Talentos

Hay un violinista en el subte que toca un poco… cómo decirlo… digamos que me hace acordar de este dibujo. Hay otros músicos callejeros, en cambio, que es un gusto escucharlos, y uno les dedica con gusto el homenaje de un aplauso o una moneda.

Un poco injusto el asunto, he pensado más de una vez… ¿Por qué aplaudir más al que toca mejor? Es el tronco, el menos agraciado, quien está más necesitado de compensaciones… (dinero, a falta de corcheas). El otro, ya tiene su recompensa en su mismo talento.

Y sin embargo, presentimos que en el fondo no es injusto, que ese tipo de riqueza merece el homenaje (“al que tiene se le dará más…”) Y tampoco es que estemos recompensando un trabajo previo, el fruto de un largo entrenamiento. No se trata de eso, no al menos en primer lugar. Porque el talento nato, el del artista (no sólo en el sentido restringido de la palabra) que tiene el arte fácil, a quien las cosas le salen (o así nos lo hace creer) sin esfuerzo… a ese no lo consideramos menos digno de aplauso. Al contrario.

¿Y de qué se trata, entonces? Ah, no sé, no sé muy bien.

Lo que sé es que ayer murió Caloi, uno que tenía sus talentos.

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