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miércoles, 30 julio 2008
El rubro menos pensado
Siempre me gustó repasar estanterías de libros, en bibliotecas o en librerías de usados. Y en mi época de converso presentí que tenía caminos nuevos que descrubir, también por ese lado; en autores y rubros. Por entonces, los sectores etiquetados "Religión", o "Cristianismo" llamaban con voces nuevas y prometedoras. Y sobre todo en las librerías de viejo: alimentando como venía yo por las lecturas de Teresa de Avila y Leon Bloy, podía mirar con suficiencia despreciativa al mundo moderno (y sobre todo al libresco) y hacerme la ilusión de que esa verdad recién descubierta era un torrente vivo y oculto, que del pasado venía y que, lejos de los falsos oropeles de la cultura dominante, se dejaría encontrar en los libros con olor a naftalina (y muchas veces muy baratos) al fondo de una librería de viejo en la avenida Corrientes, en el modesto sector religioso...Tarde me di cuenta, como dice el tango, de que al fin y al cabo en esas estanterías no había mucho que abrevar. Estaba lindo, aquello de maldecir a la modernidad (sea la anticristiana o la progresista sedicente cristiana) y posar de reaccionario; imaginarse en la resistencia, con la bandera de un pasado glorioso (intelecto, espiritualidad y arte), desde los Padres de la Iglesia hasta... bueno, hasta no sabemos muy bien cuándo. (Y uno ya venía de otras jactancias módicamente elitistas: encontrar Ummagumma de Pink Floyd o el primero de Invisible en una disquería "no comercial"... menospreciar los hits y los best-sellers...). Pero la verdad era que... de aquel pasado glorioso, el sector religioso de las librerías de usados no parecía una muestra muy seductora. Sí, bastante ingenuo lo mío. Pero, como decíamos el otro día, hay verdades incómodas para los partidos. Y acá dejo constancia de una, un hecho trivial que me llevó demasiado tiempo reconocer: los estantes con la etiqueta "religión" o "cristianismo" en las librerías de viejo de la ciudad de Buenos Aires son para llorar. Mientras es cómodo lamentar el ninguneo cultural y jugar a los sabios oprimidos, es incómodo preguntar por los quilates de aquella cultura, de la producción (intelectual, espiritual y artística) de los tiempos en que teníamos la sartén por el mango ( y de paso de la producida hoy, en las casi catacumbas; en calidad, si no en cantidad). Gente como Castellani o Bloy lo dicen, y lo lamentan ... y más que lo otro. Pero son los menos, parece.
Bueno, ya está. Aprendido. Han pasado los años. Ya no frecuentamos tanto aquellas librerías, y cuando lo hacemos la etiqueta "religión" no nos inspira grandes expectativas. Pero, igual seguimos pispeando... porque donde menos se piensa, salta la liebre. Y la semana pasada saltó.
martes, 29 julio 2008
No escandalizar a los débiles
... Interrogaron a Rubin acerca de las últimas noticias, pero
él tuvo vergüenza de contar lo que había sucedido en diciembre.
No debía comportarse como un informador apolítico
y renunciar a la esperanza de reeducar a sus compañeros de prisión.
Pero tampoco podia intentar explicarles que estos tiempos eran complejos,
que la verdad socialista progresa en curvas y no sin distorsiones.
Por eso, había que seleccionar para ellos, de entre la historia (como
su subconciente seleccionaba para sí) esos acontecimientos
que iluminaban el camino principal, dejando de lado todo aquello
que pudiera oscurecerlo a sus ojos.
Parece casi inevitable, casi fatal que cada frase evangélica tenga doble filo, y que pueda ser usada
precisamente contra el espíritu evangélico —sea el usuario cristiano o no. Y el abuso pueden llegar al punto que, por reacción, uno pueda sentirse tentado
a rechazarla. Pero ese diciembre, aparte de las conversaciones soviético-chinas que habían estado arrastrándose, y del aniversario setenta del Líder del Pueblo, nada positivo había ocurrido. Y contarles sobre el juicio de Traicho Kostov, donde toda la farsa del tribunal había sido una comedia grosera, donde a los corresponsales extranjeros se les había entregado, a las cansadas, una confesión escrita falsamente atribuida a Kostov, hubiera resultado vergonzoso, y hasta contraproducente a los fines de adoctrinamiento. Entonces, Rubin se concentró en el triunfo histórico de los comunistas chinos... A. Solyenitzin - En el primer círculo Pienso ahora en aquella frase de «no escandalizar a los débiles en la fe», tan abusada por los unos y por los otros (y frecuentemente en yunta con la menos evangélica de «no dar pasto al enemigo»), en todas las acepciones de la palabra "fe". Excusa para acumular mugre bajo las alfombras y para cerrar los ojos a las verdades incómodas. No deja de ser una obligación, de todas maneras, la de evitar escandalizar a los débiles; el asunto sería fundar esa obligación en la caridad auténtica (y el conocimiento de nuestra propia debilidad); y que esa obligación no disuene en nuestra alma con otras: la de no halagar los oídos (tampoco los propios), y la de proclamar desde los tejados lo que se dijo en secreto; y de última, estar en la verdad. lunes, 28 julio 2008
Devoción acondicionada
Santa Teresita confesaba a una de sus hermanas, en las últimas, que
lo que más había sufrido en el Carmelo era el frío.
Yo me acordé de aquello, cuando me topé con esto... Por un momento pude hacerme la ilusión de una especie de ofrenda piadosa... (al estilo de la "Difunta Correa!).
Pero... no; evidentemente, no se trataba de eso. viernes, 25 julio 2008
Verdad y justicia
De un lado, algunos están muy seguros de saber
qué es la verdad. Y se ufanan de ser de los pocos que la tienen y la dicen (aunque no muchos alcanzan la jactancia explícita de Cabildo).
Del otro lado, algunos —muchos— proclaman que la verdad no existe. No vendría mal una redistribución del relativismo, digo yo. miércoles, 16 julio 2008
Las pasiones de la retaguardia
Simone Weil y Georges Bernanos son dos franceses que suelen aparecer por acá; dos lugares destacados en mi santoral privado, digamos. No tenían mucho en común, al menos en sus comienzos; la una, judía agnóstica marxista; el otro, católico nacionalista, con Drumont (monárquico antijudío) como maestro. Para mediados de los '30, los dos venían matizando algo sus posiciones, a los golpes, aunque sin abjuraciones radicales; él había roto con Maurras y la Acción francesa y se había concentrado en la literatura de fondo religioso (el Diario de un cura rural fue publicado en 1936); ella, tras su experiencia docente y sus experiencias militantes, había «recibido la marca del esclavo» en su penoso trabajo como obrera manual en la fábrica de Renault; y había dejado de creer en ciertas cosas [*]. Cuando estalló la guerra civil española los dos la vivieron en España, cada cual de su lado, como hicieron tantos. Pero, a diferencia de casi todos, los dos se sintieron horrorizados por las bajezas y las barbaridades, no de la tropa contraria sino de la propia. No es cuestión de forzar las semejanzas, la simetría es sólo parcial. Bernanos se encontraba viviendo en ese momento en Mallorca; y si sus simpatías iniciales estuvieron del lado previsible (y su hijo fue teniente falangista), no parece haber intervenido activamente; y volvió en 1937 a Francia y escupió en Los grandes cementerios bajo la luna su escándalo. Simone, en cambio, se alistó con los rojos, en la columna Durruti; su inhabilidad física y su miopía enseguida la dejarán fuera de combate; pero hay otro alejamiento, hijo de un disgusto y una desilusión no muy diferente. A poco de volver a Francia, lee el panfleto de Bernanos; y le escribe una carta, justamente famosa (no sé si él contestó; o si más tarde tuvieron algún contacto; creo que no). Hoy me la crucé en la web: acá está. Y de los varios puntos de interés, entresaco estas líneas —nada centrales— donde explica los motivos de su enrolamiento. A cuento de algo a comentar otro día —tal vez.
No me gusta la guerra, pero lo que siempre me ha provocado más horror que la
guerra es la situación de los que se encuentran en retaguardia. Cuando
comprendí que, a pesar de mis esfuerzos, no podía dejar de participar
moralmente en esa guerra, es decir, desear todos los días, a todas horas,
la victoria de unos y la derrota de los otros, me dije que París era para
mí la retaguardia, y tomé el tren para Barcelona con la intención de
comprometerme. Era a principios de agosto de 1936...
Algunos escritos más de Simone Weil sobre la guerra española (fragmentos de su diario), acá.
domingo, 13 julio 2008
Sueltos
Ya que estamos, anoto para mi diario íntimo (bueh) tecnológico: Abandonando xhtml y empezando a escribir html-4 como se debe (mejor tarde que nunca). Aprendiendo un poco de Python (no está mal; me hice este programita en Google Apps para arrancar-¿dejaremos Perl alguna vez? Pero a Java no hay con qué darle. Y GWT promete. Y cerramos el tag nerd. Es claro; de belleza, ni hablar. Anotemos también una gansada de primer nivel, y muy característica, con la que topé estos días: colgar las palabras "asesino serial" del Che Guevara. Vamos, vayan a darse una ducha fría, muchachos. Y si por casualidad son católicos, con más motivo. miércoles, 2 julio 2008
El combate termina esta noche
Lo que dice famosamente San Pablo (de este domingo), poco antes de morir —lo de pelear el buen combate, alcanzar la meta (*)— ¿no debería aplicarse analogamente a la batalla cotidiana? Lindo estaría, poder decírnoslo cada noche antes de irnos a dormir (dormir en sentido literal, aparte del otro).
... En el tiempo inmediatamente anterior a mi conversión y después, durante un cierto período, llegué a pensar que llevar una vida religiosa significaría dejar de lado todo lo terreno y vivir teniendo el pensamiento única y exclusivamente en cosas divinas. Pero, poco a poco, he comprendido que en este mundo se nos exige otra cosa y que incluso en la vida más contemplativa no debe cortarse la relación con el mundo; creo, incluso, que cuanto más profundamente alguien está metido en Dios, tanto más debe, en este sentido, “salir de sí mismo”, es decir, adentrarse en el mundo para comunicarle la vida divina.
Importa mucho, sí, procurarse un rincón tranquilo, en el que de tal manera una pueda relacionarse con Dios, como si nada existiera, y esto a diario: el tiempo más oportuno me parece por la mañana temprano, antes de comenzar el trabajo; es entonces cuando una recibe una misión especial para cada día, sin elegir nada por sí misma; en este momento, finalmente, una se contempla a sí misma como mero instrumento, y las fuerzas con las que debe trabajar, en nuestro caso la inteligencia, como algo que nosotros no necesitamos, sino Dios en nosotros.
[...] Mi vida comienza cada mañana de nuevo y termina cada noche; más allá de esto no tengo ningún plan ni propósito; naturalmente, propio del trabajo diario es pensar de antemano —sin esto el funcionamiento de una escuela es imposible—, pero nunca debe ser una “preocupación” para el día siguiente.
Edith Stein - carta a Sor Calista Opf - 12 de febrero de 1928
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