese tango era la cortina musical. Y me llamaba la atención la letra, sobre todo esos versos. Debe haber sido mi primer contacto con la poesía, más allá de la simple rima... esa imagen exótica, no muy inteligible pero misteriosamente expresiva, como una bebida fuerte.
Compruebo ahora, a juzgar por las fechas, que yo entonces tendría siete años, año más o menos.
Creo recordar que, si no entendía esos versos, sí entendía otros («dejaste en los boliches los anhelos de tu vieja» «se agrandaron tus hazañas con las copas de ginebra»). Y lo que no entendía, no se me ocurría preguntar (típico) ni preguntarme; lo tomaba como venía, a un oscuro modo fantástico-literal. Recién ahora, me empujo a entenderlos. Y veo que, a diferencia de otros versos de Expósito, es una imagen bastante inteligible (aunque tal vez no a los siete años), una metáfora fierrera, los estragos que hace el tiempo comparados con el orín (óxido) que ataca a los metales, sobre todo bajo la acción de la sal —y el abandono. En fin, como impresión poética, puede considerarse relativamente precoz, a pesar de la falta de interpretación (o quizás por eso mismo). Curioso que me haya llevado tanto tiempo preguntarme por su significado; y que venga a entenderlo recién ahora, cuando la sal del tiempo ya va queriendo oxidarme la cara.
hernan   ~   27/11/2008   ~  # comentar
miércoles, 26 noviembre 2008
Desokupación
Hay una casa, enfrente, antigua y sin uso, que fue okupada un par de meses atrás por una o varias familias. Toma de posesión cautelosa al principio, más despreocupada después. Hace poco incluso pintaron el frente, de un celeste no muy discreto; y colocaron membrana asfáltica en el techo; y, supongo, (dado que cesaron los gritos de "¡Puertaaaa!!!") pusieron timbre. Un lujo de okupas, vamos.
Pero... hoy los propietarios legales recuperaron el territorio.
Y, a juzgar por la simpática escena que encontré al llegar del trabajo, están decididos a que no ocurra de nuevo.

A mí me vino a la mente aquella sentencia doméstica (¿sigue vigente? ¿los niños la escuchan de sus padres?) de que tirar la comida es pecado.
Y también me vino, cómo no, una tenue racha de simpatía... comunista, digamos. Tenue, porque dificulto que estos entiendan o aprueben la sentencia en su sentido fuerte, místico. Pero que me vino, me vino.

hernan   ~   26/11/2008   ~  # comentar
lunes, 17 noviembre 2008
Discípulos de película
Vi estos días varias películas de tema más o menos religioso; a comentar otro día. No es (al contrario de la literatura) un género que me atraiga especialmente. El cine explícitamente religioso más bien tiende a inspirarme rechazo; las películas sobre Jesús, como la de Zefirelli; y en general, las de santos, en sentido restringido o no.
Nunca supe explicármelo (tampoco es un rechazo violento; y no es una cuestión que me quite el sueño; y al fin ninguna de las varias que vi ahora me disgustó)... pero hoy se me ocurrió una pequeña cosa al respecto.

Imaginemos la típica escena: Jesús predica y el público lo escucha.
Que todo esto me suene a falso, debe ser culpa (medio suponía yo) del Jesús actuado; y claro, no debe ser fácil...
Recién ahora se me ocurre pensar que, tal vez, lo menos convincente (y lo más difícil) de la cuestión esté del otro lado: el público oyente. Sean oyentes cercanos (discípulos o interlocutor circunstancial), sean las multitudes... Jesús les enseña, y ellos ponen cara de... ¿de qué? cara de nada. La verdad, parece que no supieran muy bien qué cara poner ¿no?
Y yo no tengo mucha seguridad de juicio que digamos para la actuación —apenas te distingo un actor bueno de uno malo— pero ¿no es raro? ¿Nunca vieron, actores y directores, la expresión del oyente devoto, (del fan) cuando siente que el maestro le habla palabras de verdad? —no necesariamente en clave religiosa; ni en público. En la vida real tienen que haber tenido aunque sea un atisbo: esos ojos emocionados, ese entusiasmo y —sobre todo— esa alegría. Bueno: la verdad es que yo nunca he visto una gota de aquello en las películas.
Me dirán que si hay algo de cierto en esto, y si es el papel de las multitudes (actuado por extras) el más delicado, las cosas se presentan algo difíciles. Y sí, así parece.

hernan   ~   17/11/2008   ~  # comentar
miércoles, 12 noviembre 2008
Dichos sueltos
• Leo en Kierkegaard:
El latinista dice: Respicere finem, y usa esta expresión a conciencia; pero la frase es algo contradictoria, puesto que finis, el fin, aún no ha llegado y consecuentemente está al frente de uno, mientras que respicere implica mirar atrás. Y la explicación humorística de la existencia es en verdad una contradicción por el estilo: asume que si existir es como transitar una senda entonces lo extraño de la existencia es que la meta se encuenta atrás -y de todos modos uno está obligado a marchar adelante, pues ese caminar es la metáfora de existir. El humorista entiende el sentido del dolor como inherente a la existencia, pero de inmediato revoca todo, porque la explicación se encuentra atrás...
No sé muy bien qué hacer con este párrafo de Kierkegaard, como con tantos otros (y hay que advertir que esto es traducción de traducción...) Tampoco tengo idea de si la aplicación a la frase latina es acertada (Google me ayuda poco y me confirma nada). Pero lo traigo a cuento de aquello del futuro que está atrás, en la visión antigua. Acá, Kierkegaard aparece "moderno", y, según parece, desconocedor de aquel aspecto de la cuestión.


• Leo en Edith Stein:

... Cuanto más profundamente esté el alma unida a Dios, y cuanto más desinteresadamente se haya entregado a su gracia, tanto más fuerte será su influencia en la configuración de la Iglesia. Y viceversa, cuanto más profundamente esté sumergida una época en la noche del pecado y en la lejanía de Dios, tanto más necesitará de almas que estén íntimamente unidas a El. Aún en estas situaciones Dios no permite que falten tales almas. En la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos. Sin embargo, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible. Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia. Y cuáles sean las almas a las que hemos de agradecer los acontecimientos decisivos de nuestra vida personal, es algo que sólo sabremos el día en que todo lo oculto será revelado.
La última frase pega muy bien con lo de Bloy de la semana pasada. Me gustan esos cruces, esas coincidencias inesperadas; no es que la idea sea tremendamente original, pero sí que la mesurada Edith Stein tiene poco o nada que ver con el desmesurado Bloy. Y, además, cruzarlos con tan pocos días de diferencia... Ya saben, yo me alegro con poco.


• Dice R. Duda o P. Hart (Pattern Classification - 2nd ed. - p. 270)

Because linear discriminant functions are so amenable to analysis, far more papers have been written about them than the subject deserves.
Je. No tengo la certeza de que sea así, pero no me cuesta nada creerlo. Ahora bien, dando un pasito más (después de todo, generalization va de la mano con pattern classification...) a mí tampoco me cuesta mucho creer que algún día (tal vez antes de "aquel en que todo lo oculto será revelado", tal vez no), de golpe, nos percataremos de que eso mismo se aplica a toda la ciencia moderna: que de esa porción de la realidad que se presta dócilmente al análisis matemático se han escrito muchísimos más papers de los que esa porción de la realidad merece. Aunque, por supuesto, tampoco tengo la certeza de que sea así.
hernan   ~   12/11/2008   ~  # comentar
martes, 11 noviembre 2008
Palabras llenas
Escuché en una misa de hace un tiempo —hace meses, creo que en Semana Santa— la versión 1 de la plegaria eucarística. No muy frecuentada; quizás detalles como ese ángel que lleva la ofrenda al altar del cielo resulta algo demasiado ... místico ... o vertical para la sensibilidad de muchos de nuestros sacerdotes. Como sea, es lindo escucharla, de tanto en tanto:
... Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor; de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo al participar aquí de tu altar, seamos colmados de gracia y bendición.

Acuérdate también, Señor, de nuestros hermanos difuntos que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.

Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, [Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia] y de todos los santos; y acéptanos en su compañía no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad.

Por Cristo, Señor, nuestro, por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.

No traigo esto en clave de militancia tradicionalista preconciliar ni nada. Incluso si esa militancia me interesara, mi propia ignorancia me llamaría al orden; pero no me interesa. Y la pura verdad es que también otras formas de la plegaria, más modernas (no hablo de cronología sino de sensibilidad) me gustan. Y mucho.
Por ejemplo, una de las más usuales:
Fortalécenos a cuantos nos disponemos a recibir el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y haz que, unidos al Papa [N], y a nuestro Obispo [N], seamos uno en la fe y en el amor.
Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido.

Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando.

Acuérdate también, Padre, de nuestros hermanos que murieron en la paz de Cristo, y de todos los demás difuntos, cuya fe sólo tú conociste; admítelos a contemplar la luz de tu rostro y llévalos a la plenitud de la vida en la resurrección.

Y, cuando termine nuestra peregrinación por este mundo, recíbenos también a nosotros en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria.

En comunión con la Virgen María, Madre de Dios, los apóstoles y los mártires y todos los santos, te invocamos, Padre, y te glorificamos, por Cristo, Señor nuestro.

Lo cierto es que —salvando las innegables veces en que uno se distrae y no presta atención al sentido de lo que se dice— cuando escucho esas frecuentadísimas palabras, siento la alegría -algo ingenua quizás- de comulgar con lo que se está diciendo.
Es que, saben... al correr de la vida uno ha leído y escuchado tanto... desde la pomposidad con pocas pretensiones de los discursos de los actos escolares, hasta los editoriales de los filósofos de la UBA, pasando por las arengas más o menos políticas (también religiosas) y las propagandas más o menos interesadas, del bando que sea... Tantas palabras huecas, tanto dorado falso... Al principio uno insiste, descartando, masticando pequeñas decepciones, intentando subir escalones, esperando llegar a estar entre los buenos y los inteligentes, los que van a hablar con palabras de verdad y van a expresar luminosamente dónde está el bien y dónde está el mal, qué queremos y qué rechazamos: y esos intelectuales terminan dándote de comer, por ejemplo, una carta abierta. Y así. Al fin, uno ya no se sorprende ante la impostura del enésimo sofista; en lugar de esas sorpresas individuales, queda ahora la sorpresa general, la de que todo sea tan hueco y falso; la triste comprobación de que todo discurso dirigido a las multitudes con el corazón en la mano es, prácticamente con seguridad, una mentira interesada (que el hablante además se mienta o no a sí mismo es otra cuestión; para el caso poco importante) y que, casi, debemos renunciar a la esperanza de confiar en la veracidad y recta intención del que formula esas palabras, de creerlas y de comulgar con ellas (y, en ellas, con los hermanos)... Y es ese casi el que, si sobrevive con los años, te hace apreciar ciertas cosas con otros ojos.

Si me perdonan la comparación, es medio como el viejo tema tanguero del malevo que vuelve al barrio, viejo, cansado de los falsos amores y los engaños del mundo, y ahora ha aprendido a apreciar cuánto vale el cariño fiel de la viejita...

De ahí, creo, proviene mi emoción ante una plegaria como esa, de un párrafo como el que destaco. Preciosa y rara flor, un ruego armado con tales palabras, que no suenan a hueco y me convencen de veracidad. Rarísima flor, la de poder comulgar con los que las forjaron, con los que las pronuncian y con los que (como yo; y muchos de ellos, tan distintos a mí) se unen a ellas.

hernan   ~   11/11/2008   ~  # comentar
jueves, 6 noviembre 2008
Befiehl du deine Wege
Me dicen que la melodía de "Oh víctima inmolada" aparece, sí, en la Pasión según san Mateo (pueden escuchar acá, saltando al min. 6:40, o sino directamente acá) pero no es la única obra de Bach donde aparece, ni es melodía original suya. Algunos dicen que proviene de un coral luterano preexistente, algunos que de raíz gregoriana, algunos que de una canción popular; no son posibilidades excluyentes, claro está.
Por lo que veo, esta página parece la referencia más completa. Ahí adjudican la autoría a un tal Hans Hassler, y para una canción popular profana (podríamos aprovechar acá para tirar un palito a ciertos tradicionalistas litúrgicos, acaso a ese que también uno lleva adentro, pero hoy no estamos de ánimo peleador)...
Y entre los varios usos que le dio Bach, y que ahí enumeran, me dicen de un oratorio navideño, con un ritmo-aire diferente, como es lógico; debe ser este.
Letra completa acá, alemán con traducción al inglés.
Con respecto a la versión que conocemos por acá, me dicen que es de monseñor Rau, obispo de Mar del Plata.
hernan   ~   06/11/2008   ~  # comentar
lunes, 3 noviembre 2008
Dos de misa
Uno: Misa del domingo pasado, el cura párroco hace girar el sermón sobre la celebración del día (Todos los muertos ) pero también -y aún más- sobre la del día anterior (Todos los santos). Y para ilustrar el misterio de la comunión de los santos —dice— nos trae una cita de un escritor francés, de principios de siglo XX... (mmm ¿con quién irá a salir este?, pienso yo, pesimista, dado lo que conozco de este cura) ... eran esos tiempos angustiantes, sobre todo cuando empezó la primera guerra, y el futuro se veía incierto y bla bla... (yo me impaciento) ... y el escritor este, que se llamaba León Bloy (!!!!!), y era un judío converso (????) pensaba en este misterio de la comunión de los santos, que nuestras acciones, nuestros méritos forman un tesoro común y misterioso, un entramado de efectos que ahora no podemos entrever. Y él, pensaba, acaso debiera la gracia de su conversión a la oración de un mártir en la China... Y lo mismo nosotros, sólo Dios sabe qué gracias hemos recibido por los méritos de personas que no conocemos, y acaso nuestra oración de hoy sirva para convertir a un japonés del siglo 23; y qué hermoso será ver esos lazos de solidaridad, en el cielo...
Y la verdad es que, más allá de mi interés personal (literario si se quiere) por Bloy, y aparte del error sobre su condición judía, el hilo de la cita (paráfrasis que a su vez yo parafraseo) vino bien traído. También es verdad este registro (mística bordeando la poesía, digamos) no es muy frecuentado en los sermones, y sin embargo, creo que no deja de impresionar a la feligresía del domingo; aunque, claro, no soy la persona indicada para medirlo.

Dos: Recién, escuchando Bach (si puede llamarse "escuchar" el ponerlo de fondo mientras escribía el post anterior) descubro que, al parecer, la música de la canción de misa (tampoco muy frecuentada) Oh, Víctima inmolada proviene de "La pasión según san Mateo"; qué ignorante es uno...

hernan   ~   03/11/2008   ~  # comentar
Soledades malogradas
Fea pintan a la envidia,
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quién vive pared en medio.

Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir
piden prestado el tintero.

Sin ser pobres ni ser ricos,
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones, ni pleitos.

Ni murmuraron del grande,
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, afirmaron
parabién, ni pascua dieron.

Con esta envidia que digo
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.

(Lope de Vega)
Lindo, eso de «Cuando quieren escribir, piden prestando el tintero»...
Hoy tal vez habría que decir «Cuando quieren enviar un mail, van al ciber de la esquina».

Pero, vaya usted a hacer poesía con semejante material.

No se trata solo de que la palabra ciber sea ingrata e innoble, por advenediza; el objeto en sí es aun menos poético. Rumiaba eso hace poco, mi leve extrañeza... no sé si era previsible o necesario que un lugar tal, con un destino tan concreto y neutro ("local que renta espacios con computadoras y conexión a Internet por hora"), tuviera que dar en ámbitos tan deprimentes y aun sórdidos. Hasta hace poco había uno, a la vuelta de casa, que tenía colgado, en lugar prominente (lo vi de afuera, nunca entré) un crucifijo. Una rareza, no hace falta decirlo; y algo chocante. Uno no sabía si alegrarse por el ciber o lamentarse por el Cristo...

Tampoco era muy previsible, cuando el email daba sus primeros pasos, el fenómeno del spam; y en general, el peso y el color que pondrían en la data circulante el afán de los mercaderes y nuestra naturaleza caída. Al menos, hace sólo diez años, yo creo que había que ser bastante cínico o pesimista para imaginar que hoy uno recibiría a diario tantos y tales mensajes. O cuáles serían los titulares de las noticias más visitadas en los medios digitales "serios".

Si apenas lo podíamos prever nosotros, menos podía imaginar Lope algunas lecturas adaptadas que haríamos de su poemita (por no hablar del ruido a vidrio quebrado que decía); que cuatro siglos después un lector iba a trasponer su pleitos, cuidados, murmuraciones, ofensas y parabienes a sus análogos del mundo de Internet, foros, blogs y redes sociales.

Y sobre todo, su sueño de soledad bienaventurada.

Porque, si es cierto que la soledad tiene sus pros y sus contras, su cara bendita y su cara maldita, pareciera que con esto de las redes sociales y los contactos virtuales, hemos ganado poco o ninguno de los beneficios de la sociabilidad real. Y que la única soledad que nos están quitando es la saludable.

hernan   ~   03/11/2008   ~  # comentar



Contacto:
Hernán J. González
hgonzalez@gmail.com
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