Deshinchar a Castellani (2)

Antes de empezar, advierto que esta serie va dirigida en primer lugar a los que conocen y gustan de Castellani. Como yo. Y advierto que, en general, van a estar violentamente en desacuerdo.

Y empiezo con una bien fácil, una con la que podemos ponernos rápido de acuerdo. O al menos eso espero.

 “Con su fina ironía y su singular talento literario” (dice un blog -digamos- católico) “el Padre Leonardo Castellani escribió este Credo del incrédulo…”

No, no lo copiaré aquí, pueden verlo allí o en otros blogs afines -desde sedevacantistas hasta infocatólicos; por ejemplo: este… o este, o este*, o este, o este, o este, o… muchos más (hasta un video con música de Vivaldi!). Siempre, claro está, entre aplausos y risitas cómplices.

Yo no lo copio, por pudor.

Gente: entre nosotros, y por si no se habían dado cuenta, por si necesitaban que alguien se los hiciera notar, permitanme que les diga… ¡es malísimo! Por favor, paremos un poquito la pelota – o, si prefieren otras metáforas, envainemos un ratito las espadas. Juzguemos con equidad, respetemos a Castellani y (acá les traigo una mayúsculas para que tengan) respetemos la Poesía , la Belleza y la Inteligencia. Será al cuente pedir aquesto a aquellos blogs, me temo. Pero, saben… parece que entre los citadores y aplaudidores castellanianos hay gente culta, hay gente que hace gala de cierto refinamiento estético e intelectual; quiero creer que algunas de estas gentes tiene alguna justificación para sus pretensiones y un mínimo sentido del rídiculo**, y por eso este intento mío de abrirles los ojos, a ver si pueden llegar a aceptar mi pequeña tesis. A saber:

El susodicho “credo del incrédulo” de Castellani es pésimo, es un texto deplorable desde todo punto de vista; no tiene elegancia ni ingenio, ni siquiera verbal. Es una parodia de ínfima calidad, su sustancia se agota en una idea pobre (“alumnos: traigan para mañana una parodia del credo católico, invertida según los principios de la presunta anti-religión”) y sus palabras apenas se mantienen pegadas a fuerza de bilis. Si uno admira a Castellani, si quiere evocarlo y difundirlo, su deber es echar un manto de piadoso olvido sobre esta “obra”. Ud. piénselo tranquilo (trate de olvidar quién se lo está haciendo notar) y juzgue en conciencia.

Pero, me dirá alguno: ¿no era que no se trataba de pegarle a Castellani trayendo sus “peores versos”? ¿A qué viene esto?

Primero: no estoy pegándole a Castellani por la baja calidad de este texto; es uno de sus malos versos, y, como decía, yo gustoso le echaría el piadoso manto de olvido encima. Pero este, por el contrario, es aplaudido y difundido. En tal caso, advertir al público  (el de adentro y el de afuera) “esto es malo, esto es de lo peorcito de Castellani” no es hacerle mala publicidad al cura, sino al contrario.

Segundo: no estoy pegándole a Castellani, pero quizás sí a los castellanistas. Al menos a los que tienen la obligación de saber más y mejor. Porque aplaudir este texto es una especie de pecado. No meteríamos la pata a tal punto de no tener esa desesperada (y culpable) necesidad de sentirnos superiores, de mofarnos del “mundo”. Complejos de inferioridad, miedo a vernos pobres o débiles (mídame ud. la correlación entre altura intelectual-afectiva y virulencia de sarcasmo en los comentarios de cualquier blog o diario online…).. Son los malos sentimientos que ofuscan el buen juicio. Y es parte de la secta.

Tercero: y sí, quizás estoy pegándole a Castellani, también; pero no exactamente por la calidad póetica-intelectual del producto logrado, sino por la calidad de los aplausos logrados -y buscados; no por haber fracasado en su cometido, sino por las motivaciones de su cometido; no por el “finis operis” sino por el “finis operantis” (¡tomá mate!). Quiero decir que Castellani, en la medida en que busca ese aplauso, comparte la ofuscación culpable de los que aplauden – y quizás, en tanto que pretende (y acaso debe) ser un “maestro”, su culpa es mayor. No me meteré ahora a ver en qué medida. Pero sí creo que los sentimientos que una obra tal requiere como alimento son malos; y creo hay por aquí una culpa, un lado oscuro de Castellani que merece, por el bien de todos, ser criticado y repudiado.

Es graciosa la gaffe de los “términos sonoros que retumban como aldabonazos”, que resulta ser un verso apócrifo.

** No sé (cada vez sé menos) si será el caso del tal Jack Tollers con su refinado y estricto canon religioso-literario (Chesterton, Lewis, Castellani, y otros “padres de la Iglesia”), que se ha largado a enseñar la buena doctrina a la tropa con una “Catena argentea” y un “Catecismo para tiempos difíciles“… Lo que veo es que ambas obras incluyen (la segunda como pórtico de entrada, casi) este esperpento de Castellani… Ay, ay, ay…

3 comentarios sobre “Deshinchar a Castellani (2)

  1. abeldellacosta

    El texto me parece malísimo, como gran parte de la obra en verso de Castellani, con el agravante de que ni siquiera tiene pretensión de poético. De todos modos, más allá de lo que digan en la secta, me parece que no es representativo de su escritura.
    Quisiera saber si puedes verificar cuál de las dos versiones es correcta: «la putrefacción de la carne» o «la rehabilitación de la carne»; según entendí, esta última la trae Juan Manuel de Prada, que no me resulta confiable como fuente, pero a lo mejor en esto tiene razón.
    Además de la mala calidad poética, de la sonoridad pedorreica, que es lo que parece hacer aullar a la tribu, está el problema del contenido (o de su ausencia), es decir: de inventarse un ateo que resume las formas más chocarronas de ateismo, y cargar contra él, que es la mejor manera de eliminar enemigos sin trabajar intelectualmente nada.
    Entre los ateos los hay de buena calidad, de mediocre calidad, y de lo peorcito. Vale la pena discutir con los mejores, no con los peores, aunque sea porque de hecho somos muy sensibles a los que dan por refutado el catolicismo porque discuten con sus peores productos.

  2. hernan Post author

    La versión que traen los lefebvristas de statveritas (los únicos que mencionan la fuente) es la que yo tengo en papel: “la rehabilitación de la carne”, y es la que pega con el contexto.
    De paso, anoto que el texto es el colofón de un artículo publicado en revista Criterio, “¡Oh, incrédulos, crédulos, crédulos”, de 3 de diciembre de 1936; incluido en “Las ideas de mi tío el cura” (cap. 16).
    Completo, aquí http://statveritasblog.blogspot.com.ar/2011/07/oh-incredulos-credulos-credulos-por.html

  3. abeldellacosta

    Curioso, ese libro lo tengo muy leído, y del capítulo me acordaba perfectamente, pero no del texto, que es como si lo leyera por primera vez, tan borrado por completo de mi mente (aun ahora, es decir, incluso ubicado en su contexto, no consigo que me aparezca en mi conciencia como ya leído).
    De todos modos, en el conjunto del artículo desluce menos que solo.

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