Del despertar y de la Ascensión

Abel de ETF me envía un comentario sobre los versículos mentados del salmo 17. Retoco y copio abajo — a ver si subimos un poco el nivel del blog, caramba.

De paso: este texto del mismo Abel sobre la Ascensión es de lo más sustancioso que he leído últimamente sobre el tema. A mí siempre me dio que pensar esas palabras de Jesús («si yo no me voy… ») – Bloy decía directamente que no podía entenderlo, que no podía ver esa subida sino como una ausencia, y como motivo de duelo más que de alegría.

Y también me resultó estimulante la cita que trajo el papa en su homilía de la Ascensión:

Un autor ruso del siglo XX, en su testamento espiritual, escribía: “Contemplad con más frecuencia las estrellas. Cuando carguéis con un peso en el espíritu, contemplar las estrellas o el azul del cielo. Cuando os sintáis tristes, cuando os ofendan,… pasad un momento… con el cielo. Entonces vuestra alma encontrará el descanso“.

(N. Valentini – L. Žák,Pavel A. Florenskij. Non dimenticatemi. Le lettere dal gulag del grande matematico, filosofo e sacerdote russo, Milano 2000, p. 418).

Los dejo con Abel:

Los vv 14 y 15 forman un paraleismo antitético, con término en el verbo «saciar» o «hartar» (sb’):

14: llénalos a ellos, harta (sb’) a sus hijos (de bienes mundanos), y que estén tan hartos que todavía quede para los pequeños…
15: yo me hartaré (sb’) de tu imagen

Realmente el concepto es «hartar», aunque en castellano-argentino lo usamos con un sentido despectivo, y conviene más, en nuestro concepto, poner «saciar». En los dos casos el verbo sb’ está en imperfecto, lo que acentúa aun más el paralelismo. Esta es, a mi entender, la estructura poética principal de ese final.

Pero a su vez, en el versículo 15 (« Mas yo, en la justicia, contemplaré tu rostro, al despertar me hartaré de tu imagen.») hay un paralelismo sintético:

Yo
betsedek ‘ejetsé paneja [Circunstancial – verbo – objeto directo]
‘esebeah bejakits temunateja [Verbo – Circunstancial – objeto directo]

 

El cruzamiento de verbo y circunstancial en el segundo miembro, por un lado consigue el efecto de llamar la atención, por el otro -como es el verbo hartar- repite la posición del mismo verbo en el v. 14. Lo más interesante es aquí los circunstanciales: se esperaría dos circunstanciales de tiempo o de modo, sin embargo son:

– en la justicia
– en el despertar

Opino que el segundo concepto no está usado como temporal, es decir, no se trata de la mañana de cada día, sino verdaderamente de una mañana escatológica; precisamente por eso acude a un término relativamente raro, y su paralelo es la justicia.

En la justicia (es decir, cuando advenga la justicia) contemplaré.
En el despertar (no mío sino de todo) me saciaré.

En cuanto a los objetos: al estar puestos en paralelismo sintético se conciben como equivalentes; pero en verdad uno explica al otro. Comencemos por el segundo, que es el más inesperado: temunah (ja es el posesivo: «tu») es una imagen idolátrica, es la palabra que usa el Decálogo para la prohibición de las imágenes (Ex 20,4). No se esperaría que se aplique ese término a Dios, está puesto aquí de manera provocativa, precisamente porque las imágenes idolátricas están prohibidas – no porque sean falsas, sino porque efectivamente pueden representar lo divino. No se trata de un prohibición maniquea, sino de que no puede haber imágenes de lo divino ahora porque sólo en el advenimiento escatológico de YHVH es posible la auténtica imagen. panau(el rostro) es más común para aplicarlo a Dios. Lo interesante aquí es que se halle en paralelismo con la figura o imagen, de modo que “rostro” adquiere toda su dimensión escatológica.

 

«Semblante» no me parece que sea muy buena traducción para «temunah», porque es demasiado sinónimo de rostro, y un paralelismo no es un sinónimo (aunque a veces se construye por medio de sinónimos) sino un concepto que se opone (antitético) o que completa (sintético) a otro, pero jamás lo repite de manera idéntica. Se da el caso de paralelismo enfático (“creó Dios el hombre a su imagen, a su semejanza”), pero precisamente el resultado es un énfasis, nunca una mera repetición.

A mí me parece que uno de los aspectos originales de este salmo es que todo ese autobombo con el que comienza (“yo soy bueno, cuánto me quiero, qué bien hago todo”) resulta ser el “camino de la justicia” que PREPARA la justicia escatológica del último versículo; es decir que en el final se desactiva el efecto de autosalvación de ese inicio, al poner la justicia como lugar escatológico.

En ese sentido, es un salmo muy cristológico:
-Por supuesto que ante todo lo es porque al único que le cabe con propiedad todo ese inicio de justicia es a Cristo, así que tipológicamente puede ser referido a él.
-Pero lo más importante es la llegada en él de la “imagen del Dios invisible”, como declara -usando la misma provocación- la Carta a los Colosenses, y que de alguna manera cumple (como tipología, no como futurología) el sentido del salmo.

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