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jueves, 29 mayo 2008
El cielo y el mundo
«Serenidad» es el título de esta poesía de Lugones, de Las horas doradas.
El mundo reposa conforme.
Menos culpa de las ambigüedades del idioma español
que de mi cabeza lenta y tortuosa... la cuestión
es que en los últimos versos llegué a confundir sujeto y objeto directo (¿es el objeto directo, Jeeves?) (*).Domina en el cielo rotundo un álamo verde y enorme. Y como ante enigma profundo descansa la mano en la frente, contempla el azul hondamente la eterna belleza del mundo. ¿Es el mundo quien contempla el cielo o al revés? La verdad es que yo, la primera vez, leí lo contrario de lo que (supongo) es la intención obvia. Pero después de todo, la lectura alternativa, aunque menos consecuente, tambien tiene lo suyo ¿no? * (Diego me pasa la siguiente respuesta de Jeeves ) —Ciertamente, señor, se trata del objeto directo. Si me permite una observación, recuerdo que para casos en que cabe la posibilidad de una confusión, por tratarse el sujeto y el objeto de seres impersonales, la Real Academia aconseja anteponer al objeto la preposición "a", que normalmente (como impersonal) no llevaría; especialmente si el objeto, por motivos estilísticos o métricos, se halla antepuesto al sujeto. Recuerde usted las palabras del poeta Heredia: Esta inmensa estructura / Vio a la superstición más inhumana / En ella entronizarse. Oyó los gritos / De agonizantes víctimas, en tanto / Que el sacerdote, sin piedad ni espanto,/ Les arrancaba el corazón sangriento... Donde, si usted observa, eliminando la "a" del segundo verso no quedaría en claro si es la estructura la que vio a la superstición o viceversa. —¿Algo así como cuando decimos que el papel mata a la piedra, y la piedra a la tijera? —Algo así, señor. —Gracias, Jeeves. miércoles, 28 mayo 2008
Misa y Eucaristía
Comenta Tom en Disputations
... pienso que tanto los laicos como los clérigos deberíamos esforzarnos en
entender la Eucaristía como un acto unitario;
y si hoy está reviviendo la piedad eucarística, con más razón.
La Adoración Eucarística está muy bien, pero si pierde su referencia
al sacrificio de la Misa, la Liturgia perderá su integridad
y la Misa quedará reducida un proceso para fabricar Hostias consagradas.
A mí tampoco me gusta demasiado cuando los curas (o los 'animadores' y aledaños) usan la palabra "Eucaristía" para decir "Misa"; y tampoco -igual que Tom, creo- confío demasiado en ese disgusto mío. Parece haber alguna miopía generalizada acá; (sectarismos, prejuicios, pajas en ojos ajenos, guitarras vs latines; falta de simplicidad, de atención y de interioridad, en suma) que nos estorban para ver las cosas en su grandeza y su unidad. Y no es sólo la desconexión entre "ofrenda" y "recepción", también "ofrenda", "sacrificio", "comunión"...
Lo digo algo brutalmente, sí. Pero es que en mis tiempos he oído bastante sobre recibir el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesús, y muy poco sobre cómo mi recepción se relaciona sobre lo que ha ocurrido en el altar unos minutos antes. He oído a sacerdotes decir que la razón de que los fieles acudimos a Misa es para recibir a Jesús en la Eucaristía, pero no he oído mencionar cómo estamos involucrados en el ofrecimiento al Padre. También el lenguaje trae sus problemas. Decimos "la Eucaristía", para significar tanto el acto litúrgico como la Hostia consagrada. Decimos "el Santísimo Sacramento" para significar a Jesús bajo las apariencias de vino y pan; aunque (según Santo Tomás) el acto sacramental en sí es el sacerdote pronunciando las palabras de la institución sobre el pan y el vino. Esta dualidad de significados debería ayudarnos a asociar en nuestras mentes el ofrecimiento y la recepció ... pero, al sentirnos los fieles involucrados en lo segundo y no en lo primero, pareciera que más bien contribuye a empeorar las cosas. Yo, al menos, tiendo a pensar en términos de "Misa" por un lado y "Eucaristía" por otro; lo primero es donde recibo lo segundo; y cuando alguien usa lo segundo para significar lo primero, me suena a una afectación... El domingo pasado, en uno de esos sermones algo demasiado entusiastas y abigarrados... tuve la sorpresa de pescar varias ideas que me andaban rondando. Una de ellas, muy cerca de lo anterior. El cura (nada "tradi") a propósito del Corpus Christi, lamentaba que la liturgia reciente, por culpa de algunos teólogos, tendiera a olvidar el aspecto del sacrificio en la Eucaristía, convirtiendo a al altar en mesa de banquete (mandó al frente, en especial, a los neocatecumenales, con sus altares-mesas gigantes); sin sacrificio no hay banquete, decía. Y a mí (otro aspecto diferente, pero no lejano) también me importa recordar que este banquete -entendido en el sentido más elemental, el de recibir el sacramento al comer la hostia consagrada- ni es el motivo esencial de mi asistencia a la misa, que aunque no quiera o no pueda hacerlo igual participo del banquete, y que, en todo caso, este banquete no tendría sustancia si no fuera anticipo del banquete que esperamos. (Y por ese motivo -no estoy seguro de que sea bueno o suficiente- me molesta que algunos curas modifiquen la frase "Felices los invitados a la cena del Señor" diciendo "Felices nosotros que hoy somos invitados a la cena del Señor", porque a mi ver se pierde esa referencia, esencial). El Catecismo tiene algo que decir, veo ahora. Y de paso, este boletín liturgico con su consultorio, parece razonable, por lo poco que ví (no se asusten -o no se ilusionen- con el patrono). lunes, 26 mayo 2008
Manchar y destruir
Tendencia a difundir el mal hacia afuera: también la tengo. Los seres y las cosas no me son suficientemente sagrados. ¡Ojalá no manchara yo nada, aunque estuviera íntegramente convertida en fango!
Anoto una obviedad, apuntada por
la misma analogía:
así como nos es mucho más fácil manchar que limpiar, romper una escultura griega que esculpirla, igualmente nos queda mucho más a mano destruir felicidades que crearlas.
El que se propone hacer sufrir
a un prójimo, tiene las cosas fáciles; el que quiere hacerlo feliz... no tanto.
No manchar nada, ni aun en mi pensamiento. Ni siquiera en mis peores momentos destruiría una estatua griega o un fresco de Giotto. ¿Por qué, entonces, otra cosa? ¿Por qué, por ejemplo, un instante de la vida de un ser humano, que podría ser feliz por un momento? Simone Weil - Cuadernos (La gravedad y la gracia) (Y encima la destrucción procura un placer cierto, una ilusión de poder creador -aunque sea en sentido negativo; un sucedáneo no sin sabor, y a precio casi regalado.) ¿Responde esto el interrogante —el por qué— de Simone? Parece más bien que sólo lo desarrolla. Porque, justamente, ese ... mundo, en el que destruir (escultura o felicidades) resulta lo más hacedero, vendría a ser el que está regido por las mecánicas de lo que Simone llamaba la gravedad (o la pesantez *). Ahora bien: hay otro mundo... creemos; infinitesimal pero supremamente vivo (como la semilla de mostaza), que también tiene sus mecánicas, menos evidentes pero igualmente visibles. Y también pueden vislumbrarse en la analogía del principio: ¿destruir una escultura griega es en verdad más fácil que esculpirla? Sólo en un sentido. El que ha aprendido a amar la belleza, encontrará abrumadoramente difícil (en otro sentido) romper la escultura; y al artista de genio (análogado inferior de la santidad) encuentra alegría y placer al crear belleza -y lo hace, en cierto sentido, con facilidad. Todo esto es bastante sencillo; y trasponerlo del plano estético al moral y al espiritual, también es sencillo. En abstracto, claro está. Es, por otro lado, enseñanza constante de los que saben por experiencia en estas cosas, que el bien se alimenta a sí mismo, que hay que mortificarse en los comienzos para hacer el bien cada vez más naturalmente, para moverse en el plano en que la gravedad y la entropía de acá abajo no influyen. Lindo debe ser, llegar a tener fácil eso de crear belleza, felicidad, oración... * También podría venir a cuento acá la segunda ley de la termodinámica -el crecimiento de la entropía. domingo, 25 mayo 2008
Músicas de por acá
Anduve hace poco relevando entre las letras de tango aquellas
dedicadas al tema amoroso, sea en el registro de declaración,
o de dicha-celebración. Haberlas, haylas; pero son bastante pocas,
en comparación con las dedicadas al amor frustrado (generalmente
por culpa femenina); aun conociendo por dónde suele discurrir la temática
tanguera, la escasez no dejó de impresionarme.
Pero más difícil tuvo la búsqueda Lidia Borda, cuando hace unos años fue invitada, como representante de la música argentina en la inauguración de la nueva biblioteca de Alejandría, a cantar algún tango que hablara «de la paz y el amor universal». Je. De eso no tenemos; por suerte, vea... Pero igual ella se tiró a la pileta con un tango que no tiene nada que ver (con la temática; y no mucho con el tango) y se salió con la suya. Me gusta Lidia Borda, creo que ya lo he dicho. Y fue una grata sorpresa leer que a ella le gustaba Luis Cardei, que en buena medida fue su canto lo que la decidió a dedicarse al tango. Grata, porque me gusta mucho Cardei; y sorpresa, porque no tienen mucha semejanza como cantores... voz chiquita la de él, voz grande la de ella; aunque hay seguramente una afinidad estética que corre más hondo. Vayan pues dos de Cardei. Y ya que estamos: murió estos días Adolfo Ábalos, el pianista de los hermanos Ábalos, prócer de nuestro folklore. Pucha que va quedando pocos. Grabé una airosa zambita suya, a modo de pequeño homenaje. lunes, 19 mayo 2008
Esperanzas que estorban
En "Los siete pilares de la sabiduría", de T. E. Lawrence, leo esto:
... rogó a Buxton que no siguiera matando, directamente en el camino,
los camellos exhaustos por la marcha; porque sus soldados hacían de cada res muerta que encontraban una excusa para el banquete y
la dilación.
Me costó un poco llegar a entenderlo —o creer entenderlo—, eso de «perder la esperanza»
y «la amargura de la derrota». Parece que la
esperanza se refiere acá a lo inmediato, a la batalla
(literal o no, pero en todo caso circunstancial y
terrena) por vivir.
Y, claro: si te morís, es que esa batalla la perdiste.
La bendición de la agonía larga, en ese modo
de ver las cosas, sería la de poder dejar esa derrota (y su amargura) atrás, lejos; lo feo es morir en la derrota (derrota en cuanto acto: losing fight),
no es buen momento; mejor, después.Abdulla tenía problemas para entender por qué los británicos sacrificaban a las bestias que debían abandonar. Yo le hice notar que los árabes nos matábamos entre nosotros en caso de caer heridos de gravedad en la batalla; pero Abdulla replicó que eso sólo era para evitar perder el honor, ante la posibilidad de ser torturados. Él creía que prácticamente todo hombre vivo debía preferir una muerte gradual por agotamiento en el desierto a un desenlace súbito; aún más: a su ver, la muerte lenta era la más misericordiosa de todas, puesto que el haber perdido la esperanza evitaba al agonizante la amargura de la derrota, y dejaba a la naturaleza humana desembarazada de todo, bien compuesta para entregarse a la misericordia de Dios. Y a nuestra convicción inglesa, de que era más bondadoso apurar la muerte de cualquier ser vivo —exceptuado el hombre—, simplemente no podía tomarla en serio. Extraña manera de ver las cosas, rebuscada tal vez; no sé si para el mismo Lawrence (curioso cómo usa el nosotros para referirse a los árabes primero y a los ingleses después). Creo vislumbrar su lado bello, verdadero, y no sé en qué medida deba ser tenido por radicalmente ajena a nuestra (cristiana, si quieren) manera de ver las cosas. En todo caso, creo que nosotros sí podemos tomarla en serio. Sobre todo considerando qué poco nos va quedando de aquella excepción que hace Lawrence al final. Y quién sabe también si no podríamos hacer alguna aplicación útil en otros órdenes —y no sólo individuales— sobre otras derrotas que convendría dejar, con su amarguras, bien atrás. Cuestión de saber morir. miércoles, 14 mayo 2008
El tiempo que nos lleva
A continuación de aquella nota, Simone Weil trae esta otra, especialmente
impresionante para mí, creo haberla citado ya:
El tiempo nos conduce —siempre—
adonde no queremos ir. Amemos al tiempo.
Hermoso. Amarlo, no a pesar de eso, sino por eso.Seguramente (digo yo) esto hay que entenderlo en el mismo sentido en que Simone dice que hay que amar la realidad (y cerca del amor fati), y amar la resistencia que ofrecen las cosas y las circunstancias a nuestra voluntad (al contrario de las cosas imaginadas), signo palpable de que el universo existe y que pende de una voluntad más alta que la propia ("la alegría y el sentimiento de la realidad son la misma cosa"). Traspuesto el pensamiento —los dos polos del pensamiento: el siempre y la consecuencia— a otro plano (mucho más bajo, sin duda) se me ocurre: el optimismo progresista no acepta lo primero (creemos que el tiempo nos lleva donde queremos ir; y por eso amamos -en cierto sentido- al tiempo), el tradicionalismo reaccionario no acepta lo segundo (el tiempo nos lleva lejos de donde queríamos estar; por eso, odiamos -en cierto sentido- al tiempo). Contra desánimo, talento
Encuentro entre las notas sueltas, esbozadas
y a menudo crípticas de los Cuadernos de Simone Weil (p. 290)
una idea que me recuerda algo
que yo pensaba una vez, sobre el virtuosismo como condición
casi necesaria de la genialidad (artística, en primer lugar; pero no sólo).
Pero lo de Simone va por otro lado, y —vaya por la novedad—
es mucho más profundo y sugerente.
—Tal vez— el genio no sea más que la capacidad
de atravesar las «noches oscuras». Los que carecen de él son
los que, no bien llegan al borde de la noche oscura, se desaniman
y declaran: no puedo; no estoy hecho para esto; no entiendo nada.
Y también acá, no creo que haga falta limitar esto a las artes
de escribir poesía o tocar el violín. Vivir. La santidad.
Y la noche oscura, en el sentido estricto (*).
(Como esos que dicen: me gusta la poesía, pero cada vez que he intentado escribir un poema, era tan malo que se me quitaban las ganas de seguir.) Por eso el talento es, en general —casi siempre— —prácticamente siempre— una condición del genio. Antes de abordar la noche oscura, el hecho de haber igualado o superado a los mejores en una especialidad (los mejores contemporáneos) constituye una poderosa defensa contra la creencia en la propia incapacidad y contra el desánimo. Por otro lado, este pensamiento de que el talento es escudo contra el desánimo podría ser causa de desánimo, para los que se reconocen sin talentos (en uno u otro sentido), mejores en nada. Adivino que esto a Simone le tendría sin cuidado (¿qué buscabas, un libro de autoayuda?). Y si el talento es un don (y casi por consiguiente, entonces, el genio) sería pecado de envidia rebelarse contra ese hecho; este no es lugar para igualitarismos. Pero también podría ser que no se trate solo de talento nato, sino también de habilidad -parcialmente- adquirida. Habilidad que, como el talento, no sería importante por sí sino por servir de apoyo; ganar confianza para seguir. Podría ser. Y podría ser también que esto arroje alguna luz sobre la obligación (grave, tal vez) del no-talentoso de aplaudir al talentoso. * No me cae muy bien el uso demasiado extendido de la expresión (como las trivializaciones sobre aquello de "cargar las cruces"); la «noche oscura» de que habla San Juan, me parece, no la cruza (ni la vislumbra) cualquiera, que es un estado alto, a no confudir confundir con cualquier sequedad o pena de las que tenemos todos. martes, 13 mayo 2008
Josefina
... Aunque en el fondo estamos preocupados por cosas muy diferentes, y el silencio no reina sólo porque ella canta, y muchos ni siquiera miran y prefieren hundir el rostro en la piel del vecino, y Josefina parece por lo tanto esforzarse inútilmente en el escenario... hay algo sin embargo en su canto —y esto no puede negarse— que nos conmueve. Esos chillidos que lanza mientras todos están entregados al silencio, nos llegan como un mensaje del pueblo entero a cada uno de nosotros; el tenue chillido de Josefina en medio de esos momentos de graves decisiones es casi como la miserable existencia de nuestro pueblo en medio del tumulto del mundo hostil. Josefina se impone, con su nada de voz, con su nada de técnica se impone y nos llega al alma; nos hace bien pensar en eso. En esos momentos, no soportaríamos a una verdadera artista del canto, suponiendo que hubiera alguna entre nosotros, y a todos nos espantaría la insensatez de semejante concierto. Que Josefina no descubra jamás que la escuchamos justamente porque no es una gran cantante. Algún presentimiento de esto ha de tener, de otro modo ¿con qué motivo negaría tan apasionadamente que la escuchamos?; pero igual sigue cantando, tratando de alejar a chillidos ese presentimiento...
Franz Kafka- «Josefina, la cantante» o «El pueblo de los ratones» - (fragmento) Como la gallina
Cuando Santa Teresita estaba en las últimas, su hermana Paulina le hacía compañía
y tomaba notas (serán los "Cuadernos amarillos" *); en una
de ellas, relata:
Al bajar las escaleras, vio a la derecha, bajo el níspero, la gallinita blanca
que tenía a todos sus polluelos recogidos bajo sus alas. Algunos sólo
enseñaban su cabecita. Se paró a contemplarlos, muy pensativa. Al cabo
de un poco, yo le hice señas de que era hora de volver. Tenía los ojos
llenos de lágrimas...
Pensaba, claro, en aquello de
los evangelios: «Jerusalén... ! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido!»Y no deja de ser impresionante que Jesús se haya fijado en eso, y -comulgando evidentemente con el sentimiento que nos provoca a los hombres esa escena- haya elegido esa comparación para referirse a su propia ternura... ¿Debe entenderse este anhelo frustrado en relación a los habitantes de Jerusalén -los judíos- específicamente? Parece que sí, en primer lugar; pero por extensión, supongo, a todo hombre (parecidamente a lo de "no he sido enviado sino a los hijos de Israel"). Como sea, me parece todo un dato, nada obvio y hasta algo sorprendente, sobre todo cuando lo mira por el lado (moderno y resbaloso, tal vez; pero seguramente no insignificante) de la "psicología" de Jesús. Y me gusta que Teresita me haya hecho detener en ese rasgo. Un rasgo que algún católico despistado habría podido tildar de sentimental... si hubiera sido una ocurrencia de Teresita; es de esperar que, aun para esta gente, Lucas esté libre de sospechas... y más aún Mateo (que también trae el dicho, en contexto algo distinto). jueves, 8 mayo 2008
Kiki y afines
Anduve armando una versión de Kiki's Delivery Service
con un doblaje español "latino" (bah, mexicano), acá está el torrent
(son 1.3Gb, incluye también el audio japonès y subtítulos externos; y también un pequeño archivo de video de muestra, para pispear).
De paso, en youtube: una escena de Conan, simpática. Y un pseudo-trailer de Totoro transformado en una película de miedo (aunque en general no me gustan estos travestismos, este tiene su gracia, sobre todo el final, sobre todo para los que saben de qué se trata). Y La lluvia, la niñita y mi carta, un corto japonés de 6 minutos muy amateur (y los subtítulos hay que mitad leerlos y mitad sospecharlos), pero mucho más interesante para mí que la mayor parte de la animación occidental mainstream (sobre todo esos productos 3d... tan correctos, digeribles y convencionales). |
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