Silencio

De los sermones de Kierkegaard, sobre “Los lirios del campo y las aves del cielo”:
… ¿Y qué es lo que expresa el silencio del lirio y del pájaro? Expresa el respeto de Dios, que es El quien dictamina, que sólo a El competen la sabiduría y la inteligencia. Y cabalmente, porque este silencio es respeto de Dios y, en cuanto puede serlo en la naturaleza, adoración, por eso es un silencio tan solemne. Y porque este silencio es tan solemne, por eso cabalmente se capta a Dios en la naturaleza. ¿Cómo iba a ser de otra manera, si todo está callado por respeto hacia El? Aunque Dios no hable, ese callar de todo por respeto hacia El, nos hace el efecto de que nos está hablando.
En cambio, lo que ningún poeta puede ayudarte a aprender de ese silencio allá afuera, junto al lirio y el pájaro, lo que solamente el Evangelio puede enseñarte, es que hay seriedad -que tiene que haberla- en la exigencia de que el pájaro y el lirio sean tus maestros, de que tú tienes que imitarlos, aprender de ellos con toda seriedad a hacerte tan silencioso como ellos.
Y precisamente la seriedad consiste -si se entiende de una manera auténtica, no al modo del poeta soñador, el poeta que deja que la naturaleza sueñe a su alrededor- en esto: que tú allá afuera, junto al lirio y al pájaro, sientas que estás delante de Dios; cosa que frecuentemente se olvida por completo al hablar y dialogar con los demás hombres.

TP

Caí a este sitio, especie de revista o blog grupal, por este artículo (vía este blog). Leí muy poco, no sería raro que tras leer algo más termine por encontrar que “no me va”; pero igual pongo el link, porque son raros los sitios así, elegantes en la presentación y en la escritura (y hasta en el pensamiento, hasta cierto punto, y si no me equivoco). No conozco al autor del artículo aquel; y es ateo; pero -además de compartir edad y alguna otra coincidencia geográfica-parroquial- me cayó bien.
…La crueldad es nuestra principal forma de relacionarnos. Incluso, uno de los momentos de mayor libertad personal de un tipo es cuando, efectivamente, sabe lo que quiere y va para allí. Ese momento es, coincidentemente, el momento en que uno se transforma en una porquería de persona. Cuando dejan de importarte los otros, al menos, como te importaban. “Sé lo que quiero, nada ni nadie me va a impedir conseguirlo, no voy a aceptar demoras”. Y todo se pone menos cordial, no contestás los mails, filtrás los llamados, no respondés una pregunta. Todo una mierda. Y el peor descubrimiento que, curiosamente, resulta ser el más liberador para esa persona: ya no hace falta ser buena gente, ser cordial, para vivir y que te vaya bien.

Está confirmado que el mundo es una mierda. Y no lo han empeorado los curas. Ahora, muy de vez en cuando, paso por la parroquia Santa María, donde me confirmé y y tomé la comunión. Sigue siendo de ladrillo a la vista, y sigue amurado el mismo reloj grandote que, a veces anda y a veces no, y que tiene un cartel debajo que dice: “es hora de acercarnos a Dios”. Cuando el reloj anda, digo: “ah, cuatro y cuarto”. “Es a las cuatro y cuarto de un miércoles”. Pero a mí se me pasó el cuarto de hora. Como tantos, hice una opción más pesada por un mundo más reventado, que tampoco lleva a ningún lugar: una opción de mirar pendejas y pensar feo. No obstante, cuando paso por una Iglesia me siento seguro, me siento como en casa. Sé que ahí dentro, con todo lo que pueden denunciar los periodistas, León Ferrari y todos los artistas geniales, hay una estructura moral que reconocerá mis debilidades y no se aprovechará de ellas para cagarme…

Booster y Berggo

En Disputations, los devotos de Wodehouse pueden darse otra panzada con las nuevas aventuras del obispo Booster y Monseñor Reeves; los argentinos, además, podemos llegar a encontrar asociaciones extras en el apodo del otro obispo. Y los que no sean devotos de Wodehouse… pues que se embromen.

Cine

Mañana viernes en Buenos Aires, centro cultural Borges (a la vuelta de Galerías Pacífico), a las 18:00 y a las 20:00: “Diario de un cura rural”, de Bresson.