Heridas de Dios – 2

De la cita de Castellani de la entrada anterior, yo quería destacar lo que destaqué tipográficamente, lo que va en negrita. Nótese que uno podría suprimir todo el segundo párrafo, y sigue quedando una reflexión coherente (más coherente, quizás) y digna de atención y comentario (de hecho la mayoría de los comentarios que me llegaron, me parece, se refieren más bien a ese texto… mutilado). Pero a mí lo que más me interesa -en su contexto, eso sí-, es aquel inciso… disonante: «Conviértete en un herido de Dios, deja atrás a los hombres. Sé místicamente cruel contigo mismo.» Aunque no estoy seguro de entenderlo, para variar; y de entender cómo pega con el resto.

Lo de «herido de Dios»… supongo que viene a decir lo mismo que «herido por Dios»1 Como el famoso versículo de Isaías 53.

Y vendría a decir, parece, que las heridas y las injusticias que sufrimos … se las endosemos al mismo Dios. ¿Tenés un enemigo que te hizo mal, sos víctima de una injusticia no reparada? No te la agarres con tus enemigos humanos, no gastes pólvora en chimangos, agarrátelas con Dios.

Sé místicamente cruel contigo mismo. Porque mirar así las cosas implica una crueldad, como si uno renunciara a agarrarse a «los consuelos de la religión» justo en el momento en que más falta hacen.

Cuando uno es víctima de injusticia la religiosidad natural pone a Dios como refugio y defensor: Los hombres estarán en contra mía, pero Dios está de mi lado. Los hombres me hacen injusticia, pero Dios es justo – y por lo tanto está contra la injusticia que me hacen. Si los hombres quieren hacerme mal, Dios quiere hacerme bien. (Es verdad que por ahora no parece hacer mucho por defenderme, y su mano es menos visible que la mano de los enemigos… pero razones habrá, él está de mi lado y tarde o temprano se me hará justicia.)

No está mal. Pero puede ser más verdadero y más sano hacer lo otro que dice Castellani – en cierta manera, es lo que hizo Job. Dejar atrás a los hombres.

Esto podría ponerse en relación (aunque indirecta) con el concepto del “Dios que castiga” – concepto espinoso y más bien repudiado hoy por la cristiandad – y no sin buenas razones. Como sea, importa no perder de vista que atrás de todo lo que nos pasa está la mano de Dios.

Y yo también lo veo en relación con aquello que respondió santa Teresita a una novicia, cuando esta le confió su propósito de estar siempre alegre ante sus compañeras, y «sólo llorar sus tristezas ante Dios»:

¡Llorar delante de Dios! De ningún modo. No has de mostrarte triste, ante Dios mucho menos que ante las criaturas.

Porque aquello de imaginar a Dios de mi lado -en mi vereda, y enfrente de la de mis enemigos- tiende al peligro de lo imaginario y del egoísmo: consuelos privados. Hay que resistir la tentación de hacer rancho aparte con Dios.


1. Aunque la elección de preposición puede no ser significativa… según veo, «por» se usa para la causa eficiente, o agente, mientras que «de» corresponde a causa material o formal: «muerto por Mengano», «muerto de bala», «muerto de lepra», «muerto de tristeza» – para el caso, el Dios que hiere, el tipo de causa es ambiguo – eficiente… puede ser, pero no solamente, y no en el mismo plano que las otros (humanos) agentes heridores. De hecho, veo, las traducciones del versículo de Isaías vacilan entre las dos preposiciones.

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